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Abel Pérez Rojas
Abel Pérez Rojas
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Abel Pérez Rojas / abelpr5@hotmail.com / @abelpr5 / facebook.com / abelperezrojas. Es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige Sabersinfin.com.

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10 Octubre 2018 04:00:00
¡Sal de tu jaula de cristal!
En cierta forma todos vivimos en entornos que no nos permiten ir más allá de lo que está en nuestro horizonte, este ambiente nos da comodidad y seguridad, pero con el paso del tiempo se convierte en una caja que en realidad es una jaula transparente que parece de cristal, porque no nos percatamos que está ahí, pero si nos lo proponemos, sí podemos acabar con ella para expandir lo que somos y vivir con mayor libertad.

Hagamos un recuento diario: casi siempre las mismas personas, los mismos trayectos, las mismas respuestas a casi los mismos problemas.

Eso que podemos identificar claramente como un conjunto de rutinas termina moldeando nuestro pensamiento y nuestra actitud frente a la vida, de tal manera que empezamos a vivir con el “piloto automático” activado las 24 horas del día.

¡Hasta nuestros sueños más atrevidos empiezan a contenerse en esa jaula de cristal!

Y como eso es repetitivo y las masas también viven igual, entonces le llamamos “normalidad”.

Observa con detenimiento que eso que llamamos “normalidad” en realidad son las paredes de cristal de la jaula en la que vivimos.

Si a eso le agregamos que dicha “normalidad” es fomentada, patrocinada y diseñada desde los círculos de poder, entenderás por qué es una excelente vía de manipulación y control que permite dirigir la vida de millones y millones durante generaciones enteras.

Sé que me dirás que en la medida que nos libramos de algo siempre vamos a tener enfrente otra cuestión que nos aprisiona y sujeta, de tal manera que nadie es libre totalmente e ir en búsqueda de la libertad es una quimera que puede dar al traste con las personas que amamos, con las relaciones y el patrimonio que tanto tiempo y esfuerzo nos llevó construir.

En efecto, nadie es totalmente libre, y la libertad, más que una quimera es una utopía, pero debes tomar en cuenta que atreverse a romper las cadenas propias es una aventura que nos hace experimentar lo que significa ser humano.

En ese sentido, ser humano es una aventura cimentada en el cambio y la transformación, observa que todo a tu alrededor cambia, el Universo entero cambia, a eso se debe que la vida dentro de las jaulas de cristal atrofia tarde o temprano.

Ese es el motivo por el cual no obstante la comodidad y el amor que nos rodee, llegará el momento que tengamos la necesidad imperiosa de salir de la jaula de cristal en la que vivimos.

Claro está que no todos pueden ver la jaula, que otros menos siguen el llamado de salir de su prisión y aún menos los que se atreven.

¿Eres tú uno de los llamados a salir de su jaula de cristal?

Eso sólo tú lo puedes responder, nadie más lo puede hacer por ti y en eso consiste la gran riqueza de emprender dicho viaje, sin embargo un primer gran paso es hacerse consciente de la situación, mirar a nuestro alrededor y ver cómo es que esa jaula de cristal no es exclusiva de uno.

Hacer visible la jaula de cristal no es un hecho aislado, debe ir acompañado de otras acciones para que la visibilidad no se olvide y la tengamos siempre presente, esto nos permitirá identificar los puntos frágiles y las rutas para salirse de dicha prisión.

No basta con el entusiasmo, es preciso planear prospectivamente y llegado el momento tener la fortaleza suficiente para no ser víctima de los recuerdos ni de los chantajes del sentimentalismo, por ejemplo el sentimiento de culpa.

Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?
15 Noviembre 2018 04:00:00
De ti depende: para pelear se requieren dos
Perdemos de vista que para que haya una disputa se requieren al menos de dos partes, que en gran medida las confrontaciones diarias podrían eludirse si tomamos conciencia de eso, y que la fuente para evitar pelear es el amor.

En el día con día peleamos con quienes nos rodean por muchas cosas, entre ellas situaciones sin importancia que van escalando hasta ser motivo de rupturas, de relaciones irreconciliables y de agravios mayores.

Claro, en ese mar de desavenencias hay algunos casos en los que no se puede ni debe evitar el encararlos, si es necesario tomar medidas determinantes y contundentes, pero créeme que esos son los menos.

Es entendible que no nos demos cuenta de estas cuestiones básicas, porque además del estrés cotidiano estamos absortos en una sociedad edificada y orientada en la competencia, en la lucha y en el poder.

Desde pequeños nos enseñan a responder golpe por golpe y que esa es la mejor forma de ganarse el respeto de los demás.

Claro que esto de la devolución de golpes es muy evidente cuando se trata de agresiones físicas, pero hay otras formas un poco más ocultas que en la raíz son lo mismo, tal es el caso de las conversaciones que aprovechan la debilidad y situación del interlocutor para amenazar, chantajear o hacer que caiga en un error y así ganar la partida.

Con el paso del tiempo las cosas no cambian, quienes evitan la confrontación, quienes invitan a repensar las cosas, a la serenidad y al diálogo, son tomados como cobardes, como miedosos, como insensibles y peor aún, como traumados.

Hoy día, ni por error las personas pacíficas son tomadas como personas amorosas.

Esto no debe desanimar a quienes buscan la paz.

Quienes se esfuerzan en encontrar rutas alternativas de entendimiento deben tener claro que la paz no es fácil ni común en sociedades violentas como la nuestra.

Toma en cuenta también que no todas las personas con las que se puede llegar a pelear son necias, ni mucho menos malévolas, gran parte de las personas con las cuales entramos en colisión son víctimas de las mismas estructuras que nos aprisionan, asfixian y que nos vuelven agresivos.

Si bien no podemos cambiar de la noche a la mañana las tergiversaciones, manipulaciones y desorientaciones sociales que provocan relaciones humanas de confrontación y de desgaste, sí podemos al menos con nosotros mismos no abonar a la pugna, para ello hay que tener firmes nuestra vocación amorosa y la convicción de hacer el bien.

A propósito, hay varias estrategias que vale la pena tener presente para evitar la pelea, de manera muy breve te comparto aquí algunas de ellas.

Solicita un paréntesis de tiempo para pensar y replantear algo, esto puede disminuir la tensión en un asunto que pudiera ir tornándose tenso. También es importante identificar la vía de comunicación que predomina en una relación tensa, a fin de sustituirla por otra, con el propósito de evitar inercias y malos entendidos.

Muchas veces he visto cómo se evitan pugnas sustituyendo la vía oral por la escrita o viceversa, cómo muchos asuntos se resuelven con una reunión, con una videoconferencia o con un encuentro informal.

Haz uso del poder de intermediación de alguna persona en común, esto suele ayudar más de lo que parece, sobre todo en casos en los que las vías de diálogo están muy deterioradas.

Piensa en escenarios alternativos a los que están en pugna, plantea casos hipotéticos, entre ellos alguno o algunos en los cuales se analice lo contrario o diferente a lo que tú estás proponiendo.

Regreso al punto inicial, para pelear se requieren de dos, así que si nosotros nos desactivamos de ser el “otro” conflictivo, entonces no hay pleito y podrían presentarse las condiciones para un mejor entendimiento.

Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?
13 Noviembre 2018 04:00:00
De ti depende: para pelear se requieren dos.
Perdemos de vista que para que haya una disputa se requieren al menos de dos partes, que en gran medida las confrontaciones diarias podrían eludirse si tomamos conciencia de eso, y que la fuente para evitar pelear es el amor.

En el día con día peleamos con quienes nos rodean por muchas cosas, entre ellas situaciones sin importancia que van escalando hasta ser motivo de rupturas, de relaciones irreconciliables y de agravios mayores.

Claro, en ese mar de desavenencias hay algunos casos en los que no se puede ni debe evitar el encararlos, si es necesario tomar medidas determinantes y contundentes, pero créeme que esos son los menos.

Es entendible que no nos demos cuenta de estas cuestiones básicas porque además del estrés cotidiano, estamos absortos en una sociedad edificada y orientada en la competencia, en la lucha y en el poder.

Desde pequeños nos enseñan a responder golpe por golpe y que esa es la mejor forma de ganarse el respeto de los demás.

Claro que esto de la devolución de golpes es muy evidente cuando se trata de agresiones físicas, pero hay otras formas un poco más ocultas que en la raíz son lo mismo, tal es el caso de las conversaciones que aprovechan la debilidad y situación del interlocutor para amenazar, chantajear o hacer que caiga en un error y así ganar la partida.

Con el paso del tiempo las cosas no cambian, quienes evitan la confrontación, quienes invitan a repensar las cosas, a la serenidad y al diálogo, son tomados como cobardes, como miedosos, como insensibles y peor aún, como traumados.

Hoy día, ni por error las personas pacíficas son tomadas como personas amorosas.

Esto no debe desanimar a quienes buscan la paz.

Quienes se esfuerzan en encontrar rutas alternativas de entendimiento deben tener claro que la paz no es fácil ni común en sociedades violentas como la nuestra.

Toma en cuenta también, que no todas las personas con las que se puede llegar a pelear son necias, ni mucho menos malévolas, gran parte de las personas con las cuales entramos en colisión son víctimas de las mismas estructuras que nos aprisionan, asfixian y que nos vuelven agresivos.

Si bien no podemos cambiar de la noche a la mañana las tergiversaciones, manipulaciones y desorientaciones sociales que provocan relaciones humanas de confrontación y de desgaste, sí podemos al menos con nosotros mismos no abonar a la pugna, para ello hay que tener firmes nuestra vocación amorosa y la convicción de hacer el bien.

A propósito, hay varias estrategias que vale la pena tener presente para evitar la pelea, de manera muy breve te comparto aquí algunas de ellas.

Solicita un paréntesis de tiempo para pensar y replantear algo, esto puede disminuir la tensión en un asunto que pudiera ir tornándose tenso.

También es importante identificar la vía de comunicación que predomina en una relación tensa, a fin de sustituirla por otra, con el propósito de evitar inercias y malos entendidos.

Muchas veces he visto cómo se evitan pugnas sustituyendo la vía oral por la escrita o viceversa, cómo muchos asuntos se resuelven con una reunión, con una videoconferencia o con un encuentro informal.

Haz uso del poder de intermediación de alguna persona en común, esto suele ayudar más de lo que parece, sobre todo en casos en los que las vías de diálogo están muy deterioradas.

Piensa en escenarios alternativos a los que están en pugna, plantea casos hipotéticos, entre ellos alguno o algunos en los cuales se analice lo contrario o diferente a lo que tú estás proponiendo.

Regreso al punto inicial, para pelear se requieren de dos, así que si nosotros nos desactivamos de ser el “otro” conflictivo, entonces no hay pleito y podrían presentarse las condiciones para un mejor entendimiento.

Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com
05 Noviembre 2018 04:00:00
Saber sin fin
En el diario acontecer perdimos la paz y con ello la serenidad para actuar inteligentemente, sin presiones, sin apasionamientos, sin angustias y sin violencia.

Pero, ¿acaso alguna vez hemos sido serenos?

Parece tonta la pregunta, pero no lo es, porque muchos hablamos de estados que creemos vivir o haber vivido, pero no es así.

Efectivamente, sólo creemos saber qué es y cómo se sienten algunos estados, pero no los hemos experimentado conscientemente y por ende difícilmente, por no decir, casi nula, la posibilidad de propiciarlos y contagiarlos.

La serenidad es generalmente aceptada como un estado psicológico y emocional de mantener la calma en situaciones difíciles de todo tipo.

También es vista como clave de la entereza que presentan algunos individuos, mientras el resto de las personas, ante las mismas circunstancias, suelen desmoronarse emocionalmente.

Casos hay muchos de personas que mantienen la calma en medio de accidentes o catástrofes, ese tipo de personas que tuvieron la cabeza fría para tomar decisiones que a nadie más se le ocurrieron porque se encontraban invadidos por el pánico.

A propósito te comparto esta frase que ilustra lo que te digo:

“La serenidad no es estar libre de la tormenta, sino es estar en paz dentro de la tormenta”.

Sin embargo, no es necesario estar en situaciones extremas para sacar a flote nuestra serenidad.

Diariamente tenemos enfrente momentos propicios para entrenarnos en la apacibilidad del carácter.

Si estás frente a un momento que en condiciones normales explotarías en un arranque de ira, pero te contienes, respiras profundamente y actúas con tranquilidad, entonces ahí estás siendo sereno.

En ese sentido la serenidad no es una meta ni es un estado propio de algunos cuantos.

La serenidad es un estado de transición para alcanzar la paz duradera.

He ahí una diferencia importantísima entre el pensamiento ordinario y el ojo entrenado: no nos agotemos en alcanzar la calma y tranquilidad como si fueran una finalidad, un punto de llegada o un objetivo; asumamos el sosiego como un estado del presente que, ciertamente es pasajero, pero que dejará su huella en nosotros por sus efectos benéficos.

Es a la naturaleza de esos efectos a la que nos debemos asir para continuar nuestro entrenamiento pacífico, no alterado por las pugnas, por las controversias ni por las disputas.

Si logramos comprender y experimentar en lo más profundo la naturaleza de la serenidad, estaremos en condiciones de reorientar esos momentos breves de apaciguamiento que a la larga van sumando espacios más prolongados que concatenados, integran una forma de vida.

Todo esto cobra sentido cuando nos detenemos a pensar que son la serenidad y luego la paz, piedras angulares de la felicidad.

Vivamos la serenidad como estado de transición y disfrutaremos con mayor amplitud la vida.


Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com
17 Octubre 2018 04:00:00
Aprender a desprenderse de las cosas es sanar
“Aprender a desprenderse de lo que sea necesario es tenerlo todo”.
Abel Pérez Rojas.

En un mundo donde lo primordial es acumular cuanto se pueda, aprender a soltar, a desprenderse de las cosas, de las personas y de las relaciones, es una forma de sanar y sanear nuestro entorno.

Para comprender por qué nos sanamos cuando nos desprendernos de las cosas debemos remontarnos a cómo fuimos “educados” o mejor dicho mal formados.

Desde temprana edad aprendemos que los adultos tratan de solucionar todo con los niños a base de premios, gratificaciones o castigos.

Los niños saben que si lloran podrán adquirir el dulce o el juguete que quieren, y también aprenden rápido que los adultos les compensan con regalos, tratando de comprar para sustituir lo que no tiene precio: como el amor, la confianza, el ejemplo.

Luego el sistema escolar se basa en la suma de calificaciones –en la acumulación de puntos y décimas- que suponemos son la representación fiel de que las personas están incorporando a su personalidad saberes y conocimientos.

Acumular, acumular y acumular cuanto se pueda, porque la lógica del sistema es: ¿cuánto tienes?, eso es lo que vales.

Para poder continuar en esa vertiginosa carrera “competitiva” nos llenamos de compromisos, nos esclavizamos a cómodos meses sin intereses y asumimos relaciones enfermizas que nos roban nuestros sueños y nuestra libertad.

Por si fuera poco contaminamos la maravilla del amor.

Asumimos como sinónimo del amor la posesión.

Y así, envenenamos nuestras relaciones.

Tratamos de poseer a la otra, al otro, y nada es suficiente a pesar de que sometemos a las personas a nuestros caprichos o nos sometemos sin chistar.

¿En qué momento se convirtió todo esto en un terrible círculo vicioso que no tiene para cuándo acabar?

¿Cómo poner un alto a toda esta vorágine?

Para emprender un nuevo camino no basta con proponérselo, es necesario dar los primeros pasos, estar dispuesto a reintentarlo cuantas veces sea necesario y no ceder a la comodidad de la costumbre.

Si realmente queremos emprender una senda alternativa es vital aprender a identificar lo importante, lo indispensable, lo realmente necesario, para depurar nuestra lista de pertenencias.

Comprender nuestra deformación de acumuladores que casi raya en la línea de lo compulsivo.

Deleitarse en los campos de lo esencial, quitar los elementos sobrantes y quedarse con lo simple, algo que encarna a la perfección el minimalismo.

Por otra parte, es de vital importancia darse cuenta que lo que está de por medio es la vida misma a través de nuestra salud.

Todo esto conlleva una reestructuración profunda de nuestra forma de ver la vida en su totalidad.

Mientras escribo esto pienso en las palabras de Job al perderlo todo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá”.

El secreto está en confiar en lo esencial, en no mortificarse con el futuro –lo cual no quiere decir que seamos irresponsables de lo que viene-, es aprender a vivir en el aquí y en el ahora.
Aprender a desprendernos de lo que sea que estorbe es vivir sin apegos, a entrenarse en el desapego y probar las mieles de lo esencial.

No cabe duda, aprender a desprendernos de lo que no es esencial nos sana. Te lo aseguro.

Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com
13 Septiembre 2018 04:00:00
¡Desbloquéate ya!
Vamos por la vida tan bloqueados que no nos percatamos de las oportunidades, de las enseñanzas y de las maravillas que nos rodean.

Como nuestra vista no da más allá de la nariz, entonces nos limitamos a lo inmediato, a lo seguro, a lo que está a nuestro alcance.

Pienso en todo esto mientras repaso con atención un proverbio chino que dice así:

“Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión. Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría, y cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor”.

No sé tú, pero lo que yo veo son personas bloqueadas por todos lados, yo mismo me considero en cierto grado una persona bloqueada cuando consiento que los parámetros para contrastar están al menos muy marcados por la sabiduría oriental: visión, sabiduría y amor.

Visión, que no mirada, para poder ver totalidades, para entender en dónde estamos parados y para dónde vamos.

Visión para comprender nuestras circunstancias, es decir, el aquí y el ahora entre la infinitud del universo y en el contexto social del lugar en el que vivimos.

Sabiduría para comprender las limitaciones de la mente, los alcances de nuestros dones y poder caminar entre la bondad y la perversidad.

El tercer componente es sin lugar a duda la clave de los dos anteriores: el amor.

El amor en su plena extensión y no sólo como una manifestación consanguínea o sexual.

El amor que es esa energía que fluye por todo nuestro ser y que cura lo que la mente y las emociones no logran asimilar correctamente.

En contrasentido, si estamos bloqueados, de acuerdo con este proverbio, vamos como barco sin veleta y en altamar por donde nos lleve la corriente.

Cuando uno se encuentra bloqueado no surgen y transitan las ideas correctamente, nos sentimos en una especie de círculo vicioso, sin ideas novedosas y con cierta ansiedad. ¿Cómo desbloquearse?

He ahí una buena pregunta. Es importante desbloquearse a partir de darse cuenta en dónde estamos parados, poniendo en práctica tanto lo que intuimos como lo que estudiamos.

Entender que gran parte de este bloqueo se debe a las expectativas sociales que asumimos como propias, pero que en realidad nos han sido impuestas por la moda, el mercado y las mentes perversas que han perfeccionado cada vez más las “jaulas” de cristal en las que vivimos.

Meditar y orar es una especie de ponerle “pausa” a la película que altera nuestra mente y nuestros corazones.

Alguien alguna vez me dijo que cuando sienta que las cosas no avanzan me tome unos minutos, unos días, me aleje de la “realidad” que estoy viviendo y luego vuelva, que eso me va a dar otra perspectiva y que no me centre en el por qué son las cosas de tal o cual manera, sino para qué son así las cosas, qué es lo que debo aprender y cómo me veré fortalecido una vez transcurrido lo que estoy viviendo.

Así que si esto te sirvió te invito y me invito a poner manos a la obra, ¿te atreves?
11 Septiembre 2018 04:00:00
Preferimos el photoshop a la realidad
Son tiempos en los que parece que casi nadie está interesado en ver las cosas como son y que chicos y grandes preferimos el mundo de las apariencias, ese que es producto del Photoshop, de las posturas ensayadas y del relumbrón.

Sé que en las sociedades siempre han convivido dos grandes actitudes: aquella de las cosas que parecen y no son, y la de ir siempre a la búsqueda de la verdad, esa que va cambiando conforme profundizamos. Estamos cursando días en los cuales los amantes de la verdad están perdiendo la batalla. Da esa impresión.

Lo anterior al menos en relación a las redes sociales, ese gran entramado que está redireccionando el presente y futuro. Para ilustrar lo anterior le comparto las siguientes líneas que desnudan lo que predomina en la vida de millones de personas.

La frase la emitió el afamado botánico, filósofo y escritor francés Jean-François Leroy, quien alguna vez dijo:

“Twitter te hace pensar que eres sabio, Instagram que eres fotógrafo y Facebook que tienes amigos...

El despertar va a ser duro”.

Es cierto. El despertar va a ser duro, porque lo que se vive en las distintas redes sociales no es la verdadera realidad, es en el mejor de los casos un ángulo de lo que sucede, por supuesto en redes sociales encontramos contenidos de gran valía, pero son los menos. Quienes creen que las preferencias de las mayorías abrumadoras son la realidad, se van a llevar un chasco tremendo y un despertar brutal.

Pareciera que lo anterior es fatuo porque parte del supuesto que en una sociedad tan desigual y pobre, como la nuestra, todos tienen acceso a internet y por ende, a las redes sociales. Si lo vemos a la luz de las estadísticas más recientes veremos que no es tan hueco asumir la hiperconectividad de los mexicanos y su proclividad a través de esos entornos para evadirse de la realidad.

De acuerdo con resultados de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2017 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), más de la mitad de los mexicanos “cuenta con conexión a internet, un total de 71.3 millones de usuarios utilizan conexión fija (Wifi) o móvil para navegar por la red”. (Elfinanciero.com.mx. 20/II/2018).

Gracias a ese estudio también sabemos que el 91.4% de los mexicanos usuarios a internet lo usan para entretenimiento, casi una cantidad similar a quienes dijeron usarlo para consulta – reflejado en 96.9%–, a ello hay que agregar que el 76.6% lo usa para interactuar en redes sociales.

A eso debemos agregar que según el Estudio de Consumo de Medios y Dispositivos entre Internautas Mexicanos 2017 del Interactive Advertising Bureau (IAB) México, el 89% y 82% de los usuarios prefiere y consulta más los videos e imágenes, respectivamente (Unotv.com. 18/V/2017).

Retomando el punto central de mi reflexión, es obvio que cada vez más mexicanos estamos inmersos en las redes sociales; que cada vez leemos menos; que preferimos los contenidos de entretenimiento, audiovisuales y visuales, y que esa es la ruta por la cual evadimos nuestra problemática. Truncamos nuestras búsquedas introspectivas y sobre todo, a partir de ahí, construimos un mundo paralelo muy distinto al que es en verdad.

Muy básicos, pero claros ejemplos de lo que aquí te vengo comentando son aquellas relaciones sentimentales que se establecen a partir de lo que las personas publican en sus perfiles o los actos de barbarie que se cometen a partir de rumores difundidos viralmente.

Es necesario traer a cuentas esto para hacerlo visible, para poder tomar consciencia; para asumir una actitud crítica y por supuesto, para dejar de ser presa y esclavo de lo que no es. Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?
23 Agosto 2018 04:00:00
Encarar el futuro felices, alegres y contentos
La mejor forma de encarar el futuro es siendo felices, estando alegres y contentos, porque de esa manera lo que tengamos que vivir lo afrontaremos mejor. No es una cuestión puramente motivacional, es un aprendizaje desde la antigüedad.

Muchas veces me he sorprendido sufriendo por lo que podrá suceder en el futuro, y muchas de esas veces me doy cuenta que fue un derroche de energía vano, porque con el paso del tiempo me percaté que las cosas no fueron como tantas veces elucubré sesudamente.

Ni siquiera se aproximaron un poco mis tantos escenarios con lo que finalmente sucedió.

Por otra parte, también puedo hacer un recuento de hechos lamentables que no estaban previstos en mis más pesimistas presupuestos.

Por ejemplo, ¿cómo imaginar que aquel mediodía del pasado 19 de septiembre un terremoto irrumpiría de manera imborrable en las vidas de quienes vivimos en el centro de México?

A pesar de todo lo que se ha dicho, nadie podía aseverar con exactitud que ese día nuestras vidas no volverían a ser las mismas.

Como te digo, el futuro nos depara sorpresas de todo tipo, pero si esas sorpresas, para bien o para mal, nos encuentran en un estado de ánimo positivo, entonces estaremos en condiciones de actuar de la mejor manera.

Es por eso que ante la angustia y preocupación generalizada, ser alegres, contentos y felices es un verdadero acto de valentía.

Se necesita ser valientes para vivir alegres mientras las masas viven angustiadas por uno u otro asunto.

Cierto es que hay motivos de sobra para no dar rienda suelta a un jolgorio permanente, pero tampoco podemos estar encerrados en nuestras cárceles imaginarias.

Desde antaño los antiguos nos enseñaron a concentrarnos en nuestra respiración y a partir de ahí poner orden a todo lo demás.

Es en ese estado de concentración donde se puede discernir con claridad que nuestra felicidad no puede depender de alguien ni de las circunstancias.

Si nuestro estado anímico profundo de alegría depende de alguien o de las circunstancias, entonces sí estamos fritos porque eso es como navegar en un barco a la deriva a causa de que la tripulación está embrutecida y abandonada a su suerte.

Cuánta razón tuvo en ese sentido el escritor norteamericano Dale Carnegie, cuando afirmó que “la felicidad no depende de condiciones externas, está gobernada por nuestra actitud mental”.

Yo agrego a lo dicho por Dale Carnegie que además de la actitud mental también la felicidad está gobernada por nuestro estado en paz con nosotros mismos y eso no es mental, es más una cuestión que emana del corazón de los hombres.

Sea como sea amigo lector, es necesario siempre tener presente que si hacemos de nuestro estado habitual la felicidad y la alegría, lo más seguro es que nuestros mecanismos psicológicos, racionales e intuitivos van a estar debidamente “aceitados” para encarar lo que nos depare el futuro.

¿O no? Vale la pena darse cuenta, vale la pena intentarlo, ¿te atreves?
20 Agosto 2018 04:00:00
Caridad Jacinto Hernández, el escritor que será descubierto
Sólo hasta ahora, después de poco más de un mes de muerto, iniciará una etapa más justa de revaloración de la obra artística, divulgativa y formativa de Caridad Jacinto Hernández Hernández.

Caridad Jacinto nació en Amaxac de Guerrero, Tlaxcala, el 15 de agosto de 1936 y falleció el 7 de julio del presente año. Fue hijo de doña Julia Hernández y de Bernabé Hernández García.

Jacinto, o simplemente Chinto, como le llamaban sus amigos más cercanos, estudió latinidad y filosofía en el Seminario Conciliar Palafoxiano, posteriormente cursó estudios docentes y de abogacía, pero decidió dedicar su existencia al arte y la divulgación filosófica.

Fundó y fue parte de muchos colectivos culturales, entre ellos: Artistas Unidos Puebla, el Grupo Encuentro de Escritores y Poetas, y fue director de Teatro de México.

A finales de la década de los años ochenta realizó una antología que fue publicada en presentación rústica, titulada: Tradiciones Mexicanas “Día de Muertos”, Obras de Jacinto Hernández Hernández para “Teatro de México”.

En octubre de 2006 fue el primer escritor en publicar parte de su obra en sabersinfin.com.

Gracias a su leve incursión en Internet, poemas de Caridad Jacinto han sido consultados por miles de ciberlectores y usados generalmente por jóvenes de educación media superior y básica en sus labores académicas.

Pero de no ser por la publicación en sabersinfin.com de algunos de sus poemas como Ofrendas prehispánicas, Llegada sublime, Estirpe humana, La piedra, Mensaje del cosmos, entre unos cuantos más, la obra de Caridad permanecería casi en su totalidad invisible para el dominio público.

A su partida Jacinto Hernández dejó sin publicar, y sólo compartidos en reuniones de estudio, cientos –quizá miles– de artículos, ensayos, apuntes y poemas que giran en torno al desarrollo intelectual y espiritual de las personas y de la humanidad en su conjunto.

Caridad fue un creador artístico extremadamente exigente consigo mismo, por ello una y otra vez revisó sus trabajos para que pudieran ser publicados de forma impresa, pero esas revisiones se fueron extendiendo con el paso del tiempo, además de que siempre estuvo escribiendo, por ello nunca terminó de afinar los materiales finales de los libros que nunca llegaron.

