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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. joelgarciaalmaguer@gmail.com

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28 Noviembre 2020 04:02:00
Navidad con Rutter
Cada año, durante el mes de diciembre tengo mis propios rituales festivos que se van arraigando con cada repetición. Desde la tradicional cena familiar, de la cual todos tenemos nuestras propias historias, hasta obras que escucho o leo o veo.

Ya en alguna ocasión les conté sobre Moje Koledy de Zbigniew Preisner, sus villancicos predilectos de los cuales hace algunos arreglos y que son una verdadera maravilla que logra captar esa esencia íntima, familiar, nostálgica y belleza de las fechas decembrinas. Por supuesto que este año no será excepción en la que deje de escuchar esta maravillosa música del compositor polaco.

También la lectura de pasajes de la trilogía del Señor de los Anillos, obra de Tolkien que conocí después de las películas de Peter Jackson, cuyas entregas fueron estrenadas una por año, por estas fechas de fin de año. Las películas las recuerdo con mucho cariño por las memorias que vienen a mi mente, así como la obra literaria que cada año va convirtiéndose en una tradición más.

Amén de estas obras, también veo la fantástica obra de Polanski, El Bebé de Rosemary, cuya trama terrorífica y excepcionalmente adaptada de la obra literaria de Ira Levin, se desarrolla en parte durante las épocas navideñas. Ahí podemos ver esas calles hermosas de Nueva York durante Navidad.

La trilogía de Pepe el Toro también figura sobre las películas que veo durante estas fechas de diciembre. Que aunque no toca temas navideños, durante varios años eran películas que veía con mi hermana menor, de un tirón en un solo día.

Y dentro de estas cosas que veo o escucho, también la música de John Rutter está presente, entre otras cosas, claro. Pero el día de hoy quiero compartir contigo el álbum del compositor titulado The John Rutter Christmas Album, con el propio compositor dirigiendo The City Of London Sinfonia y a The Cambridge Singers. Así que el festín musical está más que asegurado.

El característico sonido de John Rutter, de una belleza fresca, ligera y a la vez llena de espiritualidad resulta como un bálsamo para este año que se va y que sabemos no ha sido fácil para nadie. Que la capacidad de adaptarse nos ha agotado a muchos y que sólo deseamos refugiarnos en lo que amamos, con los que amamos, y con el arte que nos sana y nos arrulla con su paz.

Por eso, este mes quiero compartir contigo este álbum y algunos otros que iremos escuchando a lo largo de las semanas que deseo de todo corazón que renueven tus fuerzas, sean cuales sean tus creencias.
21 Noviembre 2020 04:04:00
French Art Songs
La poesía desde tiempos inmemorables ha estado ligada a la música. El ritmo, las frases, la cadencia de las palabras, su misma musicalidad dan pauta a melodías que surgen como una Venus en el mar. Ya desde épocas bíblicas, el rey David componía poemas que eran musicalizados. Con el paso de los milenios la poesía profana, aquella de temas no religiosos, también eran musicalizados. Evidentemente la Iglesia durante muchos siglos fue quien regulaba o sostenía la creación musical. Sin embargo mucha otra obra musical no era necesariamente religiosa. Como ejemplo podemos recordar la poesía goliarda que nada de religioso tiene.

El álbum de esta semana es de obras del siglo 19 y 20 y particularmente de compositores franceses. La poesía de los simbolistas habita entre sus melodías. Durante estos siglos de efervescencia operística, se desarrolló en los pequeños salones, en las secretas cofradías melómanas un género particular. Músicos y poetas unían su talento para dar vida a piezas musicales cortas. La Chanson Française es cualquier canción escrita en este idioma. Y ya desde Guillaume Dufay, en el siglo 14 por ejemplo, denominamos así a la canción con texto francés.

Compositores como Henri Duparc, Erik Satie, Reynaldo Hahn, Francis Poulenc, Gabriel Fauré o Charles Koechlin, conforman el álbum de esta semana. Si bien como tal la chanson française existe desde hace siglos, debe parte de su estructura durante el siglo 19 al lied alemán.

Es una evidencia que una sociedad se debe a su geografía y su clima y que el idioma es determinante para el desarrollo de su pensamiento. Cada lengua propicia una evolución particular de su poesía y su visión del mundo. También de su música. Quizá podríamos estar de acuerdo con Carlos I cuando dijo que el francés era la lengua del amor, el italiano de la política, el español la lengua para hablar con Dios y el alemán para dirigirse a sus caballos.

Expresión jocosa, pero que muestra cómo una lengua tiene fortalezas que le son inherentes. O como mi amigo Óscar Miramontes dice: “El rock en inglés, la cumbia en español, pero Bach, Bach en alemán.” Una variante de esta idea sobre el idioma como génesis del mundo. Pero volvamos a los franceses, a la Francia de finales de siglo 19 y principios del 20.

Aquella época que muchos añoran, como el personaje de la película Medianoche en París, de Woody Allen, y que expresa bien ese sentimiento que nos embarga a todos en no pocas ocasiones de nuestra vida. Si tiempos pasados fueron mejores, no lo sé, pero al menos la música y la poesía de estos artistas nada tienen que ver con la bachata. Que lo disfruten.

Álbum de la semana:

French Art Songs. Spotify.
14 Noviembre 2020 04:02:00
Bretaña
Hace cuatro años estaba de regreso en Francia. Desde aquella ocasión he tenido la fortuna de volver cada año. En cambio Bretaña, donde viví en el 2014 se quedó grabada en mi corazón y siempre anhelo regresar. Ahora, que los viajes aún no pueden realizarse y la vida se torna difícil, refugiarme en memorias es como un bálsamo. Aquí les comparto lo que escribí hace cuatro años durante uno de mis múltiples viajes.

En Bretaña existen varios dichos peculiares y bastantes universales. El primero de ellos habla sobre la fiereza con la que los bretones defienden sus tradiciones y región: La Francia es un país entre la Bretaña y Bélgica. Con este dicho podemos darnos cuenta del celo que tienen por sus tradiciones. No es para menos.

En Bretaña tienen las crepas por decreto; los embutidos como el saucisson, que no podríamos dejar de probar jamás; la mejor sidra que he probado en mi vida y que generalmente se elabora artesanalmente, como casi todo lo que produce la región; la tarta kouign-amann, su mantequilla insuperable o sus galletas. Esto por citar poco de lo mucho que hay.

El clima es particular: uno nunca sabe cuándo es que lloverá. Es aquí donde recuerdo otro dicho bretón: Espera a que sea de noche para decir que el clima ha sido bueno. O este: Si esperáramos a saber cómo estará el clima, jamás saldríamos del bar. Y vaya que a los bretones les encanta compartir sus momentos con una cerveza al agua de mar, o con una de las tantas otras que la región produce. Aquel que es maestro de su sed, es maestro de su salud, también dicen.

Los paisajes son verdes, de cielos plomizos y de un sol que cuando sale durante el corto verano, es oro que abriga. Los bosques, mágicos: hayas, robles cubiertos de verde perenne, troncos altos y al abrigo de un musgo que pensaría milenario como las hojas húmedas que sirven de alfombra al caminar. Un silencio mítico, que sabe a fantasía y realidad. No es por nada que la tumba de Merlín esté en uno de sus bosques: Brocelianda, lugar de eventos artúricos.

Alimenta bien tu cuerpo y tu alma y vivirás largo tiempo. La música bretona fraternal: trata historias de coraje, de marinos, del mar y de eventos de humor, aunque también de todo tipo. Uno asiste a una Fest-noz, tradicional fiesta bretona, y puede ver la alegría y hermandad con la que danzan. Tomados todos de las manos en una larga danza que recorre el lugar al compás de violín, instrumentos modernos, la bombarda, la vielle à roue o las gaitas. Una fiesta que es casi un rito ancestral, mágico.

Visitar esta región es enamorarse de un cuento y de sus raíces celtas que se manifiestan en la realidad cotidiana. Año con año reciben en Lorient a todas las demás culturas celtas del mundo en el Festival Intercéltico. Artes y cultura se unen durante una semana para festejar sus raíces.

En spotify encontramos ejemplos de la Vielle à roue que merecen ser escuchados. Y bueno, aunque aún me quedan algunas semanas de este lado del mundo, me despido con el proverbio bretón que dice: Aquel que no da placer al llegar, lo da al irse.
07 Noviembre 2020 04:03:00
Haydn
Franz Joseph Haydn es considerado y llamado el padre de la sinfonía. No es que antes de él no hayan existido composiciones de este tipo, pero con Haydn se estableció la estructura que marcaría pauta para los futuros compositores.

De las 106 sinfonías que tiene, podemos tomar la que sea y encontrar una ejemplo claro de cómo es su estructura. Cuatro movimientos, el primero con una breve introducción en lento o majestuoso y, el segundo lento o andante, el tercero un minueto y para finalizar un cuarto movimiento rápido, de carácter vivaz. A grandes rasgos, claro.

Luego de Haydn la sinfonía ha evolucionado, evidentemente. Desde sinfonías con movimientos más largos, con menos partes o muchas más hasta la introducción de la voz como elemento notable. En este caso tenemos a Beethoven o Mahler con sus monumentales sinfonías que incluyen un coro y solistas.

En Haydn podremos escuchar unas sinfonías claras para su apreciación musical. Los temas se suceden de manera perfecta que podemos darnos cuenta cuando el tema A se finaliza para dar comienzo a un tema B, etcétera. En este sentido considero que son formativas para alguien que desee iniciarse en la apreciación de esta forma musical.

La orquesta desde Haydn también ha crecido. La dotación de instrumentos en sus sinfonías son relativamente pequeñas, aún cuando el resultado sea un gran cuerpo sonoro. Luego de Haydn llegamos hasta los mil integrantes en sinfonías de otros compositores.

En la sinfonía podemos apreciar los diferentes colores de la orquesta y cómo los temas pasan de una sección a otra. La Sinfonía Número 92 es también llamada Oxford porque fue interpretada en la prestigiosa universidad con Haydn mismo en la dirección en su condecoración de doctorado honores causa.

La sinfonía 93 es la primera de las llamadas Sinfonías Londres que comprenden desde esta hasta la 104. Sin duda que Haydn supo ganarse un lugar en la historia desde que él estaba en vida. Es uno de esos casos en que el compositor es reconocido en vida y no como lamentablemente sucede en otros, hasta que la muerte hace justicia.

Sus sinfonías son un ejemplo de la visión del siglo de las luces con respecto al arte y como este debía estar bien equilibrado y simétrico. Hoy entonces escuchemos dos ejemplos para despertar nuestra curiosidad sobre este gran compositor y que sirva como puerta de entrada para su magnífica obra.

Álbum de la semana: Haydn: Sinfonías Núm. 92 & 93. Sir Colin Davis.

Que lo disfruten.
31 Octubre 2020 04:04:00
Dante’s Inferno
Lejos quedaron las melodías juguetonas y computarizadas de los videojuegos que solía jugar de niño. Hoy, con la tecnología avanzada que caracteriza a las consolas, la música devino importante a un nivel igual que los meticulosos gráficos. Amén de que ahora la música es totalmente real, ejecutada por orquestas de primerísimo nivel.

Parte esencial de una narración, es la música que acompaña la historia. No se puede vivir de la misma manera la emoción de una historia cualquiera, ya sea en cine o videojuegos, sin una música bien lograda y que nos ayude a sumergirnos en el mundo que nos propone la fantasía.

Una de las bandas sonoras mejor logradas en videojuegos es la compuesta por Garry Schyman para el Infierno de Dante, título de 2010. Como es de imaginar, no se podría pensar en una música desabrida y gris para un título tan sugerente.

La composición pasa de guiños a la música medieval, la música de la primera mitad del siglo 20, Prokofiev o Bartok, hasta la tensionante atmósfera de un Ligeti, pasando por el actual trato orquestal que propone Joseph Bishara en filmes como Insidious o El Conjuro y los míticos desgarramientos vocales de Diamanda Galás.

Por lo mismo puedo decir que la música compuesta para videojuegos o películas no es vanguardista en un nivel estricto, ya que basa todo su discurso musical en formas ya propuestas por compositores de la llamada música clásica. Sin embargo, no deja de ser notable la manera en la que son usados todos estos elementos para ponernos los nervios a flor de piel.

La orquestación de Garry es tensionante hasta niveles límite, de tal manera que vivir el juego es terrorífico y emocionante en todos sus niveles. Claro, para aquellos que juegan. Para otros, como yo, la música en sí es ya un logro de la composición y ejemplo de cómo las narrativas musicales siempre pueden disfrutarse en un plano meramente auditivo.

A cada compás no dejaremos de sorprendernos por las atmósferas de Garry Schyman. Estamos frente a un compositor que conoce y maneja a la perfección numerosas formas musicales. No en vano es aclamado por su trabajo.

Si hoy es un día de esas emociones, bien podemos agregarle un sabor intenso y oscuro con esta banda sonora que nos mantendrá al filo de nuestro lugar favorito durante toda su duración. Coros potentes, voces desgarradoras, orquestaciones metálicas, percutidas y obstinadas. Una oportunidad para recordar ese recorrido que Dante hace en compañía de Virgilio por los círculos del infierno. Que lo disfruten.

Album de la semana: Dante’s Inferno. Spotify.
24 Octubre 2020 04:04:00
Ensueños
La primera vez que escuché a Vladimir Horowitz fue en una grabación del Träumerei, una de las piezas que componen Las Escenas Infantiles de Robert Schumann. Desde los primeros acordes que salían del aparato de sonido del salón de clases quedé fascinado con la manera en que el pianista me transportó a un ensueño al cual suelo regresar no pocas veces.

El maestro de aquella clase de descubrimiento musical era un conocedor cabal de la historia musical… no, no solo de la musical sino de toda la historia universal. Su forma de transmitir la emoción de los relatos históricos era tan emocionante y vertiginosa como cautivadora y emotiva. Parecería que Díaz Durán, así se llamaba el maestro, hubiera sido una especie de conde de Saint-Germain, que hubiera estado en cada uno de los momentos que nos relató en clase, en medio de la historia y los acontecimientos que salían de su mente.

En esas clases emocionantes, pero también con dosis de temor, pues era implacable al momento de pedir las tareas y comentarios sobre los temas dados, fue donde conocí la musicalidad de Horowitz.

Luego, poco a poco fui descubriendo sus grabaciones, como la obra de Scriabin, Chopin, Domenico Scarlatti, Mozart, Franz Liszt, Schubert, o ese poderoso concierto numero tres de Sergei Rachmaninoff, con el cual se graduó en su casi adolescencia del conservatorio. Por supuesto no esta versión, sino una posterior, con la Filarmónica de Nueva York, dirigida por Eugene Ormandy.

La música de Horowitz nos pone frente a la eterna pregunta sobre la creación: ¿Un intérprete puede crear o es un mero repetidor/intérprete de la música ya escrita? Con Vladimir Horowitz la respuesta no deja lugar a dudas: el intérprete puede llegar a ser un creador, un recreador de la música que interpreta. Sin duda alguna.

