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Reteorna al laberinto de la soledad mexicana

Repasa la historia del libro

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Reteorna al laberinto de la soledad mexicana
Foto: Zócalo | Especial
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Ciudad de México.- En Vuelta a El laberinto de la soledad, una conversación con el hispanista Claude Fell, Octavio Paz reconoció: “Yo creo que El Laberinto de la Soledad fue una tentativa por describir y comprender ciertos mitos; al mismo tiempo, en la medida en que es una obra de literatura, se ha convertido a su vez en otro mito”.

Esto dijo el Nobel en 1993 sobre su ensayo que, a través del análisis de la historia nacional, desentierra mitos y logra, afirmó el escritor Alejandro Rossi, “un esfuerzo de autognosis que, con una prosa de extraordinaria pujanza, creó una imagen de México”.

Al cumplirse el primer medio siglo del libro en el 2000, Rossi, autor de Manual del distraído y colaborador de Paz, añadió. “Yo creo que el libro es, esencialmente, un mito ordenador y, al mismo tiempo, una hazaña poética y un altísimo despliegue de inteligencia”.

Publicado por Paz (Ciudad de México 1914-1998) en 1950 en la revista Cuadernos Americanos y a partir de 1959 en el Fondo de Cultura Económica, El Laberinto de la Soledad presenta un viaje en torno al carácter del mexicano a partir de pasajes esenciales de la historia y mitos. Sus capítulos son El Pachuco y Otros Extremos, Máscaras Mexicanas, Todos Santos, Día de Muertos, Los Hijos de la Malinche, Conquista y Colonia, De la Independencia a la Revolución, La Inteligencia Mexicana, Nuestros Días y Apéndice. La Dialéctica de la Soledad.

En 1993, Paz publicó Postdata con los apartados Olimpiada y Tlatelolco, El Desarrollo y Otros Espejismos y Crítica de la Pirámide. En su presentación, el autor de Piedra de sol escribió: “Tal vez valga la pena aclarar (una vez más) que El Laberinto de la Soledad fue un ejercicio de la imaginación crítica: una visión y, simultáneamente, una revisión. Algo muy distinto a un ensayo sobre la filosofía de lo mexicano o una búsqueda de nuestro pretendido ser. El mexicano no es una esencia sino una historia”.

La lectura masiva del libro de Paz -“piedra filosofal de la mexicanidad”, lo llamó Enrique Krauze- se dio a partir de la represión y asesinato de ciudadanos por parte del Gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968. Acaso todas las generaciones desde entonces leyeron aquella prosa deslumbrante, precisa, en la que nos veíamos claramente.


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