Por otra parte, Caridad Jacinto generó una larga lista de escritos analizando las estructuras del pensamiento y cómo optimizar las herramientas mentales de los individuos, pero todo esto se quedó en sesiones de estudios esotéricos a los cuales fue tan asiduo participante.

Tal vez los aportes de análisis filosófico de Caridad Jacinto sean la parte más robusta de su obra, pues a ello se dedicó al menos los últimos veinte años de su vida, pero eso hasta ahora ha permanecido oculto aún para la gran mayoría de quienes consultan este tipo de materiales.

A pesar de que Caridad Jacinto fue prolífico a la hora de escribir poesía, sus poemas datan principalmente de la década de los setentas y ochentas, muy escasa es en los años posteriores y casi nula en el último tramo de su vida.

El reciente homenaje post mortem que universitarios de la BUAP e integrantes del Círculo de Escritores sabersinfin.com le realizaron a Caridad Jacinto es un buen comienzo del arduo trabajo que les espera a los interesados en difundir la obra de Hernández Hernández, porque a decir de la primogénita del fallecido, Adriana Hernández Navarro, ya ha empezado el proceso de rescate de la obra y en breve se estarán publicando algunos poemarios del originario de Tlaxcala.

Ni duda cabe que empieza una nueva etapa en la trayectoria de Caridad Jacinto: el descubrimiento.

Caridad Jacinto Hernández Hernández es otro escritor más que después de muerto será descubierto por una amplia audiencia, continuando así su noble labor educativa.

Bien por quienes se han echado a cuestas la difusión del trabajo literario de Caridad Jacinto.

Enhorabuena
13 Agosto 2018 04:00:00
El escritor que después de muerto será descubierto
Solo hasta ahora, después de poco más de un mes de muerto, iniciará una etapa más justa de revaloración de la obra artística, divulgativa y formativa de Caridad Jacinto Hernández Hernández.

Caridad Jacinto nació en Amaxac de Guerrero, Tlaxcala, el 15 de agosto de 1936 y falleció el 7 de julio del presente año. Fue hijo de doña Julia Hernández y de Bernabé Hernández García.

Jacinto, o simplemente Chinto, como le llamaban sus amigos más cercanos, estudió latinidad y filosofía en el Seminario Conciliar Palafoxiano, posteriormente cursó estudios docentes y de abogacía, pero decidió dedicar su existencia al arte y la divulgación filosófica.

Fundó y fue parte de muchos colectivos culturales, entre ellos: Artistas Unidos Puebla, el Grupo Encuentro de Escritores y Poetas, y fue director de Teatro de México.

A finales de la década de los años ochenta realizó una antología que fue publicada en presentación rústica, titulada: Tradiciones Mexicanas "Día de Muertos", Obras de Jacinto Hernández Hernández para "Teatro de México".

En octubre de 2006 fue el primer escritor en publicar parte de su obra en Sabersinfin.com.

Gracias a su leve incursión en Internet, poemas de Caridad Jacinto han sido consultados por miles de ciberlectores y usados generalmente por jóvenes de educación media superior y básica en sus labores académicas.

Pero de no ser por la publicación en Sabersinfin.com de algunos de sus poemas como Ofrendas prehispánicas, Llegada sublime, Estirpe humana, La piedra, Mensaje del cosmos, entre unos cuantos más, la obra de Caridad permanecería casi en su totalidad invisible para el dominio público.

A su partida Jacinto Hernández dejó sin publicar, y sólo compartidos en reuniones de estudio, cientos -quizá miles- de artículos, ensayos, apuntes y poemas que giran en torno al desarrollo intelectual y espiritual de las personas y de la humanidad en su conjunto.

Caridad fue un creador artístico extremadamente exigente consigo mismo, por ello una y otra vez revisó sus trabajos para que pudieran ser publicados de forma impresa, pero esas revisiones se fueron extendiendo con el paso del tiempo, además de que siempre estuvo escribiendo, por ello nunca terminó de afinar los materiales finales de los libros que nunca llegaron.

Por otra parte, Caridad Jacinto generó una larga lista de escritos analizando las estructuras del pensamiento y cómo optimizar las herramientas mentales de los individuos, pero todo esto se quedó en sesiones de estudios esotéricos a los cuales fue tan asiduo participante.

Tal vez los aportes de análisis filosófico de Caridad Jacinto sean la parte más robusta de su obra, pues a ello se dedicó al menos los últimos veinte años de su vida, pero eso hasta ahora ha permanecido oculto aún para la gran mayoría de quienes consultan este tipo de materiales.

A pesar de que Caridad Jacinto fue prolífico a la hora de escribir poesía, sus poemas datan principalmente de la década de los setentas y ochentas, muy escasa es en los años posteriores y casi nula en el último tramo de su vida.

El reciente homenaje post mortem que universitarios de la BUAP e integrantes del Círculo de Escritores Sabersinfin.com le realizaron a Caridad Jacinto es un buen comienzo del arduo trabajo que les espera a los interesados en difundir la obra de Hernández Hernández, porque a decir de la primogénita del fallecido, Adriana Hernández Navarro, ya ha empezado el proceso de rescate de la obra y en breve se estarán publicando algunos poemarios del originario de Tlaxcala.

Ni duda cabe que empieza una nueva etapa en la trayectoria de Caridad Jacinto: el descubrimiento.

Caridad Jacinto Hernández Hernández es otro escritor más que después de muerto será descubierto por una amplia audiencia, continuando así su noble labor educativa.

Bien por quienes se han echado a cuestas la difusión del trabajo literario de Caridad Jacinto.

Enhorabuena.

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com
05 Agosto 2018 04:00:00
Ser empático frente a las artesanías nos humaniza
Demeritamos lo que hacen los otros porque no nos damos cuenta del valor que tiene su obra o porque fingimos no percatarnos del mérito que implicó su realización.

De ser el primer caso podría tratarse de cierto grado de adormecimiento, por ello no nos percatamos de la riqueza incalculable de lo que nos rodea a pesar de ser cotidiano a nuestro entorno.

Si se trata del segundo, fingir que no hay mérito en lo que hacen los demás, podría tratarse de no tener los suficientes escrúpulos para aquilatar la otredad y su obra.

Reflexiono todo esto mientras me topo de frente con una imagen publicada en el grupo Psiconautas de Facebook.

La fotografía retrata sin mayor contexto un cartel escrito a mano que dice:

“Cuando compras algo hecho a mano estás comprando mucho más que un objeto, estás comprando horas de experimentos y fracasos, estás comprando días semanas y meses de trabajo. No compras una cosa, estás comprando un pedacito del corazón de otra persona”.

No hay forma ni intención de debatir lo que ahí se dice.

Se entiende que el autor o los autores del cartel están tratando de que hagamos conciencia del valor de lo artesanal, de lo que se fabrica sin contar con un gran capital detrás ni con la infraestructura que despersonaliza los artículos que se hacen a gran escala, en líneas de producción en las que los humanos cada vez son menos.

Más valor tiene aquello que está hecho a mano cuando se trata de artesanías indígenas, o resultantes de la aplicación del saber colectivo como es el caso aquí en México de algunos teñidos o tejidos.

Sin entrar de lleno al tema tan interesante de la economía artesanal, sí es importante reflexionar sobre nuestra insensibilidad frente a lo que nos rodea.

A la par de cada cosa que alguien fabricó con sus propias manos hay una parte de la historia de esa persona.

Cuando adquirimos una artesanía nos estamos llevando alegrías, tristezas, triunfos y fracasos de alguien, en eso descansa el respeto que debemos guardar hacia ese tipo de productos.

Por otra parte, observa que el respeto que nos merecen los objetos artesanales es un reflejo de nuestra relación con la naturaleza y de cómo vivimos nuestras relaciones humanas.

Es muy probable que quien no se percate de esto que te vengo diciendo trate a la naturaleza –vegetación, agua, aire– como si fuera de su propiedad, y a las personas tan fría y calculadoramente como si se tratase de piezas de ajedrez.

Tratar de comprender el valor de lo artesanal es una forma de sensibilizarse para aspirar a ser humanos en la extensión de la palabra. Es una especie de entrenamiento que está a nuestro alcance y que podemos transmitir a las futuras generaciones de forma sencilla y práctica.

¿O no?

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?

27 Julio 2018 04:00:00
Nos aprisionan con el miedo y las necesidades
Más allá de quienes se encuentran privados de su libertad física, hay otros que viven presos de sus miedos y angustias, privados de vivir a plenitud.

Mientras que los encarcelados están conscientes de que las rejas y las paredes son sus limitantes, quienes viven fuera de ellas están ciegos creyendo que son libres. La creencia de ser libre sin serlo, hace más perversa el tipo de prisión.

Pienso todo esto mientras fijo mi atención en una frase de Eduardo Galeano, el célebre periodista y escritor uruguayo que fue sumamente claro al afirmar lo siguiente:

“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.

Es contundente el diagnóstico de Galeano, pero detrás de la aseveración hay toda una visión crítica de la realidad y del comportamiento de los seres humanos que vale la pena detenerse a reflexionar.

Vivimos en una sociedad con un sinfín de necesidades vanas y superfluas. Necesidades que buscan satisfactores divorciados de la felicidad, sólo proporcionan ciertos complacientes temporales–generalmente muy breves–, que a su paso deja heridas en nosotros que nos hacen experimentar soledad y oquedad.

Como no somos diestros en la experimentación de nuestro profundo yo, tememos el recorrido intermedio que pasa por la toma de conciencia de nuestra soledad, la cual es transitoria, pero tememos quedarnos atrapados ahí; por eso la tratamos de llenar con cualquier cosa, pero nada es suficiente porque todo ello no va a la raíz, sólo se queda en las ramas de la posesión, del egoísmo y de la apariencia.

En ese recorrido perdimos nuestra libertad sin darnos cuenta, porque revestimos esa claudicación con una aureola de éxitos que son tan fatuos como si aceptáramos que la desnutrición se cura leyendo las etiquetas de los mejores suplementos alimenticios.

Es importante tener presente que todo esto lo ignoran en su gran mayoría las multitudes y sólo pocos se esmeran en liberarse de estos procesos viles, pero quienes mueven los hilos del sistema conocen a la perfección cómo dirigir las “libertades” de millones a través de la moda, de los grandes eventos periódicos, de las guerras, de las ideologías.

Detrás del temor a perder algo superfluo e innecesario hay toda una serie de mecanismos que operaron a la perfección para que nosotros actuemos acorde al guion preestablecido mucho tiempo atrás, el mismo al que respondieron nuestros padres y nuestros abuelos, y que con el paso del tiempo construyeron lo que se ha denominado “fatal destino”.

Un buen comienzo para emprender el camino autoliberador consiste en trabajar con nuestras preocupaciones, en vivir el “aquí y el ahora”, en cuestionar todo aquello que consideramos verdades irrefutables y en tender puentes en lo que siempre hemos creído como inconexo y ajeno.

Por cierto, duda que eres libre, ese también es un buen indicio de que estás dispuesto a despertar.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
26 Julio 2018 03:00:00
Nos aprisionan con el miedo y las necesidades
“La creencia de ser libre hace más perversa el tipo de prisión”

Más allá de quienes se encuentran privados de su libertad física hay otros que viven presos de sus miedos y angustias, privados de vivir a plenitud.

Mientras que los encarcelados están conscientes de que las rejas y las paredes son sus limitantes, quienes viven fuera de ellas están ciegos creyendo que son libres.

La creencia de ser libre sin serlo, hace más perversa el tipo de prisión.
Pienso todo esto mientras fijo mi atención en una frase de Eduardo Galeano, el célebre periodista y escritor uruguayo que fue sumamente claro al afirmar lo siguiente:

“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.

Es contundente el diagnóstico de Galeano, pero detrás de la aseveración hay toda una visión crítica de la realidad y del comportamiento de los seres humanos que vale la pena detenerse a reflexionar.

Vivimos en una sociedad con un sinfín de necesidades vanas y superfluas. Necesidades que buscan satisfactores divorciados de la felicidad, sólo proporcionan ciertos complacientes temporales –generalmente muy breves-, que a su paso deja heridas en nosotros que nos hacen experimentar soledad y oquedad.

Como no somos diestros en la experimentación de nuestro profundo YO, tememos el recorrido intermedio que pasa por la toma de consciencia de nuestra soledad, la cual es transitoria, pero tememos quedarnos atrapados ahí; por eso la tratamos de llenar con cualquier cosa, pero nada es suficiente porque todo ello no va a la raíz, sólo se queda en las ramas de la posesión, del egoísmo y de la apariencia.

En ese recorrido perdimos nuestra libertad sin darnos cuenta, porque revestimos esa claudicación con una aureola de éxitos que son tan fatuos como si aceptáramos que la desnutrición se cura leyendo las etiquetas de los mejores suplementos alimenticios.

Es importante tener presente que todo esto lo ignoran en su gran mayoría las multitudes y sólo pocos se esmeran en liberarse de estos procesos viles, pero quienes mueven los hilos del sistema conocen a la perfección cómo dirigir las “libertades” de millones a través de la moda, de los grandes eventos periódicos, de las guerras, de las ideologías.

Detrás del temor a perder algo superfluo e innecesario hay toda una serie de mecanismos que operaron a la perfección para que nosotros actuemos acorde al guion preestablecido mucho tiempo atrás, el mismo al que respondieron nuestros padres y nuestros abuelos, y que con el paso del tiempo construyeron lo que se ha denominado “fatal destino”.

Un buen comienzo para emprender el camino auto liberador consiste en trabajar con nuestras preocupaciones, en vivir el “aquí y el ahora”, en cuestionar todo aquello que consideramos verdades irrefutables y en tender puentes en lo que siempre hemos creído como inconexo y ajeno.
Por cierto, duda que eres libre, ese también es un buen indicio de que estás dispuesto a despertar.
Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com
22 Julio 2018 04:00:00
Quien te hiere, sólo te indica dónde estás lastimado
Somos propensos a culpar al otro de nuestro dolor, de nuestro infortunio y de por qué la vida no resulta tal cómo la planeamos, pero es sólo una percepción errónea.

Es un punto de partida equivocado porque al atribuir las causas al exterior, nos privamos de la búsqueda interna.

No me mal interpretes, no estoy tratando de soslayar los múltiples factores sociales que impactan en nuestra forma de vida, ni escondo la realidad de cómo es que el sistema funciona para que no despertemos, lo que estoy tratando de compartirte es que demos cabida a la oportunidad de navegar en nuestro profundo YO para hallar respuestas a las que hasta ahora no hemos tenido acceso.

Despertemos en todos los sentidos y en todas las direcciones, busquemos en nuestro alrededor, en los lugares más lejanos y en las posibilidades que siempre hemos descartado.

Pienso todo esto cuando tengo frente a mí una frase genial atribuida a L. Ciocale que me recuerda lo fácil que es atribuirle a otros la culpa de lo que debemos indagar y trabajar por nosotros mismos:

“No es el otro el que hiere. El otro sólo te muestra dónde estás herido”.

¡Cuántas veces señalamos para otro lado cuando deberíamos atrevernos a ser sinceros en ese punto que no podemos mentirle a nadie más!

Si te hiere lo que alguien te hizo es porque diste entrada y lo permitiste, porque hay una herida previa en ese lugar.

Por supuesto, debemos ponernos a salvo de las agresiones físicas, pero mucho de lo que nos causa dolor se debe en realidad a nuestros prejuicios, a las falsas expectativas que creamos y sobre todo al mundo virtual levantado en los cimientos de nuestro egoísmo.

Por otra parte, el dolor y las heridas son una especie de instrumentos didácticos que nos indican dónde poner atención, dónde poner manos a la obra.

Así como los padecimientos físicos nos indican que algo no está funcionando correctamente en nuestro cuerpo, así las agitaciones psicológicas son señales de pensamientos, emociones y sentimientos que no han sido procesados suficientemente.

Es necesario tomarse un tiempo para meditar en el silencio, en la calma a través de la respiración consciente, no en el dolor, ni en las agresiones, sino en lo saludable que es dejar pasar las cosas, algo así como cuando el viento transita libremente a través de una ventana.

Si culpamos al otro, a los otros, seguiremos nuestro andar convencidos que nosotros estamos bien y que quienes están mal son los demás.

Darnos cuenta de nuestras limitaciones y de nuestras posibilidades de desarrollo, es la utilidad de ver que no son los otros los que nos hieren, somos nosotros que no estamos viviendo en armonía. ¿O no?

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
10 Julio 2018 04:00:00
Nos dividen entre la praxis y la erudición
“Vivimos fragmentados como si así fuera la realidad”.

Lamentables consecuencias acarrea no percatarnos que vivimos fragmentados en la dicotomía entre el conocimiento práctico y la erudición, pero a pesar de que las secuelas son más visibles que la división en sí, ésta perdura y con ella se nos va la vida.

La praxis, entendiendo ésta como el conjunto de conocimientos prácticos, se liga estrechamente con lo útil y pareciera que siempre está en contraposición con la especulación, la meditación y la contemplación.

La erudición, por otra parte, se concibe como el conocimiento profundo sobre alguna materia o asunto en particular, generalmente se vincula muy de cerca con ser culto, cuando se refiere a quien tiene un panorama informado sobre distintos asuntos y temas.

La praxis está ligada a la imagen de saber “meter manos a la obra”, mientras que la erudición o el ser culto se ata a la información libresca o al conocimiento fatuo.

Tanto la praxis como la erudición tienen su valor e importancia y mal haríamos en desdeñar a cualquiera de ellas o colocar a una sobre la otra.

Pienso lo anterior mientras repaso con detenimiento el cuento titulado El barquero y el erudito, el cual le comparto a continuación:
Mulá Nasrudin consiguió trabajo de barquero.

Cierto día transportando a un erudito, el hombre le pregunta:

– ¿Conoce usted la gramática?
– No, en absoluto, responde Nasrudin.
– Bueno permítale decirle que ha perdido prácticamente la mitad de su vida – replica con desprecio el estudioso
Poco después, el viento empieza a soplar y la barca está a punto de ser tragada por las olas.
Justo antes de irse a pique, el Mulá pregunta a su pasajero:
– ¿Sabe usted nadar?
– ¡No! – contesta, aterrorizado, el erudito.
– Bueno, ¡permítame decirle que ha perdido usted toda su vida!

El cuento ilustra de maravilla la importancia de uno y otro conocimiento, de una y otra formación.

Por supuesto el erudito libresco que no sabía nadar llevaba desventaja en caso de un naufragio, pero el barquero, tal vez analfabeta, estaría en igual situación si tuviese que firmar un contrato muy importante y no tuviese quien le auxiliara sobre los alcances y contenidos.

El contexto del aquí y el ahora es lo que le da mayor peso a nuestra experiencia y a nuestro conocimiento, no son el conocimiento ni la experiencia en sí; por ello más que preferir a uno sobre el otro de lo que se trata es de optar por el saber, entendiendo al saber cómo la combinación de ambos, cómo aquél que parte de una postura ética de la vida y que tiene cimientes sistémicas.

Es decir, no se trata de elegir entre lo práctico y lo erudito, se trata de tomar consciencia de cada uno de ellos y optar por aquello que nos permite tener una visión más completa de la vida y de las cosas.

De lo que se trata es de saber remar y también saber gramática, a propósito del cuento, y también se trata de saber dialogar para poder charlar con el barquero o con el pasajero, sabiendo que cada quien tiene un enorme valor del cual podemos aprender para bien –he ahí la postura ética-.

Si optamos por saber, en lugar de la dicotomía planteada al inicio, tomaremos consciencia que este fenómeno tiene implicaciones en lo individual e íntimo de cada persona y en lo colectivo como uno de tantos mecanismos de control que nos impiden vivir a plenitud.

Dejar la dicotomía es deseable y tiene repercusiones que pueden cambiar el fatídico destino que parece no tener remedio.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com


24 Junio 2018 03:00:00
En futbol esta vez ganamos, pero en todo nos golea Alemania
Ojalá le ganáramos a Alemania en solidez económica, en nivel educativo, en combate a la corrupción, en indicadores de vida democrática, en salud, en investigación científica y desarrollo tecnológico, pero no es así; en todos los ámbitos serios que valen la pena, Alemania golea, y apabullantemente, a México.

¿De qué sirve ganarle por la mínima diferencia por primera vez a Alemania en un Mundial, si en los asuntos vitales no hay punto de comparación?

La magna borrachera masiva en la cual cayeron millones de mexicanos por el triunfo de la Selección Nacional de futbol es fatua e inútil, cuando se ve con un poco de cordura.

Se le ganó por primera vez a la Selección alemana en un Mundial, pero sirve sólo para la embriaguez emocional, porque eso ni nos saca de nuestros problemas, ni nos hace un país igual al teutón, ni es el pase al quinto partido, pero sí exhiben nuestra miseria.

Es comprensible que nos alegremos de un marcador como el del pasado domingo cuando nuestra historia está llena de muchos casos en los cuales el resultado ha sido el contrario.

También es entendible que los mexicanos busquemos el motivo para alegrarnos de algo cuando en el panorama nacional casi no hay nada del cual estar contentos: gasolinazos, masacres por todos lados, desaparecidos al por mayor, sismos diarios en las mismas zonas flageladas por la pobreza, corrupción y más corrupción, sólo por mencionar algunas de las grandes penas que venimos
arrastrando.

Para poner en perspectiva lo que te vengo compartiendo tengamos presente que en el siglo 20 Alemania perdió dos guerras mundiales en las cuales sucumbieron miles de vidas. Alemania quedó altamente destruida y endeudada.

Por si fuera poco quedó dividida por un muro hasta 1989, año en el que empezó un proceso de unificación que se coronó al convertirse en la columna vertebral de la economía de la Unión Europea.

Hoy Alemania es el país que saca la cara por toda Europa y compite al tú por tú en todos los rubros con cualquier otra potencia del orbe.

De México mejor ni hablamos. Estamos sumidos en la medianía del desarrollo mundial, no por la falta de talento y capacidad de los mexicanos, ni por la falta de recursos, estamos así porque vivimos en una “dictadura perfecta” mejorada y madurada durante gran parte del siglo 20 y lo que va del 21, que nos ha empobrecido y corrompido en casi todos los aspectos.

No hay punto de comparación entre Alemania y México, ni siquiera en el campo futbolístico aunque esta vez se les haya ganado. Debiéramos estar trabajando para ganarle a Alemania en todos los aspectos.

Está bien alegrarse de vez en cuando de algo, aún por las cosas superficiales, lo que no está bien es que nos embriaguemos sin mesura cuando estamos viviendo un proceso electoral en el que se definirá el futuro de nuestro país, es irresponsable entregarnos al fanatismo futbolístico cuando está a punto de ser insalvable el Tratado de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos; no tiene justificación tirarnos a la hamaca cuando en otros países, que sí son potencias mundiales, ganan una Final de futbol, pero al otro día están al cien por ciento en sus asuntos nacionales.

Ridículo dejarnos llevar por la borrachera nacional enfundada en playera tricolor de futbol, ¿o no?

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
16 Junio 2018 04:00:00
¡Libérate del mono que te impone su forma de vida!
Tan malo es que tratemos de imponer nuestra forma de vida a los demás, como malo es que nuestra vida esté dirigida por alguno o algunos que se sienten expertos en decirnos e imponernos cómo se debe vivir.

El tratar que los demás vivan como nosotros no es sólo una cuestión de buena o mala fe, casi siempre se debe a la ignorancia que nos impide ver que hay muchas otras formas de vivir.

Hay tantísimas formas de vida que por ello hay infinidad de culturas, de costumbres y de tradiciones que han dejado su huella en la historia regional de los distintos pueblos. Por eso viajar ilustra y nos abre al mundo.

Eso que llamamos forma de vida es una construcción compleja de múltiples factores, pero que simplificamos en elementos básicos, como el comer, convivir, vestir, etc.

Bien haríamos si nos detenemos a pensar por qué vivimos como lo hacemos, qué ha moldeado nuestra vida en sociedad y cómo la sociedad en su conjunto es fruto de una larga historia que a veces se olvida o desliga de nuestros días.

Lo que podemos deducir en el ámbito social también podemos aprenderlo si nos sumergimos en la historia de vida de cada quien.

Cada uno de nosotros tiene una historia desconocida en gran medida por quienes nos rodean, aun por los seres más cercanos, con mucha más razón para quienes sólo nos han tratado superficialmente.

Ni nosotros mismos conocemos íntegramente nuestra historia, gran parte de nuestra vida la sabemos sólo gracias a los testimonios de quienes estuvieron a nuestro lado; por ello es parcial y en constante cambio.

Antes de prejuzgar o de intentar intervenir en los asuntos de los demás, tenemos que trabajar más con nosotros mismos y con nuestro entorno para no cometer barbaridades cuyos efectos no nos dejen en paz.

A propósito de lo que vengo abordando, te comparto el brevísimo cuento El Mono que Salvó un Pez, autoría del afamado Anthony de Mello:

“¿Qué demonios estás haciendo?”, le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.

“Estoy salvándole de perecer ahogado”, me respondió.

Lo que para uno es comida, es veneno para otro. El sol, que permite ver al águila, ciega al búho.

Breve, brevísimas las líneas de este cuento, pero de esencia brillante.

Está claro que el mono es aquel que impone en el otro o se impone a sí mismo lo que cree saber perfectamente, aun a costa de una vida que cree comprender perfectamente a partir de su propia historia de vida.

El mono es el hombre o la institución salvaje que se cree docta en la vida y por ello se siente con la suficiente estatura para decidir lo que es bueno para los demás.

Esa actitud retratada en el mono es la misma que ha ocasionado guerras fratricidas, linchamientos, contrarreformas, esclavitud e intolerancia.

Ese mono habita dentro de nosotros y por ello nos somete y esclaviza, pero también es aquel o aquellos que imponen la forma de pensar que se les plazca a través del mercado, de los medios masivos de control, en particular de la fe.

Es necesario darse cuenta del sometimiento al cual estamos sujetos y de las distintas vías para liberarse.

Es vital hacer algo diariamente –aun en las cosas más pequeñas– para liberarse y tratar de contribuir en la emancipación de los demás.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
09 Junio 2018 04:00:00
Alborada Poética, ocho mentes… un corazón
Han iniciado las diversas presentaciones de Alborada Poética, el primer libro colectivo nacido al seno del Círculo de Escritores Sabersinfin, y con ello empezamos a aquilatar otra dimensión de este rico y vasto poemario.

En Alborada Poética confluyen las plumas de Carmen Arronte Isasi, Mino D’Blanc, Nicolás Gutiérrez, Juan Carlos Martínez Parra, María del Rosario Ramírez Juárez, Lilia Rivera, Joel Samperio Tepale y Macedonio Vidal.

Una primera lectura de esta obra autogestiva es insuficiente para aquilatar las mentes y los corazones que están detrás de las líneas, porque para ello tendríamos que estar dialogando con cada uno de los autores.

Por ejemplo, entre los autores, amigo lector, podrás encontrar a un monje budista que decidió continuar su camino trascendente a través del servicio y el amor al prójimo; también encontrarás el sentir de un artista que ha incursionado lo mismo en el cine, la televisión y el teatro que en la música y la composición.

Pero si lo anterior no es suficientemente atractivo, te comento que también hallarás la inspiración de una mujer forjada en la tradición chamánica, de una adiestrada escritora en lengua inglesa, de un analista que es también caricaturista, de una cuentista incursionando en poesía, de un hombre que de obrero pasó a ser un avezado en leyes o un ingeniero empecinado en preguntarse y responderse ¿qué es el sistema?

Con las debidas diferencias entre la ficción y la realidad, este colectivo de ocho escritores me orilla a evocar ineludiblemente Sense 8, la serie de Netflix que gira en torno a ocho desconocidos de diferentes partes del mundo que se “conectan mental y emocionalmente y son capaces de sentir, ver y escuchar lo mismo que el otro”, pero que tienen historias e ideologías distintas.

Te comento que tuve el honor de escribir el prólogo de Alborada Poética, el cual te comparto a continuación como una invitación a leer íntegramente la obra:

Siempre que estamos frente a una obra colectiva cultural, como la presente, tenemos muchísimo más que una creación artística, tenemos esperanza de que aún hay luz que nos guíe a la salida de los laberintos oscuros en que nos encontramos.