Es por ello que podemos escuchar sus versiones y saber de quién se trata. Como Horowitz hay otros, claro. Pero su calidez es única. El último gran romántico del piano. Con una vida de pasajes dolorosos e inseguridades a pesar de su genio evidente. Es por eso que regreso siempre a su obra: escuchar a Horowitz es abrir un baúl de emociones que he depositado en su música a lo largo de los años. Y creo que estarán de acuerdo con que eso nos sucede con algunos autores musicales y artísticos en general.

Qué maravilla regresar a esos momentos en que la música lo es todo.
17 Octubre 2020 04:02:00
Mirando el Renacimiento
Los artistas del Renacimiento caminaron sobre una delgada línea que separaba el mundo real de los ideales que les fueron heredados desde tiempos milenarios. No es de extrañar, por supuesto, el afán de corroborar la vida y la naturaleza tal cual la retrataban sus admirados pensadores griegos y romanos: Platón, Aristóteles, Plinio, cuya visión filosófica y peso histórico aún hacían vacilar los juicios críticos de los grandes pensadores y artistas del Renacimiento.

Y no es para menos: ¿No eran acaso los parámetros del helenismo los que buscaban seguir todo pensador renacentista? Aún así, el Renacimiento nos dio a Képler, Descartes, Galileo, entre otros y, ante todo, al más grande genio de la historia universal: Leonardo Da Vinci, quien con toda su capacidad de observación y reflexión del mundo catapultará prácticamente todos los quehaceres del ser humano.

Pero andemos con calma y traigamos, a estas líneas que esbozamos. los libros renacentistas que retratan la naturaleza de la manera más fiel posible.

¿Por qué no es, acaso, maravilloso el modo en que la imprenta revolucionó la manera de aprender y compartir el conocimiento? La naturaleza dejó de ser un concepto verbalizado para convertirse en objeto de un análisis más detallado y profundo, pero aún se mezclaban, entre esta necesidad de conocimiento, las verdades que perduraban en esta época. Así que los bestiarios y las reminiscencias de míticas naturalezas de tierras de algún Preste Juan, resuenan en las enciclopedias que retratan sin distinción la naturaleza real y la imaginaria.

Son épocas en las que conviven sin conflicto aparente el idealismo platónico y el empirismo aristotélico, que no tardará en imponerse como método de conocimiento: Aquello que puede ser razonado y experimentado es real, lo real es comprobable con los sentidos. La investigación científica parte de los libros de la historia natural de Plinio, entre otros, y de ahí hacia la confirmación práctica que, admitamos, no pocas ocasiones se decantaba por respetar a los grandes pensadores sobre la confirmación contradictoria de la realidad.

Sin embargo esta confrontación, poco a poco, va rindiendo sus frutos y los dibujos de la flora y fauna del mundo conocido y por conocer –recordemos el Nuevo Mundo aquí–, cada vez son más exactos y dignos de una valoración más científica.

Gesner, Rondelet y Belón clasifican con mayo exactitud con el paso del tiempo y sus obras, bajo la óptica de la ciencia actual llena de inexactitudes, poco a poco son más certeras. Compilaciones, sí, pero que promueven una observación de la naturaleza más certera y agudizada.

Leonardo Da Vinci será el genio que impondrá como regla el conocimiento de las ciencias como puerta de entrada para la creación artística, misma que dejará de ser una simple reproducción y se convertirá en arte transformado y transformador de la realidad. Lentamente se va dando la clara diferencia entre artesanía y arte.

Aquí Leonardo y su coetáneo Miguel Ángel tendrán algo en común dentro de sus irreconciliables diferencias. Por un lado, Leonardo defiende la posibilidad suprema de la pintura para retratar la realidad y transformarla, mientras que Buonarroti ya veía en la piedra la potencia, la forma, a la que solo hacía falta quitar los excesos para dejar al descubierto la escultura contenida en la roca. Sin embargo, ambos artistas parten de una observación de la realidad y de su inmediata transformación; y somos nosotros, simples mortales, quienes disfrutamos tanto de una visión del arte, como de la otra.

Indiscutible el aporte de Da Vinci a todas las ciencias a partir de sus esbozos y tratados de anatomía que rayaban en lo milagroso. Sin embargo, no debiéramos menospreciar los tratados llenos de errores y de una cosmovisión ajena a la confirmación científica, porque la verdad también puede ser observada desde la óptica del error, y es de notable importancia observar la realidad desde esta óptica. No con un afán metafísico o sobrenatural, sino desde el interés de entender toda una época que marcará el futuro de la historia.

Los mirabilia, los libros de los milagros alemanes del siglo 16 e, incluso, el misterioso manuscrito Voynich pueden revelar mucho de lo que somos como seres humanos. Así que toda reflexión seria sobre la realidad tiene algo de verdad en su interior. Por supuesto, el empirismo, y el positivismo mucho tiempo después formulado por Auguste Comte, son innegables herramientas de conocimiento, así como todas las intenciones ilustrativas en el Renacimiento que han dado frutos inconmensurables hasta el día de hoy.
03 Octubre 2020 04:00:00
Nocturnos de John Field
Cuando hablamos de la forma musical Nocturno, a nuestra mente viene un primer y casi solo nombre: Frédéric Chopin (1810-1849). Considerado el mayor exponente de esta forma musical, Chopin nos ha hechizado con su melifluo encanto.

Sin embargo, existen otros autores que también han compuesto nocturnos. Erik Satie (1866-1925) o Aleksandr Scriabin (1872-1915), por citar algunos. Esto sin mencionar que el nocturno, o notturno en italiano muchas veces llamado, fue utilizado incluso por Mozart (1756-1791) y basta recordar su serenata nocturna, como mayor ejemplo.

Pero no es sino en el siglo 19 cuando esta forma adquiere las características que conocemos bien: una pieza corta para piano de melodía íntima, lírica, con un acompañamiento de la mano izquierda ondulante, en arpegios. El nombre no tiene la intención de evocar un solo estado de ánimo o sentimiento de la noche, sino que eran piezas compuestas para ser ejecutadas en las reuniones nocturnas.

Durante el siglo 19 la música de salón tiene un auge importante y es ahí, entre la calidez de la vida social y la noche, al resguardo del frío, donde el nocturno se desarrolla.

El primer compositor en llamar nocturno a estas piezas cortas para piano fue John Field (1872-1837). Considerado el padre del nocturno, John Field fue admirado en su tiempo por los compositores más renombrados de la historia musical y no solo por sus composiciones, sino también por su virtuosismo en la ejecución del piano.


El nocturno es introspectivo, sus líneas melódicas son evocadoras, de una calma melancólica que en su parte central se agita para volver de nuevo a la tranquilidad de un estanque en medio de la noche. El abandono al sentimiento, a la contemplación de la naturaleza, y al sentir como vía de conocimiento de lo verdadero son características del periodo romántico. Era su medio de conocimiento de lo trascendente, una clara contraposición al racionalismo del siglo precedente.

En estas versiones de los nocturnos de John Field escucharemos a su más destacado intérprete: Míceál O’Rourke. Irlandés también como Field, O’Rourke nos hace evocar noches de otros tiempos, donde la calma de la noche no es liquidada por la electricidad ni el ruido de las noches de hoy. Los 18 nocturnos nos llevan de la mano a viajar en el tiempo, a situarnos en otro mundo y otra realidad, ¿y por qué no hacer ese viaje si a final de cuentas es sábado y no tenemos que ir a trabajar?

Álbum de la semana: John Field. The Complete Nocturnes. Míceál O’Rourke, piano. Spotify.
26 Septiembre 2020 04:01:00
Música para 18 Músicos
Dentro de los nombres clave para entender la música minimalista están tres: Terry Riley, Philip Glass y Steve Reich. Glass es de sobra conocido, lo escuchamos en cantidad de lugares y en no pocos filmes; el primero casi nadie lo conoce y, a decir verdad, luego de su icónica composición llamada In C –que es la obra que inicia todo este movimiento minimalista–, casi nada más nos llama la atención.

Por otro lado, Steve Reich es un compositor que ha sabido mantener la fuerza del minimalismo. Sus obras siempre tienen una contundencia de forma, pero que no carecen de musicalidad, de carácter en su sonido. Hay obras musicales que pueden estar justificadas a un nivel filosófico o estético, pero que no llegan a ser obras musicalmente (sonoramente) logradas. La obra de Reich es música que en su sonoridad son perfectas obras y así mismo en su congruencia con el movimiento al que pertenecen.

Obviamente, estamos frente a un movimiento musical que va a poner a prueba nuestra capacidad de atención y paciencia, pero que no nos asuste: aún cuando creemos que en el minimalismo no sucede nada, sucede todo.

La obra Música para 18 Músicos dura casi una hora, sin interrupciones, los instrumentos van cambiando de dotación, a veces unos, a veces otros, luego todos, y durante ese tiempo, la constate y obstinada repetición de un motivo a lo largo de la obra.

Las variaciones son imperceptibles y claras a la vez. Luego de un tiempo de escuchar un primer motivo, la idea se transforma de una manera tan fresca, que es como un oasis para nuestros oídos.

Ningún director está al frente de estos intérpretes, pues lo que busca el compositor es que todos los músicos se escuchen unos a otros y se sigan a lo largo de la obra: 11 acordes y un patrón rítmico al que se superponen otros más durante la ejecución es lo que Reich propone.

Compuesta entre 1974-1976, Música para 18 Músicos es acaso la obra más representativa de este movimiento que comenzó en los estados unidos, pero que como todo, tiene su origen atrás en el tiempo. Un ejemplo es Vexations, de Erik Satie: un motivo de un minuto de duración repetido 840 veces.

El minimalismo, como todo movimiento notable, no se quedó en compositores estadunidenses, actualmente es abrazado por músicos al rededor del mundo.

La música de Reich es repetitiva, sí, hay que decirlo, pero hasta para repetir algo constantemente se necesita genio y él lo tiene de manera asombrosa.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Música para 18 Músicos. Steve Reich. Spotify.
05 Septiembre 2020 04:00:00
Beethoven. The Late String Quartets
Dos de los grandes desafíos en materia de composición para un autor son la fuga y el cuarteto de cuerdas. En el primero, la forma tan compleja –cuyo más grande ejemplo es Johann Sebastian Bach–, el compositor debe manejar de manera perfecta el uso de voces y temas. En el segundo desafío, el cuarteto de cuerdas, la dificultad radica en que con cuatro elementos el compositor debe ser capaz de sintetizar toda una idea musical.

No es gratuito que los grandes compositores se impongan este reto a manera de saber si son capaces de hacer una obra perfectamente lograda y equilibrada con tan pocos elementos, porque con 100 instrumentos la genialidad puede llegar a diluirse, ser engañosa, pero en el cuarteto todo es evidente.

Beethoven fue criticado por no usar la forma fuga durante un tiempo en su vida.

La fuga es tan mecánica, que carece de expresión, decía el genio. Aún así había hecho trabajos con este recurso durante su juventud. Años más tarde, al final de sus días, Beethoven compondría una de las mayores fugas mejor logradas y de una complejidad que incluso hoy en día asombra y deja atónitos a muchos.

Los cuartetos para cuerdas 12 al 16 son los últimos del compositor y donde se evidencia para muchos la verdadera esencia del genio alemán. La Grosse Fugue deja un contundente testimonio de que Beethoven era capaz de componer fugas. Algunos de estos cuartetos fueron bien recibidos. Otros no tanto.

“Qué me importa a mí su maldito violín”, dijo alguna vez Beethoven en respuesta a un músico que catalogó como intocable su obra. “¿No les gusta mi obra? No importa, yo no compongo para ellos, yo compongo para el futuro.”

Beethoven era consciente de la trascendencia de sus últimos cuartetos, escritos entre 1824 y 1826. “Muss es sein? Es muss sein” (¿Tiene que ser? Tiene que ser), son las palabras que se leen en el último movimiento del cuarteto 16.

Tiene que ser. Unas palabras sobre el destino que Beethoven en repetidas ocasiones caviló.

Cuando el destino llega, es inevitable aceptarlo. Por más que impongamos nuestra voluntad, existe esta historia que se repite una y otra vez. Es lo que Tomás, en La Insoportable Levedad del Ser, se pregunta al igual que Beethoven. El destino se impone.

También Thomas Mann admira los últimos cuartetos del compositor y lo deja claro en palabras de Adrián, personaje principal de Doktor Faustus: “Es irritante tan solo, a menos que no quiera uno ver en ello motivo de satisfacción, que no exista para caracterizar ciertos elementos de la música, o por lo menos de esta música, ningún adjetivo apropiado, ni ninguna combinación de adjetivos.” Nada qué añadir.

Album de la semana: Beethoven. The Late String Quartets. Spotify.

29 Agosto 2020 04:00:00
Sala Prisma Podcast
Como ustedes saben, Sala Prisma ha tenido siempre la intención de llevar arte a una nuevo sector de la ciudad de Saltillo y presentar espectáculos de alto nivel. Ya desde un inicio del proyecto teníamos la intención de tener un acercamiento a nuestro público por medio de medios digitales, así que la situación que vivimos actualmente solo hizo que esta idea tomara más relevancia.

Es por ello que desde hace unos meses ya, tenemos en Spotify, Apple Podcast e iVoox un canal de podcast, donde producimos programas con enfoques determinados. Encuentros, uno de estos programas, tiene como finalidad la charla entre amigos sobre temas culturales. En esta primera etapa centrados en lo musical, aunque como sabrán, toda charla amena deriva en múltiples temas dentro de una misma reunión.

Con Alejandro Reyes-Valdés y un servidor como presentadores y en algunos episodios acompañados por grandes amigos y figuras de la cultura tales como Alejandro Miyaki, Natanael Espinoza y Eliezer Jáuregui. Así que las charlas se tornan muy interesantes al lado de tales personas.

En Sotto Voce, otro programa que producimos, Alejandra López-Fuentes entrevista a personalidades del mundo de la ópera a nivel internacional.
Hemos tenido la fortuna de contar con la presencia de artistas como Irasema Terrazas, Ramón Vargas, Javier Camarena entre otros grandes.

Así que la carpeta de opciones para disfrutar de la programación que hacemos para Sala Prisma Podcast se nutre semana con semana. Con Tercera Llamada, el director Natanael Espinoza está por comenzar a compartirnos su experiencia en la batuta y explicaciones sencillas y directas sobre las obras que la Filarmónica del Desierto ha interpretado e interpretará en un futuro.

Todos estos programas hoy en línea se complementan con cápsulas a manera de pausas entre secciones de programa, y son amigos como Enrique Guzmán, Pedro Vallejo, Valeria Oregón y Jesús Cervantes, quienes nos apoyan con su voz en narraciones breves y concisas sobre temas musicales.

Estas cápsulas las puedes escuchar de manera individual en nuestro programa Música Clásica en Instantes. A todos los que nos ayudan a crecer este proyecto, les agradezco infinito por su paciencia hacia mi persona y su apoyo que es enorme.