El esfuerzo, la capacidad de conciliar, de fraternizar, de hallar rutas para parir el fenómeno embrionario de varias mentes y corazones, son sólo muestras de que las bondades del “nosotros” terminaron triunfando sobre las parcelas adictivas del ego.

“En nuestras manos, con Alborada Poética, ostentamos trozos prometedores de que quienes se atreven a escribir están haciendo su parte en el esfuerzo permanente de cambiar la inercia del fatídico destino.

“Y estuvieron tan dispuestos a hacerlo, que dejaron a un lado lo que les separa para atarse al mástil de lo que les une y dar evidencia de que en la segunda década del siglo 21 en Puebla hubo un grupo que abonó, y bien, a mantener la esperanza viva desde la literatura.

“Poética es el primer libro del Círculo de Escritores Sabersinfin.com y es mérito única y exclusivamente de los que en ella participan, pero que no hubiera sido posible sin quienes no aparecen, porque de alguna manera han dejado huella en la vida de los autores y con ello han puesto su grano de arena.

“El lector andará por Alborada Poética en senderos tan diversos y abundantes de talento, que de un momento a otro develará la vena que rebasa la creación artística: trascender por sobre los espejismos del cuerpo y de la mente.

“Eso es Alborada Poética: un grito en la quietud, un remanso de paz en medio de la vorágine, un llamado a despertar y a no volver a la comodidad de lo socialmente correcto ni de lo normal que etiqueta, palomea y premia lo que facilita que las cosas no cambien.

“Enhorabuena por los autores. Enhorabuena por usted y por mí. Enhorabuena por todos.”
05 Junio 2018 03:05:00
Alborada Poética, ocho mentes… un corazón
“La esencia de lo colectivo surge cuando latimos al unísono con otros corazones”.
Abel Pérez Rojas.

Han iniciado las diversas presentaciones de Alborada Poética, el primer libro colectivo nacido al seno del Círculo de Escritores Sabersinfin, y con ello empezamos a aquilatar otra dimensión de este rico y vasto poemario.

En Alborada Poética confluyen las plumas de Carmen Arronte Isasi, Mino D’Blanc, Nicolás Gutiérrez, Juan Carlos Martínez Parra, María del Rosario Ramírez Juárez, Lilia Rivera, Joel Samperio Tepale y Macedonio Vidal.

Una primera lectura de esta obra autogestiva es insuficiente para aquilatar las mentes y los corazones que están detrás de las líneas, porque para ello tendríamos que estar dialogando con cada uno de los autores.

Por ejemplo, entre los autores, amigo lector, podrás encontrar a un monje budista que decidió continuar su camino trascendente a través del servicio y el amor al prójimo; también encontrarás el sentir de un artista que ha incursionado lo mismo en el cine, la televisión y el teatro que en la música y la composición.

Pero si lo anterior no es suficientemente atractivo, te comento que también hallarás la inspiración de una mujer forjada en la tradición chamánica, de una adiestrada escritora en lengua inglesa, de un analista que es también caricaturista, de una cuentista incursionando en poesía, de un hombre que de obrero pasó a ser un avezado en leyes o un ingeniero empecinado en preguntarse y responderse ¿qué es el sistema?

Con las debidas diferencias entre la ficción y la realidad, este colectivo de ocho escritores me orilla a evocar ineludiblemente Sense 8, la serie de Netflix que gira en torno a ocho desconocidos de diferentes partes del mundo que se “conectan mental y emocionalmente y son capaces de sentir, ver y escuchar lo mismo que el otro”, pero que tienen historias e ideologías distintas.

Te comento que tuve el honor de escribir el prólogo de Alborada Poética, el cual te comparto a continuación como una invitación a leer íntegramente la obra:

Siempre que estamos frente a una obra colectiva cultural, como la presente, tenemos muchísimo más que una creación artística, tenemos esperanza de que aún hay LUZ que nos guíe a la salida de los laberintos oscuros en que nos encontramos.

El esfuerzo, la capacidad de conciliar, de fraternizar, de hallar rutas para parir el fenómeno embrionario de varias mentes y corazones, son sólo muestras de que las bondades del “nosotros” terminaron triunfando sobre las parcelas adictivas del ego.

“En nuestras manos, con Alborada Poética, ostentamos trozos prometedores de que quienes se atreven a escribir están haciendo su parte en el esfuerzo permanente de cambiar la inercia del fatídico destino.

“Y estuvieron tan dispuestos a hacerlo, que dejaron a un lado lo que les separa para atarse al mástil de lo que les une y dar evidencia de que en la segunda década del siglo XXI en Puebla hubo un grupo que abonó, y bien, a mantener la esperanza viva desde la literatura.

“Poética es el primer libro del Círculo de Escritores Sabersinfin.com y es mérito única y exclusivamente de los que en ella participan, pero que no hubiera sido posible sin quienes no aparecen, porque de alguna manera han dejado huella en la vida de los autores y con ello han puesto su grano de arena.

“El lector andará por Alborada Poética en senderos tan diversos y abundantes de talento, que de un momento a otro develará la vena que rebasa la creación artística: trascender por sobre los espejismos del cuerpo y de la mente.

“Eso es Alborada Poética: un grito en la quietud, un remanso de paz en medio de la vorágine, un llamado a despertar y a no volver a la comodidad de lo socialmente correcto ni de lo normal que etiqueta, palomea y premia lo que facilita que las cosas no cambien.

“Enhorabuena por los autores. Enhorabuena por usted y por mí. Enhorabuena por todos.”

Ya está disponible este poemario contactando directamente a alguno de los autores y muy pronto en las principales librerías de la ciudad de Puebla.
Te recomiendo ampliamente Alborada Poética. Ojalá seas de uno de los que adquieran tan valiosa obra.

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com.
31 Mayo 2018 04:00:00
Vive y piensa por ti mismo
Con el afán de contribuir en el desarrollo personal de quienes nos rodean, a veces incurrimos en situaciones que perjudican en lugar de beneficiar, como es el caso de privar a otros de reflexionar y vivir libremente por sí mismos.

Por ejemplo, seguramente más de una ocasión habrás visto cómo ciertos padres se interponen en alguna charla que pretende hacer razonar a su vástago, o cómo es que algunos adultos piden que se les den “digeridas” ciertas enseñanzas a los niños, todo con el afán de que el menor no se esfuerce para pensar situaciones nuevas.

Esto que le digo, en su mayoría se hace con muy buena intención, pero inconsciente e irresponsablemente.

Privar o evitar que el otro se esfuerce en usar de manera eficiente sus facultades, es una muestra de amor mal entendido, y en otras condiciones es un acto de perversidad.

Te explico.

Así como los músculos se fortalecen ejercitándose, así nuestra mente y nuestro ser se desarrollan en la medida en que vamos a la búsqueda de la profunda causa de las cosas.

Nos autoengañamos si sólo nos conformamos con explicaciones superficiales de por qué las cosas son como son.

Entonces, si alguien interfiere en dicho proceso, evita con ello la posibilidad de desarrollo en el otro, propiciando que el autodescubrimiento se retrase.

A propósito de lo que vengo abordando, te comparto a continuación el breve cuento titulado Come tú mismo la fruta, autoría del afamado sacerdote jesuita y psicoterapeuta Anthony de Mello:

En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su Maestro: «Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado»

El Maestro le replicó: « ¿Te gustaría que alguien te ofreciera fruta y la masticara antes de dártela?».

Nadie puede descubrir tu propio significado en tu lugar. Ni siquiera el Maestro.

Breve el pasaje de este cuento, pero profunda la enseñanza que encierra.

Nadie puede pensar por ti, nadie puede vivir por ti, nadie puede decidir por ti, y si lo hace, es porque tú, en condiciones normales, te has reducido a una situación inferior, y el otro ha tomado una postura de conductor.

Pero no siempre estamos hablando de buena fe e ignorancia cuando alguien suplanta los procesos de otros, se trata de perversidad y manipulación cuando aquel o aquella invisibiliza la riqueza de discurrir por sí mismo.

¿Cuántas veces asumimos y defendemos como propios los pensamientos y creencias de alguien más sin que nosotros hayamos realizado nuestra labor respectiva?

¿Cuántas veces hemos hablado en las palabras de otros?

Seguramente más de una vez hemos incurrido en craso error de hablar en las palabras de otros, por eso siempre debemos llevar presentes las palabras de Hypatia, filósofa y maestra neoplatónica griega:

“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de forma errónea es mejor que no pensar”.

A manera de síntesis me quedo con lo siguiente: “Mastica” la fruta por ti mismo, nadie puede pensar ni vivir por ti.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
30 Mayo 2018 04:00:00
Vive y piensa por ti mismo
Con el afán de contribuir en el desarrollo personal de quienes nos rodean, a veces incurrimos en situaciones que perjudican en lugar de beneficiar, como es el caso de privar a otros de reflexionar y vivir libremente por sí mismos.

Por ejemplo, seguramente más de una ocasión habrás visto cómo ciertos padres se interponen en alguna charla que pretende hacer razonar a su vástago, o cómo es que algunos adultos piden que se les den “digeridas” ciertas enseñanzas a los niños, todo con el afán de que el menor no se esfuerce para pensar situaciones nuevas.

Esto que le digo, en su mayoría se hace con muy buena intención, pero inconsciente e irresponsablemente.

Privar o evitar que el otro se esfuerce en usar de manera eficiente sus facultades, es una muestra de amor mal entendido, y en otras condiciones es un acto de perversidad.

Te explico.

Así como los músculos se fortalecen ejercitándose, así nuestra mente y nuestro ser se desarrollan en la medida en que vamos a la búsqueda de la profunda causa de las cosas.

Nos auto engañamos si sólo nos conformamos con explicaciones superficiales de por qué las cosas son como son.

Entonces, si alguien interfiere en dicho proceso, evita con ello la posibilidad de desarrollo en el otro, propiciando que el autodescubrimiento se retrase.

A propósito de lo que vengo abordando, te comparto a continuación el breve cuento titulado Come tú mismo la fruta, autoría del afamado sacerdote jesuita y psicoterapeuta Anthony de Mello:

En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su Maestro: «Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado»

El Maestro le replicó: « ¿Te gustaría que alguien te ofreciera fruta y la masticara antes de dártela?».

Nadie puede descubrir tu propio significado en tu lugar. Ni siquiera el Maestro.

Breve el pasaje de este cuento, pero profunda la enseñanza que encierra.

Nadie puede pensar por ti, nadie puede vivir por ti, nadie puede decidir por ti, y si lo hace, es porque tú, en condiciones normales, te has reducido a una situación inferior, y el otro ha tomado una postura de conductor.

Pero no siempre estamos hablando de buena fe e ignorancia cuando alguien suplanta los procesos de otros, se trata de perversidad y manipulación cuando aquel o aquella invisibiliza la riqueza de discurrir por sí mismo.

¿Cuántas veces asumimos y defendemos como propios los pensamientos y creencias de alguien más sin que nosotros hayamos realizado nuestra labor respectiva?

¿Cuántas veces hemos hablado en las palabras de otros?

Seguramente más de una vez hemos incurrido en craso error de hablar en las palabras de otros, por eso siempre debemos llevar presentes las palabras de Hypatia, filósofa y maestra neoplatónica griega:

“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de forma errónea es mejor que no pensar”.

A manera de síntesis me quedo con lo siguiente: “Mastica” la fruta por ti mismo, nadie puede pensar ni vivir por ti.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
29 Mayo 2018 04:00:00
Finca tus amistades en lo grandioso para que perduren
Quienes sostenemos que la verdadera amistad es para siempre, o al menos que es duradera, lo hacemos convencidos de que debemos enfocarnos en lo grandioso y sobresaliente que se presenta en una relación, y no en los aspectos o pasajes que nos confrontan.

Si tomamos en cuenta que las fricciones y desavenencias son más recurrentes entre más convivamos y conozcamos a una persona, es claro que esto va a sucedernos con nuestros amigos cercanos, es decir, a mayor cercanía, mayores posibilidades de roces.

Cuando tomamos consciencia de qué es lo que nos une profundamente a las personas –de eso que nos convierte en amigos–, estaremos dando los primeros pasos para nutrir nuestras relaciones de confianza y afecto desinteresado. A propósito de esto, sobre lo cual discurro, te comparto una breve leyenda árabe publicada en sloyu.com:

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto. En un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: –Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

–Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida. Intrigado, el amigo preguntó: –¿Por qué después de que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió: –Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo pueda borrarlo.

Si asumimos una filosofía de vida conciliatoria que aplique a los miles de casos y situaciones de convivencia que se presentan, estaremos en la posibilidad de no ser presa de los efectos nocivos de nuestras reacciones viscerales. He ahí el punto: reaccionar impulsivamente hace que afloren nuestras zonas primitivas y se nuble la razón y el corazón, por eso no medimos nuestras palabras ni nuestros hechos, enfilándonos con ello a ahondar las discordias.

Es cuestión de conservar la calma, de “enfriarnos” lo más rápido posible y un buen reforzador de ello son los recuerdos de las situaciones positivas sobre los que se fundan nuestras relaciones. Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?
22 Mayo 2018 04:00:00
Finca tus amistades en lo grandioso para que perduren
Quienes sostenemos que la verdadera amistad es para siempre, o al menos que es duradera, lo hacemos convencidos de que debemos enfocarnos en lo grandioso y sobresaliente que se presenta en una relación, y no en los aspectos o pasajes que nos confrontan.

Si tomamos en cuenta que las fricciones y desavenencias son más recurrentes entre más convivamos y conozcamos a una persona, es claro que esto va a sucedernos con nuestros amigos cercanos, es decir, a mayor cercanía, mayores posibilidades de roces.

Cuando tomamos consciencia de qué es lo que nos une profundamente a las personas -de eso que nos convierte en amigos-, estaremos dando los primeros pasos para nutrir nuestras relaciones de confianza y afecto desinteresado.

A propósito de esto sobre lo cual discurro, te comparto una breve leyenda árabe publicada en sloyu.com:

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto. En un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

– Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

– Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida.

Intrigado, el amigo preguntó:

– ¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

– Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo pueda borrarlo.

Si asumimos una filosofía de vida conciliatoria que aplique a los miles de casos y situaciones de convivencia que se presentan, estaremos en la posibilidad de no ser presa de los efectos nocivos de nuestras reacciones viscerales.

He ahí el punto: reaccionar impulsivamente hace que afloren nuestras zonas primitivas y se nuble la razón y el corazón, por eso no medimos nuestras palabras ni nuestros hechos, enfilándonos con ello a ahondar las discordias.

Es cuestión de conservar la calma, de “enfriarnos” lo más rápido posible y un buen reforzador de ello son los recuerdos de las situaciones positivas sobre los que se fundan nuestras relaciones.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
13 Mayo 2018 04:00:00
Es saludable compartir nuestras experiencias
“Abrirnos con los demás refuerza nuestro sentimiento de pertenencia, de fraternidad y de ayuda mutua”. / Abel Pérez Rojas

Hay una larga lista de beneficios de toda índole que se detonan cuando compartimos lo que hemos vivido, desde aquellos relacionados con la mengua de estrés y la retroalimentación de nuestros oyentes, hasta el ejercitar nuestra capacidad didáctica que a su vez engloba otras situaciones positivas propias de la educación permanente.

Por donde se vea, compartir nuestras experiencias prudentemente, es positivo. Entiéndase a lo largo de este artículo la palabra compartir como algo más profundo al simple hecho de hacer público algo.

También, como verás, he agregado el calificativo “prudente” para dejar claro que debemos estar conscientes de los riesgos que puede representar compartir al por mayor nuestras experiencias.

Teniendo presente que cuando compartimos lo que hemos vivido puede ser mal usado por alguien, reflexionemos sobre las implicaciones positivas de compartir lo que hemos vivido.

Si observamos con detenimiento veremos que el dialogar nuestra veteranía ha sido clave en el proceso evolutivo del ser humano.

La relevancia radica en que verbalizar lo que hemos hecho nos da la oportunidad de analizar lo que somos y de alguna manera es verlo al mismo tiempo desde “fuera” y desde “adentro”.

Ver desde “fuera” nuestra vida nos da otra perspectiva, ya que siempre nos vemos desde “dentro”, posición que puede enriquecerse con la opinión del otro, de los otros.

Quizá esa colocación en perspectiva nos permite darnos cuenta que subyace una necesidad de abrirnos con los demás.

Abrirnos con los demás refuerza nuestro sentimiento de pertenencia, de fraternidad y de ayuda mutua.

Es en este sentido en el que se valora vivir en sociedad, porque como ha quedado demostrado en múltiples casos de personas que han crecido al cuidado de animales, vivir en sociedad potencia las facultades del individuo y desarrolla en él habilidades que de otra manera no
surgirían.

Compartir nuestra experiencia hace viva la concepción de Aristóteles del ser humano, a quien llamó zoon politikón (animal político o animal cívico), porque este es quien a diferencia del resto de animales posee la capacidad de vincularse para crear sociedades y organizarse colectivamente en pueblos, ciudades y naciones.

Por otra parte, procesar el conjunto de experiencias a través de nuestros pensamientos, nos permite establecer nuevas sinapsis que se fortifican al compartir nuestras vivencias, como desemboque de un proceso que continúa su cauce.

También es importante decir que cada quien puede elegir la mejor forma de compartir lo que lleva dentro, he ahí la importancia de las artes como una forma de exponerse ante los ojos de los demás de forma simbólica o directa.

Compartir nuestras experiencias requiere valor y pericia, no es fácil dar los primeros pasos, ni las sociedades actuales propician la salud a través del diálogo, pero es vital empezar a andar en esa dirección y luego avanzar más para que se trate de una práctica constante y asidua.

El entrenamiento en compartir y recibir la experiencia propia y de los demás es algo que vale la pena vivir para corroborar todos los beneficios que conlleva.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo.

¿Estás dispuesto?


11 Mayo 2018 04:00:00
Es saludable compartir nuestras experiencias
Hay una larga lista de beneficios de toda índole que se detonan cuando compartimos lo que hemos vivido, desde aquellos relacionados con la mengua de estrés y la retroalimentación de nuestros oyentes, hasta el ejercitar nuestra capacidad didáctica que a su vez engloba otras situaciones positivas propias de la educación permanente.

Por donde se vea, compartir nuestras experiencias prudentemente, es positivo. Entiéndase a lo largo de este artículo la palabra compartir como algo más profundo al simple hecho de hacer público algo.

También, como verás, he agregado el calificativo “prudente” para dejar claro que debemos estar conscientes de los riesgos que puede representar compartir al por mayor nuestras experiencias.

Teniendo presente que cuando compartimos lo que hemos vivido puede ser mal usado por alguien, reflexionemos sobre las implicaciones positivas de compartir lo que hemos vivido.

Si observamos con detenimiento veremos que el dialogar nuestra veteranía ha sido clave en el proceso evolutivo del ser humano.

La relevancia radica en que verbalizar lo que hemos hecho nos da la oportunidad de analizar lo que somos y de alguna manera es verlo al mismo tiempo desde “fuera” y desde “adentro”.

Ver desde “fuera” nuestra vida nos da otra perspectiva, ya que siempre nos vemos desde “dentro”, posición que puede enriquecerse con la opinión del otro, de los otros.

Quizá esa colocación en perspectiva nos permite darnos cuenta que subyace una necesidad de abrirnos con los demás.

Abrirnos con los demás refuerza nuestro sentimiento de pertenencia, de fraternidad y de ayuda mutua.

Es en este sentido en el que se valora vivir en sociedad, porque como ha quedado demostrado en múltiples casos de personas que han crecido al cuidado de animales, vivir en sociedad potencia las facultades del individuo y desarrolla en él habilidades que de otra manera no surgirían.

Compartir nuestra experiencia hace viva la concepción de Aristóteles del ser humano, a quien llamó zoon politikón (animal político o animal cívico), porque éste es quien a diferencia del resto de animales posee la capacidad de vincularse para crear sociedades y organizarse colectivamente en pueblos, ciudades y naciones.

Por otra parte, procesar el conjunto de experiencias a través de nuestros pensamientos, nos permite establecer nuevas sinapsis que se fortifican al compartir nuestras vivencias, como desemboque de un proceso que continúa su cauce.

También es importante decir que cada quien puede elegir la mejor forma de compartir lo que lleva dentro, he ahí la importancia de las artes como una forma de exponerse ante los ojos de los demás de forma simbólica o directa.

Compartir nuestras experiencias requiere valor y pericia, no es fácil dar los primeros pasos, ni las sociedades actuales propician la salud a través del diálogo, pero es vital empezar a andar en esa dirección y luego avanzar más para que se trate de una práctica constante y asidua.

El entrenamiento en compartir y recibir la experiencia propia y de los demás es algo que vale la pena vivir para corroborar todos los beneficios que conlleva.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente
25 Abril 2018 03:00:00
Elige la ruptura para vencer la rutina
La rutina diaria nos priva de alcanzar lo que nos proponemos, ya que equivocadamente creemos que el puente para alcanzar nuestras metas y propósitos de vida, es hacer muchas veces, sin descanso y con mucho esfuerzo lo que hacemos todos los días, pero para acabar con la rutina debemos elegir permanentemente con la ruptura.

Intentar acabar con la rutina desde lo repetido es como pretender apagar un fuego con baldes de gasolina.

¿Cuántas veces te has preguntado por qué sigues sin avanzar pese al empeño y esfuerzo que le impregnas a lo que haces?

La rutina nos lleva a la obsesión y a la inercia que terminan agotándonos en nosotros mismos, pero no progresamos, nos quedamos varados dando vueltas en el mismo punto.

Las inercias pocas veces dan cabida a hacer una alto en el camino para meditar con visión profunda quiénes somos, qué hacemos y por qué lo hacemos.

Si no nos damos la oportunidad de reflexionar profundamente, no vamos a estar en condiciones de evaluar sin apasionamientos nuestro desempeño y el de los demás, ni podremos romper con lo que nos aprisiona.

Lo lamentable es que esa falta de introspección, planeación y evaluación nos ciega hasta de las cuestiones más obvias y básicas.

A propósito, te comparto un breve cuento titulado Afilar el hacha, tomado de terapiapsico-corporal.com (7/04/2018), para ilustrar lo que vengo desarrollando:

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.

El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.

El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:

-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

El joven respondió:

-Realmente, no he tenido tiempo... He estado demasiado ocupado cortando árboles...

¿Te das cuenta que vamos por la vida “cortando árboles” obsesivamente y además con “hachas sin filo”?

Optemos permanente por una actitud de ruptura, es decir, de cambiar estrategias, de desmenuzar los problemas, de poner en duda lo que elegimos en el pasado, de cuestionar nuestras creencias, de no desechar prejuiciosamente explicaciones alternativas a la realidad.

Entendamos que por otra parte, la ruptura es la afectación de las relaciones establecidas entre los componentes que integran algo, en este caso, de la forma como estamos encarando alcanzar lo que nos hemos propuesto.

Una vez que has descompuesto las partes de lo que sea, por ejemplo la forma cómo vives y cómo estás pretendiendo alcanzar tus propósitos, podrás establecer nuevas relaciones entre los componentes, de tal manera que encuentres nuevos caminos, nuevas formas de hacer las cosas y con ello no sólo te percates de lo básico, como “afilar el hacha”, sino de tus obsesiones, de tus miedos, de tu ignorancia.

Bien se dice que si quieres obtener resultados diferentes habrá que hacer cosas diferentes, yo agrego que optemos por la ruptura permanente para vencer la rutina que nos obstaculiza.

Romper es reinventarse.

¿Estás dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
22 Abril 2018 04:00:00
Nunca derrotarse en la búsqueda de personas desaparecidas
“Nunca darse por vencido. Nunca”.
Abel Pérez Rojas

El triunfo del padre chino que se convirtió en taxista para buscar a su hija desaparecida 24 años atrás es otro pasaje de esos que nutren la fortaleza de muchos, en el sentido de que la esperanza es lo último que debe perderse cuando se busca a un ser querido. Este caso debe inspirar a miles alrededor del mundo y muy particularmente a quienes viven en países como México.

Hace unos días a través de la nota titulada: Un padre se hace taxista para buscar a su hija desaparecida y la halla 24 años después, El País (3/04/2018), me enteré de la historia de Wang Mingqing y su hija Qifeng.

El 8 de enero de 1994, Qifeng desapareció sin dejar huella alguna mientras se encontraba en el puesto callejero de frutas de sus padres.

Desde aquella fecha, Wang y su esposa, Liu Dengying, hicieron de todo para tratar de hallar a la menor desaparecida: distribuyeron carteles, visitaron hospitales, orfanatos, morgues y estuvieron una y otra vez sobre las autoridades policiacas.

Pero, la búsqueda fue inútil.

Fue así como en el año 2015 Wang decidió volverse taxista para aprovechar sus recorridos, poder contarle a todos los pasajeros su historia y recorrer cuanto rincón pudiera con tal de encontrar a la menor
desaparecida.

Gracias a que el año pasado esta historia se difundiera en diversos medios de comunicación del país asiático, y a la intervención de un dibujante que realizó un retrato de cómo podría ser la menor años después, una mujer a cientos de kilómetros se sintió identificada con el retrato hablado.

Después de varias pruebas genéticas se determinó que en efecto, aquella mujer casada y con hijos, era Qifeng.

Imagínese querido lector, lo que habrá sido aquel encuentro entre los padres y la mujer desaparecida poco más de dos décadas atrás.

El esfuerzo, la constancia y la determinación para nunca darse por vencidos habían tenido su gratificación

Esta historia es inspiradora no sólo en sí, sino a la luz de otras experiencias que confirman el patrón de la justa recompensa para quienes no se dan por vencidos.

Recordé con la historia de esta familia china la lucha que desde 1977 mantienen de pie y de forma organizada a las Abuelas de Plaza de Mayo, esa organización civil que busca “localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos por la última dictadura argentina”, y que según su propia información ha tenido éxito en 127 casos, Abuelas de Plaza de Mayo (3/04/2018).

Pero, esta historia china también debe inspirar a todos aquellos que están a la búsqueda de un ser querido desaparecido, como es la situación que viven miles de familias mexicanas con los más de 32 mil desaparecidos del 2007 a la fecha, de acuerdo con las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, CNN en Español (13/09/2017).

Las historias de quienes buscan a un ser querido deben inspirarnos a todos, porque muchas de esas búsquedas no deberían ser sólo de ellos sino de todos. ¿O no?
17 Abril 2018 03:30:00
Nunca derrotarse en la búsqueda de personas desaparecidas
“Nunca darse por vencido. Nunca”.

El triunfo del padre chino que se convirtió en taxista para buscar a su hija desaparecida veinticuatro años atrás, es otro pasaje de esos que nutren la fortaleza de muchos, en el sentido de que la esperanza es lo último que debe perderse cuando se busca a un ser querido. Este caso debe inspirar a miles alrededor del mundo y muy particularmente a quienes viven en países como México.

Hace unos días a través de la nota titulada: Un padre se hace taxista para buscar a su hija desaparecida y la halla 24 años después, El País (3/04/2018), me enteré de la historia de Wang Mingqing y su hija Qifeng.

El 8 de enero de 1994, Qifeng desapareció sin dejar huella alguna mientras se encontraba en el puesto callejero de frutas de sus padres.

Desde aquella fecha, Wang y su esposa, Liu Dengying, hicieron de todo para tratar de hallar a la menor desaparecida: distribuyeron carteles, visitaron hospitales, orfanatos, morgues y estuvieron una y otra vez sobre las autoridades policiacas.
Pero, la búsqueda fue inútil.

Fue así como en el año 2015 Wang decidió volverse taxista para aprovechar sus recorridos, poder contarle a todos los pasajeros su historia y recorrer cuanto rincón pudiera con tal de encontrar a la menor desaparecida.

Gracias a que el año pasado esta historia se difundiera en diversos medios de comunicación del país asiático, y a la intervención de un dibujante que realizó un retrato de cómo podría ser la menor años después, una mujer a cientos de kilómetros se sintió identificada con el retrato hablado.

Después de varias pruebas genéticas se determinó que en efecto, aquella mujer casada y con hijos, era Qifeng.

Imagínese querido lector, lo que habrá sido aquel encuentro entre los padres y la mujer desaparecida poco más de dos décadas atrás.

El esfuerzo, la constancia y la determinación para nunca darse por vencidos habían tenido su gratificación.

Esta historia es inspiradora no sólo en sí, sino a la luz de otras experiencias que confirman el patrón de la justa recompensa para quienes no se dan por vencidos.

Recordé con la historia de esta familia china la lucha que desde 1977 mantiene de pie y de forma organizada a las Abuelas de Plaza de Mayo, esa organización civil que busca “localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos por la última dictadura argentina”, y que según su propia información ha tenido éxito en 127 casos, Abuelas de Plaza de Mayo (3/04/2018).

Pero, esta historia china también debe inspirar a todos aquellos que están a la búsqueda de un ser querido desaparecido, como es la situación que viven miles de familias mexicanas con los más de 32 mil mexicanos desaparecidos del 2007 a la fecha, de acuerdo con las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, CNN en Español (13/09/2017).

Las historias de quienes buscan a un ser querido deben inspirarnos a todos, porque muchas de esas búsquedas no deberían ser sólo de ellos sino de todos. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
17 Abril 2018 03:00:00
Nunca derrotarse en la búsqueda de personas desaparecidas
El triunfo del padre chino que se convirtió en taxista para buscar a su hija desaparecida veinticuatro años atrás, es otro pasaje de esos que nutren la fortaleza de muchos, en el sentido de que la esperanza es lo último que debe perderse cuando se busca a un ser querido. Este caso debe inspirar a miles alrededor del mundo y muy particularmente a quienes viven en países como México.

Hace unos días a través de la nota titulada: Un padre se hace taxista para buscar a su hija desaparecida y la halla 24 años después, El País (3/04/2018), me enteré de la historia de Wang Mingqing y su hija Qifeng.

El 8 de enero de 1994, Qifeng desapareció sin dejar huella alguna mientras se encontraba en el puesto callejero de frutas de sus padres.

Desde aquella fecha, Wang y su esposa, Liu Dengying, hicieron de todo para tratar de hallar a la menor desaparecida: distribuyeron carteles, visitaron hospitales, orfanatos, morgues y estuvieron una y otra vez sobre las autoridades policiacas.

Pero, la búsqueda fue inútil.

Fue así como en el año 2015 Wang decidió volverse taxista para aprovechar sus recorridos, poder contarle a todos los pasajeros su historia y recorrer cuanto rincón pudiera con tal de encontrar a la menor desaparecida.

Gracias a que el año pasado esta historia se difundiera en diversos medios de comunicación del país asiático, y a la intervención de un dibujante que realizó un retrato de cómo podría ser la menor años después, una mujer a cientos de kilómetros se sintió identificada con el retrato hablado.

Después de varias pruebas genéticas se determinó que en efecto, aquella mujer casada y con hijos, era Qifeng.

Imagínese querido lector, lo que habrá sido aquel encuentro entre los padres y la mujer desaparecida poco más de dos décadas atrás.

El esfuerzo, la constancia y la determinación para nunca darse por vencidos habían tenido su gratificación

Esta historia es inspiradora no sólo en sí, sino a la luz de otras experiencias que confirman el patrón de la justa recompensa para quienes no se dan por vencidos.

Recordé con la historia de esta familia china la lucha que desde 1977 mantiene de pie y de forma organizada a las Abuelas de Plaza de Mayo, esa organización civil que busca “localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos por la última dictadura argentina”, y que según su propia información ha tenido éxito en 127 casos, Abuelas de Plaza de Mayo (3/04/2018).

Pero, esta historia china también debe inspirar a todos aquellos que están a la búsqueda de un ser querido desaparecido, como es la situación que viven miles de familias mexicanas con los más de 32 mil mexicanos desaparecidos del 2007 a la fecha, de acuerdo con las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, CNN en Español (13/09/2017).

Las historias de quienes buscan a un ser querido deben inspirarnos a todos, porque muchas de esas búsquedas no deberían ser sólo de ellos sino de todos. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
03 Abril 2018 04:00:00
El falso altruismo envenena
La ayuda al prójimo es deseable por muchas razones, pero el auxilio que se otorga buscando el reconocimiento público es una especie de veneno para todos, en particular para quien lo practica.

Desgraciadamente las organizaciones de ayuda se encuentran abarrotadas de personas que buscan satisfacer su ego a través de un falso altruismo.

A veces con el dinero y recursos propios, pero en la gran mayoría con el de otros, muchas personas buscan convertirse en famosos, populares, respetables o con redituables relaciones sociales, a partir de brindar ayuda a quienes lo necesitan.

De ninguna manera estoy diciendo que las personas nieguen su ayuda y servicio, lo que estoy tratando de compartirle es el hecho de que el falso altruismo nos contamina.

Las personas que buscan el reconocimiento ayudando a los demás, empiezan por no ser sinceros en lo más profundo de su ser, se bloquean a sí mismos para desarrollar una ética verdadera que pervierte conceptos como la solidaridad, la fraternidad y el amor.

Pero este tipo de situaciones no sólo afecta a la persona que finge, también infecta a los destinatarios de la ayuda, porque se convierte en un juego de simulación, en el cual uno hace como que ayuda desinteresadamente, y el otro hace como que no se da cuenta que el benefactor lo está usando para satisfacer una necesidad oculta.

Esos entornos terminan convirtiéndose en círculos enfermizos que aprisionan tanto al “benefactor” como al beneficiado, porque a resumidas cuentas no transforman de fondo las condiciones de desigualdad o pobreza imperantes, pero eso sí, abonan a que las cosas no cambien.

El falso altruismo contamina nuestras mentes y nuestros corazones.

Para ilustrar mi comentario le comparto algo del budismo.

De acuerdo con el budismo los “venenos del espíritu” ocasionan todas nuestras dificultades y obstruyen la posibilidad de evolucionar.

De acuerdo con el artículo “El Budismo y los tres venenos del espíritu”, entre los estos “venenos” se encuentra el apego, el cual se “puede entender como codicia, viene dado por el deseo extremo de poseer algo o a alguien, así como la negación de la idea de la no pertenencia de ese algo o alguien. Una persona que se deja llevar por el apego, es muy impulsiva e insensata, puesto que siempre va a tratar de obtener el objeto de su anhelo o ansia para satisfacer su deseo”.

Más adelante dicho artículo publicado en procrastinafacil.com afirma:

“Para poder combatir el apego se debe practicar el “dar sin pedir nada a cambio”, mediante este acto, empezamos a ser realmente útiles a los demás y desarrollamos la modestia, la caridad y así, el desapego”.

De acuerdo con el sentido de las líneas citadas, cuando una persona ayuda o comparte esperando al menos el reconocimiento, refuerza su impulsividad e imprudencia, de tal manera que posterga su posibilidad de madurar y de acceder a formas de convivencia sinceras, si no es que, peor aún, está fortaleciendo su perversidad.

Está por demás describir a dónde nos ha llevado la perversidad cuando ésta predomina en la mente y los corazones de los hombres.

Así que si está usted haciendo algo por el bien de los demás, hágalo por el simple hecho de ayudar y compartir, sin esperar nada a cambio, porque llegado el momento, usted será también beneficiado de múltiples maneras.

¿Está usted dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
29 Marzo 2018 04:00:00
El carácter formativo del dolor y sufrimiento
“El dolor es maestro, el sufrimiento es extravío”.
Abel Pérez Rojas

El dolor es un mecanismo de sobrevivencia del ser humano que le permite protegerse ante múltiples factores que representan una amenaza a su integridad, en ese sentido es positivo que lo sintamos, pero depende de cada uno de nosotros que éste, el dolor, se transforme en sufrimiento.

Muchas veces el dolor es inevitable, el sufrimiento siempre puede evitarse.

He ahí la diferencia. He ahí la clave.

A menos que se padezca el síndrome de Riley-Day –padecimiento por el cual no se siente dolor físico– todas las personas en mayor o menor grado sentimos dolor ante estímulos de diversa índole, es decir, es natural que las personas sintamos dolor.

En cierta forma el dolor es un aviso de que algo no está bien y que esto debe revisarse.

El dolor ha sido clave para la evolución del ser humano porque está vinculado con el instinto de sobrevivencia y conservación, desde ese ángulo es una especie de directriz que permite ir orientando nuestras decisiones siempre buscando el bienestar.

Muchos de los progresos de la civilización giran en torno a la premisa de que el dolor es inherente al ser humano, que en cierta forma puede prevenirse, evitarse o curarse.

Por todo esto, el dolor en sus múltiples presentaciones se convierte en una oportunidad para salir adelante, para aprender, para superar la situación de la que se trate y después de todo ello salir más fortalecidos por la experiencia que tuvimos que vivir.

En cambio, el sufrimiento es una consecuencia del dolor real o imaginario.

El sufrimiento es mental, con repercusiones psicológicas, sociales y emocionales, lleva aparejado una serie de efectos dañinos en lo individual y en lo colectivo.

El sufrimiento se prolonga en el tiempo, y entre más esté presente, más estaremos envueltos en un tipo de maraña que nos hace enredarnos más y más, hasta que le ponemos un alto o hasta que empezamos a dar los primeros pasos para salir de esa condición.

Viktor Frankl, el famoso psiquiatra y psicoterapeuta austriaco afirmó algo que es oportuno tener presente:

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Como siempre en nuestra vida está latente sentir dolor, es parte de nuestra formación estar preparados para saber cómo afrontarlo, y si nos ejercitamos en ello, podremos, con el paso del tiempo forjar nuestro carácter en la superación.

Si asimilamos los beneficios del dolor, el sufrimiento es algo sobre lo cual puede transitarse sin mayores secuelas, porque es extravío durante el cual estamos ciegos ante las fortalezas internas de las cuales somos capaces de desarrollar.

Tampoco se trata de estar pensando obsesivamente en el dolor y en el sufrimiento, de lo que se trata es de vivir plenamente, en paz, con valentía, dando y recibiendo amor; porque si logramos estar inmersos en entornos bondadosos, estaremos preparados para lo que venga.

Marcar la clara diferencia entre el dolor y el sufrimiento es un primer paso para darse cuenta cómo es que aprender a afrontar el primero es necesario para que surja el carácter desde lo más recóndito de nuestro ser, para que luego propiciemos que otros más lo hagan; por otra parte, entender la naturaleza del segundo –del sufrimiento–, es deslindarse de los mecanismos que malamente hemos aprendido y que nos han sido heredados de generación en generación, y que, por ejemplo, usan el sentimiento de culpa como mecanismo de manipulación.

En síntesis, el dolor es una especie de maestro que puede ilustrarnos en la fortaleza, el sufrimiento es opcional y puede ser una ruta de extravío y manipulación.

Es importante tener resuelto este tipo de cuestiones en todo momento, pero principalmente en aquellas fechas usadas para reforzar el engranaje al cual obedece en gran medida nuestro actuar.

¿Qué le parece?
29 Marzo 2018 04:00:00
El carácter formativo del dolor y sufrimiento
“El dolor es maestro, el sufrimiento es extravío”.
Abel Pérez Rojas

El dolor es un mecanismo de sobrevivencia del ser humano que le permite protegerse ante múltiples factores que representan una amenaza a su integridad, en ese sentido es positivo que lo sintamos, pero depende de cada uno de nosotros que éste, el dolor, se transforme en sufrimiento.

Muchas veces el dolor es inevitable, el sufrimiento siempre puede evitarse.

He ahí la diferencia. He ahí la clave.

A menos que se padezca el síndrome de Riley-Day –padecimiento por el cual no se siente dolor físico– todas las personas en mayor o menor grado sentimos dolor ante estímulos de diversa índole, es decir, es natural que las personas sintamos dolor.

En cierta forma el dolor es un aviso de que algo no está bien y que esto debe revisarse.

El dolor ha sido clave para la evolución del ser humano porque está vinculado con el instinto de sobrevivencia y conservación, desde ese ángulo es una especie de directriz que permite ir orientando nuestras decisiones siempre buscando el bienestar.

Muchos de los progresos de la civilización giran en torno a la premisa de que el dolor es inherente al ser humano, que en cierta forma puede prevenirse, evitarse o curarse.

Por todo esto, el dolor en sus múltiples presentaciones se convierte en una oportunidad para salir adelante, para aprender, para superar la situación de la que se trate y después de todo ello salir más fortalecidos por la experiencia que tuvimos que vivir.

En cambio, el sufrimiento es una consecuencia del dolor real o imaginario.

El sufrimiento es mental, con repercusiones psicológicas, sociales y emocionales, lleva aparejado una serie de efectos dañinos en lo individual y en lo colectivo.

El sufrimiento se prolonga en el tiempo, y entre más esté presente, más estaremos envueltos en un tipo de maraña que nos hace enredarnos más y más, hasta que le ponemos un alto o hasta que empezamos a dar los primeros pasos para salir de esa condición.

Viktor Frankl, el famoso psiquiatra y psicoterapeuta austriaco afirmó algo que es oportuno tener presente:

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Como siempre en nuestra vida está latente sentir dolor, es parte de nuestra formación estar preparados para saber cómo afrontarlo, y si nos ejercitamos en ello, podremos, con el paso del tiempo forjar nuestro carácter en la superación.

Si asimilamos los beneficios del dolor, el sufrimiento es algo sobre lo cual puede transitarse sin mayores secuelas, porque es extravío durante el cual estamos ciegos ante las fortalezas internas de las cuales somos capaces de desarrollar.

Tampoco se trata de estar pensando obsesivamente en el dolor y en el sufrimiento, de lo que se trata es de vivir plenamente, en paz, con valentía, dando y recibiendo amor; porque si logramos estar inmersos en entornos bondadosos, estaremos preparados para lo que venga.

Marcar la clara diferencia entre el dolor y el sufrimiento es un primer paso para darse cuenta cómo es que aprender a afrontar el primero es necesario para que surja el carácter desde lo más recóndito de nuestro ser, para que luego propiciemos que otros más lo hagan; por otra parte, entender la naturaleza del segundo –del sufrimiento–, es deslindarse de los mecanismos que malamente hemos aprendido y que nos han sido heredados de generación en generación, y que, por ejemplo, usan el sentimiento de culpa como mecanismo de manipulación.

En síntesis, el dolor es una especie de maestro que puede ilustrarnos en la fortaleza, el sufrimiento es opcional y puede ser una ruta de extravío y manipulación.

Es importante tener resuelto este tipo de cuestiones en todo momento, pero principalmente en aquellas fechas usadas para reforzar el engranaje al cual obedece en gran medida nuestro actuar.

¿Qué le parece?
19 Marzo 2018 04:00:00
“¡Qué nuestra obra marque camino para los demás!”
Como cuando se inaugura una calle y se le pone el nombre de alguien que ha dejado huella, así hay nuevas “calles” en la vida, en el arte, en la ciencia y en el saber, que no son tan visibles, pero que alguien, algún día, dio los primeros pasos en esa dirección hasta que se conformó una vereda humana, que con el paso del tiempo y del trabajo, evolucionó hasta ser una “calle” o “avenida” en la cual podemos transitar otros más.

De eso habló hace poco Guillermo del Toro tomando como analogía las calles que transitamos todos los días y que conforman nuestras ciudades y poblados.

Durante su primer Master Class, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, denominada "De Geometría a la Forma del Agua", de acuerdo con El País, del Toro dijo en un abarrotado foro:

“Hay una razón por la que hoy estoy aquí: los jóvenes. Creo que lo único que deja uno de valor [cuando muere] es un camino. Yo no sé quién es Robles Gil [cuando voy conduciendo] pero puedo dar vuelta a la derecha. Si dentro de 100 años nadie se acuerda de mí pero dejé un camino donde alguien pueda dar vuelta a la derecha, habrá merecido la pena”.

A mi parecer la analogía del exitoso director hollywoodense es brillante porque da pie a dialogar sobre esas nuevas “calles” que algunos están abriendo, y que no son fáciles de iniciar porque tienen muchas opiniones y posturas en contra debido a que significan puntos de ruptura y quiebre por su novedad.

¿Cómo se abre una nueva “calle” de esas a las que se refiere Guillermo?

Se abre a través de la constancia en lo novedoso y en lo creativo; el mismo del Toro es un claro ejemplo de ello.

Si el cineasta jalisciense nos hubiera hablado hace décadas de sus historias de amor entre el mundo de los humanos y los mundos extraños, nos hubiera parecido sólo producto de una fantasiosa mente, pero ahora, después de miles de horas de trabajo y varios filmes, podemos decir con certeza que existe la “calle” Guillermo del Toro.

La “calle” Guillermo del Toro es su forma de hacer las cosas, es la obra de dicho cineasta, lo que implican sus aportaciones y la influencia que está marcando en distintos ámbitos, y que los más jóvenes seguramente se encargarán de materializar en los próximos años.

Las palabras de Guillermo son un llamado a atreverse a vencer lo que nos está deteniendo y nos impide realizar nuestros sueños.

El mensaje en cuestión es directo y democrático, porque en el fondo sostiene que cualquiera puede marcar rumbo y romper con las inercias que nos uniforman y vuelven comunes a las mayorías que “duermen” en la comodidad.

Ojalá más de uno que me lee algún día pueda ver que con su actuar marcó rumbo para otros y llegado el momento sepa en lo recóndito de su ser, que a su paso dejó un mundo mejor.

¿Qué hace para merecer que una “calle”, de esas a las que se refiere Guillermo del Toro, lleve su nombre?

Se lo dejo para la reflexión.

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
13 Marzo 2018 04:00:00
Los hombres sabios estorban al sistema
Las personas sabias no tienen cabida en el sistema porque estorban a quienes detentan el poder, son símbolo que recuerda a todos que hay formas de convivencia y organización alternativa.

El sistema imperante está dirigido por personas sin escrúpulos que en muchos casos son cultas e inteligentes, y que tienen por prioridad perpetuarse en el poder para beneficio propio.

No se confunda, no es lo mismo ser una persona culta o inteligente a ser sabio.

Las primeras, los cultos, son personas con una formación sólida en historia, en arte, en ciencias, en diversos campos del conocimiento y la cultura, por eso están “cultivados”, pero no necesariamente son sabios.

Las personas inteligentes han desarrollado en cierta medida sus capacidades cognitivas, psicológicas y se adaptan a los cambios de distinta índole, por otra parte resuelven eficazmente problemas y son diestros en la abstracción.

Por otra parte, las personas sabias se han adentrado a la naturaleza humana, a la propia y a la de los demás, tienen una visión recóndita de lo que les rodea, están hermanados con el todo. Las personas sabias son profundamente éticos.

A diferencia de las personas sabias, los cultos y los inteligentes no necesariamente son éticos.

Por ejemplo, esto explica por qué muchos de los que se han enriquecido a costa de los pobres son personas cultas e inteligentes.

Muchos de los que han amasado fortunas desviando recursos para las personas más harapientas han estudiado en las mejores universidades del mundo, hablan varios idiomas, algunos hasta practican destacadamente algún arte, pero no se tientan el corazón para saquear las riquezas naturales y dejar en el desamparo, por ejemplo, a los pueblos originarios.

Por supuesto que no estoy diciendo que sea excluyente entre sí ser sabio, culto o inteligente; lo que le estoy diciendo es que debemos clarificar las diferencias entre los distintos tipos de personas para entender por qué las personas sabias son excluidas y marginadas del sistema porque estorban a los ambiciosos.

Las personas sabias siempre han sido incómodas y han sido consideradas, desde el poder político y económico, un peligro para las sociedades de todos los tiempos, porque un ser sabio no permite ser esclavizado, ni explotado, ni manipulado, ni da cabida a las guerras, ni es consumista compulsivo, ni se satisface con las limitaciones de la escolarización; por ello el sistema imperante aplica todos sus mecanismos para excluir a quien está en un permanente despertar… porque son incorruptibles.

Una persona sabia está en un permanente despertar y eso le convierte en un “peligro” para las estructuras de control establecidas por siglos.

A propósito quiero compartirle un texto que viene muy bien al caso, autoría del controvertido gurú hindú Osho:

Ninguna sociedad quiere que seas SABIO.

Esto va contra los fundamentos de todas las sociedades.

Si las personas son SABIAS no pueden ser EXPLOTADAS.

Si las personas son INTELIGENTES no pueden ser MANIPULADAS, no pueden ser FORZADAS a vivir mecánicamente, a vivir como robots.

Ellos buscarán su INDIVIDUALIDAD.

Ellos llevarán a su alrededor la fragancia de la REBELIÓN.

Ellos amarán vivir en LIBERTAD...

La libertad viene con sabiduría y ninguna sociedad quiere que seas libre.

La sociedad comunista, la sociedad fascista, la sociedad capitalista, la hindú, la musulmana, la cristiana, ninguna sociedad.

Porque en el momento en que una persona empieza a usar su propia INTELIGENCIA, se vuelve PELIGROSO.

Peligroso para el sistema, peligrosos para las personas que están en el poder, peligrosos para los eruditos, peligrosos para todo tipo de explotación, opresión y supresión, PELIGROSOS PARA LAS IGLESIAS, PELIGROSOS PARA LOS ESTADOS, PELIGROSOS PARA LAS NACIONES.

De hecho un hombre sabio es fuego viviente, una llama.

Pero él no puede vender su vida, él no puede ser un sirviente, él prefiere morir antes que convertirse en esclavo.

La transición de la conciencia ha comenzado.

Hasta aquí la extensa cita que no tiene pierde.

¿Está usted de acuerdo conmigo y con Osho en que las personas sabias son excluidas por el sistema porque para algunos son una especie de “piedra en el zapato”?

Vale la pena atreverse a ir en búsqueda de la sabiduría porque la situación en que vivimos ya no da para más y es necesario cambiarla.

No nos conformemos con ser cultos ni con ser inteligentes, es necesario buscar la sabiduría.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente
11 Marzo 2018 04:00:00
Lo sencillo y lo simple es remedio
“La sabiduría de lo simple es la clave para liberarse
de la trama compleja de lo cotidiano”.
Abel Pérez Rojas

Estamos tan inmersos en los compromisos que adquirimos o que nos son impuestos diariamente, que nuestra existencia se vuelve complicada, tan enredada, que perdemos de vista cuestiones sencillas, por eso volviendo a lo básico, a lo simple, podremos salir avante.

Conforme pasan los años cargamos a cuestas con creencias que nunca meditamos a profundidad, con posesiones innecesarias y con miedos que en gran parte tienen su origen en experiencias desagradables de la infancia o en prejuicios que germinan en la ignorancia.

A eso debemos agregar las relaciones destructivas que encubrimos con el falso amor, las relaciones socioeconómicas injustas y de explotación que nos van reduciendo a situación de cuasi esclavitud.

Así vamos como parias persiguiendo “zanahorias” vanas que sólo nos dotan de satisfactores viles y temporales.

A eso se debe que no somos felices y cuando buscamos verdaderamente la felicidad es gracias a arrebatos de valor que nos revolucionan y nos empujan a romper la dictatorial inercia del fatídico destino.

Pero todo esto puede llegar a su fin si volvemos a lo básico, a lo indispensable, y dejamos de sufrir por lo que está de más y que además es sólo una vil ilusión.

A la luz de todo lo anterior, le comparto un breve cuento que hace poco encontré y que es sumamente oportuno.

El cuento titulado Desapego dice así:

Un señor viaja desde un pueblo muy lejano para consultar a un rabino muy famoso.

Llega a su casa y advierte, sorprendido, que los únicos muebles que dispone el sabio son un colchón en el suelo, dos bancos, una silla y una vela. El resto de la habitación está vacío.

El hombre consulta al rabino y este le contesta con verdadera sabiduría. Pero, intrigado por la simplicidad del mobiliario, al final añade:

–¿Le puedo hacer una consulta más?

–Sí, desde luego.

–¿Dónde están sus muebles?

–¿Dónde están los suyos?

–¿Como que dónde están los míos? Yo estoy de paso – dice el hombre sin acabar de comprender.

–Yo también –le contesta el rabino.

Tanto como atiborramos nuestros armarios de pertenencias que nunca utilizamos, así cargamos con recuerdos que nos mortifican o con compromisos que adquirimos, pero que son absurdos o que no vamos a poder cumplir, sin embargo ahí están ocupando parte de nuestro “disco duro”.

Quienes nos dominan saben que estamos inmersos en una inercia absurda de acumulación y soledad que es fácilmente manipulable.

A estas cuestiones básicas responden el consumismo estacional, la militancia religiosa y política de las multitudes, en fin, nuestro enredo permanente.

Regresar a lo simple, a lo básico, es un buen arranque para dejar de intoxicarse con lo absurdo de la forma de vida que hemos generado.

A la alimentación balanceada, al caminar más y ocupar menos el auto; a dejar guardada la tarjeta de crédito y sólo usarla en casos previamente pensados; a ver menos televisión e internet a cambio de leer y meditar más, a dialogar más y confrontar menos… en fin, a todo aquello que dejamos de lado debido a los entornos enfermizos que construimos es a lo que me refiero.

¿Qué le parece?
05 Marzo 2018 04:00:00
Lo sencillo y lo simple es remedio
Estamos tan inmersos en los compromisos que adquirimos o que nos son impuestos diariamente, que nuestra existencia se vuelve complicada, tan enredada que perdemos de vista cuestiones sencillas, por eso volviendo a lo básico, a lo simple, podremos salir avante.

Conforme pasan los años cargamos a cuestas con creencias que nunca meditamos a profundidad, con posesiones innecesarias y con miedos que en gran parte tienen su origen en experiencias desagradables de la infancia o en prejuicios que germinan en la ignorancia.

A eso debemos agregar las relaciones destructivas que encubrimos con el falso amor, las relaciones socioeconómicas injustas y de explotación que nos van reduciendo a situación de cuasi esclavitud.

Así vamos como parias persiguiendo “zanahorias” vanas que sólo nos dotan de satisfactores viles y temporales.

A eso se debe que no somos felices y cuando buscamos verdaderamente la felicidad es gracias a arrebatos de valor que nos revolucionan y nos empujan a romper la dictatorial inercia del fatídico destino.

Pero todo esto puede llegar a su fin si volvemos a lo básico, a lo indispensable y dejamos de sufrir por lo que está de más y que además es sólo una vil ilusión.

A la luz de todo lo anterior le comparto un breve cuento que hace poco encontré y que es sumamente oportuno.

El cuento titulado Desapego dice así:

Un señor viaja desde un pueblo muy lejano para consultar a un rabino muy famoso. Llega a su casa y advierte, sorprendido, que los únicos muebles que dispone el sabio son un colchón en el suelo, dos bancos, una silla y una vela. El resto de la habitación está vacía.

El hombre consulta al rabino y este le contesta con verdadera sabiduría. Pero intrigado por la simplicidad del mobiliario, al final añade:

– ¿Le puedo hacer una consulta más?

– Sí, desde luego.

– ¿Dónde están sus muebles?

– ¿Dónde están los suyos?

– ¿Como que dónde están los míos? Yo estoy de paso – dice el hombre sin acabar de comprender.

– Yo también – le contesta el rabbino.

Tanto como atiborramos nuestros armarios de pertenencias que nunca utilizamos, así cargamos con recuerdos que nos mortifican o con compromisos que adquirimos, pero que son absurdos o que no vamos a poder cumplir, sin embargo ahí están ocupando parte de nuestro “disco duro”.

Quienes nos dominan saben que estamos inmersos en una inercia absurda de acumulación y soledad que es fácilmente manipulable.

A estas cuestiones básicas responden el consumismo estacional, la militancia religiosa y política de las multitudes, en fin, nuestro enredo permanente.

Regresar a lo simple, a lo básico, es un buen arranque para dejar de intoxicarse con lo absurdo de la forma de vida que hemos generado.

A la alimentación balanceada, al caminar más y ocupar menos el auto; a dejar guardada la tarjeta de crédito y sólo usarla en casos previamente pensados; a ver menos televisión e Internet a cambio de leer y meditar más, a dialogar más y confrontar menos… en fin, a todo aquello que dejamos de lado debido a los entornos enfermizos que construimos es a lo que me refiero.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
26 Febrero 2018 04:00:00
Esquiador mexicano, caso de educación permanente
Germán Madrazo, el mexicano que llegó en último lugar en la competencia de 15 kilómetros de esquí de fondo de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, Corea del Sur; escribió con su ejemplo una serie de lecciones que nos permiten ver con claridad algunos de los postulados de la educación permanente.