Y a ustedes que me leen, los invito a buscar Sala Prisma en su aplicación de música predilecta para que puedan suscribirse y escuchar los programas que emocionados realizamos todos nosotros para ustedes.
09 Agosto 2020 03:30:00
Mahan Esfahani
Esa noche Mahan Esfahani iba a vivir uno de los pasajes más peculiares de su carrera como clavecinista. En una de las mejores salas de Europa, en una de las ciudades de más tradición cultural, se viviría un pasaje digno de un cuento de Cortázar. Colonia, Alemania, esa ciudad que ha visto compositores como Stockhausen y ha sobrevivido para contarlo, e incluso para aclamarlo.

La noche del 29 de febrero (acaso el día ya auguraba algo diferente esa noche), en la mejor sala de conciertos de Colonia, Mahan Esfahani presentaba su aclamado álbum Time Present And Time Past.

Todo iba bien en el desarrollo del concierto hasta que la obra Piano Phase, para dos piano (ahora ejecutada por un clavecín y una grabación del segundo instrumento), de Steve Reich comenzó.

Mahan Esfahani, al usar unos auriculares para empatar la música grabada con su ejecución, no se percataba de que la audiencia comenzaba a reaccionar. De pronto, a sus oídos comenzó a llegar el ruido de la sala. Mahan pensaba que se trataba de la audiencia aplaudiendo, pero cuando el ruido aumentó de manera notoria y no pudo seguir tocando, se quitó los audífonos. Lo que escuchó fue casi un pandemónium, como él lo llamó después. La gente silbaba, abucheaba, y otros intentaban callarlos, defendiendo al músico. “¿A qué le temen?”, preguntó Esfahani tomando un micrófono.

¿Por qué aún hoy no estamos abiertos a este tipo de obras? Sin mencionar que la obra de Reich tiene más de 50 años. Los puristas defienden el hecho de que el clavecín no puede ejecutar obra contemporánea (del siglo 20), si no fue compuesta para este instrumento. Definitivamente es bueno saber que un público participa activamente de la actividad cultural, pero de eso a la intolerancia hay un gran trecho que quizás, en ocasiones, sea difícil definir. Luego de hablar sobre los detalles que vive el país de origen de este músico iraní, en donde la cultura se asesina por las más absurdas razones,

Mahan Esfahani, siguió con el programa y pasó al concierto de Carl Philipp Emanuel Bach. La velada culminó en grandes aplausos, algunos dejaron la sala, durante el incidente, pero la mayoría permaneció y reconoció la capacidad de este músico que toca la gran mayoría del repertorio para clavecín.

La fama de Mahan Esfahani es reconocida en multitud de países. Es el nombre de referencia de la nueva escuela del clavecín y su futuro es, sin duda, el de pasar a la historia como lo que es: un músico capaz de conmover a su audiencia y de hacerla participar. El álbum de esta semana es un ejemplo que la música siempre se renueva. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Time Present and Time Past, de Mahan Esfahani. Spotify.

02 Agosto 2020 04:02:00
Lieder eines fahrenden Gesellen
Canciones de un Camarada Errante, es el título de este primer ciclo de lied del compositor Gustav Mahler que se remonta hacia 1885. De hecho, es el mismo compositor quien deja constancia de esta composición cuando le escribe a un amigo diciéndole: “He compuesto un ciclo de lieder, seis hasta el momento, todos dedicados a ella. Ella no los conoce. ¿Qué pueden decirle que no sepa ya?”.

Los Lieder se supone que representan a un camarada errante. Herido por el destino, va por el mundo, avanzando al azar. La mujer a quienes fueron dedicados no era Alma Mahler, fue mucho tiempo antes, y la misma Alma nos lo dirá en un libro que ella escribió sobre los recuerdos de Mahler.

Los lieder fueron escritos por Gustav luego de una lectura del Des Knaben Wunderhorn, y serían cuatro los que finalmente compondrían el primer ciclo. La obra es para orquesta y voz, aunque existe una versión para piano realizada por Mahler y no se sabe a ciencia cierta cuál fue compuesto primero, pero se da por hecho que la versión orquestal es la primera.

Tiempo después, Arnold Schöneberg, músico respetado por Mahler, realizará una versión para orquesta de cámara. Ya desde este primer momento podemos ver los motivos que cubrirán la obra de Mahler, los temas folclóricos que lo influencian, el uso particular de los metales y las cuerdas y por supuesto la presencia continua de las marchas fúnebres.

Pero no es necesario caer en sentimentalismos para interpretar esta obra, de hecho es el mismo compositor quien sugiere tener mesura en la interpretación de la obra, y Dietrich Fischer-Dieskau comprenderá esto cabalmente cuando interprete la obra.

Las emociones que impregnan cada uno de las canciones del ciclo son bien claras.

Al inicio, Cuando mi Tesoro Celebra su Boda, el errante se lamenta tristemente del sino que le ha tocado vivir, mientras observa la naturaleza vibrante de cada color, haciendo un contraste con su desdicha; en Esta Mañana Caminé por el Campo, nuestro personaje se ha despertado de buen humor y le sonríe a la vida; en Tengo un Candente Cuchillo, la ira y la negación de la paz desatan la tormenta interior y finalmente Los Dos Ojos Azules de mi Tesoro son una marcha fúnebre que camina hacia la nada. Un final que se desvanece. Una obra completa en sí misma y cuyo cuarto tema usará más tarde Mahler en el tercer movimiento de su primera sinfonía.




26 Julio 2020 03:50:00
Trío para piano de Claude Debussy
La evolución artística de un compositor se puede constatar con regularidad. Desde autores como Haydn o Beethoven, o Arvo Pärt ya en este siglo. Y no solamente en el arte musical, en la pintura suele ser mucho más evidente esta evolución o descenso a los mundos interiores de la creatividad, la locura o la enfermedad.

Lo que caracteriza a un autor, lo que lo identifica, suele revelarse con el paso del tiempo. Salvo excepciones notables como Mozart o Johan Sebastian Bach, a quienes escuchamos e identificamos casi inmediatamente. Más al primer genio que al segundo, y no por motivos de grandeza o genialidad, sino porque simplemente Mozart siempre se deja ver claramente en su obra.

Estos dos compositores fueron de una grandeza desde siempre. Otros, tuvieron que pasar por diferentes etapas hasta encontrar su propia voz. No negando su talento y evidente genialidad, compositores como Schoenberg, o Liszt o Debussy, el que escuchamos esta semana, hubieron de pasar por un crecimiento que fue transformando poco a poco su sonido, justo hasta encontrar aquello que los mantenía en constante búsqueda, así como una terca y apasionada creatividad.

Claude Debussy vivió un mundo convulsivo, cambiante. La tecnología ya miraba hacia el futuro, hacia coches, máquinas que vuelan y que nos enseñan en las escuelas. La exposición universal en París hacia finales de siglo reunió a creadores, entre ellos a Debussy quien conoció ese mundo que se vislumbraba. Ahí conoce el gamelán, la orquesta típicamente indonesia. Esos sonidos de mundos nuevos, de ensoñaciones, fueron parte de lo que buscaba Claude en su música.

En el piano no tardó en imitar estos sonidos. El carácter y sonido típicamente debussyniano no se muestra, sin embargo, en su obra temprana. Un ejemplo es su trío para piano en sol menor, que compuso a sus ardientes e impetuosos 18 años. Y fue durante sus viajes de verano con Nadezhda Von Meck, la mujer con quien Tchaikovsi tuvo una relación epistolar de poco más de 13 años.

Este trío nos muestra el ímpetu creador de un joven Debussy que tenía 18 años y aparentaba 16, según la propia Nadezhda. Las cuerdas y el piano se arrojan por senderos turbulentos y enérgicos. En el piano, por momentos, podemos escuchar destellos de lo que sería el Debussy que todos conocemos, aún así, es imposible darse cuenta que en este trío para piano estamos frente a Claude de France. Un genio que vibra desde su juventud y persigue la trascendencia hasta alcanzarla. Que lo disfruten.
19 Julio 2020 03:54:00
Una aplicación para dormir
Lo que ha realizado el compositor Max Richter junto con especialistas en desarrollo de software es simplemente genial.

Hace algunos años, en el 2015 para ser precisos, Max Richter lanzó el álbum llamado Sleep, que contenía un aproximado de ocho horas de música. Las obras, de ambientes tranquilos y temas minimalistas al más puro estilo del compositor, estaban diseñadas para relajar y, por extraño que parezca, para dormir.

Así que una vez lanzado el álbum, el compositor dio algunas presentaciones en la gira Sleep, dentro de iglesias y lugares adecuados para instalar camas y espacios para sacos de dormir. La idea era divertida y nunca antes vista: ir a un concierto del compositor a dormir mientras él y sus músicos interpretan el integral de la obra.Benditos aquellos que pudieron vivir la experiencia.

Ahora bien, el álbum se encuentra en las plataformas digitales, por supuesto, tanto en su versión integral como su compilación de dos discos. Una obra tan relajante que les sugiero escucharla y disfrutarla en su totalidad.

Y hoy, gracias al desarrollo de una aplicación que se baja al celular o tableta desde las tiendas propias de aplicaciones del teléfono, podemos tener una versión singular. No de la obra, sino de la manera en la que podemos disfrutarla. Es simplemente una aplicación en donde podemos elegir entre dormir, meditar o concentrarse y determinar el tiempo de la actividad seleccionada.

Así, la aplicación reproduce la música desde Spotify o iTunes, según la plataforma de su elección.

Las piezas que se reproducen están pensadas desde la selección previa: si queremos dormir, meditar o concentrarnos, la app reproduce las piezas determinadas para ello. Una vez el temporizador termina el tiempo que hayamos dispuesto, nos da una pequeña alarma y mensaje y la música se detiene.

La multimedia de la aplicación, una visión de la Luna como si estuviéramos flotando sobre ella, o viajando por el espacio es hipnótica. Creo que es una aplicación que me ha cautivado por completo.

Hay que mencionar, que si usas despertador para levantarte, debes ponerlo porque la Sleep App no va a molestarte con un pitido estridente, sino que simplemente subirá el volumen de la música para que la percibas mejor. Vale la pena, sin duda alguna. Una app de música maravillosa, pensada desde su inicio para descansar.

Así que ya lo saben, entren su tienda de aplicaciones y comiencen a disfrutar Sleep, de Max Richter.

12 Julio 2020 04:00:00
Mañana con Sarah
Me levanto como todas los días, al alba. No importa si la noche anterior se extendió entre charlas, cocteles y humo de tabaco. No puedo estar en cama una vez despierto, es una costumbre que en ocasiones me desespera. Así que me doy una ducha, me pongo lo primero que encuentro a la mano y bajo las escaleras hacia la cocina para prepararme el primer café de la mañana.

Por las ventanas percibo la brisa y puedo ver los árboles que se mecen con parsimonia, como si estuvieran danzando al compás de Moonlight in Vermont en la voz de Sarah Vaughan.

Eso me recuerda su voz y mientras espero que el café esté listo, entro en el estudio, enciendo la consola y pongo sobre la charola el vinilo de The Rodgers & Hart. Songbook, donde Vaughan comienza una dulce interpretación de My Funny Valentine. La aterciopelada voz se mezcla entre el suave movimiento de las hojas de los árboles y el sonido de la cafetera que, con un insinuante borboteo y aroma, me indica que el café está listo.

Abro el estante y tomo una tabla para disponer la taza de espresso, un vaso de agua fría, dos galletas y la cafetera que hace contrapeso con su sólida estructura de aluminio. La mesa de la terraza aún tiene el rocío de la mañana y puedo sentir en mis pies desnudos el frescor que me recorre hasta la nuca.

En la baranda descansan unos pajarillos resguardados de la incipiente lluvia, tomo la cafetera con la mano derecha y vierto dentro de la taza ese néctar que siempre he disfrutado y que me trae de pronto recuerdos de mi niñez, cuando no era mal visto que los niños tomaran café en el desayuno, siempre sin azúcar.

Antes de beberlo suelo tomar un sorbo de agua fría para limpiar mi paladar y poder percibir frescos los sabores del café que acababa de moler. Como un hechizo, Sarah Vaughan comienza Bewitched, una de mis piezas favoritas de Rodgers y Hart, esta dupla que compuso tantos éxitos y que estoy disfrutando en medio de esta serena mañana.

Hoy no tengo planes, tampoco espero a nadie, así que no tengo prisa por terminar este momento que desearía se extendiera por mucho tiempo. Eso me sucede en estos momentos de tranquilidad y silencio. Me levanto y entro a casa para ir a dar vuelta al vinilo mientras miro por la ventana del estudio. El gris plomo del cielo es acogedor y quizás un poco misterioso.

No sé si este pensamiento llegó antes o al mismo tiempo que miré entre la cuesta que sube hasta la casa, la figura de una mujer vestida con impermeable rojo y botas de lluvia. Su conjunto y su andar parecieran sacados de una revista de moda. No sé quién pudiera ser, pero en definitiva viene a casa, pues mi vecino más cercano está a un kilómetro de distancia. Parece conocer el camino, pues camina precisamente por donde yo lo hago luego de mis caminatas vespertinas. Un sentimiento apenas perceptible me cruza la mente. Sarah Vaughan canta It’s Easy To Remember.

05 Julio 2020 04:05:00
Camerata Fiorentina
Florencia, a finales del siglo 16, el Renacimiento llegaba a sus últimas décadas y el manierismo era cada vez más marcado. La polifonía estaba cansando los oídos de no pocos artistas, humanistas e intelectuales de la época, que buscaban nuevas formas de expresión musical.

Este grupo, llamado la Camerata Fiorentina, creía fervientemente que la música debía ser renovada y, así como las demás artes durante el Renacimiento, buscaron su inspiración en los cánones de la antigua Grecia. Particularmente del teatro griego, que como sabemos, está nutrida por las más diversas artes: la danza, la poesía y la declamación, así como de la música misma.

Músico notable de esta cofradía intelectual del conde Bardi, era Vincenzo Galilei, padre del astrónomo Galileto Galilei. Pues bien, buscando traer de nuevo la tragedia griega, la Camerata Fiorentina se inspiró en los temas clásicos, de ahí que naciera no solamente un género musical nuevo, inspirado en los años helénicos, sino también volvieran a la escena artística las historias mitológicas. De ahí que las óperas tuvieran, durante tan largo periodo, temas de la mitología clásica.

Ejemplos como la Dafne, de Jacopo Peri, estrenada en 1598 y que lamentablemente se ha perdido; Eurídice, también de Peri, en 1600 y una Eurídice más de Giulio Caccini de 1602, nos muestran el interés de la élite florentina por dar vida a un espectáculo que marcara la historia musical para siempre.

Sin embargo, estos ejemplos o se han perdido, o quedan apenas unos cuantos fragmentos. Pero no todo es malo: en 1607, el compositor Claudio Monteverdi, estrenaría su Orfeo, Favola in Musica, que será el hito definitivo.

La ópera había nacido, como todas las artes y descubrimientos, poco a poco hasta concretarse definitivamente con la obra de Monteverdi. Famoso por sus madrigales y por el uso complejo del contrapunto polifónico, podemos apreciar una evolución de la melodía muy refinada, dotando a la música de nuevos alcances que marcaran el inicio del periodo Barroco.

Los aportes intelectuales y estéticos de la Camerata Fiorentina, daban frutos notables. El contrapunto de había dulcificado. Aún quedaban influencias de la estirpe de los Medici, pues habiendo escuchado Monteverdi la obra de Jacompo Peri durante las bodas de María de Medici, le fue pedido por la corte Gonzaga una ópera basada en el mismo mito. Fascinantes momentos de la historia musical.
28 Junio 2020 03:52:00
Una Mirada al Renacimiento
El humanismo, término que hoy en día nos resulta bastante claro y necesario, aunque muchas veces tergiversado, no podría entenderse a cabalidad sin sumergirnos en el pensamiento y contexto renacentista.

Como bien sabemos, podemos considerar el periodo medieval, que antecede al Renacimiento, como un paréntesis en la Historia –con las pertinentes reservas que la frase nos despierta–.
Sabemos bien que la idea del humanismo, desarrollada a partir del siglo 15, estará cimentada en el pensamiento filosófico platónico y aristotélico, principalmente. Así que no es extraño, entonces, coincidir o al menos comprender la postura de hombres como Pico Della Mirandola, quien se sabe situado entre dos mundos confrontados ideológicamente: el medieval y el renacentista.

La visión teocéntrica y colectiva del mundo medieval impide al hombre plantarse ante la vida como un individuo autónomo, de ideas propias. El contexto feudal lo confina a una esclavitud condescendiente que hoy en día no nos resulta del todo ajena en el entorno económico en el que vivimos, aunque evidentemente con sus variantes. Pero no nos desviemos de la reflexión.

Gracias a pensadores como Tomasso Campanella podemos entender el lugar del hombre en el mundo: El hombre es el centro y la medida de todas las cosas, su visión del mundo no solo observa, sino crea.

La persona humana, para usar maliciosamente el término de Tomás de Aquino, es el centro y es a través de su razonamiento del mundo, por medio de las ciencias, la reflexión filosófica y retórica y, por supuesto, del arte que se planta frente a la sociedad para dignificar su existencia. El hombre ya no es un ser colectivo, sin individualidad, sino que merece el respeto en tanto es único y auténtico.

El humanismo es entonces un paso enorme en el desarrollo de los derechos humanos, un tanto descontextualizado el término, pero válido a la hora de entender el concepto y sus raíces hoy en día.
¿Y la música? Ah, ese universo inagotable. Acompáñame en la siguiente columna para cometer de la maravillosa música del Renacimiento.
21 Junio 2020 03:52:00
Las cuatro últimas canciones
En 1945 Richard Strauss con 81 años se vería ante la prueba de enfrentar la acusación que pesaba sobre él: colaborar con el régimen nazi, sin embrago habría de refugiarse, exiliado, en Suiza, país con una política natural a lo largo de muchos siglos.

La ambigüedad con la que se pueden tomar estos hechos de colaboración con el régimen nazi lleva a discusiones y análisis que sin duda nos alejan de su obra musical. Sí, obtuvo un cargo como presidente en la cámara de música del III Reich, pero desde ahí intentó evitar, aunque sin éxito, la prohibición de música de Mahler, entre otros. Hasta que una carta de Strauss dirigida a su amigo y colaborador Stefan Zweig es leída por el Gobierno, y cuyo contenido provoca el despido de Richard.

Esto nos hace ver que, como bien decía el compositor, existen dos tipos de personas: las que tienen talento y las que no. Sin embrago esta pesada carga lo sumirá en un depresión profunda en el ocaso de su vida. Durante este exilio en Montreaux termina de componer su portentoso concierto para oboe y algunos arreglos sinfónicos sobre la mujer sin sombra. Pero las penas no se disipan y en 1948 debido a la petición que tiempo atrás le comunicara su hijo Franz, Strauss compone cuatro canciones, cuatro Lieder que serán los últimos del compositor.

Si bien no es su última obra escrita, estudiosos y analistas coinciden en percibir un adiós por parte del compositor en estas cuatro últimas canciones. Es sabido que no las pensó como un ciclo, pero el editor Ernst Roth las ordena y titula así: Vier Letzte Lieder, las Cuatro últimas canciones. Una obra que por sí misma le otorgaría la inmortalidad al compositor de la obra musical Así Habló Zaratustra, la ópera Elektra o Der Rosenkavalier y La Mujer sin Sombra, por citar pocos ejemplos.

Los textos usados en tres de los cuatro lieder son tomados de la poesía de Herman Hesse, a saber: Frühling, September, y Beim Schlafengehen: Primavera, Septiembre y Al ir a Dormir, respectivamente; mientras que el cuarto Im Abendrot, En el Árbol Vespertino, pertenece a Eichendorff, que forma parte del Frühling und Liebe.

El tono emocional de esta obra es sin duda la resignación ante la muerte y el destino. Un obra frente al crepúsculo de la existencia, ante los ojos que se cierran y la añoranza de unas manos que nos toman durante el camino. Lejana, calmada paz, tan profunda en el crepúsculo. Qué cansados estamos del camino, ¿es esto quizás la muerte?
14 Junio 2020 04:05:00
Marnie
Marnie es sin lugar a dudas una de las joyas cinematográficas de la obra de Alfred Hitchcock, pero qué película del director no lo es. Estrenada en 1964, este suspenso siempre ha sido de mis películas preferidas.

La música, sin lugar a dudas, es de Bernard Hermann, músico esencial para comprender la tensión que puede generar un compositor con una excelente partitura. Sean Connery y Tippi Hedren tienen una interpretación impecable. El guion de este filme esta basada en la obra Marnie del escritor inglés Winston Graham y es precisamente el mismo texto que usara el compositor Nico Muhly para escribir la ópera homónima en 2017.

Una ópera comisionada por el Metropolitan Opera House y que tuvo antes su estreno en el English National Opera, en Londres. El papel principal está escrito para mezzo soprano y en el papel masculino un barítono. La música es fascinante de principio a fin. La tensión dramática lograda por medio de las texturas sonoras, nos sumergen en la trama; los momentos corales, donde podemos escuchar influencias del minimalismo de Reich o Philip Glass de los años 70 son claras.

El diseño de producción se lo debemos a Julian Crouch, en el cual podemos apreciar multimedia muy bien lograda y unos vestuarios impecables que nos remontan a los años 60.

La grabación que hizo el Metropolitan en el 2018 fue interpretada por la maravillosa mezzo soprano Isabel Leonard, quien ha sido ya desde algunos años figura importante de la casa de ópera. Nico Muhly, nacido en 1981, consolida con esta obra, aún más su carrera luego de su primera ópera Two Boys y nos demuestra que hoy en día, un músico de la llamada música académica puede colaborar de manera multifacética con compositores como Björk, David Bowie y aún así tener los horizontes lo bastante amplios como para abordar la composición de una ópera.

En el cine también ha tenido notables colaboraciones como compositor, es el caso del film The Reader, un drama del 2008, protagonizada por Kate Winslet y Ralph Fiennes. Pero su obra no se detiene ahí, su música de cámara es extensa y no lo es menos su obra orquestal, donde cabe destacar un concierto para cello y su Edge of the World, un concierto para cinco pianos y orquesta, entre otras obras.

Así que si el tiempo lo permite, los invito a escuchar lo que actualmente podemos encontrar en las plataformas digitales. Nico Muhly, una muestra más de lo inagotable en la música.

Que lo disfruten.
07 Junio 2020 03:38:00
La música, esa fuente inagotable
Como saben algunos de ustedes, una de las actividades que realizo dentro del campo de la divulgación es la de impartir diplomados y seminarios sobre música y apreciación. Pues bien, este semestre que termina, he tenido la oportunidad de compartir con los miembros del grupo que dirijo, un seminario sobre compositores de la segunda mitad del siglo 20 y hasta la actualidad.

El resultado ha sido revelador para todos: La cantidad de compositores que viven sus años productivos hacia la segunda mitad del siglo, y aquellos que nacen en esta segunda mitad, es asombrosa. No solamente por su número, que ya es de por sí muy grande, sino por la calidad de sus obras. Es claro que nos enfrentamos aquí a una revelación: hay tantos compositores que no podríamos escucharlos cabalmente a lo largo de nuestra vida.

Y no solo esto, sino que se han derrumbado algunos clichés y prejuicios al rededor de la música del siglo 20 y es que no nada más existe ruido y música que no vale la pena escuchar. Nada más alejado de la realidad. Existe una gran cantidad de autores que vale la pena escuchar.

Para muestra varios ejemplos de los que hemos escuchado: El polaco Henryk Górecki es quizás el más conocido de esta lista, y aún así poco escuchado; Peteris Vasks, un compositor de texturas sonoras complejas, pero fascinantes para escuchar y que nos hacen pensar en la simplicidad como algo verdaderamente complejo de lograr; John Adams y sus obras operísticas y sinfónicas que usan el minimalismo y lo llevan a un nuevo nivel.

Nils Frahm, Ólafur, Johannes Jóhannsson, compositores que tienen en común la profundidad musical del conjunto de cámara, la música electrónica y las texturas sedosas de pianos intervenidos. Judd Grennstein y los polirritmos que provocan un movimiento singular; Mason Bates y la música de DJ en el ambiente sinfónico.

Cheryl Frances-Hoad y las melodías dulces, divertidas y escalofriantes en ocasiones; Anna Thorvaldsdóttir y la complejidad que nos demanda antención, pero que no es hueca, sino llena de significado; Ann Cleare y sus ambientes casi cacofónicos que nos recuerdan a los experimentales Berio o Nono, pero con una cualidad muy refinada.
La dulzura de Alma Deutscher, Missy Mazzoli y sus maravillosas obras vocales en conjunto orquestal; Dobrinka Tabakova y la música que nos lleva al infinito y nos eleva; Nico Muhly y la música de múltiples influencias que conviven armoniosamente. En fin, la música, esa fuente inagotable de vida y asombro.
24 Mayo 2020 03:12:00
La sinfonía 2 de Nyman
Vaya sorpresa que me llevé cuando escuché la segunda sinfonía de Michael Nyman. Desde el 2012 Michael Nyman se propuso componer un total de 19 sinfonías que a la fecha ya sobrepasa la mitad de su proyecto.

Por supuesto conocemos a Nyman como un compositor de música para películas, sin embargo su trabajo va más allá del cine. Como prueba estas sinfonías entre otras obras como cuartetos para cuerdas, el ciclo de canciones con texto de Paul Celán. Sin embargo no puede sustraerse a su actividad principal. Las sinfonías contienen extractos de sus obras anteriores y son en ocasiones como un lugar donde habitan en consonancia todas las ideas del compositor.

Esto lejos de hacernos pensar en un autor cuyas ideas se agotan, más bien sugieren la capacidad del autor de sintetizar y unir en una serie de sinfonías todos sus mundos. Quizás siguiendo la idea de Gustav Mahler cuando afirma que sus sinfonías deben contener el mundo entero. Incluso dentro de las sinfonías de Nyman se pueden percibir otros autores, como Brahms.

Parte de la sorpresa que experimenté al escuchar su segunda sinfonía fue el hecho de escuchar sin lugar a dudas, influencias de la música mexicana y de este rico abanico de polirritmos que nos acompañan desde tiempos ancestrales. Las percusiones, las secciones de cada parte de la orquesta se sumergen en cambios de compás que a nosotros nos parecen muy familiares, pero que en el mundo de la música universal nos son tan comunes.

Luego me encontré con la siguiente revelación: la segunda sinfonía de Michael Nyman, además de estar basada en un trabajo para su Michael Nyman Band y un proyecto de música para cine, también tiene partes de una obra del compositor que se llama Exvotos Songs, precisamente basado en textos de los coloridos exvotos mexicanos. Así que todo estaba claramente conectado, no hay nada fuera de lugar en la obra de Nyman, pues él mismo ha sido consciente del uso de estas formas familiares para nuestro país y que representan bien esa idea de la música mexicana. Existen posturas que consideran a estos ritmos como desgastados y un cliché de lo mexicano e indígena.

Es muy probable, pero no podemos negar que la referencia surtes efecto de manera inmediata en nuestra mente. Así pues, los invito a escuchar esa sinfonía y divertirse con los emocionantes cuatro movimientos que alcanzan casi la media hora de duración y no nos sueltan hasta el último acorde.
17 Mayo 2020 03:50:00
Invocación
Comienza el cello en un registro medio agudo apenas con tres notas ligadas que descansan al final, en un re de tiempo suspendido. Después de la respiración comienza un asenso más confiado de seis notas para después hacer una pausa más para de nuevo intentar ir más lejos.

El oboe y fagot se unen a la invocación, alternando con el cello que ahora toca notas dobles. Las flautas, como un fauno, se unen tímidas y evocadoras al diálogo junto con un clarinete más osado. Y así, las maderas dan pie a una conjunto de cuerdas que irrumpen con fuerza inusitada, provocando el anhelo de unos metales ansiosos por llevar la música.

Luego, un crescendo apasionado en donde el cello solista sigue danzando en silencio, esperando que la calma regrese y le dé pie a una pequeña línea solista ad libitum, sin medida. ¿Son los metales y maderas una llamada del destino que demanda la respuesta de un cello más insinuante? Tal parece que la frase que sigue, con el arpa en glissado, nos da la respuesta: El cello, como una Giselle, baila entre la bruma al tempo de un arpa y cuerdas dulces.

El pulso nos guía en el canto del solista, en medio de respuestas del viento y el cello que no cesan de dialogar entre sí. Los cornos, como sabios, son breves en sus frases, pero llenos de sentido y sabiduría. Momentos más tarde, la trompeta anuncia luminosa que la invocación está por llegar a su fin. El triángulo y címbalos en trinos acompañan la anunciación.

El arpa, con ligeros arpegios, lo siguen también, de la mano de un cello que retomará el tema inicial: Un solo de pocas notas que se amplía entre respiro y suspiro, a su tiempo, a su paso. Al final, el arpa casi imperceptible se une a los violines en sus notas agudas y sutiles en la nota final del cello.

Invocación es una obra para cello y orquesta del gran compositor inglés Gustav Holst (1874-1934) compuesta en 1911. Una obra breve, de escasos 10 minutos, pero llena de vitalidad y misticismo.

Conocido principalmente por su obra The Planets (1914-1916), la obra de Holst no se queda ahí. Su obra abarca desde la ópera (tiene ocho), el ballet (compuso cuatro), hasta la música incidental, orquestal, vocal y de cámara y de piano solo.

Luego de escuchar su Invocation, sin duda vale cada minuto invertido en descubrir su música más allá de lo popularmente conocido. La primera parte de este texto describe la evolución de su invocación y creo que será útil para una apreciación mas detallada de la obra. Que la disfruten.