Pese a ser un atleta dedicado a distintas disciplinas, hasta hace casi un año Germán era totalmente ajeno a los llamados “deportes de invierno”.

Madrazo ha narrado a diversos medios sus peripecias de cómo fue que un buen día decidió incursionar en el esquí, y pese a no tener entrenador, sin accesorios y sin contar con un espacio propicio para entrenarse, decidió lanzarse a la aventura que meses más tarde se coronaría con alcanzar la meta después de una ruta dificilísima.

Además de todos los factores en su contra, Madrazo tenía otro que de acuerdo a los especialistas en ese tipo de deportes le pesaría mucho: la edad.

Aprender un nuevo deporte de características poco comunes entre los mexicanos a una edad en la que muchos están pensando en el retiro, fue otro aderezo a la ya de por sí condimentada experiencia.

La edad no es un impedimento para aprender algo nuevo, al menos así lo hemos visto en múltiples casos y está en la historia de Germán Madrazo.

Madrazo demostró que si bien es cierto con el paso del tiempo se pierden ciertas facultades físicas y mentales, también es cierto que el tiempo bien vivido nos deja experiencias sobre las cuales podemos “leer” para aprender más.

Todos acumulamos experiencias, pero no todos aprovechamos de la mejor manera esa veteranía.

Aprovechar inteligentemente lo que hemos vivido sin desperdiciar ningún tramo del pasado es también una enseñanza de la educación permanente, porque ¿se imagina usted cuántas experiencias de la vida diaria se pierden porque no se les da la relevancia que tienen?

Ninguna persona verdaderamente autodidacta puede darse el lujo de desechar lo vivido, simplemente por la apariencia a primera vista.

Madrazo recorrió los 15 kilómetros de la justa en 59 minutos y 34 segundos, es decir, veintiséis minutos después del ganador de la competencia, el suizo Darío Cologna, esta brecha entre el primer y último lugar, hubiese sido suficiente para que el colero abandonara la prueba, pero no fue así.

Quien está tocado por la educación permanente sabe que las medallas y los trofeos resaltan el resultado, pero no siempre se otorgan a los méritos muy íntimos que cada quien lleva consigo.

Madrazo terminó la competencia, festejó muchísimo cuando cruzó la meta porque sólo él sabe todas las veces que se quedó sin comer, sin dormir y cuánto tuvo que soportar para estar en esa competencia de corte mundial. Bien cabe esa frase que ya le he compartido en otro de mis artículos: ¡perdió, pero ganó!

Las declaraciones del queretano al concluir la hazaña extrajeron el pasaje del ámbito personal y lo trasladaron a la palestra social:

“Lo que yo quiero que mis compatriotas sepan es que no importa si tienes 43 años, si naciste en México o si no tienes dinero para practicar un deporte. Si quieres hacerlo, puedes hacerlo".

Pasar del ámbito individual al contexto social, es otra cualidad medular en términos de educación permanente, porque si no se aborda la carga colectiva en las experiencias personales, terminamos neutralizándonos en lo referente a cambiar nuestro entorno más cercano y, por supuesto, de la posibilidad de transformar nuestro país.

Competidores de otros países cargaron en hombros a Madrazo cuando llegó a la meta, algunos de ellos habían sido compañeros de sus peripecias y otros más sabían la historia detrás de nuestro compatriota, he aquí otra enseñanza: los verdaderos logros no se presumen, se reconocen justamente por su propio peso, por su inocultable valor didáctico.

No se dan en maceta las experiencias como las de Germán Madrazo, pero en la vida diaria hay otras tantas en distintos ámbitos que merecen ser visibilizadas, tanto como ésta que he abordado, por los ojos entrenados en educación permanente.



¡Muy bien por Germán Madrazo y bien por quienes podemos aprender y transmitir su ejemplo!

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
19 Febrero 2018 04:00:00
La comodidad creada por el sistema nos pervierte
La comodidad nos priva de la ocasión de vernos forzados a desarrollar nuestra capacidad para vencer la adversidad; en ese sentido, el confort nos corrompe, nos vuelve conformistas y nos impide saber hasta qué punto y de qué somos capaces.

Siempre ha habido voces que nos invitan a salir de nuestra área de bienestar para no privarnos de ciertas maravillas de la vida, pero son desoídas, son descalificadas y en un arrebato de suma ignorancia les llamamos: ¡herejes!

Es entendible que los llamados a salir de nuestra relativa holgura sean vistos con desconfianza, porque la llamada “normalidad” de nuestra sociedad se construye a partir de pedazos de placer.

A propósito de esto que le vengo comentando le comparto lo siguiente: Hace poco una persona me pidió que entrevistara a un familiar muy cercano para que a través de mi programa de televisión por internet diera a conocer su talento musical personal y el de su banda.

Le dije que con gusto, y que debido a la confianza que me había tenido sería un gusto no sólo otorgarle el espacio necesario, sino conversar con él para compartirle algo de lo que he podido observar en músicos de toda índole y de diversas nacionalidades.

Esa persona insistía en convencerme sobre el talento de su hijo, a lo cual yo le comenté que no era necesario que abundara sobre las dotes artistas de su vástago, que llegado el momento las conocería y que seguramente se trata de una persona muy talentosa.

Pese a mi comentario, mi interlocutora continuó hablando sobre lo exitoso de su hijo y de lo incomprensible que le resultaba a ella entender cómo es que siendo su hijo un alto ejecutivo de una importante empresa, obsesivamente quería destacar con su grupo musical.

Entre más me platicaba de las bondades laborales de su hijo me quedó claro que probablemente estaba frente a un caso de inmovilidad por comodidad.

Es decir, el sueño de este joven es la música en sus distintas facetas, pero, entre otras cosas, la seguridad que le otorga su empleo y la forma de vida que ha construido en torno a ello, le impide dar los siguientes pasos.

Le explico.

En los últimos cinco años he tenido la oportunidad de entrevistar y convivir con cientos de artistas de toda índole.

Quienes han destacado en lo que hacen, o al menos son felices con ello, son quienes han tomado el riesgo de vivir de lo que hacen y se han entregado en cuerpo y alma para conseguirlo.

Estas mujeres y hombres han pasado hambres, penurias y desgracias, pero todo esto con el paso del tiempo sólo han sido eventualidades para encarar a plenitud lo que ellos han elegido como su senda de vida. Todos ellos salieron de su zona de confort y dieron un salto al vacío para alcanzar sus sueños.

Sé que tal vez usted piense en esos casos en los que las personas vienen de muy abajo y que ¡cuál comodidad puede tener alguien que viene desde muy abajo y el hambre es lo que le está impulsando a moverse!

En mi opinión hasta el esclavo y el mendigo se acostumbran a su estado y a vivir de tal forma, ¿acaso no este es uno de los motivos por el cual el pueblo mexicano y otros más viven cómo viven?

Es común ser ciegos ante la “comodidad” que nos estanca e impide progresar, por ello tenemos que sacudirnos cuantas veces sea necesario para despertar y poder continuar nuestro camino.

Tenemos que estremecernos una y otra vez de tal manera que la comodidad cotidiana nos estorbe, nos incomode y no nos quede de otra que asumir las riendas de nuestro proceso evolutivo.

Si a usted le está estorbando esa comodidad que nos uniforma, es probable que se deba a que no está totalmente dormido como la mayoría y que vale la pena seguir esa chispa interna para no perderse en el conformismo ni en la corrupción del sistema.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas es escritor y educador permanente.
19 Febrero 2018 04:00:00
La comodidad creada por el sistema nos pervierte
La comodidad nos priva de la ocasión de vernos forzados a desarrollar nuestra capacidad para vencer la adversidad; en ese sentido, el confort nos corrompe, nos vuelve conformistas y nos impide saber hasta qué punto y de qué somos capaces.

Siempre ha habido voces que nos invitan a salir de nuestra área de bienestar para no privarnos de ciertas maravillas de la vida, pero son desoídas, son descalificadas y en un arrebato de suma ignorancia les llamamos: ¡herejes!

Es entendible que los llamados a salir de nuestra relativa holgura sean vistos con desconfianza, porque la llamada “normalidad” de nuestra sociedad se construye a partir de pedazos de placer.

A propósito de esto que le vengo comentando le comparto lo siguiente: Hace poco una persona me pidió que entrevistara a un familiar muy cercano para que a través de mi programa de televisión por internet diera a conocer su talento musical personal y el de su banda.

Le dije que con gusto, y que debido a la confianza que me había tenido sería un gusto no sólo otorgarle el espacio necesario, sino conversar con él para compartirle algo de lo que he podido observar en músicos de toda índole y de diversas nacionalidades.

Esa persona insistía en convencerme sobre el talento de su hijo, a lo cual yo le comenté que no era necesario que abundara sobre las dotes artistas de su vástago, que llegado el momento las conocería y que seguramente se trata de una persona muy talentosa.

Pese a mi comentario, mi interlocutora continuó hablando sobre lo exitoso de su hijo y de lo incomprensible que le resultaba a ella entender cómo es que siendo su hijo un alto ejecutivo de una importante empresa, obsesivamente quería destacar con su grupo musical.

Entre más me platicaba de las bondades laborales de su hijo me quedó claro que probablemente estaba frente a un caso de inmovilidad por comodidad.

Es decir, el sueño de este joven es la música en sus distintas facetas, pero, entre otras cosas, la seguridad que le otorga su empleo y la forma de vida que ha construido en torno a ello, le impide dar los siguientes pasos.

Le explico.

En los últimos cinco años he tenido la oportunidad de entrevistar y convivir con cientos de artistas de toda índole.

Quienes han destacado en lo que hacen, o al menos son felices con ello, son quienes han tomado el riesgo de vivir de lo que hacen y se han entregado en cuerpo y alma para conseguirlo.

Estas mujeres y hombres han pasado hambres, penurias y desgracias, pero todo esto con el paso del tiempo sólo han sido eventualidades para encarar a plenitud lo que ellos han elegido como su senda de vida.

Todos ellos salieron de su zona de confort y dieron un salto al vacío para alcanzar sus sueños.

Sé que tal vez usted piense en esos casos en los que las personas vienen de muy abajo y que ¡cuál comodidad puede tener alguien que viene desde muy abajo y el hambre es lo que le está impulsando a moverse!

En mi opinión hasta el esclavo y el mendigo se acostumbran a su estado y a vivir de tal forma, ¿acaso no éste es uno de los motivos por el cual el pueblo mexicano y otros más viven cómo viven?

Es común ser ciegos ante la “comodidad” que nos estanca e impide progresar, por ello tenemos que sacudirnos cuantas veces sea necesario para despertar y poder continuar nuestro camino.

Tenemos que estremecernos una y otra vez de tal manera que la comodidad cotidiana nos estorbe, nos incomode y no nos quede de otra que asumir las riendas de nuestro proceso evolutivo.

Si a usted le está estorbando esa comodidad que nos uniforma, es probable que se deba a que no está totalmente dormido como la mayoría y que vale la pena seguir esa chispa interna para no perderse en el conformismo ni en la corrupción del sistema.

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Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
13 Febrero 2018 04:00:00
¡Perdió, pero ganó!
A Ixchel.

Debemos estar conscientes que la adversidad, la desventura y aparente derrota de ciertos días son sólo el preludio de nuevas victorias, triunfos que tendrán mayores ganancias en la medida que pase el tiempo o de que cambie nuestra perspectiva para aquilatar de mejor manera lo que se vive.

En una situación que parece contradictoria: se pierde, pero se gana más seguido de lo que usted cree.

Ocasionó sonrisas la primera vez que se me ocurrió y dije: ¡perdió, pero ganó!, pero al pasar el tiempo la frase me ha dado la oportunidad de dialogar muchas veces sobre distintas aristas del asunto.

Primero hay que dejar claro que hemos sido mal formados en la cultura de ganar y perder, porque lleva implícito que para que alguien pueda ganar otros tienen que perder; y en el caso del sistema político económico es peor: unos poquitos ganan muchísimo, mientras millones pierden casi todo.

Por otra parte, estar tan acostumbrados a ver todo bajo la lente de ganar o perder ocasiona que estemos cuasi ciegos ante la posibilidad de entablar relaciones bajo otros esquemas, desde otros enfoques, con otro espíritu, por ejemplo, que no siempre se trata ni de ganar, ni de perder, sino de ambas y de muchas otras posibilidades.

Pero aún sumergidos en esa cultura de perder y ganar es imprescindible que nos demos cuenta de que la realidad cambiante está conformada por pasajes de todo tipo. Unas veces es necesario dejar ciertas condiciones de vida, cierta comodidad, inclusive muchas de las relaciones que entablamos con las personas, para dar paso a nuevas experiencias, vivencias que traerán consigo la posibilidad de recorrer nuestra historia de vida.

Hace poco reflexioné todo esto con motivo de la partida de mi hija al extranjero para continuar con su formación.

Ella estaba en una situación relativamente cómoda en nuestro país, pero dejó todo esto para afrontar una situación diferente y hasta incierta para poder continuar con sus aspiraciones.

Dejó familia, amigos, casa y sustento para ir en búsqueda de su sueño; a la luz de lo que le vengo compartiendo diríamos que temporalmente “perdió”.

No obstante lo que dejó atrás, desde el primer día experiencias totalmente inéditas fueron al encuentro y su mirada entrenada en el trabajo interno le permitió detectar las riquezas formativas que se le avecinan.

Es muy temprano para decir qué es lo que logrará, pero lo que sí está en condiciones de afirmar desde ahora es que lo que perdió está cimentado en los apegos y no en el amor.

Lo que se ama o los que nos aman no se pierden, a veces los tenemos distantes, pero no se pierden, lo que se pierde es lo que no tiene bases verdaderas, por eso “¡perdió, pero ganó!”.

Mi hija es de las que “perdieron” voluntariamente y hasta cierto punto inconscientemente, pero ganaron porque detrás de la aparente pérdida está un mar de nuevas oportunidades que ya ha empezado a capitalizar.

Millones de historias alrededor del mundo se escriben a partir de “pérdidas”, unas temporales y otras permanentes, pero la clave está en la actitud para encararlas, en la visión para darles su justa dimensión en el marco de un contexto mayor y en la persistencia para no darse por derrotado a las primeras de cambio.

A pesar de todo lo que nos han enseñado durante nuestra infancia, no tema usted perder, porque eso casi siempre es preámbulo de progreso en la consecución de sus logros.

¿Qué le parece?
12 Febrero 2018 04:00:00
¡Perdió, pero ganó!
“Confía en que la pérdida es temporal,

pero el cambio, ese que también trae consigo los triunfos y las victorias,

es permanente”.

Abel Pérez Rojas.

A Ixchel.

Debemos estar conscientes que la adversidad, la desventura y aparente derrota de ciertos días son sólo el preludio de nuevas victorias, triunfos que tendrán mayores ganancias en la medida que pase el tiempo o de que cambie nuestra perspectiva para aquilatar de mejor manera lo que se vive.

En una situación que parece contradictoria: se pierde, pero se gana más seguido de lo que usted cree.

Ocasionó sonrisas la primera vez que se me ocurrió y dije: ¡perdió, pero ganó!, pero al pasar el tiempo la frase me ha dado la oportunidad de dialogar muchas veces sobre distintas aristas del asunto.

Primero hay que dejar claro que hemos sido mal formados en la cultura de ganar y perder, porque lleva implícito que para que alguien pueda ganar otros tienen que perder; y en el caso del sistema político económico es peor: unos poquitos ganan muchísimo, mientras millones pierden casi todo.

Por otra parte, estar tan acostumbrados a ver todo bajo la lente de ganar o perder ocasiona que estemos cuasi ciegos ante la posibilidad de entablar relaciones bajo otros esquemas, desde otros enfoques, con otro espíritu, por ejemplo, que no siempre se trata ni de ganar, ni de perder, sino de ambas y de muchas otras posibilidades.

Pero, aún sumergidos en esa cultura de perder y ganar es imprescindible que nos demos cuenta de que la realidad cambiante está conformada por pasajes de todo tipo, unas veces es necesario dejar ciertas condiciones de vida, cierta comodidad, inclusive muchas de las relaciones que entablamos con las personas, para dar paso a nuevas experiencias, vivencias que traerán consigo la posibilidad de recorrer nuestra historia de vida.

Hace poco reflexioné todo esto con motivo de la partida de mi hija al extranjero para continuar con su formación.

Ella estaba en una situación relativamente cómoda en nuestro país, pero dejó todo esto para afrontar una situación diferente y hasta incierta para poder continuar con sus aspiraciones.

Dejó familia, amigos, casa y sustento para ir en búsqueda de su sueño; a la luz de lo que le vengo compartiendo diríamos que temporalmente perdió.

No obstante lo que dejó atrás, desde el primer día experiencias totalmente inéditas fueron al encuentro y su mirada entrenada en el trabajo interno le permitió detectar las riquezas formativas que se le avecinan.

Es muy temprano para decir qué es lo que logrará, pero lo que sí está en condiciones de afirmar desde ahora es que lo que perdió está cimentado en los apegos y no en el amor.



Lo que se ama o los que nos aman no se pierden, a veces los tenemos distantes, pero no se pierden, lo que se pierde es lo que no tiene bases verdaderas, por eso “¡perdió, pero ganó!”.

Mi hija es de las que “perdieron” voluntariamente y hasta cierto punto inconscientemente, pero ganaron porque detrás de la aparente pérdida está un mar de nuevas oportunidades que ya ha empezado a capitalizar

Millones de historias alrededor del mundo se escriben a partir de “pérdidas”, unas temporales y otras permanentes, pero la clave está en la actitud para encararlas, en la visión para darles su justa dimensión en el marco de un contexto mayor y en la persistencia para no darse por derrotado a las primeras de cambio.

A pesar de todo lo que nos han enseñado durante nuestra infancia, no tema usted perder, porque eso casi siempre es preámbulo de progreso en la consecución de sus logros.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
06 Febrero 2018 04:00:00
Nadie es el mismo de un año atrás
Aunque todo cambia, frecuentemente tratamos a las personas como si ellas fueran estáticas, es más, como si nosotros fuéramos los mismos de ayer, pero esto no es así, la realidad cambiante también nos incluye, nosotros no somos los mismos de un tiempo a la fecha y eso es algo que debemos tomar en cuenta cuando encaramos el día con día.

Reflexiono lo anterior a propósito de una frase anónima con la cual me topé hace poco y que francamente me dejó embobado.

Las líneas dicen así: “Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante. Permítame presentarme nuevamente”.

Es certera la frase cuando se refiere a la caducidad de ciertos juicios de valor que emitimos en un determinado tiempo y en ciertas circunstancias sobre las personas o sobre algunos hechos.

Ni quien hizo el juicio es el mismo, ni la persona a la cual nos estamos refiriendo es la misma.

Tenga usted en cuenta que la misma frase nos da la pista para que ni usted ni yo seamos los mismos después de determinado tiempo, cuando la frase remata: “Mi evolución es constante”.

Claro está que quien esté sumergido en un ambiente de conformismo o imposibilidad tal vez siga siendo muy parecido al del pasado, pero en ese caso estamos hablando de una situación enfermiza, porque toda experiencia nos afecta, nos aporta para cambiar o para reafirmar nuestra forma de pensar.

Aun reafirmando nuestras convicciones, no somos los mismos pasado el tiempo.

Pero lo que potencia nuestros cambios a lo largo del tiempo, es la percepción y la toma de consciencia acerca de quiénes somos.

En relación a esto le comparto un breve cuento zen titulado El Cambio:

“Había un discípulo que se estaba lamentando de sus limitaciones mientras el maestro lo escuchaba en silencio.

“En un momento, y cuando el discípulo dejó de enumerar algunas de sus limitaciones, el maestro respondió:

“Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no te has dado cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace 15 años te habrían sido imposibles? ¿Qué crees que es lo que ha cambiado?”

“Después de un instante el monje respondió convencido:

“Han cambiado mis talentos”

“No, has cambiado tú”, dijo el maestro.

“¿Y no es lo mismo?”, preguntó el discípulo.

“No, no es lo mismo, porque tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú”.

Si modificamos nuestra forma de concebirnos a nosotros mismos, todo cambia porque estamos hablando de que somos un sistema interconectado y complejo.

Pero esto no es una cuestión de creencia, de lo que se trata es de hacer un ejercicio profundo de introspección, de autoexaminación; es un ejercicio íntimo, trascendente… honesto.

Es en ese umbral intransferible en el que debe verse la frase del inicio:

“Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante.

Permítame presentarme nuevamente”.

Muchas de nuestras células se renovaron en menos de un año, biológicamente no somos los mismos, también nuestras experiencias y conocimientos se modifican constantemente; ciertamente no es una cuestión de “borrón y cuenta nueva” porque somos un bagaje histórico, pero es deseable y necesario, por el bien de nosotros mismos y de quienes nos rodean, de que no seamos los mismos debido a que hayamos asumido con responsabilidad nuestro proceso evolutivo.

¿Y usted es el mismo de hace un tiempo?
05 Febrero 2018 04:00:00
Nadie es el mismo de un año atrás
Aunque todo cambia, frecuentemente tratamos a las personas como si ellas fueran estáticas, es más, como si nosotros fuéramos los mismos de ayer, pero esto no es así, la realidad cambiante también nos incluye, nosotros no somos los mismos de un tiempo a la fecha y eso es algo que debemos tomar en cuenta cuando encaramos el día con día.

Reflexiono lo anterior a propósito de una frase anónima con la cual me topé hace poco y que francamente me dejó embobado.

Las líneas dicen así:

“Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante.

“Permítame presentarme nuevamente”.

Es certera la frase cuando se refiere a la caducidad de ciertos juicios de valor que emitimos en un determinado tiempo y en ciertas circunstancias sobre las personas o sobre algunos hechos.

Ni quien hizo el juicio es el mismo, ni la persona a la cual nos estamos refiriendo es la misma.

Tenga usted en cuenta que la misma frase nos da la pista para que ni usted ni yo seamos los mismos después de determinado tiempo, cuando la frase remata: “Mi evolución es constante”.

Claro está que quien esté sumergido en un ambiente de conformismo o imposibilidad tal vez siga siendo muy parecido al del pasado, pero en ese caso estamos hablando de una situación enfermiza, porque toda experiencia nos afecta, nos aporta para cambiar o para reafirmar nuestra forma de pensar.

Aun reafirmando nuestras convicciones, no somos los mismos pasado el tiempo.

Pero lo que potencia nuestros cambios a lo largo del tiempo, es la apercepción y la toma de consciencia acerca de quiénes somos.

En relación a esto le comparto un breve cuento zen titulado El Cambio:

“Había un discípulo que se estaba lamentando de sus limitaciones mientras el maestro lo escuchaba en silencio.

“En un momento, y cuando el discípulo dejó de enumerar algunas de sus limitaciones el maestro respondió:

“Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no te has dado cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué crees que es lo que ha cambiado?”

“Después de un instante el monje respondió convencido:

“Han cambiado mis talentos”

“No, has cambiado tú”, dijo el maestro.

“¿Y no es lo mismo?”, preguntó el discípulo.

“No, no es lo mismo, porque tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú”.

Si modificamos nuestra forma de concebirnos a nosotros mismos todo cambia porque estamos hablando de que somos un sistema interconectado y complejo.

Pero esto no es una cuestión de creencia, de lo que se trata es de hacer un ejercicio profundo de introspección, de autoexaminación; es un ejercicio íntimo, trascendente… honesto.

Es en ese umbral intransferible en el que debe verse la frase del inicio:

“Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante.

“Permítame presentarme nuevamente”.

Muchas de nuestras células se renovaron en menos de un año, biológicamente no somos los mismos, también nuestras experiencias y conocimientos se modifican constantemente; ciertamente no es una cuestión de “borrón y cuenta nueva” porque somos un bagaje histórico, pero es deseable y necesario, por el bien de nosotros mismos y de quienes nos rodean, de que no seamos los mismos debido a que hayamos asumido con responsabilidad nuestro proceso evolutivo.

¿Y usted es el mismo de hace un tiempo?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
31 Enero 2018 04:00:00
La muerte lenta que se imita
En efecto, todos tarde o temprano vamos a morir, esa es una situación propia del ciclo de la vida que nos hace iguales con el resto de las especies, pero hay formas de vivir y formas de morir. Frecuentemente, se muere lento a lo largo de la existencia.

Despertarse, comer, reproducirse, ir y venir son cualidades de quienes están vivos, vivos en el sentido directo y simple del concepto vivir, pero no en una connotación profunda ni filosófica.

Podemos ir por la vida con aparente libertad, pero en realidad vegetando, quizá muriendo poco a poco, tan lentamente que se asume como “normal” esa “normalidad” que nos hace igual a las mayorías y que nos da falsa tranquilidad porque no somos “diferentes” a los demás.

Ese vivir a veces en “paz” y otras veces con problemas, pero sin “sobresaltos” existenciales, es lo que se puede llamar: vivir con “normalidad”.

Esa “normalidad” que no se cuestiona, que no profundiza, que no sale de su confort termina transmitiéndose de generación en generación como una forma de vida deseada y buscada por las mayorías de las distintas generaciones.

Como un virus termina transmitiéndose esa fatídica “normalidad” que suele hacerse visible en enfermedades de todo tipo.

Pero ese vivir como lo hace la mayoría produce personas viejas, pero no sabias ni felices, porque en el fondo sabemos que no estamos ejerciendo nuestro derecho y deber de desarrollar nuestras facultades humanas a un mayor grado.

A propósito y con esa facilidad didáctica que le caracterizaba, Osho, el orador, místico, filósofo espiritual y gurú indio dijo al respecto (De la Medicación a la Meditación):

“El hombre nace para vivir la vida, pero puede perdérsela; todo depende de él. Puede respirar, puede comer, puede envejecer, puede caminar hacia la tumba, pero eso no es vivir. Es una muerte gradual de la cuna a la tumba, una muerte gradual de setenta años. Y debido a que a tu alrededor hay millones de personas muriéndose gradualmente, muriéndose lentamente, empiezas a imitarlas. Los niños aprenden todo de las personas que les rodean, y estamos rodeados de muerte. Así que primero habrá que entender lo que quiero decir con vivir la vida. No consiste solamente en hacerse viejo. Consiste en hacerse mayor, en crecer. Envejecer y crecer son dos cosas diferentes. Cualquier animal es capaz de envejecer; crecer es el privilegio de los seres humanos. Pero solamente unos pocos ejercen su derecho.

“Crecer significa adentrarse cada vez más profundamente en el principio de la vida momento a momento; significa distanciarse de la muerte, no adentrarse en la muerte.

Cuanto más profundamente te adentras en la vida, tanto más percibes la inmortalidad inherente en ti. Te distancias de la muerte; llega un momento en que puedes ver que la muerte no es otra cosa que un cambio de atuendo, un cambio de casa, un cambio de forma; nada muere, nada puede morir. La muerte es la mayor ficción.

“Para crecer, simplemente mira un árbol. A medida que el árbol crece hacia arriba sus raíces crecen más profundamente hacia abajo, más hondo. Hay un equilibrio: cuanto más se eleva el árbol, más profundas son sus raíces. No puede existir un árbol de cincuenta metros de altura que tenga raíces pequeñas; no podrían sostener a un árbol tan grande. En la vida, crecer significa profundizar en ti mismo: es ahí donde están tus raíces”.

Bien lo dice Osho, para desarrollarnos y crecer, es necesario adentrarnos en nuestras raíces, entre más profundamente lo consigamos más podremos conocernos y aprehender la realidad.

En el mensaje de grandes sabios queda exhibida a plena luz del día esa muerte lenta que se transmite por imitación y que nos anula.

Si abrimos los ojos ante esa realidad sucederá lo que es común: repetiremos el fatídico destino que prolonga los vicios, la ignorancia y las condiciones de vida conocidas por todos.