10 Mayo 2020 03:19:00
Una Sinfonía Controversial
En el año de 1977 Henryk Górecki (Polonia, 1933-2010) estrenó su tercera sinfonía titulada Sinfonía de los Lamentos, o Lamentaciones, las traducciones del polaco son poco precisas al respecto. Siendo un compositor hasta entonces respetado, ya a sus 24 años había tenido su primer concierto orquestal exclusivo de su música, se esperaba mucho de él, pero para sorpresa de unos y otros el resultado no fue el esperado.

En la música polaca, las referencias estilísticas eran para ese momento Lutosławski y por supuesto Penderecki, ambos compositores vanguardistas y que usaban los clústers de una forma habitual y bien lograda. Górecki no era ajeno a esta visión estética de la música, ejemplos tenemos bastantes dentro de su obra, pero su tercera sinfonía fue una franca rebeldía.

Dejó de lado las sonoridades complejas y demandantes al estilo polaco y de otros compositores como Ligeti para crear una obra que mezcla la música antigua, del renacimiento y contemporánea, rayando en un evidente minimalismo que luego reconoceríamos como minimalismo religioso.

Tres son los movimientos de esta sinfonía y todos ellos son adagios. Rarísimo y único. Los detractores no se hicieron esperar, pues para los críticos se trataba de un resultado aberrante de un compositor que decidió ser condescendiente con su público.

Años más tarde, en 1992, el director David Zinman y la soprano Dawn Upshaw lanzaron a la fama mundial esta sinfonía al vender unos 2 millones de copias de su versión de la sinfonía de Górecki. Un éxito inaudito. El compositor, con su carácter reservado, humilde y sin pretensiones, se vio sorprendido: “Siento que al componerla sabía instintivamente lo que la gente necesitaba”, una declaración simple, sin egocentrismos, dicha por alguien que vivió los horrores de la guerra y el comunismo en su país. Declaraciones que él mismo hace.

Quizás no fue una multitud carente de sentido musical y gusto por el arte elevado, sino una sincera necesidad de que la música les dijera algo, les provocase una Epifanía de lo bello.

Sus tres movimientos, todos con texto y con la soprano presente, nos cuentan tres lamentos diferentes: en el primer movimiento el de una madre del siglo 15; el segundo el de una hija hacia su madre durante los campos de concentración en Zakapone: “Madre, no llores”, se lee en los muros; y finalmente un tercer movimiento que nos revela a una madre que ha perdido a su hijo. El sentimiento final de esta sinfonía que transcurre en una calma indescriptible, es de paz en la tormenta, de la disolución de uno mismo en la inmensidad de algo intangible que nos abarca, nos colma y sobrepasa.
03 Mayo 2020 03:05:00
Brahms, el Sinfonista
Para adentrarnos a las cuatro sinfonías de Johannes Brahms, quizás es menester comprender el contexto en el que vive el compositor: Nace un 7 de mayo de 1833 y vivirá hasta el 3 de abril de 1897. Una larga vida que dio a luz múltiples obras de cámara, orquestal, para piano, lied, danzas, pero solamente cuatro sinfonías.

La sinfonía durante la primera mitad del siglo 18 fue en sus inicios apenas un entremés antes de una obra de mayor poder musical, pero con la segunda mitad de 1700 las sinfonías de Haydn y Mozart sobre todo, llegan a alcanzar una formalidad tal que podemos considerar a la sinfonía como obras autocontenidas dentro de su propio universo.

Y luego llegará Beethoven a expandir los horizontes sinfónicos con sus nueve sinfonías y la novena, que es un hito en la evolución del género. Sin embargo para el siglo 19 los compositores se dividirán básicamente en los vanguardistas (que no son llamados así, pero básicamente lo son) y los conservadores (que buscan continuar las herencias de los clásicos y Beethoven).

Dentro del primer grupo estarán Liszt y otros compositores, principalmente Wagner como líder estilístico quienes desean ir más allá con las formas heredadas. Si bien Wagner no compone una sinfonía en su madurez y solo una completa en 1832, su estilo musical en general influye en grandes compositores como Berlioz o Liszt.

Pero la sinfonía ya no es como las clásicas, sino que se apegan más a un terreno poético y con ello se desarrolla el llamado poema sinfónico, por ejemplo. La fastuosidad y libertad creativa es tal, que podemos escuchar claramente un desarrollo diferente a sus antecesores.

Sin embargo Brahms pertenece al grupo más tradicional y acaso ortodoxo de los compositores del 19. Es por ello que sus cuatro sinfonías serán claramente una continuación de la tradición sinfónica de Mozart y Beethoven. De esta manera, podemos escuchar y apreciar estas grandiosas sinfonías.

Curioso que solo escribiera cuatro y que comenzara hasta los 43 años con la primera. Un Brahms ya bastante maduro el que podemos escuchar en su primera sinfonía en do menor, Op. 68. Oscura, seria y rigurosa que no permite al público perder concentración y lo obliga a permanecer fijo a la evolución de sus movimientos.

Su segunda sinfonía en re mayo, Op. 73 es más luminosa y hasta divertida, reflejando el estilo vienés que cubre a este siglo. La tercera, en fa mayor, Op. 90 nos revela a un Brahms decididamente formal y riguroso y lo mismo sucederá con la cuarta en mi menor, Op. 98.

Son cuatro joyas sinfónicas que revelan el apego por las tradiciones y la grandeza de esta forma que seguirá evolucionando hasta nuestros días. Es tiempo de escucharlas, que las disfruten.

26 Abril 2020 03:35:00
Wolfgang Rihm
Cuando pensamos en música del siglo 20 es común tener algunas opiniones a priori y gran parte de estas son negativas, y quizás existan ejemplos que nos den la razón, pero también existen valiosas excepciones, como por ejemplo Wolfgang Rihm.

Este músico alemán, que nació el 13 de marzo de 1952, se convirtió en una figura a respetar con apenas 22 años, con una obra de nombre Morphonie.

Su obra es numerosa y abarca los más diversos géneros de la música académica. Y aún cuando en su formación a pasado por distintas etapas, su obra pudiera percibirse como una antítesis al vanguardismo de su época.

En los años en que Luigi Nono, Luciano Berio, Pierre Boulez y Stockhausen, por ejemplo, realizan en el IRCAM y otros centros de investigación sonora, obras musicales de exploración técnica y de frecuencias, Wolfgang Rihm se aparta de estos arriesgados límites y se centra en la música postromántica de Schönberg o Mahler.

Por supuesto que Rihm tiene influencias de numerosos músicos, incluso de los vanguardistas como Nono o Feldman, podemos notarlo en su obra orquestal o de cámara, sin embargo es la intensa emotividad de Mahler lo que podemos apreciar en su obra con mayor frecuencia.

Así que no podríamos hablar de una franca negativa a lo vanguardista de los compositores mencionados más arriba, pero sí una autonomía en su búsqueda musical.

Su obra es catalogada dentro de la llamada Nueva Simplicidad, que se desarrolla en los setentas y ochentas en Alemania principalmente y que buscaban un retorno a la tonalidad, pero con una mirada ya transformada por las aportaciones que el siglo 20 trajo consigo.

Su sinfonía Nähe fern, dividida en cinco movimientos es un claro ejemplo de cómo las sinfonías de Gustav Mahler y La Noche Transfigurada, de Arnold Schönberg dejan una profunda impresión en el compositor y lo influyen grandemente.

El lenguaje es grandilocuente y lleno de emociones con un uso de orquesta grande que permite una amalgama sonora densa y profunda. Pero también Max Reger y sin duda Olivier Messiaen, se perciben entre las partituras de Rihm, como por ejemplo en sus Tres Fantasías para Órgano que son disfrutables de principio a fin.

Las influencias en Wolfgang son variadas como podemos ver, pero no por ello su música carece de carácter propio, sino todo lo contrario: es este conocimiento de la literatura musical lo que le permite tener un lenguaje rico en colores y expresiones para poder crear toda su música.

19 Abril 2020 03:18:00
¿Música Clásica? ¿Qué es eso?
Siempre nos pasa cuando nos preguntan qué música nos gusta escuchar y respondemos inmediatamente: la música clásica. Pero después de esta respuesta nuestra mente va y nos cuestiona: ¿la música clásica, la del periodo clásico? ¿Te has expresado bien? Es natural que no podamos definir qué queremos decir con música clásica, pero nos basta decir clásica sin entrar en más detalles.

Para esclarecer un poco más este asunto de clásica como un periodo, enumeremos brevemente las distintas etapas. Comencemos: Música Renacentista: Este renacimiento con la antigüedad como prototipo abarca los siglos 15 y 16 y se enmarca en un montón de movimientos de orden social y sobre todo religioso, pues las reformas a la Iglesia influyen en la música, por supuesto, ya que los compositores mayormente eran sostenidos por la Iglesia.

Música Barroca: Desde el año 1600, con el nacimiento de la ópera y hasta 1750, año de la muerte de Bach, este periodo nos heredará la tonalidad y sobre todo el uso del contrapunto de una manera muy refinada, amén de varias formas y géneros que aún hoy se cultivan. Música Clásica: entre 1730 y 1820, Haydn, Mozart y Beethoven son los tres pilares de este periodo.

Si bien hay transiciones antes y después, el perfecto equilibrio entre motivos musicales y su estructura caracteriza este periodo enfocado en las formas bien equilibradas y basadas en los modelos clásicos griegos.

Música Romántica: entre los años 1815 y 1910, la liberación del artista, su apego a la inspiración y el reflejo casi biográfico en su música convierten las obras de este periodo en íntimos reflejos del espíritu creador del artista como iluminado.

Música moderna y siglo 20: Luego del camino que dejan los postrománticos como Mahler y Strauss, la vida vienesa en decadencia y los problemas políticos, el arte sufre un cambio radical y figuras como Schönberg y Stravisnki buscan dotar de un nuevo aliento, el primero redefiniendo la teoría y proponiendo nuevas reglas y el segundo regresando a lo arcaico y perenne en el hombre.

Luego de estos cambios la música no será la misma, la música contemporánea o actual nos demostrará que no todo está dicho y que se pueden proponer horizontes musicales nuevos sin negar el pasado, sino más bien haciendo referencia a lo que nos ha sido heredado por los grandes compositores de nuestra historia.


05 Abril 2020 03:42:00
La Pasión Según San Juan, BWV 245
Este año 2020 será recordado por un hecho que unió al mundo entero en una tragedia de proporciones inesperadas. El mundo entero se ha paralizado. Por supuesto la economía y lo que es sostenido por esta, repercutirá por un tiempo indefinido hoy en día.

Reflexionando sobre esto, como todos nosotros, me percaté de que la Semana Santa estaba por comenzar y que este año será un año sin actividades religiosas, incluso el santo sepulcro ha cerrado sus puertas. Y con ello, también las obras musicales que suelen presentarse en esta temporada.

Sin duda vivimos tiempos singulares. Pero también en situaciones diferentes. Así que estar encerrados en casa no significa necesariamente estar aislado del mundo y por supuesto, dejar de apreciar obras musicales de enorme valor vinculadas a las celebraciones de Semana Santa.

La Pasión según San Juan, BWV 245 (Bach-Werke-Verzeichnis) fue compuesta entre los años 1724-1736, si atendemos a diversas fuentes. La fecha no está clara, pero para 1724 Bach regresaba a Leipzig, luego de estar trabajando para la corte en Köthen, y hacerse cargo de cuatro iglesias y una escuela. Esto es relevante pues nos permite entender la estructura de la Pasión.

Siguiendo las reglas conocidas del oratorio, que permiten cierta libertad creativa, Bach usa, además de los versículos 18 y 19 del evangelio, también el texto poético de Barthold Heinrich Brockes, versos escritos por el mismo compositor y las traducciones de Martín Lutero.

El uso del texto de Brockes es común en muchos otros compositores, Händel y Telemann entre ellos. Con estas fuentes diversas y añadiendo partes como el llanto de Pedro al negar a Jesús tres ocasiones, Bach logra una obra intensa en su narración, pero también una Pasión insuperable.

Se dice que incluso en comparación con dos obras posteriores del Johann Sebastian Bach, La Pasión según San Mateo y su misa en si menor, la de San Juan es altamente insuperable. Pero ya sabemos que en Bach el estándar de perfección es prácticamente imperceptible y que es difícil determinar estas minucias críticas.

Lo que sí nos queda claro es que Bach logra con ésta, una perfecta obra musical que sobrepasa todo entendimiento. ¿Cómo es posible que Bach lograra la perfección que entona su obra? ¿Cómo es posible esto cuando atendía cuatro iglesias al mismo tiempo y para quienes componía música nueva cada semana? Sin duda Johann Sebastian Bach es el más grande compositor de toda la historia.




29 Marzo 2020 04:05:00
Vivaldi y Kurosawa
La escena es dolorosa, pero a la vez colmada de belleza. Y tal vez aquí se refleje algo que observo en la literatura japonesa: la melancolía y la tristeza siempre están desbordadas de belleza. Un grupo de niños observa un memorial para las personas fallecidas en Hiroshima, unos fierros retorcidos se entrelazan como hilos imperturbables ante el paso del tiempo, excepto en un momento: cuando fueron doblegados por el fuego y el dolor de la pérdida.

Rapsodia en Agosto tiene escenas memorables como el de una anciana con paraguas luchando contra viento y lluvia en medio de un paisaje pletórico de vida natural, o la escena de la charla entre esta anciana y una conocida en la que no emiten ni una sola palabra y, sin embargo, se dicen todo con miradas llenas de paz, comprensión y perdón.

Pero Akira Kurosawa usaría el Stabat Mater RV 621, de Antonio Vivladi, para la escena que les mencioné en primera instancia: un grupo de niños frente al memorial. La madre dolorosa frente a la pérdida de sus hijos que fueron asesinados y, que no obstante, serían la fuerza que impulsará a todo un país a salir adelante de la muerte y renovarse más fuertes que nunca.

El filme dirigido por Kurosawa, se estrenó en 1991, pero sin ninguna intención política o apologética de la guerra, simplemente una historia que retrata situaciones que podemos reconocer. Richard Gere en quizás una de sus actuaciones menos memorables, pero llevado por un genio del cine mundial.

Quién pensaría en vida de Antonio Vivaldi lo que le depararía el futuro a su música. El Stabat Mater fue compuesto en 1712, basado en el texto de Jacopo da Todi en el siglo 13, como un pedido en honor de la virgen de la parroquia de Santa Maria della Pace de Brescia, pequeña aldea donde nació el padre del compositor.

La espiritualidad inherente en la obra nos demuestra la fe de Vivaldi pero de igual forma la pericia para la composición que, por supuesto, está más que demostrada a lo largo de toda su obra. Curioso es el hecho de que esta obra, junto con otras, cayó en el olvido y no fue redescubierta sino hasta la primera mitad del siglo 20. Así que numerosas obras, incluida este stabat, fueron grabadas desde entonces y rescatadas de las manos del Cronos destructor.