Tenemos en nuestras manos la oportunidad de no ser otras víctimas más de lo que aquí le he venido contando, es necesario empezar ya, y si usted ya viene trabajando al respecto no desista, somos tan pocos que es necesario que esto cunda. ¿O no?
30 Enero 2018 04:00:00
Los problemas son para resolverlos, no para evadirlos
Frecuentemente rehuimos a los problemas, evadimos enfrentarlos y resolverlos porque la preocupación y la angustia nos paralizan, pero ese tipo de cuestiones son para vivirse, para aprender, para afrontarlas y salir adelante, porque de lo contrario perdemos tiempo que se traduce en cierta agonía lenta.

En ese trance se nos van momentos valiosos de la vida que no tienen retorno, resolver los problemas es una forma de tomar las riendas de nuestra existencia y asumirse como seres humanos en la extensión de la palabra.

Pero, vale la pena tener presente que todo aquello que se considera un problema pasó por etapas de gestación, desarrollo y cierto florecimiento que lo puede hacer insoportable.

Esto quiere decir que cuando va creciendo un problema, tenemos en nuestras manos la coyuntura de ponerle un alto, de resolverlo o bien de asumirlo racionalmente de otra manera –porque no debemos olvidar que los problemas son problemas en el momento que los aceptamos como tales–.

Los problemas en gran medida se deben a nuestra inmovilidad frente a las cosas, claro que no se trata de actuar impulsivamente, de lo que se trata es de no dejar crecer aquello que podemos detener o modificar oportunamente.

En torno a lo que le vengo compartiendo, es oportuna aquella actitud sintetizada en la frase, just do it (sólo hazlo).

Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo porque no hay peor situación que quedarse estáticos –no confundir con la actitud de quietud/serenidad proveniente de la armonía y la paz–.

Quedarse paralizados y ajenos a lo que está sucediendo no nos lleva a ningún lado y sí origina preocupación.

A propósito de todo esto, le comparto un breve cuento budista titulado El Problema (tomado de hermandadblanca.org):

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema”, dijo–. “Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

– “Usted es el nuevo guardián –le dijo el gran maestro, y explicó–: “Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Por supuesto el cuento anterior no se trata de un juego de palabras ni es una cuestión de doble sentido para ver el pensamiento lógico racional de los actores, de lo que se trata es de la actitud asumida para poner un alto a lo que consideramos un problema, por aquello de que si dejamos crecer las situaciones, tarde o temprano todo ese tiempo y magnitud de lo que se trate se revertirá en nuestra contra.

Los trances tornados en problemas son ocasiones que nos sacan de nuestra comodidad, que nos colocan en posiciones nuevas y que pueden revertirse hacia nosotros, pero sobre todo que nos roban vida si no sabemos canalizar acertadamente nuestra acción, por ello es preferible encararlos siempre buscando el momento oportuno, y oportunamente nunca es tarde, porque para ese entonces ya nos robó la paz y tranquilidad, es decir, parte de lo que es nuestra vida.

Recuerde: sólo hágalo oportunamente… ¡pero hágalo!
29 Enero 2018 03:00:00
La muerte lenta que se imita
En efecto, todos tarde o temprano vamos a morir, esa es una situación propia del ciclo de la vida que nos hace iguales con el resto de las especies, pero hay formas de vivir y formas de morir. Frecuentemente se muere lento a lo largo de la existencia.

Despertarse, comer, reproducirse, ir y venir son cualidades de quienes están vivos, vivos en el sentido directo y simple del concepto vivir, pero no en una connotación profunda, ni filosófica.

Podemos ir por la vida con aparente libertad, pero en realidad vegetando, quizá muriendo poco a poco, tan lentamente que se asume como “normal”, esa “normalidad” que nos hace igual a las mayorías y que nos da falsa tranquilidad porque no somos “diferentes” a los demás.

Ese vivir a veces en “paz” y otras veces con problemas, pero sin “sobresaltos” existenciales, es lo que se puede llamar: vivir con “normalidad”.

Esa “normalidad” que no se cuestiona, que no profundiza, que no sale de su confort termina transmitiéndose de generación en generación como una forma de vida deseada y buscada por las mayorías de las distintas generaciones.

Como un virus termina transmitiéndose esa fatídica “normalidad” que suele hacerse visible en enfermedades de todo tipo.

Pero, ese vivir como lo hace la mayoría produce personas viejas, pero no sabias ni felices, porque en el fondo sabemos que no estamos ejerciendo nuestro derecho y deber de desarrollar nuestras facultades humanas a un mayor grado.

A propósito y con esa facilidad didáctica que le caracterizaba, Osho, el orador, místico, filósofo espiritual y gurú indio dijo al respecto (De la medicación a la meditación):

“El hombre nace para vivir la vida, pero puede perdérsela; todo depende de él. Puede respirar, puede comer, puede envejecer, puede caminar hacia la tumba, pero eso no es vivir. Es una muerte gradual de la cuna a la tumba, una muerte gradual de setenta años. Y debido a que a tu alrededor hay millones de personas muriéndose gradualmente, muriéndose lentamente, empiezas a imitarlas. Los niños aprenden todo de las personas que les rodean, y estamos rodeados de muerte. Así que primero habrá que entender lo que quiero decir con vivir la vida. No consiste solamente en hacerse viejo. Consiste en hacerse mayor, en crecer. Envejecer y crecer son dos cosas diferentes. Cualquier animal es capaz de envejecer; crecer es el privilegio de los seres humanos. Pero solamente unos pocos ejercen su derecho.

“Crecer significa adentrarse cada vez más profundamente en el principio de la vida momento a momento; significa distanciarse de la muerte, no adentrarse en la muerte. Cuanto más profundamente te adentras en la vida, tanto más percibes la inmortalidad inherente en ti. Te distancias de la muerte; llega un momento en que puedes ver que la muerte no es otra cosa que un cambio de atuendo, un cambio de casa, un cambio de forma; nada muere, nada puede morir. La muerte es la mayor ficción.

“Para crecer, simplemente mira un árbol. A medida que el árbol crece hacia arriba sus raíces crecen más profundamente hacia abajo, más hondo. Hay un equilibrio: cuanto más se eleva el árbol, más profundas son sus raíces. No puede existir un árbol de cincuenta metros de altura que tenga raíces

pequeñas; no podrían sostener a un árbol tan grande. En la vida, crecer significa profundizar en ti mismo: es ahí donde están tus raíces”.

Bien lo dice Osho, para desarrollarnos y crecer, es necesario adentrarnos en nuestras raíces, entre más profundamente lo consigamos más podremos conocernos y aprehender la realidad.

En el mensaje de grandes sabios queda exhibida a plan luz del día esa muerte lenta que se transmite por imitación y que nos anula.

Si abrimos los ojos ante esa realidad sucederá lo que es común: repetiremos el fatídico destino que prolonga los vicios, la ignorancia y las condiciones de vida conocidas por todos.

Tenemos en nuestras manos la oportunidad de no ser otras víctimas más de lo que aquí le he venido contando, es necesario empezar ya, y si usted ya viene trabajando al respecto no desista, somos tan pocos que es necesario que esto cunda. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
23 Enero 2018 04:00:00
Los problemas son para resolverlos, no para evadirlos
Frecuentemente rehuimos a los problemas, evadimos enfrentarlos y resolverlos porque la preocupación y la angustia nos paralizan; pero ese tipo de cuestiones son para vivirse, para aprender, para afrontarlas y salir adelante, porque de lo contrario perdemos tiempo que se traduce en cierta agonía lenta.

En ese trance se nos van momentos valiosos de la vida que no tienen retorno, resolver los problemas es una forma de tomar las riendas de nuestra existencia y asumirse como seres humanos en la extensión de la palabra.

Pero, vale la pena tener presente que todo aquello que se considera un problema pasó por etapas de gestación, desarrollo y cierto florecimiento que lo puede hacer insoportable.

Esto quiere decir que cuando va creciendo un problema tenemos en nuestras manos la coyuntura de ponerle un alto, de resolverlo o bien de asumirlo racionalmente de otra manera –porque no debemos olvidar que los problemas son problemas en el momento que los aceptamos como tales-.

Los problemas en gran medida se deben a nuestra inmovilidad frente a las cosas, claro que no se trata de actuar impulsivamente, de lo que se trata es de no dejar crecer aquello que podemos detener o modificar oportunamente.

En torno a lo que le vengo compartiendo es oportuna aquella actitud sintetizada en la frase: “just do it” (sólo hazlo).

Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo porque no hay peor situación que quedarse estáticos –no confundir con la actitud de quietud/serenidad proveniente de la armonía y la paz-.

Quedarse paralizados y ajenos a lo que está sucediendo no nos lleva a ningún lado y sí origina preocupación.

A propósito de todo esto le comparto un breve cuento budista titulado El Problema (tomado de hermandadblanca.org):

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema” dijo-. ¨Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre éste un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

– “Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: ¨Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Por supuesto el cuento anterior no se trata de un juego de palabras ni es una cuestión de doble sentido para ver el pensamiento lógico racional de los actores, de lo que se trata es de la actitud asumida para poner un alto a lo que consideramos un problema, por aquello de que si dejamos crecer las situaciones, tarde o temprano todo ese tiempo y magnitud de lo que se trate se revertirá en nuestra contra.

Los trances tornados en problemas son ocasiones que nos sacan de nuestra comodidad, que nos colocan en posiciones nuevas y que pueden revertirse hacia nosotros, pero sobre todo que nos roban vida si no sabemos canalizar acertadamente nuestra acción, por ello es preferible encararlos siempre buscando el momento oportuno, y oportunamente nunca es tarde, porque para ese entonces ya nos robó la paz y tranquilidad, es decir, parte de lo que es nuestra vida.

Recuerde: sólo hágalo oportunamente… ¡pero hágalo!

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
23 Enero 2018 04:00:00
Los problemas son para resolverlos, no para evadirlos
Frecuentemente rehuimos a los problemas, evadimos enfrentarlos y resolverlos porque la preocupación y la angustia nos paralizan; pero ese tipo de cuestiones son para vivirse, para aprender, para afrontarlas y salir adelante, porque de lo contrario perdemos tiempo que se traduce en cierta agonía lenta.

En ese trance se nos van momentos valiosos de la vida que no tienen retorno, resolver los problemas es una forma de tomar las riendas de nuestra existencia y asumirse como seres humanos en la extensión de la palabra.

Pero, vale la pena tener presente que todo aquello que se considera un problema pasó por etapas de gestación, desarrollo y cierto florecimiento que lo puede hacer insoportable.

Esto quiere decir que cuando va creciendo un problema tenemos en nuestras manos la coyuntura de ponerle un alto, de resolverlo o bien de asumirlo racionalmente de otra manera –porque no debemos olvidar que los problemas son problemas en el momento que los aceptamos como tales–.

Los problemas en gran medida se deben a nuestra inmovilidad frente a las cosas, claro que no se trata de actuar impulsivamente, de lo que se trata es de no dejar crecer aquello que podemos detener o modificar oportunamente.

En torno a lo que le vengo compartiendo es oportuna aquella actitud sintetizada en la frase: “just do it” (sólo hazlo).

Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo porque no hay peor situación que quedarse estáticos –no confundir con la actitud de quietud/serenidad proveniente de la armonía y la paz–.

Quedarse paralizados y ajenos a lo que está sucediendo no nos lleva a ningún lado y sí origina preocupación.

A propósito de todo esto le comparto un breve cuento budista titulado El Problema (tomado de hermandadblanca.org):

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema” –dijo–. “Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre éste un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

–“Usted es el nuevo guardián –le dijo el gran maestro, y explicó–: “Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Por supuesto, el cuento anterior no se trata de un juego de palabras ni es una cuestión de doble sentido para ver el pensamiento lógico racional de los actores, de lo que se trata es de la actitud asumida para poner un alto a lo que consideramos un problema, por aquello de que si dejamos crecer las situaciones, tarde o temprano todo ese tiempo y magnitud de lo que se trate se revertirá en nuestra contra.

Los trances tornados en problemas son ocasiones que nos sacan de nuestra comodidad, que nos colocan en posiciones nuevas y que pueden revertirse hacia nosotros, pero sobre todo que nos roban vida si no sabemos canalizar acertadamente nuestra acción, por ello es preferible encararlos siempre buscando el momento oportuno, y oportunamente nunca es tarde, porque para ese entonces ya nos robó la paz y tranquilidad, es decir, parte de lo que es nuestra vida.

Recuerde: sólo hágalo oportunamente… ¡pero hágalo!
18 Enero 2018 04:00:00
El arte de crear en lo trillado
Parece casi imposible que sobre lo trillado se encuentre originalidad, porque ha sido tantísimas veces recorrido el camino que la previsibilidad acaba con nuestra capacidad de asombro, sin embargo, sí es posible encontrar nuevas sendas, desenlaces, historias, escenarios y soluciones en aquello que creemos saber de cabo a rabo.

Tiene mayor mérito cuando se logra crear sobre lo trillado porque tiene un valor didáctico irrefutable.

La originalidad no necesariamente surge de la nada, se va construyendo poco a poco, no linealmente, no de forma cuadrada ni constreñida, a veces es a través de espasmos o explosiones de múltiples dimensiones que por su comportamiento caótico parece que no pueden ser replicables ni previsibles.

Pero cuando nos damos la posibilidad de abrirnos a la inventiva, lo trillado representa un reto y desafío que da muchas gratificaciones.

Pienso todo esto después de haber visto La forma del agua (The Shape of Water), la más reciente película de Guillermo del Toro (Guadalajara, Jalisco; 9 de octubre de 1964).

El afamado director, guionista y productor mexicano lo vuelve a hacer, en escenarios semioscuros, mezclando a monstruos con humanos y en un ambiente de la Guerra Fría, nos devela una historia de amor con una bella y una bestia que exhiben lo cursi que son otras versiones, por ejemplo las de Disney.

Las historias de amor siempre han estado ahí, igual que los cuentos de princesas y príncipes, pero el camino seguido por del Toro es didáctico; tan ilustrativo resulta el andar de Guillermo que seguramente con su magia ya infectó muchos jóvenes que querrán seguir sus pasos.

En el caso que le comparto probablemente el glamour y la majestuosidad del cine pueden confundirnos en el sentido de que hasta en la más simple rutina también podemos innovar y crear.

Por eso le invito que vea con nuevos ojos todo aquello que le rodea para que se percate de lo que nos hemos perdido.

Si usted revisa lo que hacemos en Sabersinfin.com y en nuestro proyecto hermano Préstame tu Recuerdo, verá que no hay día que no le estemos compartiendo en cualquier formato lo extraordinario de lo cotidiano. Múltiples casos, de personas comunes y corriente, que crean e innovan en lo trillado.

Démonos el privilegio de contemplar a la luz de la educación permanente el quehacer del artista urbano, de las historias y recuerdos de quienes por su edad han reconfigurado la historia del lugar en el que vivimos, esas narrativas que no responden al registro puntual de los hechos, sino a su inventiva y reconfiguración de lo que vivieron.

Mire, hagamos algo, le invito que haga usted una lista de al menos cinco cosas que conozca a la perfección y que por ello le parece rutinario, después piense cómo es que a todo ello usted le ha puesto ese “toque” muy personal que le da su sello distintivo.

Después repase cada una de esas cosas o situaciones y plantéese hacerlas de otra manera, de forma original, no descarte cualquier opción, aún las descabelladas.

Después de un rato se dará cuenta que ese sello distintivo que usted le pone a ciertas cosas rutinarias pueden ser un signo de la carga inventiva que contiene en particular eso y además la posibilidad de que usted esté al menos haciendo algunas innovaciones.

Es un deleite adentrarse en los laberintos de la creatividad y de la inventiva, más aún cuando creamos sobre lo aparentemente trillado. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
16 Enero 2018 04:00:00
El error de tratar a los demás como quieres que te traten
Conlleva un error sostener que debemos tratar a los demás como queremos ser tratados, porque asumir dicha sentencia sin cuestionar nos priva de otros niveles superiores de pensamiento y de convivencia.

A continuación le explico.

A través de consejos, arengas y manuales se nos ha enseñado, como un principio ideal de las relaciones humanas, que tratemos a los demás como queremos ser tratados, de tal manera que si queremos recibir cortesías, debemos ser corteses y si queremos ser respetados debemos abordar con respeto a quienes nos rodean.

La cuestión es que damos por hecho que lo que deseamos siempre será el bien y el acierto, pero perdemos de vista que seguramente en varias ocasiones estaremos equivocados y que frecuentemente podemos estar buscando satisfacer nuestros instintos, nuestro ego o nuestra ignorancia.

De tal manera que si nos encontramos en cualquiera de todos aquellos supuestos erróneos, aunque nos esmeremos en el buen trato, éste está colocado en cimientos que deben ser cambiados.

Para ilustrar lo que aquí le vengo compartiendo, acudo a un breve cuento sufí que aborda con exquisita sencillez y claridad otros niveles superiores de convivencia.

Aquí el cuento tomado de meditaldia.com:

Decía un Maestro a sus discípulos:

–Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

–¿Qué es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

–Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

Vea querido lector que de acuerdo al cuento, sobre la forma de convivencia del hombre bueno está la del generoso y la del hombre sabio.

Está por demás decir que la bondad por sí misma y aislada, puede generar hombres débiles y tontos, que la generosidad nos lleva a desprendernos inclusive de lo que nos hace falta, y que la sabiduría es un nivel de conciencia que despeja las lagunas y los errores de una y otra.

Más que tratar a las personas como queremos ser tratados, debemos ejercitarnos en la sabiduría para establecer relaciones profundas consigo mismo y con los demás.

En la sabiduría, tanto la bondad, la generosidad, y las costumbres se amalgaman para hallar relaciones duraderas, justas y maduras.

Como esto último es lo que vale la pena buscar y hallar, es entendible comprender que debemos cambiar nuestro paradigma de las relaciones ideales interpersonales.

Sin sentimientos de culpa, sin reproches, sin chantajes vayamos a la búsqueda de lo que está más allá de la correspondencia en las relaciones humanas.

No es una cuestión de suerte, es un camino que podemos andar y que en el trayecto encontraremos las gratificaciones respectivas.

En síntesis: tratemos sabiamente independientemente de cómo seamos tratados, porque esto nos forja en el progreso y cambia nuestro entorno para bien.

¿Se anima a ir más allá de la correspondencia en las relaciones humanas?
15 Enero 2018 03:00:00
El error de tratar a los demás como quieres que te traten
Conlleva un error sostener que debemos tratar a los demás como queramos ser tratados, porque asumir dicha sentencia sin cuestionar nos priva de otros niveles superiores de pensamiento y de convivencia.

A continuación le explico.

A través de consejos, arengas y manuales se nos ha enseñado, como un principio ideal de las relaciones humanas, que tratemos a los demás como queremos ser tratados, de tal manera que si queremos recibir cortesías, debemos ser corteses y si queremos ser respetados debemos abordar con respeto a quienes nos rodean.

La cuestión es que damos por hecho que lo que deseamos siempre será el bien y el acierto, pero perdemos de vista que seguramente en varias ocasiones estaremos equivocados y que frecuentemente podemos estar buscando satisfacer nuestros instintos, nuestro ego o nuestra ignorancia.

De tal manera que si nos encontramos en cualquiera de todos aquellos supuestos erróneos, aunque nos esmeremos en el buen trato, éste está colocado en cimientos que deben ser cambiados.

Para ilustrar lo que aquí le vengo compartiendo, acudo a un breve cuento sufí que aborda con exquisita sencillez y claridad otros niveles superiores de convivencia.

Aquí el cuento tomado de meditaldia.com:

Decía un Maestro a sus discípulos:

- Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

Vea querido lector que de acuerdo al cuento, sobre la forma de convivencia del hombre bueno está la del generoso y la del hombre sabio.

Está por demás decir que la bondad por sí misma y aislada, puede generar hombres débiles y tontos, que la generosidad nos lleva a desprendernos inclusive de lo que nos hace falta, y que la sabiduría es un nivel de conciencia que despeja las lagunas y los errores de una y otra.

Más que tratar a las personas como queremos ser tratados, debemos ejercitarnos en la sabiduría para establecer relaciones profundas consigo mismo y con los demás.

En la sabiduría, tanto la bondad, la generosidad, y las costumbres se amalgaman para hallar relaciones duraderas, justas y maduras.

Como esto último es lo que vale la pena buscar y hallar, es entendible comprender que debemos cambiar nuestro paradigma de las relaciones ideales interpersonales.

Sin sentimientos de culpa, sin reproches, sin chantajes vayamos a la búsqueda de lo que está más allá de la correspondencia en las relaciones humanas.

No es una cuestión de suerte, es un camino que podemos andar y que en el trayecto encontraremos las gratificaciones respectivas.

En síntesis: tratemos sabiamente independientemente de cómo seamos tratados, porque esto nos forja en el progreso y cambia nuestro entorno para bien.

¿Se anima a ir más allá de la correspondencia en las relaciones humanas?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
10 Enero 2018 04:00:00
Deja ser a tus hijos para que tú también puedas ser
El apego que desarrollamos por los hijos nubla nuestra razón, nos ciega y nos hace ver, equivocadamente, como si ella o él fueran de nuestra propiedad e inseparables de nosotros.

Queremos todo para sí y desaparece la clave maestra: “Dejar ser al otro, para uno mismo poder ser”.

Cuando nos encontramos en una posición de aparente “pérdida” se acentúan esos lazos que tienen cimientos nobles, pero que levantan su construcción en supuestos básicos equivocados.

La relación de los padres hacia los hijos tal vez sea la que mayor apego genera, por ello habrá quien seguramente exclame: ¡pero cómo no voy a sufrir por la lejanía de mi hijo si durante nueves meses lo llevé en el vientre!

Es cierto, durante meses las mujeres llevan en su vientre un ser del cual nunca más tendrán tan próximo en distancia corporal, literalmente es carne de su carne, por ello es ese estado de tanta cercanía lo que genera ese sentimiento de posesión que tanto placer y dolor nos ocasiona.

Por obvias razones en los varones sucede algo diferente, pero los lazos son tan fuertes que casos abundan de quienes dan su vida para defender su progenie.

¡Es tan fácil confundirse creyendo que los hijos nos pertenecen que pensar lo contrario parece una condición contra natura y desalmada!

Afortunadamente hoy día después de batallar contra miles de prejuicios de toda índole podemos asumir como una postura sana que nadie nos pertenece, que a nadie pertenecemos, que somos únicos e individuales y que llegado el momento uno de los derechos del ser humano es elegir en dónde y con quién o quiénes queremos vivir.

Si no estamos en condiciones de elegir con quién queremos estar nos hallamos en una situación de supeditación o del no ejercicio o pérdida de parte de nuestra libertad.

En el fondo, vivir y convivir con quienes queremos tener a nuestro lado es un tema de amor.

Sí, de amor por sí mismos, por los demás y de todo lo que nos rodea.

Osho, el controvertido y afamado místico indio ilustró de manera muy simple y didáctica la relación del apego y del amor:

“Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión. El amor se trata de apreciación”. “Dejar ser”, ahí está la cuestión.

Nuestro “amor” es un “amor” egoísta que parte del hecho de permitirse “recoger” las flores.

Y “recogemos” las flores para sí, sin importarnos que esas flores –nuestros hijos– se marchiten en el trayecto.

Lamentablemente no propiciamos las condiciones formativas para que nuestros hijos “puedan ser”, en el mejor de los casos trabajamos para que sean personas de “bien”, aunque ese “bien” sea una construcción que emerge de nuestra ignorancia, de nuestros prejuicios, de nuestro egoísmo y por ello está equivocado.

Para poder progresar, para sobreponerse a la posesión, a los recuerdos, al sentimiento de abandono, es saludable que hagamos visible nuestro apego hacia nuestros hijos y seguramente con ello van a surgir otros apegos derivados de nuestro equivocado enfoque de vida.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. Vale la pena sanarse. ¿O no?
08 Enero 2018 02:01:00
Deja ser a tus hijos para que tú también puedas ser
“Nadie me pertenece.
A nadie estorbaré”.
Abel Pérez Rojas.


El apego que desarrollamos por los hijos nubla nuestra razón, nos ciega y nos hace ver, equivocadamente, como si ella o él fueran de nuestra propiedad e inseparables de nosotros.

Queremos todo para sí y desaparece la clave maestra: “Dejar ser al otro, para uno mismo poder ser”.

Cuando nos encontramos en una posición de aparente “pérdida” se acentúan esos lazos que tienen cimientos nobles, pero que levantan su construcción en supuestos básicos equivocados.

La relación de los padres hacia los hijos tal vez sea la que mayor apego genera, por ello habrá quien seguramente exclame: ¡pero cómo no voy a sufrir por la lejanía de mi hijo si durante nueves meses lo llevé en el vientre!

Es cierto, durante meses las mujeres llevan en su vientre un ser del cual nunca más tendrán tan próximo en distancia corporal, literalmente es carne de su carne, por ello es ese estado de tanta cercanía lo que genera ese sentimiento de posesión que tanto placer y dolor nos ocasiona.

Por obvias razones en los varones sucede algo diferente, pero los lazos son tan fuertes que casos abundan de quienes dan su vida para defender su progenie.

¡Es tan fácil confundirse creyendo que los hijos nos pertenecen que pensar lo contrario parece una condición contra natura y desalmada!

Afortunadamente hoy día después de batallar contra miles de prejuicios de toda índole podemos asumir como una postura sana que nadie nos pertenece, que a nadie pertenecemos, que somos únicos e individuales y que llegado el momento uno de los derechos del ser humano es elegir en dónde y con quién o quiénes queremos vivir.

Si no estamos en condiciones de elegir con quién queremos estar nos hallamos en una situación de supeditación o del no ejercicio o pérdida de parte de nuestra libertad.

En el fondo, vivir y convivir con quienes queremos tener a nuestro lado es un tema de amor.

Sí, de amor por sí mismos, por los demás y de todo lo que nos rodea.

Osho, el controvertido y afamado místico indio ilustró de manera muy simple y didáctica la relación del apego y del amor:

“Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión. El amor se trata de apreciación”.

“Dejar ser”, ahí está la cuestión.

Nuestro “amor” es un “amor” egoísta que parte del hecho de permitirse “recoger” las flores.

Y “recogemos” las flores para sí, sin importarnos que esas flores –nuestros hijos- se marchiten en el trayecto.

Lamentablemente no propiciamos las condiciones formativas para que nuestros hijos “puedan ser”, en el mejor de los casos trabajamos para que sean personas de “bien”, aunque ese “bien” sea una construcción que emerge de nuestra ignorancia, de nuestros prejuicios, de nuestro egoísmo y por ello está equivocado.

Para poder progresar, para sobreponerse a la posesión, a los recuerdos, al sentimiento de abandono, es saludable que hagamos visible nuestro apego hacia nuestros hijos y seguramente con ello van a surgir otros apegos derivados de nuestro equivocado enfoque de vida.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. Vale la pena sanarse. ¿O no?
04 Enero 2018 04:00:00
Superar desde el silencio la parcialidad de lo que defendemos
Cuando defendemos fervientemente lo que creemos nos privamos de la posibilidad de ver que la posición que asumimos parte de una aprehensión parcial de la realidad; esto nos ocasiona conflictos en nuestras relaciones con los demás y nos priva de la posibilidad de vivir con mayor libertad. Desde el silencio podemos superarlo.

Parece obvio que nunca vamos a saber y conocer todo, ni tampoco a profundidad, pero lo que no es tan evidente es que eso mismo nos debería colocar en una condición permanente de apertura y cuestionamiento.

Quienes se percatan de ello y lo hacen una forma de vida, logran dar un gran paso en su proceso de formativo.

Darse cuenta de nuestras posturas recurrentes en los ámbitos emocionales, psicológicos y de cosmovisión, nos permite convivir mejor con quienes nos rodean e incorporar a nuestro ser cualidades altamente valuadas en los entornos cambiantes y en la escala clave que los expertos han identificado de las personas felices.

Pero, ¿cómo incorporar a nuestra forma de ser ese “chip” para superar la parcialidad?

Para responder dicha pregunta podríamos conformarnos con asumir una postura intelectual y psicológica de constante cuestionamiento. De poner en tela de juicio todo y objetar lo que inmediatamente damos por hecho.

Es decir, una disciplina que sólo se adquiere poniéndola en práctica, dando los primeros pasos y siguiéndolos con el paso del tiempo.

En mi experiencia hay una condición más profunda que deberíamos tener en cuenta.

No nos percatamos de la parcialidad de nuestra visión debido a que estamos sumergidos en el ajetreo diario, en el vaivén de la cotidianidad y agobiados por un sistema voraz que nos tiene atados a ansiedades, a limitaciones, a miedos y a condicionamientos de todo tipo.

La práctica del silencio y la meditación es una vía que nos permite aislarnos de todo ello y colocarnos en un estado que está más allá de la refriega habitual.

Colocarse en ese estado nos permite percatarnos que nuestro ego y los mecanismos sociales de manipulación nos llevan a defender lo indefendible, a ver que asumimos situaciones y condiciones propias de la esclavitud.

A eso se debe que lo obvio de que no podemos saber ni conocer todo a profundidad pasa frente a nosotros sin que lo hagamos nuestro.

La apertura y comprensión de nuestro estado y de la situación de nuestro entorno no puede sólo provenir del ámbito emocional, psicológico, histórico o socioeconómico; tenemos que ir más allá, tenemos que acudir a mayor profundidad.

Esa profundidad a la que me refiero se sintetiza muy bien en el cuento sufí El Elefante, en el que se dice que varias personas no se ponían de acuerdo cuando a oscuras tocaban un elefante, y cada uno lo describía de acuerdo a su experiencia, tomando en cuenta que no conocían los elefantes.

El autor del cuento remata la breve narración:

“Y así, cada uno de ellos se puso a describirlo a su manera.

“Es lástima que no hubieran tenido una vela para ponerse de acuerdo”.

La “vela” y la “luz de la vela” nos remontan a la alegoría de La Caverna de Platón y a los niveles de apropiación de la realidad y de conciencia.

Los niveles profundos de conciencia surgen del silencio, de la observación profunda –al menos así lo indican diversos estudios de todo tipo-, de aquel estado que está más allá del deseo de imponer y hacer valer nuestra particular forma de ver las cosas, y de los mecanismos de control que hacen funcionar el sistema en el que vivimos.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
01 Enero 2018 02:00:00
Superar desde el silencio la parcialidad de lo que defendemos
Cuando defendemos fervientemente lo que creemos nos privamos de la posibilidad de ver que la posición que asumimos parte de una aprehensión parcial de la realidad; esto nos ocasiona conflictos en nuestras relaciones con los demás y nos priva de la posibilidad de vivir con mayor libertad. Desde el silencio podemos superarlo.

Parece obvio que nunca vamos a saber y conocer todo, ni tampoco a profundidad, pero lo que no es tan evidente es que eso mismo nos debería colocar en una condición permanente de apertura y cuestionamiento.

Quienes se percatan de ello y lo hacen una forma de vida, logran dar un gran paso en su proceso de formativo.

Darse cuenta de nuestras posturas recurrentes en los ámbitos emocionales, psicológicos y de cosmovisión, nos permite convivir mejor con quienes nos rodean e incorporar a nuestro ser cualidades altamente valuadas en los entornos cambiantes y en la escala clave que los expertos han identificado de las personas felices.

Pero, ¿cómo incorporar a nuestra forma de ser ese “chip” para superar la parcialidad?

Para responder dicha pregunta podríamos conformarnos con asumir una postura intelectual y psicológica de constante cuestionamiento. De poner en tela de juicio todo y objetar lo que inmediatamente damos por hecho.

Es decir, una disciplina que sólo se adquiere poniéndola en práctica, dando los primeros pasos y siguiéndolos con el paso del tiempo.

En mi experiencia hay una condición más profunda que deberíamos tener en cuenta.

No nos percatamos de la parcialidad de nuestra visión debido a que estamos sumergidos en el ajetreo diario, en el vaivén de la cotidianidad y agobiados por un sistema voraz que nos tiene atados a ansiedades, a limitaciones, a miedos y a condicionamientos de todo tipo.

La práctica del silencio y la meditación es una vía que nos permite aislarnos de todo ello y colocarnos en un estado que está más allá de la refriega habitual.

Colocarse en ese estado nos permite percatarnos que nuestro ego y los mecanismos sociales de manipulación nos llevan a defender lo indefendible, a ver que asumimos situaciones y condiciones propias de la esclavitud.

A eso se debe que lo obvio de que no podemos saber ni conocer todo a profundidad pasa frente a nosotros sin que lo hagamos nuestro.

La apertura y comprensión de nuestro estado y de la situación de nuestro entorno no puede sólo provenir del ámbito emocional, psicológico, histórico o socioeconómico; tenemos que ir más allá, tenemos que acudir a mayor profundidad.

Esa profundidad a la que me refiero se sintetiza muy bien en el cuento sufí El Elefante, en el que se dice que varias personas no se ponían de acuerdo cuando a oscuras tocaban un elefante, y cada uno lo describía de acuerdo a su experiencia, tomando en cuenta que no conocían los elefantes.

El autor del cuento remata la breve narración:

“Y así, cada uno de ellos se puso a describirlo a su manera.

“Es lástima que no hubieran tenido una vela para ponerse de acuerdo”.

La “vela” y la “luz de la vela” nos remontan a la alegoría de La Caverna de Platón y a los niveles de apropiación de la realidad y de conciencia.

Los niveles profundos de conciencia surgen del silencio, de la observación profunda –al menos así lo indican diversos estudios de todo tipo-, de aquel estado que está más allá del deseo de imponer y hacer valer nuestra particular forma de ver las cosas, y de los mecanismos de control que hacen funcionar el sistema en el que vivimos.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
05 Diciembre 2017 04:00:00
Las personas buenas no deben descansar
Quienes se han destacado por hacer el bien han confesado que más de alguna vez han estado a punto de botar todo para echarse al descanso, para desentenderse de sus labores; es entendible cuando parece que las cosas no salen bien, pero ¿cómo descansar si quienes hacen de su entorno un lugar mezquino no reposan en lo más mínimo?

El célebre músico, guitarrista y compositor jamaicano Bob Marley se refirió al respecto del descanso de las personas buenas de la siguiente manera:

“La gente que está tratando de hacer este mundo peor no toman ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo? Hay que iluminar la oscuridad”

Dijo lo anterior después de haber recibido un disparo y poco antes de un concierto que finalmente dio.

Los malos de la película verdaderamente no descansan, porque el egoísmo y la avaricia es una especie de bestia que no tiene punto de satisfacción, devora lo que está a su paso; tanto que estaría dispuesta a acabar con todo y después de engullirse a sí misma, quedaría aún con hambre.

Mire, sólo para poner un ejemplo. Después de los pasados sismos de septiembre en México, mientras la sociedad civil se organizaba para brindar ayuda humanitaria, alguien, algunos, se frotaban las manos imaginando las carretadas de dinero que debido a la emergencia serían destinadas para la reconstrucción.

Así, en tanto un país vivía su duelo, unos cuantos –los de siempre– hacían negocio con otros cuantos –los de siempre– para que los recursos no llegaran a quienes más lo necesitaban –los de siempre–, repitiendo así un fatídico “destino” causante, en gran medida, de la pobreza de nuestro pueblo.

Y como este reciente caso podríamos hacer un listado enorme de situaciones internacionales, nacionales, locales y también individuales de cómo se envilecen las cosas teniendo como cimentación el capitalismo/egoísmo fuera de control que predomina en todo.

Tómese un tiempo y vea a su alrededor, véase a usted mismo y observe que alguien, tal vez usted o yo, estamos maquinando cómo aprovecharnos de los demás a costa de las condiciones que hacen posible el equilibrio y la vida en el planeta. A costa del agua, del aire; a costa de la credibilidad, de la amistad… del amor.

Es claro que no se trata sólo de “echarle ganas” a lo que hacemos. Se trata de hacer una profunda introspección para revisar lo que estamos haciendo y optar por la vía que haga cambiar las cosas para bien de todos.

Estoy hablando de un profundo convencimiento con las mejores causas: con los derechos humanos, con la tolerancia y comprensión intergeneracional, con el diálogo, con la educación que libera, con la verdad y la justicia… en fin, con todo aquello que provoca evolución y hace de este planeta un lugar bello y digno.

El convencimiento íntimo al que me refiero es necesario para parir seres con voluntad inquebrantable, dispuestos a hacer del trabajo humanitario su vida.

Es claro que como las condiciones que hacen posible la vida en el planeta penden de un hilo, cualquier tiempo perdido puede significar especies en extinción, daños irreparables al patrimonio cultural de la humanidad o la pérdida incontable de vidas.

Por eso las personas de bien no pueden descansar, porque es mucho lo que está en juego y casi todo es de carácter irreparable.

Además, a veces parece que son tan pocos quienes buscan el progreso individual y colectivo, que el hueco es enorme si falta alguien.

Y mientras tanto los malos –léase las mafias, las corporaciones sin escrúpulos, los políticos corruptos, los hipócritas, los mezquinos– siguen haciendo de las suyas.

¿Por qué habríamos de descansar si hay tanto por hacer y el tiempo parece que se agota? ¿O no?
05 Diciembre 2017 04:00:00
Las personas buenas no deben descansar
Quienes se han destacado por hacer el bien, han confesado que más de alguna vez han estado a punto de botar todo para echarse al descanso, para desentenderse de sus labores; es entendible cuando parece que las cosas no salen bien, pero ¿cómo descansar si quienes hacen de su entorno un lugar mezquino no reposan en lo más mínimo?

El célebre músico, guitarrista y compositor jamaicano Bob Marley se refirió al respecto del descanso de las personas buenas de la siguiente manera:

“La gente que está tratando de hacer este mundo peor no toman ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo? Hay que iluminar la oscuridad”

Dijo lo anterior después de haber recibido un disparo y poco antes de un concierto que finalmente dio.

Los malos de la película verdaderamente no descansan, porque el egoísmo y la avaricia es una especie de bestia que no tiene punto de satisfacción, devora lo que está a su paso; tanto que estaría dispuesta a acabar con todo, y después de engullirse a sí misma, quedaría aún con hambre.

Mire, sólo para poner un ejemplo. Después de los pasados sismos de septiembre en México, mientras la sociedad civil se organizaba para brindar ayuda humanitaria; alguien, algunos, se frotaban las manos imaginando las carretadas de dinero que debido a la emergencia serían destinadas para la reconstrucción.

Así, en tanto un país vivía su duelo, unos cuantos –los de siempre- hacían negocio con otros cuantos –los de siempre- para que los recursos no llegaran a quienes más lo necesitaban –los de siempre-.

Repitiendo así un fatídico “destino” causante, en gran medida, de la pobreza de nuestro pueblo.

Y como este reciente caso podríamos hacer un listado enorme de situaciones internacionales, nacionales, locales y también individuales de cómo se envilecen las cosas teniendo como cimentación el capitalismo/egoísmo fuera de control que predomina en todo.

Tómese un tiempo y vea a su alrededor, véase a usted mismo y observe que alguien, tal vez usted o yo, estamos maquinando cómo aprovecharnos de los demás a costa de las condiciones que hacen posible el equilibrio y la vida en el planeta.

A costa del agua, del aire; a costa de la credibilidad, de la amistad… del amor.

Es claro que no se trata sólo de “echarle ganas” a lo que hacemos. Se trata de hacer una profunda introspección para revisar lo que estamos haciendo y optar por la vía que haga cambiar las cosas para bien de todos.

Estoy hablando de un profundo convencimiento con las mejores causas: con los derechos humanos, con la tolerancia y comprensión intergeneracional, con el diálogo, con la educación que libera, con la verdad y la justicia… en fin, con todo aquello que provoca evolución y hace de este planeta un lugar bello y digno.

El convencimiento íntimo al que me refiero es necesario para parir seres con voluntad inquebrantable, dispuestos a hacer del trabajo humanitario su vida.

Es claro que como las condiciones que hacen posible la vida en el planeta penden de un hilo, cualquier tiempo perdido puede significar especies en extinción, daños irreparables al patrimonio cultural de la humanidad o la pérdida incontable de vidas.

Por eso las personas de bien no pueden descansar, porque es mucho lo que está en juego y casi todo es de carácter irreparable.

Además, a veces parece que son tan pocos quienes buscan el progreso individual y colectivo, que el hueco es enorme si falta alguien.

Y mientras tanto los malos -léase las mafias, las corporaciones sin escrúpulos, los políticos corruptos, los hipócritas, los mezquinos- siguen haciendo de las suyas.
¿Por qué habríamos de descansar si hay tanto por hacer y el tiempo parece que se agota? ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
09 Noviembre 2017 04:00:00
Nuestra forma de ser nos limita o nos potencia
Entre las cosas básicas que escapan a nuestra mente, está todo aquello que nosotros mismos provocamos a partir de ciertas posturas que asumimos como nuestra forma de ser.

Cierto es que mucho de lo que vivimos es consecuencia de fenómenos ajenos a nosotros, pero también es cierto que somos nosotros quienes provocamos otra gran parte de la realidad que no asumimos como propia.

Por ejemplo, es común que vayamos por la vida buscando a las personas idóneas con las cuales poder desarrollar nuestros proyectos de vida, pero el tiempo pasa, las condiciones cambian y cada vez que hacemos un recuento siempre salta una y otra vez la añoranza de que
en ese punto tenemos un faltante.

Buscamos y buscamos, hasta que después de algún tiempo, inclusive años, recapacitamos para descubrir que las personas han estado ahí desde hace mucho, pero no las habíamos visto porque nuestra mirada estaba “empañada” por prejuicios, ignorancia o mala intención.

A propósito de lo que vengo abordando, me topé hace poco con una breve narración titulada Cuento Árabe sobre la Amistad, la cual es oportuna y no tiene desperdicio alguno:

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando: ¿Qué clase de personas hay aquí?
El anciano le pregunta: ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

“Oh, un grupo de egoístas y malvados” replicó el joven.

“Estoy encantado de haberme ido de allí”.

A lo cual el anciano comentó: “Lo mismo habrás de encontrar aquí”.

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó:

¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta: ¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

“Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado”.

“Lo mismo encontrarás tú aquí”, respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

¿Cuántas historias de personas que se quejan de mucho, vinieron a su mente mientras leyó la explicación del anciano?

Nos quejamos de la ausencia de cosas positivas en nuestro entorno, pero la realidad es que esa expresión sólo es un reflejo de la incapacidad que tenemos para verlas.

Si nos damos la oportunidad de cuestionar nuestra forma de juzgar, veremos que hay muchísimas cosas de las cuales nos estamos privando, por la simple postura intelectual y emocional que asumimos.

Se dice fácil, pero se requiere perseverancia en modificar nuestra “mirada”, sobre todo cuando se tiene presente que en gran medida mucho de esto ha sido provocado durante generaciones por los mecanismos del sistema sociopolítico imperante.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
23 Septiembre 2017 04:00:00
No aceptes la ira ni la envidia, son de quien provienen
Las envidias, el rencor, la ira y todas aquellas emociones perturbadoras son de quienes provienen, pero dejan de serlo cuando el otro –aquel a quien van dirigídas– les da entrada y las hace suyas. He ahí la clave: dejarlas pasar, no aprehenderlas.

Las emociones bien encauzadas nos permiten sortear peligros y estar alertas, pero cuando estas dominan nuestros procesos superiores como el pensamiento, la razón y la intuición, nuestro ser queda a la deriva, va de un lado a otro como si se tratase de una frágil barca en medio del huracán.

Por eso nuestra paz se ve perturbada, la tranquilidad se pierde. Es tan común esta situación que basta con sacar el tema a colación para que las anécdotas brinquen por todos lados.

Por ejemplo, ¿cuántas anécdotas podríamos intercambiar acerca de las envidias y el enojo que causa en otros los logros de cada quién?

La envidia se manifiesta cuando el otro tiene algo que tú no tienes o crees no tener, pero ese sólo es el punto de partida, porque lo que le sigue es que su pensamiento da vueltas en torno a los motivos por los cuales el otro tenga algo sin merecerlo, o lo merece menos, según tú.

Y así pasa con otras emociones que nos desgastan paulatinamente.

Para ilustrar lo que aquí te vengo diciendo quiero compartirte un breve cuento que hace poco encontré, titulado El Viejo Samurái.

El cuento dice así:

Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurái, ya retirado, que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.

Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurái, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.

Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? –preguntó el samurái.

–A quién intentó entregarlo –respondió un discípulo.

–Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia –dijo el maestro–, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Poco hay que agregar al respecto de la enseñanza del viejo samurái, porque es muy sencilla, pero altamente ilustrativa.

Insisto, la clave está en dejar pasar todo aquello que de mala intención y fea forma nos lanzan los demás y también sirve para estar atentos de que no seamos nosotros los emisores de lo que corroe y agota.

¿Qué te parece?
22 Septiembre 2017 04:00:00
“Ni la envidia ni el rencor me pertenecen”
Las envidias, el rencor, la ira y todas aquellas emociones perturbadoras son de quienes provienen, pero dejan de serlo cuando el otro -aquel a quien van dirigidas- les da entrada y las hace suyas. He ahí la clave: dejarlas pasar, no aprehenderlas.

Las emociones bien encauzadas nos permiten sortear peligros y estar alertas, pero cuando éstas dominan nuestros procesos superiores como el pensamiento, la razón y la intuición, nuestro ser queda a la deriva, va de un lado a otro como si se tratase de una frágil barca en medio del huracán.
Por eso nuestra paz se ve perturbada, la tranquilidad se pierde. Es tan común esta situación que basta con sacar el tema a colación para que las anécdotas brinquen por todos lados.

Por ejemplo, ¿cuántas anécdotas podríamos intercambiar acerca de las envidias y el enojo que causa en otros los logros de cada quién?

La envidia se manifiesta cuando el otro tiene algo que tú no tienes o crees no tener, pero ese sólo es el punto de partida, porque lo que le sigue es que su pensamiento da vueltas en torno a los motivos por los cuales el otro tenga algo sin merecerlo, o lo merece menos, según tú.

Y así pasa con otras emociones que nos desgastan paulatinamente.

Para ilustrar lo que aquí te vengo diciendo quiero compartirte un breve cuento que hace poco encontré, titulado El viejo samurái.
El cuento dice así:

Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurái, ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.
Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurái, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.

Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurái.

-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Poco hay que agregar al respecto de la enseñanza del viejo samurái, porque es muy sencilla, pero altamente ilustrativa.

Insisto, la clave está en dejar pasar todo aquello que de mala intención y fea forma nos lanzan los demás y también sirve para estar atentos de que no seamos nosotros los emisores de lo que corroe y agota.

¿Qué te parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.



21 Septiembre 2017 04:00:00
Actuar y gobernar con ocurrencias nos perjudica
Actuar individual y colectivamente de acuerdo con ocurrencias es una forma común de perder nuestro tiempo, de agotarnos, de que la vida se nos escape y a veces, de perjudicar la existencia de otros, de muchos.

Las ocurrencias son ideas que vienen a nosotros repentinamente y de forma inesperada, a veces son chispazos que si maduran pueden propiciar el surgimiento de proyectos innovadores, pero cuando las ocurrencias son constantes y recurrentes, pueden ser un síntoma de situaciones que debemos prevenir y evitar.

Para ilustrar mejor lo que trato de compartirle traigo a colación un breve cuento sufí titulado: El zorro y su sombra.

He aquí el cuento:

Un zorro miró su sombra al amanecer y se dijo:

–Hoy me comeré un camello –y pasó toda la mañana buscando camellos.

Para el mediodía volvió a mirar su sombra y se dijo:

–Creo que me comeré un ratón.

Igual que el zorro del cuento a veces nos despertamos con la ocurrencia de realizar algo que suena muy bien, que nos encantaría realizar inmediatamente, pero que francamente puede ser un disparate porque no hay ni las condiciones propicias, ni mucho menos se trata de algo alcanzable.

También puede ser que lo que viene a nuestra mente no sea ni un disparate y sí sea alcanzable, ¿pero realmente debemos hacerlo porque abona a nuestro proyecto de vida, o sólo lo vamos a hacer porque es un antojo?

Pensar si lo que vamos a hacer nos aleja o acerca con nuestros proyectos de vida puede ser un buen punto para tener los pies en algo firme.

Por supuesto no se trata de cerrarse a las ideas originales y novedosas, de lo que se trata es de no ir como la veleta movida por la impulsividad, la angustia, la necesidad y todo aquello que nos lleva a seguir lo que no está bien tamizado por la razón o la genuina intuición.

A pesar de que todo esto que le vengo compartiendo es muy evidente, lamentablemente es más común de lo que parece y peor aún, no sólo se circunscribe al actuar individual, sino a un comportamiento que a veces se vuelve forma de Gobierno.

¿Cuántas veces hemos visto algún gobernante que porque vio algo novedoso en cierto viaje, cuando regresa a su municipio trata de llevarlo a cabo sólo porque en aquel lugar que lo vio está funcionando muy bien o porque tiene buena apariencia?

El premio Nobel de la Paz 1987 y expresidente de Costa Rica en dos periodos, Óscar Arias Sánchez, plasmó muy bien en la siguiente frase, lo pernicioso que significa gobernar por ocurrencia:

“No hay desarrollo ahí donde las políticas son improvisadas, donde reina la ocurrencia, o donde el miedo y la desidia llevan a repetir incansablemente las estrategias del pasado”.

¡Cuán certeras las palabras de Óscar Arias, pero que distantes se miran desde puntos de referencia donde impera la improvisación, la corrupción y el disparate!

Recapitulando, la inofensiva y hasta divertida ocurrencia, tanto en lo individual como en lo social, deben contenerse por la planeación, el sesudo escrutinio, por tamices dialógicos, por los marcos legales y judiciales, por la sociedad organizada, en otras palabras por los mecanismos de la razón, y además, a fin de no limitar la innovación y la creatividad, es necesario que también todo esto pase por la intuición entrenada y por filtros cualitativos.

¿Qué le parece?
17 Septiembre 2017 04:06:00
Nuestra forma de ser nos limita o nos potencia
‘No busques afuera lo que no hallas dentro de ti’. Abel Pérez Rojas

Entre las cosas básicas que escapan a nuestra mente está todo aquello que nosotros mismos provocamos a partir de ciertas posturas que asumimos como nuestra forma de ser.

Cierto es que mucho de lo que vivimos es consecuencia de fenómenos ajenos a nosotros, pero también es cierto que somos nosotros quienes provocamos otra gran parte de la realidad que no asumimos como propia.

Por ejemplo, es común que vayamos por la vida buscando a las personas idóneas con las cuales poder desarrollar nuestros proyectos de vida, pero el tiempo pasa, las condiciones cambian y cada vez que hacemos un recuento siempre salta una y otra vez la añoranza de que en ese punto tenemos un faltante.

Buscamos y buscamos, hasta que después de algún tiempo, inclusive años, recapacitamos para descubrir que las personas han estado ahí desde hace mucho, pero no las habíamos visto porque nuestra mirada estaba ‘empañada’ por prejuicios, ignorancia o mala intención.

A propósito de lo que vengo abordando, me topé hace poco con una breve narración titulada Cuento Árabe sobre la Amistad, la cual es oportuna y no tiene desperdicio alguno:

“A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando: ¿Qué clase de personas hay aquí? El anciano le pregunta: ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

“‘Oh, un grupo de egoístas y malvados’, replicó el joven. ‘Estoy encantado de haberme ido de allí’. A lo cual el anciano comentó: ‘Lo mismo habrás de encontrar aquí’.

“Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó: ’¿Qué clase de personas viven en este lugar?’. El viejo respondió con la misma pregunta: ‘¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?’. ‘Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado’. ‘Lo mismo encontrarás tú aquí’, respondió el anciano.

“Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo: ‘¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?’. A lo cual el viejo contestó: ‘Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá’”.

¿Cuántas historias de personas que se quejan de mucho vinieron a su mente mientras leyó la explicación del anciano?

Nos quejamos de la ausencia de cosas positivas en nuestro entorno, pero la realidad es que esa expresión sólo es un reflejo de la incapacidad que tenemos para verlas.

Si nos damos la oportunidad de cuestionar nuestra forma de juzgar, veremos que hay muchísimas cosas de las cuales nos estamos privando por la simple postura intelectual y emocional que asumimos.

Se dice fácil, pero se requiere perseverancia en modificar nuestra “mirada”, sobre todo cuando se tiene presente que en gran medida mucho de esto ha sido provocado durante generaciones por los mecanismos del sistema sociopolítico imperante.

¿Qué le parece?
10 Septiembre 2017 04:07:00
El México reciente va de escándalo en escándalo
“Ir de escándalo en escándalo nos insensibiliza... nos atrofia”. Abel Pérez Rojas

Aunque está a la vista de todos que México es un país cuya historia reciente se va escribiendo a base de escándalos, poco hemos pensado en los efectos perniciosos de dicha situación y no hemos construido alguna vía alternativa de autoformación que nos proteja de ello.

En la edición dominical del pasado 23 de julio, en su acostumbrada Rayuela, La Jornada sintetizó la realidad mexicana en una especie de micro corte transversal:

“Del socavón a Javidú y de ahí a Tláhuac y de vuelta a Javier ‘N’. En el México de hoy se confirma la máxima de que un escándalo mata a otro escándalo”.

No es exagerado, en casi dos semanas los mexicanos pasamos de la tragedia del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, en el que perdieron la vida dos inocentes, al arribo de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, proveniente de una prisión de Guatemala, al abatimiento de “El Ojos”, presunto líder del llamado cártel de Tláhuac y por primera vez en la historia de la Ciudad de México del bloqueo de cruceros con autobuses incendiados; a la vinculación a proceso del político veracruzano, cuando parecía inminente su excarcelación debido a las pifias jurídicas de la Procuraduría General de la República.

Todo esto en menos de dos semanas que no son la excepción, son tan sólo una muestra de cómo han sido los últimos años de la historia reciente en nuestro país.

Podemos aludir a una gran lista, pero no viene al caso. La realidad está a la vista y se repite en escenarios locales.

Más allá de las tragedias que terminan convirtiéndose en alboroto, la historia armada a base de escándalos nos desensibiliza, nos vuelve inmunes a la situación del otro y de cierta manera nos margina de los asuntos públicos, además de que nos distraen.

Esto conviene a quienes tienen el poder y es la razón de las “cajas chinas”.

La desensibilización se da por un efecto de sobresaturación de estímulos que nos provocan resistencia a ello, es decir, son tantos los asuntos para indignarse, que con el tiempo van pasando frente a nosotros sin mayor sobresalto, porque estamos siempre a la espera de algo cada vez más llamativo, cada vez peor, cada vez más escandaloso.

Lo que ayer fue escándalo hoy es normal y mañana ni siquiera merecerá nuestra mirada.

Qué cierta y lapidaria es la frase de Simone De Beauvoir cuando afirmó que “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”.

Es una situación perversa que nos vuelve fríos e inconscientes de nuestra existencia.

La otredad es víctima de todo esto, cada vez estamos menos dispuestos a colocarnos en la piel del otro para desde ahí comprender la realidad de otra manera.

Sólo es uno mismo y su propia parcela. Sólo es uno mismo en uno mismo porque estamos tan saturados de lo que pasa allá afuera que es preferible refugiarse en la realidad más cercana, hasta que la realidad más distante afecte la nuestra algún día.

Entre otras cosas por eso muchos se vuelven personas apáticas que prefieren marginarse de los asuntos públicos, porque éstos son tratados de tal manera que, en efecto, enferman.

Por eso dejamos que la política que es una ciencia, se siga reduciendo al ridículo espectro de la partidocracia y al show que llena las barras de los medios aliados al poder.

Abdicar a nuestra responsabilidad ciudadana produce generaciones que están postergando la solución de sus graves problemas, con un irracional planteamiento de que alguien, “quién sabe quién, algún día vendrá a solucionarlos”.

¿Cómo contribuir a la formación de seres humanos vacunados de este ciclo vicioso?

En primera instancia reconociendo que en mayor o menor medida somos adictos a los escándalos, no sobrevalorando los hechos fuera de su contexto histórico y social, esforzándonos por poseer marcos teóricos a los cuales acudir para contrastar a su luz los acontecimientos, y alejarse de los medios estridentes que convierten en espectáculos las noticias.