La versión que hoy les sugiero es de la compañía Harmonia Mundi, con el ensamble 415, la dirección de Chiara Bianchini y la pulcra ejecución del contratenor Andreas Scholl. Que la disfruten.
22 Marzo 2020 04:05:00
Feliz Cumpleaños, Bach
No hay nadie que iguale su grandeza. Bach nació un 21 de marzo (si atendemos al calendario juliano, pero en realidad se toma esta fecha por la oficial), de 1785. En este mismo año nacerían también Händel y Scarlatti, pero esa es otra historia. Sin Johann Sebastian Bach la música no sería lo que ha sido. Incluso Dios habría de estar agradecido con él por lo inconmensurable de su música y la alabanza que ha trascendido a través de los tiempos.

No neguemos el hecho: Bach es y será el señor de señores en el mundo del arte musical. Aún hoy las referencias a su obra resuenan en todos los compositores. Bach construyó catedrales musicales enormes que, seas o no creyente, podrás disfrutar.

Existen algunos musicólogos que buscan en su obra no religiosa -ya sea la Ofrenda Musical, las Variaciones Goldberg, los conciertos de Brandenburgo, el Clave Bien Temperado-, una justificación para sus elucubraciones ateas, pero no erremos. Si bien es cierto que estas obras mencionadas son un ejemplo inmenso de la obra de Bach y sus capacidades, no justifica el hecho de lanzar la idea que Bach era religioso por conveniencia. Bach fue profundamente religioso y, más que religioso, un ferviente creyente, que no es lo mismo. Tan solo hay que echar un vistazo a su biografía.

Las Pasiones son una joya musical que nos desvelan lo divino en la música. La dedicación a su obra, muestra clara de un artesano que usa las herramientas a su alcance para lograr verdaderos tesoros, son ejemplo para muchos.

Alguna vez dijo que cualquiera podría lograr lo que él si tan solo se dedicara al trabajo como él lo hizo. Lejos de pensar en un comentario altanero, la frase nos demuestra su carácter humilde, pero firme.

Por supuesto que sabía las cualidades de su música, es innegable, mas el esplendor de su obra no cegó su visión como compositor. Pasaron los años y Bach cayó en el olvido, pero ya en el siglo 19 su música volvió a renacer con la importancia y grandeza que siempre tendrá.

Músico fecundo: su catálogo, BWV (Bach Werke Verzeichnis), enumera mil 128 obras. Pero su extenso catálogo no es lo más asombroso, sino la constante perfección en su elaboración. No existe ni una sola obra que no esté a la altura de Bach mismo.

Pareciera que el dominio del contrapunto y todas las técnicas de composición las dominara desde el inicio con la misma maestría. Inspiración para todos los compositores y un obligado para cualquier músico, Johann Sebastian Bach nunca dejará de enaltecer con su música, a la música misma.
08 Marzo 2020 03:40:00
Lera Auerbach
Lera Auerbach es una compositora rusa que recientemente ha sido invitada a Moscú y que, por extraño que parezca, es prácticamente desconocida en su país, pero admirada en el resto del mundo. Eso no lo digo yo sin más, sobrados son los artículos existentes en la red que nos manifiestan el hecho de que Lera es una de las figuras de la música clásica contemporánea más reconocida en la actualidad.

Lera es, además de compositora, una pianista virtuosa de la talla de grandes como Rachmaninov. Su técnica tan desarrollada le permite, además, concebir composiciones a un nivel pianístico muy refinado.

Como ejemplo tenemos sus 24 Preludios para Piano Op. 41., que siguen la tradición numerológica que, desde Bach, pasa por Chopin, Rachmaninov, Shostakovich, entre otros como en el caso de Manuel M. Ponce, etcétera. En estos, Lera nos presenta una obra portentosa a nivel técnico, pero también de elevado gusto musical.

Por supuesto que al hablar de una compositora que nació en 1973, nos enfrentamos al hecho del lenguaje musical característico de nuestros días, pero no temamos, Lera sabe bien equilibrar la complejidad sonora de la música actual con los cánones que rigen la música desde tiempos ancestrales.

En su obra destellan pasajes de una dulzura y profundidad muy particulares. Es por esto que podemos considerarla como una compositora audaz que no se conforma con los extremos condescendientes en la música que halaga el oído de manera simplista, pero tampoco con el hermetismo que hacen gala no pocos compositores en el panorama musical.

Su obra es poco grabada por razones muy simples: es una autora de nuestros tiempos. De su música sinfónica no tenemos nada en las plataformas, tampoco de su obra escénica, pero sí otras piezas orquestales, así como sus preludios para piano o los de cello y piano. Además, por supuesto, de una obra que merece la pena ser escuchada: Dreams, un total de 10 sueños para piano que son una referencia, en muchos compases, a autores del pasado, pero con la visión al futuro de la compositora. Sin duda debemos seguir los pasos de sus obras y su vida musical.

Para ella, son los autores y músicos arriesgados, los que mantienen viva la música y los espacios en teatros. Sin embargo hace falta escucharlos más, perder el miedo a disfrutar la música nueva y, sobre todo, saber que podemos no entender algo y esto no será un impedimento para disfrutarlo. Pasa en literatura, en pintura, en cine, ¿por qué no habría de suceder en música?

01 Marzo 2020 04:04:00
Álbum de la semana: St. Thomas Aquinas. Spotify.
Las dulces voces despuntan como una luz al amanecer iluminando todo. El sonido del órgano y del piano envuelven, abrigan, sustentan las palabras que emanan de cada una de las voces. Los instrumentos están indefinidos y presentes en la sala, los escuchamos desde todas partes y a todo lugar.

Las voces habitan entre acordes, entre líneas melódicas del sonido aflautado del órgano, del etéreo piano.

Una textura que se entreteje dando como resultado un tejido de sonidos suaves, aterciopelados, vivificantes.

Todo lo que escuchamos son susurros angelicales que descienden en una anunciación de lo divino en el arte musical.

Da Pacem entonan las voces blancas, sin el vibrado afectado del canto operístico. Son diáfanas, cristalinas, mientras una voz grave da cuerpo a la oración.

Charles Gounod, el gran compositor operístico, nos deja el Da Pacem; André Caplet, el excelente compositor quizás opacado por el genio de su amigo Debussy, nos regala un Panis Angelicus tan profundo, que sentimos en sus tensiones armónicas como nuestro interior se transforma hasta volver a reposar en resoluciones armónicas que merecen ser experimentadas una y otra vez. Tantum ergo: veneremos, pues, inclinados ante tan grande sacramento.

Un texto que está presente en este disco en composiciones por parte de Ettore Pozzoli, Jean-Baptiste Fauré y por supuesto, junto a este texto, el otro, Pange Lingua, también compuesto por Santo Tomás de Aquino se revelan en un álbum que no tiene ni un momento en el que asome este siglo, lo mundano. Es un éxtasis que eleva. Sí, quizás el éxtasis religioso tenga mucho de carnal, si recordamos el erotismo, de Georges Bataille, pero pronto nos olvidamos de pensamientos semejantes y la música vuelve a abrazarnos cuando el siglo 13 se revela en la composición de Santo Tomás de Aquino, no sólo recordado por la filosofía y su Summa Theologiae, sino por estas composiciones que nos rebasan, nos conmueven hasta el llanto, al menos a un servidor que no pude evitar que las lágrimas surcaran mis mejillas.

Aquí, en este momento del álbum el piano, anacrónico, nos hace pensar en lo eternal de la música. De la verdadera música. Es una epifanía, pero cuatro piezas más, una de ellas anónima, entre otras que componen el álbum, faltan por revelarse y yo estoy ansioso por escuchar. Ansioso porque ustedes escuchen también. 
23 Febrero 2020 03:40:00
Orgullo y Prejuicio
En 1813 fue publicada una novela que aún en nuestros días sigue siendo leída, amada y admirada por grandes lectores alrededor del mundo: Pride and Prejudice.

Sin embargo, su autora Jane Austen, con apenas 21 años, ya había terminado de escribirla en 1796. Claro está que la edición final tendría no pocos cambios estilísticos que su autora realizaría antes de su primera publicación.

Los cuadernos que su padre había leído con mucho interés en un inicio, fueron desestimados por los editores. Por esta razón pasarían 16 años hasta su publicación. A partir de ahí sus personajes cobrarían vida propia para perdurar por siempre.

“Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa”. Con esta frase inicia una historia divertida, llena de un drama placentero, quizás algo anacrónica para nuestros tiempos, pero indiscutiblemente maravillosa.

En el año 2005, Joe Wright dirigió una de sus adaptaciones cinematográficas más recientes. Con la actuación de Keira Knightley y Matthew Macfayden. Una versión que seguramente muchos de ustedes han visto y disfrutado.

La música fue compuesta por el italiano Dario Marianelli, quien en aquel año era poco conocido, pero que con el tiempo se ha convertido en un compositor solicitado por sus capacidades líricas.

La música de Orgullo y Prejuicio está interpretada por el renombrado pianista francés Jean-Yves Thibaudet, quien ha grabado con las mejores orquestas del mundo, los mejores solistas y cantantes. Sin duda su maestría está ligada al virtuosismo e interpretación llena de musicalidad.

Esta gran cantidad de colaboraciones y grabaciones en conjunto, así como participaciones solistas de los más complicados repertorios musicales, le ha valido la fama que ostenta hoy.

En la obra de Marianelli, Thibaudet, Jean nos regala una interpretación de gusto decimonónico muy acorde a la obra literaria y ambientación cinematográfica. Resuenan ecos de Chopin a lo largo de la partitura que nos son familiares y, por lo mismo, muy fáciles de paladear. Sin duda una obra musical que disfrutarán.

Así que si su domingo lo permite, hoy es un buen día para tomar la obra de Jane Austen de su biblioteca personal, encender el equipo de audio y arrellanarse en su rincón favorito para disfrutar de la música y las letras todo el día. Que lo disfruten.


16 Febrero 2020 03:40:00
Cuarteto para el fin de los tiempos
El Cuarteo para el Fin de los Tiempos es una rara obra colmada de belleza. Hay algunos casos, pero contados, en los que el cuarteto está conformado por un piano, un chelo, un violín y un clarinete. Sin embargo el resultado es de una profundidad excepcional.

Eso quizá debido a la fortuna o mala fortuna, pues Olivier Messiaen, su autor, estaba, a sus 31 años, preso en Görlitz, Alemania. Francia había entrado en la Segunda Guerra Mundial y Olivier Messiaen fue enviado como asistente médico, pues su miopía era tan alta que no podía participar en el campo.

Sin embargo en 1940 fue capturado y enviado a la ciudad alemana. Ahí conoció a los músicos -todos ellos profesionales-, que conformarían el cuarteto y para los cuales escribiría una de las partituras más bellas de la música del siglo 20.

Ayudado por un guardia llamado Carl-Albert Brüll, Messiaen se hizo de papel, lápiz y unos instrumentos maltrechos. Todo bajo la mesa, pues las situaciones no eran fáciles y las penurias y torturas no eran raras en ese campo alemán.

Sin embargo, ahí, recordando a la perfección Peleas y Melisande, la ópera de Claude Debussy, como un refugio contra la adversidad, Messiaen escribió el cuarteto.

La profundidad musical va de la mano con el fervor católico del compositor y lo notamos al leer los ocho movimientos que componen la obra: 1, Liturgia de Cristal, en donde el mirlo canta antes del alba y el cielo se convierte en algo eterno en los acordes del piano. 2, Vocalise para el Ángel que Anuncia el Fin de los Tiempos, donde el color inunda los sentidos.

Para el 3: Abismo de Pájaros, el clarinete solo que entona una melodía llena de tristeza y de una lentitud dolorosa. El 4, Intermède, donde los instrumentos melódicos juegan en un scherzo vibrante.

En el movimiento 5, Alabanza a la Eternidad de Jesús, notamos el fervor en medio de la tormenta, donde Messiaen adora al eterno. En el 6, Danza de la Ira, es para las siete trompetas, el fin de los tiempos se acerca y las trompetas del Apocalipsis lo anuncian, porque es el fin de todo y los justos irán con Dios.

Mientras que el movimiento 7, Enredo de Arcoiris, es para el ángel que anuncia el fin de los tiempos, el color lo ilumina todo, resplandece y nos transforma llenándonos de un éxtasis místico, divino. El 8, Alabanza a la Inmortalidad de Jesús, está lleno de profundidad reverencial, un último movimiento que poco a poco eleva al Jesús hecho carne y lo asciende a la diestra del padre. Messiaen escribió estos movimientos y sus características, y a nosotros no nos queda duda que ha logrado transmitir, como en toda su obra, su fe inagotable.


10 Febrero 2020 01:56:00
Fausto
La actividad musical en el norte del país es notable y tengo la oportunidad de presenciar alguno de ellos. El viernes, el MOS, México Ópera Studio, con sede en la ciudad de Monterrey, de recién creación ya muestra resultados dignos de mencionar y más de tomar en cuenta. Bajo la dirección del maestro Alejandro Miyaki y el maestro Rennier Piñero, quienes cuentan con una trayectoria de aplaudir, se presentó Fausto, ópera en cinco actos del compositor francés Charles Gounod.

Esta obra fue compuesta hacia el año 1859 como eco al amor por la cultura germana que tenía Europa entera, si bien en un inicio no tuvo la aceptación deseada. Sin embargo el viernes pude constatar que los grandes autores siempre permanecen entre nosotros y que la inmortalidad del texto de Goethe, el mito germano y la música misma perdurarán.

Una puesta en escena basada en multimedia -recurso que hemos visto en otras presentaciones y cobra mucha notoriedad en nuestros días por la simbiosis entre lo tradicional y el uso de técnicas nuevas-, nos inundó de luz y vértigo, mientras nos transporta desde una biblioteca hasta la Saint-Chapelle con vitrales caleidoscópicos, y hasta el más profundo abismo de los infiernos, donde las almas sufren entre sangre derramada.

La notoriedad de los solistas resultó evidente, pues el MOS sabe bien reclutar a su elenco, pero también instruirlo de manera eficaz para llevar a cabo una obra como esta, que requiere no solo de capacidades vocales, sino profundamente histriónicas y de asimilación de caracteres psicológicamente complejos. La economía, si se puede llamar economía a un montaje como este, no es sinónimo de falta de brillantez y de genialidad. Presencie un gusto refinado y belleza artística.

Por supuesto el factor musical no podría estar por debajo de una dirección escénica pulcra, detallada y visionaria y nos asombra el trabajo de Alejandro Miyaki, quien nos hace comprender el compromiso hacia el arte y la dirección de proyectos como estos a un nivel de liderazgo admirable.

La orquesta conformada entre profesionales y estudiantes no demeritó el arduo trabajo del resto del equipo, sabiendo interpretar esta partitura de momentos realmente difíciles de ejecutar.