Como estamos frente a una adicción vale la pena practicar meditación, recuperar hábitos de lectura y ejercicio físico, y claro, ejercitarse en el diálogo y el debate.

Vayamos a las causas y no a los efectos, por más llamativos que éstos sean.

¿Qué le parece?
04 Septiembre 2017 03:00:00
El México reciente va de escándalo en escándalo
Aunque está a la vista de todos que México es un país cuya historia reciente se va escribiendo a base de escándalos, poco hemos pensado en los efectos perniciosos de dicha situación y no hemos construido alguna vía alternativa de autoformación que nos proteja de ello

En la edición dominical del pasado 23 de julio, en su acostumbrada Rayuela, La Jornada sintetizó la realidad mexicana en una especie de micro corte transversal:

“Del socavón a Javidú y de ahí a Tláhuac y de vuelta a Javier "N". En el México de hoy se confirma la máxima de que un escándalo mata a otro escándalo”.

No es exagerado, en casi dos semanas los mexicanos pasamos de la tragedia del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, en el que perdieron la vida dos inocentes, al arribo de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, proveniente de una prisión de Guatemala, al abatimiento de El Ojos, presunto líder del llamado Cártel de Tláhuac y por primera vez en la historia de la Ciudad de México del bloqueo de cruceros con autobuses incendiados; a la vinculación a proceso del político veracruzano, cuando parecía inminente su excarcelación debido a las pifias jurídicas de la Procuraduría General de la República.

Todo esto en menos de dos semanas que no son la excepción, son tan sólo una muestra de cómo han sido los últimos años de la historia reciente en nuestro país.

Podemos aludir a una gran lista, pero no viene al caso. La realidad está a la vista y se repite en escenarios locales.

Más allá de las tragedias que terminan convirtiéndose en alboroto, la historia armada a base de escándalos nos desensibiliza, nos vuelve inmunes a la situación del otro y de cierta manera nos margina de los asuntos públicos, además de que nos distraen.

Esto conviene a quienes tienen el poder y es la razón de las “cajas chinas”.

La desensibilización se da por un efecto de sobresaturación de estímulos que nos provocan resistencia a ello, es decir, son tantos los asuntos para indignarse, que con el tiempo van pasando frente a nosotros sin mayor sobresalto, porque estamos siempre a la espera de algo cada vez más llamativo, cada vez peor, cada vez más escandaloso.

Lo que ayer fue escándalo hoy es normal y mañana ni siquiera merecerá nuestra mirada.

Que cierta y lapidaria es la frase de Simone De Beauvoir cuando afirmó que “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”.

Es una situación perversa que nos vuelve fríos e inconscientes de nuestra existencia.

La otredad es víctima de todo esto, cada vez estamos menos dispuestos a colocarnos en la piel del otro para desde ahí comprender la realidad de otra manera.

Sólo es uno mismo y su propia parcela. Sólo es uno mismo en uno mismo porque estamos tan saturados de lo que pasa allá afuera que es preferible refugiarse en la realidad más cercana, hasta que la realidad más distante afecte la nuestra algún día.

Entre otras cosas por eso muchos se vuelven personas apáticas que prefieren marginarse de los asuntos públicos, porque éstos son tratados de tal manera que, en efecto, enferman.

Por eso dejamos que la política que es una ciencia, se siga reduciendo al ridículo espectro de la partidocracia y al show que llena las barras de los medios aliados al poder.

Abdicar a nuestra responsabilidad ciudadana produce generaciones que están postergando la solución de sus graves problemas, con un irracional planteamiento de que alguien, “quién sabe quién, algún día vendrá a solucionarlos”.

¿Cómo contribuir a la formación de seres humanos vacunados de este ciclo vicioso?

En primera instancia reconociendo que en mayor o menor medida somos adictos a los escándalos, no sobrevalorando los hechos fuera de su contexto histórico y social, esforzándonos por poseer marcos teóricos a los cuales acudir para contrastar a su luz los acontecimientos, y alejarse de los medios estridentes que convierten en espectáculos las noticias.

Como estamos frente a una adicción vale la pena practicar meditación, recuperar hábitos de lectura y ejercicio físico, y claro, ejercitarse en el diálogo y el debate.

Vayamos a las causas y no a los efectos, por más llamativos que éstos sean.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
22 Julio 2017 04:00:00
Educación transformadora
Todo está vinculado a nuestro universo íntimo y personalísimo, de tal manera que cuando estudiamos algo y no lo relacionamos con aquel, el proceso es ajeno, ese tipo de “estudio” puede versar sobre algo interesante, pero no formativo, ni transformador de lo que somos, ni mucho menos que aproxime a lo que podemos ser.

Esto sucede a menudo en las llamadas ciencias exactas y naturales, porque consideramos que se refieren a fenómenos que suceden más allá de nuestra mente y de nuestro cuerpo, perdemos de vista que nos han enseñado, y así lo hemos aceptado, que la realidad está fragmentada.

Por ejemplo, cuando estudiamos el mundo de las partículas subatómicas, frecuentemente nos colocamos en una postura epistemológica en la cual esa realidad diminuta resulta desligada a nuestra cotidianidad, pese a que nuestros pensamientos y sentimientos están integradas también por esas partículas.

¡Cambiaría diametralmente nuestra relación con las ciencias exactas y naturales si las consideráramos como parte de nosotros!

Es decir, cambiaría todo si no las viéramos por allá, sino más acá… dentro de nosotros.

Algo muy parecido nos sucede también con las Ciencias Sociales, verbigracia temas de Sociología o Política parecen desvinculados con lo que somos y hacemos porque argumentamos que “nosotros no nos metemos en temas espinosos”, como si esos temas no fueran parte de una realidad que también nos envuelve.

Tal vez a eso se deba en gran medida que no nos indignamos como lo hacen otros de situaciones injustas y tiránicas.

Cavilo todo lo anterior y lo contrasto para fines didácticos con el cuento sufí El Hijo de mi Padre.

Aquí las breves líneas de este cuento lleno de luz que forma parte del libro El Buscador de la Verdad, de Idries Shah:

Había una vez un sufí que fue abordado por un posible discípulo.

El sufí dijo:

–Si digo: “El hijo de mi padre no es mi hermano”, ¿a quién me refiero?

El discípulo no lo pudo averiguar.

El sufi le dijo:

–¡Me refiero a mí, por supuesto! Ahora, regresa a tu aldea y olvídate de tus deseos de ser discípulo.

El hombre volvió a casa, y la gente le preguntó qué había aprendido.

Él dijo:

–Si digo: “El hijo de mi padre no es mi hermano”, ¿a quién me refiero?

Los aldeanos a coro dijeron:

¡A ti!

¡Estáis equivocados! –contestó–, el hijo de mi padre es el sufí de la aldea vecina, ¡él me lo dijo!

¿A poco no, metafóricamente vamos por la vida pensando que el hijo de mi padre es aquél que nos planteó la interrogante?

¿Será por eso que vemos las situaciones, soluciones y problemas como algo ajeno a nosotros?

¿Será acaso en parte, que por eso nuestros procesos “educativos” no son verdaderamente transformadores?

En estos terrenos tenemos enormes desafíos y oportunidades: vincular todo lo que nos rodea a nuestra experiencia personalísima, es decir, a lo que profundamente somos, revoluciona lo que podemos hacer, librándonos de relaciones epistemológicas vanas, aproximándonos más a lo que podemos ser para bien propio y de los demás. ¿Qué le parece?
16 Julio 2017 04:00:00
La educación es vana cuando se desliga de la experiencia propia
Todo está vinculado a nuestro universo íntimo y personalísimo, de tal manera que cuando estudiamos algo y no lo relacionamos con aquél, el proceso es ajeno, ese tipo de “estudio” puede versar sobre algo interesante, pero no formativo, ni transformador de lo que somos, ni mucho menos que aproxime a lo que podemos ser.

Esto sucede a menudo en las llamadas ciencias exactas y naturales, porque consideramos que se refieren a fenómenos que suceden más allá de nuestra mente y de nuestro cuerpo, perdemos de vista que nos han enseñado, y así lo hemos aceptado, que la realidad está fragmentada.

Por ejemplo, cuando estudiamos el mundo de las partículas subatómicas, frecuentemente nos colocamos en una postura epistemológica en la cual esa realidad diminuta resulta desligada a nuestra cotidianidad, pese a que nuestros pensamientos y sentimientos están integradas también por esas partículas.

¡Cambiaría diametralmente nuestra relación con las ciencias exactas y naturales si las consideráramos como parte de nosotros!
Es decir, cambiaría todo si no las viéramos por allá, sino más acá… dentro de nosotros.

Algo muy parecido nos sucede también con las Ciencias Sociales, verbigracia temas de Sociología o Política parecen desvinculados con lo que somos y hacemos porque argumentamos que “nosotros no nos metemos en temas espinosos”, como si esos temas no fueran parte de una realidad que también nos envuelve.

Tal vez a eso se deba en gran medida que no nos indignamos como lo hacen
otros de situaciones injustas y tiránicas.

Cavilo todo lo anterior y lo contrasto para fines didácticos con el cuento sufí “El hijo de mi padre”.

Aquí las breves líneas de este cuento lleno de luz que forma parte del libro El buscador de la verdad, de Idries Shah:

Había una vez un sufí que fue abordado por un posible discípulo.

El sufí dijo:

-Si digo: "El hijo de mi padre no es mi hermano", ¿a quién me refiero?

El discípulo no lo pudo averiguar.

El sufi le dijo:

- ¡Me refiero a mí, por supuesto! Ahora, regresa a tu aldea y olvídate de tus deseos de ser discípulo.

El hombre volvió a casa, y la gente le preguntó qué había aprendido.

Él dijo:

-Si digo: "El hijo de mi padre no es mi hermano", a quién me refiero?

Los aldeanos a coro dijeron:

¡A tí!

¡Estáis equivocados! -contestó-, el hijo de mi padre es el sufí de la aldea vecina, ¡él me lo dijo!

¿A poco no, metafóricamente vamos por la vida pensando que el hijo de mi padre es aquél que nos planteó la interrogante?

¿Será por eso que vemos las situaciones, soluciones y problemas como algo ajeno a nosotros?

¿Será acaso en parte, que por eso nuestros procesos “educativos” no son verdaderamente transformadores?

En estos terrenos tenemos enormes desafíos y oportunidades: vincular todo lo que nos rodea a nuestra experiencia personalísima, es decir, a lo que profundamente somos, revoluciona lo que podemos hacer, librándonos de relaciones epistemológicas vanas, aproximándonos más a lo que podemos ser para bien propio y de los demás.

¿Qué le parece?
Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
26 Junio 2017 03:00:00
Somos ‘educados’ como el camello de la soga imaginaria
Nuestra deformación como seres humanos descansa en gran medida en una especie de “amarres” que tenemos tan dentro de nosotros que no nos percatamos del daño que nos hacen, tampoco somos conscientes que nos han sido heredados con las mejores intenciones, y que lamentablemente nosotros repetimos el ciclo enfermizo de transmitírselos a quienes nos rodean.

Es a base de repeticiones y repeticiones interminables que algunas de esas conductas se nos han quedado arraigadas en forma de “creencias”, de tal manera que no cuestionamos ni su naturaleza, ni el alcance de ello.

Ejemplos hay muchos.

Por ejemplo, acudimos desde los primeros años de vida a la escuela y después de vivir gran tiempo en estos centros, se nos dificulta, casi se nos imposibilita, concebir la educación fuera del paradigma escolar.

Terminamos limitando la educación a la escuela. Nuestra formación queda atada ficticiamente al sistema escolar.

Sólo después de varios esfuerzos caemos en cuenta que la educación es un universo vastísimo, que en la medida que lo andamos, se expande interminablemente.

¿Será que por eso son pocos los que gozan de las bondades del autodidactismo?

Pero hasta que nos atrevemos a sumergirnos en la responsabilidad de la formación propia, vemos con claridad, cómo es que fuimos “educados” –mejor dicho aleccionados- con raquíticos premios y castigos que nos fueron llevan por la senda del “ser” y del “deber ser” socialmente aceptados.

Lo mismo que pasa con nuestra educación sucede con nuestras relaciones humanas y con todo lo que nos rodea.

Pienso en todo esto mientras repaso las breves líneas del cuento sufí: El camello atado.

Es tan breve la historia que me permitiré compartírsela íntegramente:

“Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche.

“Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello. Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea.

“Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

“A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de él, pero el animal no quería moverse.

“Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre”.

Después de leer el cuento, ¿a poco no es inevitable preguntarse cuántas veces nos hemos comportado como el camello atado a la soga imaginaria?

Claro que no se trata de establecer las condiciones de más moralina, de lo que se trata es de hacer un análisis sincero y profundo de cómo es que depositamos nuestra libertad y capacidad en las manos de otros que sin mayor esfuerzo nos conducen por el ciclo del fatídico destino.

Es impostergable tomar cabal conciencia de nuestro estado del “camello con la soga imaginaria”, para de una vez por todas llevar las riendas de nuestra vida sin intermediarios y sin ataduras.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
22 Junio 2017 04:00:00
Olvidamos celebrar la vida, Xóchitl Castro no.
Si muy frecuentemente festejamos cualquier trivialidad, ¿por qué no celebrar cuestiones más importantes como la vida misma y la maravilla de estar vivos?

Festejar la vida y estar vivos es un acto de toma de conciencia desde la alegría, desde el gozo que provoca relacionarse con la infinitud del universo que nos rodea y la incógnita que encierra cada instante.

Celebrar la vida como un hábito disciplinado es darse “bocados” de salud que prolongan la existencia.

Celebramos la vida cada vez que compartimos nuestro saber y aprendemos de los otros, cada vez que establecemos una relación dialógica por el placer de dar y recibir, esto es educación permanente y se cimenta en el cambio.

Pienso en todo ello a propósito del reciente recital de Xóchitl Castro Reyes, la mejor declamadora de la Cuenca y colaboradora de Sabersinfin.com, que llevó por nombre: Celebrando la Vida.

El recital Celebrando la Vida fue concebido para conmemorar el septuagésimo cumpleaños de la también poeta.

Xóchitl no quiso pastel de fiesta sino darse un “bocado” de vida con un recital de poesía mística cobijada por quienes la han seguido durante décadas en su terruño adoptivo: Tuxtepec, Oaxaca.

De alguna manera Xóchitl Che, como también es conocida la jovial oaxaqueña, visibilizó con su recital más elementos de lo que implica celebrar la vida.

Hacer cosas provechosas que tanto nos placen y que adicionalmente son nutritivas para los demás, es de cierta manera una forma de ser agradecidos con la vida, porque compartimos lo que hemos recibido en nuestro andar.

Compartir con júbilo no es una cuestión superficial de motivación pasajera, es saber en nuestros adentros qué tanto hemos tenido que arar para estar en donde nos hallamos, y sabiendo que ha habido capítulos tristes y amargos, no quedarse anclados ni al dolor ni al resentimiento.

Veo en las fotografías y vídeos del recital a una Xóchitl bañada por los reflectores, y no dejo de pensar en una especie de sublimación por el arte y el agradecimiento.

Xóchitl es agradecida y el múltiple entramado de actos que provocan la realidad, le retribuye con momentos que recordará el resto de sus días.

En cada declamación Xóchitl se da vida y parece como si recargara de cierta energía a los asistentes que siguen atentos cada una de sus interpretaciones.

Sigo viendo las interpretaciones de Xóchitl, y no obstante que es a través de una pantalla, no puedo evadir vincularla a la efigie de una sacerdotisa oficiante, como aquellas ancianas de sabiduría de los gélidos bosques nórdicos, las montañas sudamericanas o los centros ceremoniales aztecas o mayas.

Después de ver las apabullantes notas de violencia y más violencia que salpican nuestra realidad, cae uno en cuenta lo valioso que es celebrar la vida así como lo ha hecho Xóchitl Castro y el grupo de amigos que siempre han estado a su lado.

¿Le toma usted la palabra a Xóchitl de festejar la vida?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
19 Junio 2017 03:00:00
Olvidamos celebrar la vida, Xóchitl Castro no
“Celebro estar vivo, porque aún tengo la oportunidad de ser lo que no he sido”.

Abel Pérez Rojas.

Si muy frecuentemente festejamos cualquier trivialidad, ¿por qué no celebrar cuestiones más importantes como la vida misma y la maravilla de estar vivos?

Festejar la vida y estar vivos es un acto de toma de conciencia desde la alegría, desde el gozo que provoca relacionarse con la infinitud del universo que nos rodea y la incógnita que encierra cada instante.

Celebrar la vida como un hábito disciplinado es darse “bocados” de salud que prolongan la existencia.

Celebramos la vida cada vez que compartimos nuestro saber y aprendemos de los otros, cada vez que establecemos una relación dialógica por el placer de dar y recibir, esto es educación permanente y se cimenta en el cambio.

Pienso en todo ello a propósito del reciente recital de Xóchitl Castro Reyes, la mejor declamadora de la Cuenca y colaboradora de Sabersinfin.com, que llevó por nombre: Celebrando la Vida.

El recital Celebrando la Vida fue concebido para conmemorar el septuagésimo cumpleaños de la también poeta.

Xóchitl no quiso pastel de fiesta sino darse un “bocado” de vida con un recital de poesía mística cobijada por quienes la han seguido durante décadas en su terruño adoptivo: Tuxtepec, Oaxaca.

De alguna manera Xóchitl Che, como también es conocida la jovial oaxaqueña, visibilizó con su recital más elementos de lo que implica celebrar la vida.

Hacer cosas provechosas que tanto nos placen y que adicionalmente son nutritivas para los demás, es de cierta manera una forma de ser agradecidos con la vida, porque compartimos lo que hemos recibido en nuestro andar.

Compartir con júbilo no es una cuestión superficial de motivación pasajera, es saber en nuestros adentros qué tanto hemos tenido que arar para estar en donde nos hallamos, y sabiendo que ha habido capítulos tristes y amargos, no quedarse anclados ni al dolor ni al resentimiento.

Veo en las fotografías y vídeos del recital a una Xóchitl bañada por los reflectores, y no dejo de pensar en una especie de sublimación por el arte y el agradecimiento.

Xóchitl es agradecida y el múltiple entramado de actos que provocan la realidad, le retribuye con momentos que recordará el resto de sus días.

En cada declamación Xóchitl se da vida y parece como si recargara de cierta energía a los asistentes que siguen atentos cada una de sus interpretaciones.

Sigo viendo las interpretaciones de Xóchitl, y no obstante que es a través de una pantalla, no puedo evadir vincularla a la efigie de una sacerdotisa oficiante, como aquellas ancianas de sabiduría de los gélidos bosques nórdicos, las montañas sudamericanas o los centros ceremoniales aztecas o mayas.

Después de ver las apabullantes notas de violencia y más violencia que salpican nuestra realidad, cae uno en cuenta lo valioso que es celebrar la vida así como lo ha hecho Xóchitl Castro y el grupo de amigos que siempre han estado a su lado.

¿Le toma usted la palabra a Xóchitl de festejar la vida?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
18 Junio 2017 04:06:00
Estamos entre la división y el placer al sometimiento
“Divididos, lamemos nuestras cadenas”. Abel Pérez Rojas.

Son múltiples los factores que nos han traído hasta donde nos encontramos: altos índices de delincuencia y corrupción, dilapidación de la riqueza nacional, supeditación a los intereses internacionales, ignorancia y más ignorancia, manipulación, en fin, toda una serie de calamidades que bien se pueden sintetizar en la suma división que nos
caracteriza.

No son necesarias encuestas ni minuciosos estudios para confirmar que estamos divididos y que cada vez más vamos al precipicio del “sálvese quien pueda”.

Los mexicanos estamos tan divididos que no se ve la forma en que podamos hacer a un lado nuestras diferencias y sumar esfuerzos para rescatar a nuestro país.

¿Cómo tejer en entornos donde nos cuidamos del que está a nuestro lado porque sabemos que a últimas fechas la maldad también es sinfín?

Tal vez algo que ayude a zanjar nuestras diferencias tenga que ver con el origen de nuestras divisiones y los beneficiarios de las
mismas.

Los mexicanos estamos divididos como resultado de estrategias históricas para apaciguarnos y facilitar nuestra conducción y
sometimiento.

Divididos no generamos la suficiente resistencia a los saqueos de nuestras riquezas ni a los abusos de quienes se quieren eternizar en el poder.

Pulverizados somos ajenos a las bondades de la interioridad contrastada con la otredad.

Fraccionados, agudizamos nuestra ceguera, hija del egoísmo y de la soberbia.

Naufragamos en torno a la isla propia, tratando de sobrevivir sin entender que cualquier logro personal es pírrico si no echa raíces en el desarrollo colectivo.

El enjambre de raíces es débil si no fundimos las causas externas –sociales, políticas, económicas-con las individuales e íntimas (psicológicas, ideológicas,
metafísicas).

Cierto es que una casta política y económica se comporta cada vez más como un cártel que cierra cualquier paso a la vida democrática, pero también es cierto que centrar sólo nuestra mirada en esa parte del fenómeno hace que evadamos nuestra gris contribución a las fisuras que señalamos y
padecemos.

Somos tan responsables de permitir que nos traten como zombis, como también lo somos de lamer las cadenas y degustar la
condición.

Pero, aquí estamos y sólo depende de nosotros y las sinergias que seamos capaces de generar para que las cosas cambien.

Estoy plenamente convencido de que desde nuestro ámbito podemos contribuir a frenar la erosión de los lazos sociales y también que podemos activar círculos bondadosos en todos los sentidos.

Claro que podemos contribuir si no nos damos por vencidos ni nos enfrascamos en las preguntas y respuestas de siempre.

Pese a todo, algo que también es cierto es que mujeres y hombres están labrando silenciosamente en el día con día, muchos con la pena de sentirse solos y otros con la fuerza de saber que en distintos frentes se da la batalla por generar un país mejor.

Urge dejar el aislamiento y la división, es edificativo exhibir que sentir placer por el sometimiento es una conducta enfermiza que tarde o temprano nos dejará en la miseria.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
12 Junio 2017 04:00:00
Estamos entre la división y el placer al sometimiento
Son múltiples los factores que nos han traído hasta donde nos encontramos: altos índices de delincuencia y corrupción, dilapidación de la riqueza nacional, supeditación a los intereses internacionales, ignorancia y más ignorancia, manipulación, en fin, toda una serie de calamidades que bien se pueden sintetizar en la suma división que nos caracteriza.

No son necesarias encuestas ni minuciosos estudios para confirmar que estamos divididos y que cada vez más vamos al precipicio del “sálvese quien pueda”.

Los mexicanos estamos tan divididos que no se ve la forma en que podamos hacer a un lado nuestras diferencias y sumar esfuerzos para rescatar a nuestro país.

¿Cómo tejer en entornos donde nos cuidamos del que está a nuestro lado porque sabemos que a últimas fechas la maldad también es sinfín?

Tal vez algo que ayude a zanjar nuestras diferencias tenga que ver con el origen de nuestras divisiones y los beneficiarios de las mismas.

Los mexicanos estamos divididos como resultado de estrategias históricas para apaciguarnos y facilitar nuestra conducción y sometimiento.

Divididos no generamos la suficiente resistencia a los saqueos de nuestras riquezas ni a los abusos de quienes se quieren eternizar en el poder.

Pulverizados somos ajenos a las bondades de la interioridad contrastada con la otredad.

Fraccionados, agudizamos nuestra ceguera, hija del egoísmo y de la soberbia.

Naufragamos en torno a la isla propia, tratando de sobrevivir sin entender que cualquier logro personal es pírrico si no echa raíces en el desarrollo colectivo.

El enjambre de raíces es débil si no fundimos las causas externas –sociales, políticas, económicas-con las individuales e íntimas (psicológicas, ideológicas, metafísicas).

Cierto es que una casta política y económica se comporta cada vez más como un cártel que cierra cualquier paso a la vida democrática, pero también es cierto que centrar sólo nuestra mirada en esa parte del fenómeno hace que evadamos nuestra gris contribución a las fisuras que señalamos y padecemos.

Somos tan responsables de permitir que nos traten como zombis, como también lo somos de lamer las cadenas y degustar la condición.

Pero, aquí estamos y sólo depende de nosotros y las sinergias que seamos capaces de generar para que las cosas cambien.

Estoy plenamente convencido de que desde nuestro ámbito podemos contribuir a frenar la erosión de los lazos sociales y también que podemos activar círculos bondadosos en todos los sentidos.

Claro que podemos contribuir si no nos damos por vencidos ni nos enfrascamos en las preguntas y respuestas de siempre.

Pese a todo, algo que también es cierto es que mujeres y hombres están labrando silenciosamente en el día con día, muchos con la pena de sentirse solos y otros con la fuerza de saber que en distintos frentes se da la batalla por generar un país mejor.

Urge dejar el aislamiento y la división, es edificativo exhibir que sentir placer por el sometimiento es una conducta enfermiza que tarde o temprano nos dejará en la miseria.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
11 Junio 2017 04:07:00
El privilegio de acudir a Hannibal Lecter
“Eres lo que eres por lo que has sido, y serás en gran medida por lo que eres ahora”. Abel Pérez Rojas

Es un privilegio tener en nuestro acervo experiencias plenamente identificadas a las cuales acudir para volver a vivir pensamientos y sentimientos, o bien como nichos personales en la convivencia consigo mismo y con los demás.

En estos asuntos de acudir a pasajes específicos del pasado, Anthony Hopkins, el
celebre actor británico, es un privilegiado confeso, sobre todo en relación con su inolvidable interpretación del doctor Hannibal Lecter.

En una reciente entrevista (Bild am Sonntag, citada por La Jornada), Hopkins habla de su soledad y de temas varios, entre ellos dice que no obstante transcurridos más de 25 años de la película El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs), frecuentemente la prensa le sigue preguntando sobre el doctor Lecter.

Hopkins hace una pequeña confesión en la entrevista, porque dice que a veces en fiestas se mete en el personaje y que: “Incluso si estoy de buen humor, me meto durante unos minutos en el papel de Lecter”,
agregó.

¿Se imagina usted la experiencia i-nolvidable si aunque sea por unos breves minutos Anthony Hopkins interpreta frente a usted la mirada inteligente del sanguinario caníbal?

Pero, por otra parte, ¿no acaso el personaje es para el actor una especie de traje, en el cual una vez enfundado, sus emociones y pensamientos se alinean acorde a la descripción del guion?

Al leer y reflexionar sobre los pequeños permisos que se da Hopkins en relación con Hannibal, no puede evitar recordar las palabras que hace poco un buen amigo que interpreta en fiestas infantiles a Spiderman me dijera: “Me dan nervios las alturas, pero una vez enfundado en el traje del arácnido todo cambia, cualquier rasgo de acrofobia desaparece”, me compartió.

En cierta forma nos sucede algo parecido a quienes escribimos. A mí me sucede con la poesía.

Me traslado a mundos distantes y experimento emociones de todo tipo cuando comparto públicamente alguno de mis poemas. En cierta forma soy otro, como el actor es otro cuando asume el papel que
interpreta.

Y estoy seguro que algo parecido experimentan los creadores sin importar el arte del que se trate.

Por extensión y por la propia naturaleza humana ¿acaso no todos en mayor o menor medida y frecuencia podemos experimentar situaciones y pasajes significativos del pasado?

¡Claro que sí!, sólo que hacerlo de manera consciente potencia la experiencia y la convierte en un recurso de nuestro acervo.

Un recurso al cual podemos acudir cuantas veces sea necesario y cuando más nos convenga.

También es una herramienta de aprendizaje, porque nos sirve para contrastar lo que somos y lo que no somos, es decir, entre lo que vivimos realmente y lo que actuamos hay un trecho que evidencia las múltiples posibilidades que tenemos para elegir
cambiar.

Vea usted que los creadores artísticos tienen la oportunidad de acudir constantemente a esta relación dialógica para nutrirse y seguir creando: lo que soy con lo que no soy, pero puedo ser.

Pero quienes no son artistas también lo pueden hacer acudiendo a sus experiencias previas significativas, para de vez en cuando, así como Hopkins juguetea interpretando ocasionalmente a Lecter, podamos recordar lo que somos con las múltiples posibilidades de lo que podemos ser.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.

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