La dirección de Miyaki en la batuta es clara y sobria. Lo justo para poder transmitir la energía requerida, sin espasmos innecesarios y fuegos de artificio. La energía se percibe, la musicalidad es evidente y más aún lo es el futuro que les espera a los directores, al MOS y la comunidad amante de la música de alto nivel en Monterrey y el norte del país.
02 Febrero 2020 03:35:00
¿Es esto música?
Es una invitación al descubrimiento. Como cada semestre, estamos a punto de comenzar un nuevo curso en la Universidad Autónoma de Coahuila, cuyo motivo es el acercar a las personas a una experiencia musical más entendida y disfrutable.

Así que cuando estaba pensando entre mis lecturas en qué podría centrarme en estos meses, me vinieron a la mente muchas preguntas que solemos hacernos a la hora de enfrentar obras artísticas a las cuales no estamos acostumbrados. Sobre todo, y quizás más concretamente, en las décadas del siglo 20.

Es por esto que este semestre me enfocaré a compartir con todos ustedes, que espero gustoso se inscriban al seminario, música y autores que nos hagan quitar tabúes o prejuicios con respecto a la música de las décadas desde 1970 hasta la actualidad.

Todo con la intención de reflexionar en torno a composiciones que son pilares para comprender la música hoy en día.

Para darnos cuenta que aún hoy existen obras maestras de la música y autores de probado genio.

Desde John Cage y su invaluable aporte a la música y las ideas posmodernistas que en no pocas ocasiones nos llegan a sorprender; desde el aporte musical tan completo que realiza Pierre Boulez no solo desde el campo de la composición, sino desde la investigación, dirección y promoción de las obras de estas décadas; desde autores como Steve Reich y Philip Glass cuya aportación al minimalismo musical es crucial para entender a autores como Ólafur Arnalds, Max Richter, entre otros.

Desde estas hasta Olivier Messiaen, Ligeti o Xenakis quienes sin duda han otorgado a la música cualidades que pueden llegar a ser tan grandiosas como el universo mismo; hasta autores como Peteris Vasks o Arvo Pärt, quienes nos transmiten un minimalismo más cercano a lo espiritual o religioso; hasta compositores como Verstad Shimkus o Valentin Silvestrov, Sofía Gubaídulina o Kajia Saariaho sin los cuales el panorama musical hoy en día no estaría completo y por supuesto hasta las más nuevas figuras de la música como Alma Deutscher, joven de 15 años de quien ya he escrito en este espacio y que hoy en día y cada día más se consolida como la figura emergente en la música clásica más importante.

La música es inagotable y como tal, el tiempo nunca será suficiente, sin embargo nos adentraremos hasta donde le tiempo nos lo permita.

¿Dónde buscar información? En la Coordinación General de Difusión y Patrimonio Cultural  en Camporredondo o al teléfono 410 2422.

Y si no, nos vemos este próximo martes 4 de febrero a las 19:00 horas en las instalaciones de Difusión. Me dará un gusto enorme contar con su presencia y descubrir juntos la belleza de la música.


26 Enero 2020 03:25:00
Lo real Real
Hace unos días recibí el comentario de alguien diciendo que prefería escuchar la música por Spotify que asistir a un concierto. Su comentario me dejó pensando sobre varias cosas. Primero que nada me detuve a pensar en la cuestión estética en nuestros días, más en concreto sobre la experiencia del arte hoy, con una generación que día tras día realiza sus actividades desde una computadora o, más concretamente, desde el celular: ya no es necesaria la experiencia real Real de las cosas cuando tenemos lo real Virtual.

Quizás algunos puedan llamarnos anticuados al preferir las experiencias sensoriales que implican todo nuestro ser, pero ¿es malo preferir lo real Virtual a lo real Real? ¿Cabe alguna diferencia en tanto experiencia para nuestro cerebro? Porque podríamos hacer un listado de experiencias que aún requieren de nuestro cuerpo entero para poder experimentarse en su totalidad, como comer o intimar con una persona.

Pero ¿un concierto o asistir al teatro? Físicamente la experiencia es diferente, podrán decir los que han asistido al teatro, pero ¿cómo transmitir ese cúmulo de sensaciones a quien jamás ha estado en un teatro o simplemente se ha conformado con consumir una obra artística, sea esta sonora o visual, y no tiene intención de ponerse la ropa para salir al mundo?

Hoy en día lo real Virtual nos invade y poco a poco estamos dejando de extrañar las experiencias reales Reales a tal grado de que ambas parecieran ser iguales. Sin embargo, así como es preferible tocar a un persona y que esta nos haga vibrar de vuelta, la música nos electrifica al escucharla en vivo. No existe una comparación, sobre todo si hablamos de un concierto de primer nivel.

Lo mismo pasa cuando caminamos entre las salas calladas y tranquilas de un museo y observamos obras de arte a centímetros de nosotros en lugar de hacer zoom en nuestros portátiles. ¿Cómo entrar en esa realidad Virtual y sentir la necesidad de tener una experiencia real Real con el objeto del arte?

Algunos de nuestros padres nos dirán que la comida rápida y la leche en tetrabrick no se compara en lo absoluto con el comer del huerto de casa y ordeñar las vacas para disfrutar de su inigualable sabor, pero estamos alejados de eso y parece no importarnos.

¿Estamos, pues, frente a personas que poco a poco dejarán los espacios sociales y no echarán de menos estar entre personas asistiendo a un ritual escénico/artístico? ¿Hablaremos de una tercera muerte del arte ahora como acto escénico extinto? Tenemos el internet para acercarnos al arte, pero no dejemos de asistir a la experiencia incomparable de dejarnos erizar la piel con la experiencia real Real que los artistas nos transmiten.


19 Enero 2020 04:00:00
Plumas en la Cabeza
La música puede ser un retrato meticuloso de un paisaje, un lugar, un objeto, una emoción o una persona. Sylvain Chauveau, compositor francés nacido en 1971, es el artista que crea Des Plumes Dans la Tête, álbum compuesto para la película del mismo nombre de Thomas de Thier, cuya delicadeza musical nos hace disfrutar no de una música incidental, sino de algunos instantes colmados de belleza.

La brevedad de un gesto, de una mirada o de un pensamiento fugaz, se despliega ante nosotros durante las breves notas musicales que Sylvain nos presenta. Un álbum breve, de apenas unos 30 minutos, pero que condensa perfectamente las emociones en piezas delicadas y notables por su confección musical y ambiental.

El piano y algunos instrumentos de cuerda, así como un clarinete están presentes, dando un carácter cálido al ensamble, sin embargo, la inserción de elementos electrónicos como ambientes sonoros, envuelve a los instrumentos en una atmósfera de ensoñación que nos atrapa.

Las plumas en la cabeza surgen a cada instante sin percibirlas hasta que nos acarician los recuerdos y las emociones. En Sylvain Chauveau resuena ecos de Erik Satie que no dejan de irse nunca, o de la música obsesiva del compositor islandés Jóhann Jóhannsson, cuyo peso armónico se manifiesta en las texturas y colores no pocas veces retóricos y llenos de carga emotiva.

La cohesión de estas breves piezas se manifiesta en el conjunto, aunque en lo particular no sean menos emocionantes. La luz de pronto comienza a desvanecerse para dejarnos a solas en una conexión directa entre el sonido y nuestras emociones que flotan como plumas, sin peso, blancas, silenciosas y tersas.

La música minimalista de Sylvain juega entre las texturas electrónicas de ruidos que ensamblan naturalmente con los instrumentos tradicionales. Los xilófonos nos recuerdan a la obstinación rítmica de Steve Reich, en la que las transformaciones se efectúan lentamente sin percatarse, apenas, para reavivar el sentido melódico de células de una belleza simple, pero perfectamente lograda.

Para muchos Des Plumes Dans la Tête es el mejor álbum hasta el momento del compositor francés, y yo puedo estar de acuerdo con los especialistas. El trabajo de Sylvain es conciso y no deja huecos en ningún momento. Nos invita a replegarnos sobre nosotros mismos, en una intimidad en la que podríamos sentirnos seguros al abrigo de la música.
12 Enero 2020 01:49:00
Duendecitos sonoros
Enigmática e intrincada es la obra del compositor británico Simon Holt. Su obra A Book of Colours, compuesta entre 1988 y 1993, y que comprende cinco piezas para piano, es poderosa en su sonido pero, a la vez, atrayente como una hipnosis.

Desde momentos de un carácter rítmico muy marcado y de acordes densos, transitamos a momentos de una dulzura casi tonal que nos recuerda a Morton Feldman y cantos messiaenicos que reverberan como una plegaria.

La obra de Simon Holt tiene como influencias a Iannis Xenakis también, pero su formación artística lo nutre de obras pictóricas como las de Alberto Giacometti, Constantin Brâncusi y Francisco de Goya, de quien toma el título de la primera pieza de su Book of Colours: Duendecitos, de Los Caprichos. Grabado en el que vemos a un duende de manos enormes y fuertes, justo como las que requiere el pianista que desee interpretar esta serie de piezas. Figurine es atmosférica e introspectiva, con el uso del pedal creando armónicos que se confunden y mezclan con el entorno. Una pieza que seguramente se experimentaría mucho mejor escuchada en vivo.

A Shapeless Flame es melódicamente intrincada, con arpegios que recuerdan a Kaikhosru Sorabji y su manera peculiar de otorgar color a la música. Es evidente que Holt conoce profundamente los fundamentos de todos estos compositores y los sabe hacer suyos para tener una voz personal y poderosa, pero también conoce la literatura de su país, pues el título lo toma de Air and Angels, de John Donne cuando dice: “Dos o tres veces te habré amado antes de conocer tu rostro o tu nombre; en una voz, en una llama informe…”.

En la cuarta pieza, Some distant chimes, la influencia de Olivier Messiaen es profunda, la tonalidad huidiza y ausente contrario a lo que solemos pensar, aquí nos envuelve en un halo ceremonioso que no nos deja escapar.

Y por último, la quinta pieza, una especie de remembranza de las cuatro anteriores, titulada The Thing that Makes Ashes. Eso que hace cenizas el fuego, que no debe ser nombrado para no invocar al demonio, según algunas culturas africanas. Temas que son intuidos y que tienen la fuerza del fuego en una mezcla de violencia y gracia que escuchamos en muchos momentos de la música como en Claude Debussy. Sin duda A Book of Colours es una composición poderosa y llena de colores que no deberíamos perdernos.

04 Enero 2020 04:00:00
Steve Reich
Dentro de los nombres clave para entender la música minimalista están tres: Terry Riley, Philip Glass y Steve Reich. Glass es de sobra conocido, lo escuchamos en cantidad de lugares y en no pocos filmes; el primero casi nadie lo conoce y, a decir verdad, luego de su icónica composición llamada In C, que es la obra que inicia todo este movimiento minimalista, casi nada más nos llama la atención.

Por otro lado, Steve Reich es un compositor que ha sabido mantener la fuerza del minimalismo. Sus obras siempre tienen una contundencia de forma, pero que no carecen de musicalidad, de carácter en su sonido.

Hay obras musicales que pueden estar justificadas a un nivel filosófico o estético, pero que no llegan a ser obras musicalmente (sonoramente) logradas.

La obra de Reich es música que en su sonoridad son perfectas obras y así mismo en su congruencia con el movimiento al que pertenecen. Obviamente estamos frente a un movimiento musical que va a poner a prueba nuestra capacidad de atención y paciencia, pero que no nos asuste: aun cuando creemos que en el minimalismo no sucede nada, sucede todo. La obra Música para 18 Músicos dura casi una hora, sin interrupciones, los instrumentos van cambiando de dotación, a veces unos, a veces otros, luego todos, y durante ese tiempo, la constate y obstinada repetición de un motivo a lo largo de la obra.

Las variaciones son imperceptibles y claras a la vez. Luego de un tiempo de escuchar un primer motivo, la idea se transforma de una manera tan fresca, que es como un oasis para nuestros oídos. Ningún director está al frente de estos intérpretes, pues lo que busca el compositor es que todos los músicos se escuchen unos a otros y se sigan a lo largo de la obra.

Once acordes y un patrón rítmico al que se superponen otros más durante la ejecución es lo que Reich propone. Compuesta entre 1974–1976, Música para 18 Músicos es acaso la obra más representativa de este movimiento que comenzó en los estados unidos, pero que como todo, tiene su origen atrás en el tiempo. Un ejemplo es Vexations, de Erik Satie: un motivo de un minuto de duración repetido 840 veces. El minimalismo, como todo movimiento notable, no se quedó en compositores estadunidenses, actualmente es abrazado por músicos al rededor del mundo.

La música de Reich es repetitiva, sí, hay que decirlo, pero hasta para repetir algo constantemente se necesita genio y él lo tiene de manera asombrosa.


Que lo disfruten
15 Diciembre 2019 04:05:00
El Señor de los Anillos
En la década de mis 20 años iba al cine solo. Luego de pasarme horas practicando al piano y también leyendo, salía de mi cubículo de estudio y me dirigía al cine. Por supuesto no siempre era así. Pero muchas ocasiones. Disfrutaba sentarme en la sala de cine, sin palomitas y nada más con mi atención puesta en la pantalla.

Fue en esos años que vi El Señor de los Anillos. La primera parte. Como recordarán, las películas se estrenaron con un año de diferencia cada una.

Diciembre era mes de estreno de estas películas. Después de la primera, regresé los dos años siguientes, siempre solo; tuviera algún compromiso decembrino o no. Desde aquellos tiempos se convirtió en un ritual o, mejor dicho, una costumbre el hecho de ver las películas cada mes de diciembre. Hasta la fecha.

Sin embargo con el tiempo he ido nutriendo esta costumbre con la lectura de los libros de Tolkien, que conocí tiempo después. El mundo narrado me absorbe y me fascina.

Y no importa que en la mente recree muchas de las cosas de la manera en que Peter Jackson lo hace en su trilogía. Al contrario, es como ver las películas de manera más pausada y profunda. Así que junto con las imágenes del film y la narrativa de las novelas añado a cada último mes del año la banda sonora de Howard Shore, el compositor más camaleónico del mundo del cine.

Su genio es tal que es capaz de dejarnos saber, por momentos, que se trata de él, pero siempre volcando un universo musical distinto en cada una de las bandas sonoras que ha realizado. Así pues, en El Señor de los Anillos, el despliegue sinfónico es inmenso, majestuoso y lleno de leitmotiv a cada paso, con sugerencias armónicas y melódicas que nos hacen reconocer en Shore a un compositor de formación genial, donde la herencia de Wagner se nota.

Y ya que el mes de diciembre llega a su mitad de manera vertiginosa, me dispongo a comenzar con mi costumbre de leer textos sobre la obra; ver de nuevo las películas en su versión extendida, y escuchar su música.

Junto con otras costumbres he acumulado, El Señor de los Anillos es una de mis predilectas. Me acerco a las cajas de mis libros, pues aún no está lista la biblioteca en casa y tomo entre las manos el primer volumen de la saga. Leamos, veamos, escuchemos. Tres sentidos atentos en tres de mis artes predilectas: La literatura, el cine y claro la música.

08 Diciembre 2019 04:00:00
Eldar Djangirov
Hace unas semanas estaba en una de esas charlas improvisadas con uno de mis grandes amigos. Él es un virtuoso guitarrista amante del jazz principalmente y de la música en general.

Yo, a decir verdad, luego de los grandes clásicos del jazz, no soy tan fanático y mucho menos conocedor del tema. Lo poco que llego a saber sobre el asunto es gracias a mi amigo quien esa noche me dejaría sin palabras con la sugerencia musical que traía bajo la manga aquella noche de charlas de todo y de nada y de música de jazz. Tópico recurrente entre él y yo es la musicalidad de los intérpretes. Ambos adoramos a Glenn Gould, y sobre esto no hay discusión. Pero cuando de temas sobre genialidad se trata, en ocasiones la charla se torna interesante.

¿Es un intérprete, por más genial que sea, un creador en su totalidad o solamente un repetidor ingenioso de la obra heredada por los grandes compositores? Esa es la pregunta que nos ocupa muchas ocasiones.

Podemos objetar esto de muchos lados y al final no llegar a ningún lado.

Luego de esto está el tema de si un músico debe especializarse al grado de ignorar otros temas musicales o en esta era de la especialización es entendible si algún músico ignora el universo paralelo de otra manifestación sonora.

Son temas aparentemente simples, pero complejos en su fondo.

Aun así, esa noche mi amigo tenía un ejemplo contundente de la capacidad que un músico puede llegar a tener. Su nombre, Eldar Djangirov. Un joven ruso-estadunidense intérprete de jazz.

Como sabemos, este género requiere no sólo de una técnica y gusto musical elevado, sino de un conocimiento y destreza intelectual notable. Un músico de jazz es un niño que juega con totl control de su instrumento y de las reglas que lo rigen. Eldar interpreta este género de manera espléndida. Sin embargo es capaz, como casi nadie, de ejecutar además a Bach o las sonatas de Prokofiev de manera prodigiosa. Esto, que un músico sea capaz de pasar del jazz a la música clásica es más bien raro.

En un álbum escuchamos las improvisaciones espectaculares y llenas de musicalidad y en otro, a un Djangirov dueño de una comprensión de estilo particularmente profunda.

Dos mundos se unen en un sólo pianista y esto merece la pena ser escuchado.

Eldar Djangirov es una prueba que un músico puede ser tan completo como su talento y entrega lo permita. Creatividad tanto en la creación de temas e improvisaciones, como en la recreación de obras de gran complejidad técnica y musical del repertorio clásico. Es ya, sin dudarlo, uno de mis intérpretes favoritos. En Spotify encuentran su obra, lista para ser escuchada.

Que lo disfruten.
01 Diciembre 2019 04:05:00
Víkingur Ólafsson
Hace apenas unos días redescubrí la música de este pianista islandés. Dentro de la obra que ha grabado se encuentra obra de Philip Glass, pero sobre todo Bach. Su carrera como músico es parecida a la de muchos. Ha estudiado en una gran escuela como becado. En su caso la Julliard School de Nueva York. Ha tocado en los mejores recintos y con las mejores orquestas, a saber: La Filarmonie de Berlín, el Royal Albert Hall, estrenado obras de Thomas Adès o John Adams.

En algunos de los más afamados periódicos del mundo se ha referido a él como un pianista que nos deja sin aliento, volcánico y como el Glenn Gould de Islandia. Esto último me hizo gracia, pues cuando escuchaba extasiado su álbum Johann Sebastian Bach, reflexionaba sobre el hecho de su semejanza con el pianista canadiense, pero más allá de eso, sobre la manera en la que su interpretación me había arrebatado desde las primeras notas. No sé qué tendrá su país que hace músicos con una capacidad de emoción muy poderosa y que cala hasta lo más profundo.

Pensemos en el caso de Björk o Sigur Rós. Nadie puede salir indemne de una audición de mucha de la música de estos artistas. Y no es un caso distinto con Víkingur, quien seguramente nos habrá de sorprender muchos años más con música cada vez más intensa. Y no que Bach no sea lo suficientemente grande. No, para nada. Sabemos que Bach es el más grande de todos, pero al escuchar  los Reworks sobre Bach me quedo sin aliento y con deseos de seguir escuchando lo que Ólafsson tiene para darnos.

Dos álbumes, Bach Reworks Pt. 1 y 2 en donde el pianista trabaja con artistas de música minimalista y electrónica para hacer versiones singulares sobre obras de Johann. Dos álbumes donde el mismo pianista crea piezas inspiradas en el compositor alemán.

Una grabación distinta no solo a nivel compositivo, ya Ólafur Arnalds, otro islandés, y Alice Sara Ott hacen algo parecido en su The Chopin Project, sino también en el trabajo de estudio en donde el piano suena diferente, lleno de ecos, de matices captados por un micrófono cerca de los martinetes del piano.

El resultado es un álbum conmovedor. Un álbum que no he dejado de escuchar desde que salió hace apenas unos meses este mismo año. Así que si su domingo tiene un tiempo para que disfruten de la música de Bach en una reinterpretación islandesa, no lo duden.

De paso podrían escuchar a Ólafsson con sus interpretaciones de Brahms o Beethoven, de Philip Glass, de Chopin o de Dario Marianelli, compositor contemporáneo que hace el soundtrack de Darkest Hour y cuya grabación al piano hace Víkingur.

Una discografía breve, como los años de Ólafsson, nace en 1984, pero de absoluta pulcritud y belleza. No por nada la Deutsche Grammophon le ofrece un contrato de exclusividad.


17 Noviembre 2019 04:05:00
Quartett II
Comentábamos la semana sobre la última ópera de Luca Francesconi, Quartett, cuya fuerza musical no es para despistados o débiles, para parafrasear al mismo compositor cuando dice: “No te atrevas a venir si no puedes aceptar que necesitas analizar qué es lo qué haces y lo que eres. Esta obra es violenta, es sexo, es blasfemia, es la ausencia de misericordia”. Y esa misma ausencia de misericordia que tienen los personajes en escena, la tiene el compositor y la música para con ellos. La autodestrucción que cada personaje vive en sí mismo y la vuelca hacia el otro nos violenta como espectadores que somos y más que eso, vouyeurs que miran por la ventana hacia la falta de piedad que tienen los personajes, el pacto de vivir sin amor y destruyéndose como adictos y prisioneros de su nihilismo.

El cubo que suspende sobre escena, como una caja negra, flotando en el aire, es la ventana por la que miramos. Los más de 600 cables de acero extremadamente delgados que sostienen el cubo del cual viven prisioneros nos agobian como agujas afiladas que atraviesan certeramente en la psique de los que vemos destruirse sin piedad y sin remedio en escena. Quizá Quartett diga más sobre nosotros como sociedad que una ópera de tiempos pasados; acaso el egoísmo, el narcisismo y el hedonismo decadente de nuestros personajes hablen más sobre nosotros mismos de lo que quisiéramos. Por eso Francesconi en un momento dice: “Pero atrévete a venir si puedes encarar la realidad de que tan seco está tu corazón (…) Somos prisioneros de nuestros miedos. Este es el mensaje real de esta obra, que no podemos esconder nuestros problemas y que no deberíamos hacerlo”.

 Al final, cuando una obra como Quartett nos habla tan directamente desde nuestro tiempo, es natural reflexionar sobre la necesidad de los maestros de escena cuando proponen producciones de óperas pasadas con una visión  actual. No de la música, que perdura en el tiempo.

Y aunque no sea determinante para el goce de una obra, ver producciones que reinventen el asunto visual y metahistórico, nos ayuda a disfrutar de maneras impensables una misma obra, mostrándonos lo inagotable de la música.
03 Noviembre 2019 04:05:00
Las cuatro últimas canciones
En 1945 Richard Strauss, con 81 años, se vería ante la prueba de enfrentar la acusación que pesaba sobre él: haber colaborado con el régimen nazi. Sin embargo habría de refugiarse en Suiza, país con una política neutral a lo largo de muchos siglos.

La ambigüedad con la que se pueden tomar estos hechos de colaboración con el régimen nazi lleva a discusiones y análisis que sin duda nos alejan de su obra musical. Sí, obtuvo un cargo como presidente en la cámara de música del Tercer Reich, pero desde ahí intentó evitar, aunque sin éxito, la prohibición de la música de Mahler, entre otros compositores. Hasta que una carta suya –dirigida a su amigo y colaborador Stefan Zweig– es leída por el gobierno, y su contenido provoca su despido.

Esto nos hace ver que, como bien decía el compositor, existen dos tipos de personas: las que tienen talento y las que no. Sin embargo esa pesada carga lo sumió en un depresión profunda en el ocaso de su vida.

Durante ese exilio en Montreaux termina de componer su portentoso concierto para oboe y algunos arreglos sinfónicos sobre La Mujer sin Sombra. Pero las penas no se disipan y en 1948, debido a la petición que tiempo atrás le comunicara su hijo Franz, Strauss compone cuatro canciones, cuatro lieder que serán los últimos del compositor.

Si bien no es su última obra escrita, estudiosos y analistas coinciden en percibir un adiós por parte del compositor en estas cuatro últimas canciones. Es sabido que no las pensó como un ciclo, pero el editor Ernst Roth las ordena y titula así: Vier Letzte Lieder: Las Cuatro Últimas Canciones. Obras que, por sí mismas, le otorgarían la inmortalidad al compositor de la obra musical Así habló Zaratustra, la ópera Elektra o Der Rosenkavalier o La Mujer sin Sombra, por citar ejemplos.

Los textos usados en tres de los cuatro lieder son tomados de la poesía de Hermann Hesse, a saber: Frühling, September, y Beim Schlafengehen, Primavera, Septiembre y Al ir a Dormir, respectivamente; mientras que el cuarto Im Abendrot (En el Árbol Vespertino), pertenece a Eichendorff, que forma parte del Frühling und Liebe.

El tono emocional de esta obra es sin duda la resignación ante la muerte y el destino. Un obra frente al crepúsculo de la existencia. Los ojos que se cierran y la añoranza de unas manos que nos toman durante el camino. Lejana, calmada paz, tan profunda en el crepúsculo. Qué cansados estamos del camino, ¿es esto quizás la muerte?
27 Octubre 2019 04:03:00
Edgar Allan Poe
La influencia que ha tenido la literatura hacia la música es innegable. Podemos recordar cómo grandes poetas como Goethe, Heine o Gautier inspiraron a músicos como Schubert, Brahms o Berlioz. Esto por citar solamente tres autores, pero la lista es enorme y daría para un capítulo entero de El Vértigo de las Listas, de Umberto Eco. Y no solamente en la poesía, cuyos versos son como agua fresca que las musas dan de beber a quien se acerca sediento de lirismo e inspiración, es donde los compositores buscan la inspiración.

También en la novela y el cuento. Basta recordar Las grandes óperas basadas en la literatura: Fausto, de Charles Gounoud, por ejemplo, sobre la obra de Goethe; Macbeth, de Giuseppe Verdi, basada en la arrolladora obra de Shakespeare; Eugenio Oneguin, de Tchaikovsky, sobre la obra de Aleksandr Pushkin; El Amor de la Tres Naranjas, de Prokofiev, sobre la obra de Carlo Gozzi… Y la lista puede seguir, casi inagotable.

Pero existen obras musicales que, si bien están basadas en obras literarias, no son necesariamente óperas u obras vocales. Tal es el caso de los poemas sinfónicos o la música programática, aquella que busca provocarnos imágenes a partir de un título sugestivo o relacionado con alguna obra literaria. Y así como la literatura es capaz de hacernos vivir innumerables mundos, la música lo hace otro tanto más. Podemos experimentar desde la felicidad hasta la cólera o la desesperación pasando por la expectativa de nuevas emociones, de fantasías llenas de seres mitológicos que convertidos en música, nos llevan de la mano por mundos fantásticos.

Tal es el caso de Edgar Allan Poe, quien ha influenciado a compositores con sus cuentos grotescos, macabros, misteriosos. La Caída de la Casa Usher, por ejemplo, sirve de inspiración a Claude Debussy en su, por otro lado, lamentable ópera inacabada. André Caplet, excelente músico y compositor, íntimo amigo de Claude, compuso Conte Fantastique: una obra emocionante llena de misterio y emoción que basada en La Muerte de la Máscara Roja, nos arrebata durante 17 minutos. Per Norgard sucita, sobre esta misma obra, una alucinante pieza dentro de Hedda Gabler que merece la pena cada segundo de esos poco más de dos minutos de duración.

El polémico Florent Schmitt, digno heredero del impresonismo de Debussy, nos ha legado El Palacio Encantado, obra orquestal descriptiva que cautiva desde sus primeros acordes, y que se inspira en el poema que está dentro de La Caída de la Casa Usher.

Y la influencia de Poe sigue sobre tantos otros compositores, pero las lineas se terminan. Basten estos ejemplos para ir a nuestra biblioteca y, acompañados de esta música maravillosa, leer las obras hoy citadas.

Que lo disfruten.
20 Octubre 2019 04:01:00
De nuevo, aún
La noche de concierto está a punto de terminar, y se realiza con la mejor interpretación que el público espera. A cada paso, el programa se cumple al pie de la letra, intermedio incluido. El público disfruta de una velada musical que le llena todos sus sentidos; todas sus emociones son colmadas. Al final del concierto, el programa de mano no dice nada más, pero el auditorio entero rompe en aplausos para el intérprete, quien agradece la efusión demostrada, la entrega del público.

Sale una, dos, tres veces y el público sigue aplaudiendo. Los aplausos van del caos rítmico a un movimiento unificado por razones inexplicables. El aplauso se hace uno, se vuelve contundente y demanda: encore, palabra francesa que significa “de nuevo, aún”. “¡Otra, otra!”, en algunas ocasiones se escucha gritar a alguien dentro de la sala oscura y llena de vítores. El intérprete se siente halagado.

Su ejecución ha sido tan maravillosa, que el público quiere más. Así que se sienta y se dispone a regalar al público con una pieza más. Dependiendo del programa que presenta este encore puede ser explosivo, enérgico, de virtuosismo chispeante o de una tranquilidad parecida a la de una noche estrellada.

Supongamos que el programa ha tenido una demostración técnica e interpretativa muy exigente, de esos programas que dejan exhaustos tanto a intérpretes como ha público, entonces el encore será tranquilo, un dulce para calmar el espíritu. Si, por el contrario, el programa ha sido de una delicadeza diáfana, el encore exigirá que se le regale al público una explosión de virtuosismo técnico en donde el intérprete demuestre de qué está formado y que tiene la capacidad de abordar todas las exigencias musicales que se le pongan de frente.

Un encore, dos, o más, dependiendo del ánimo del ejécutante y del público. Existen intérpretes que no son asiduos a estas manifestaciones casi improvisadas dentro del concierto. Algunos tocan solo lo que el programa ha marcado, otros no. El encore es pensado muchas veces por el ejecutante desde antes del concierto para poder estar preparado si el público le pedirá una pieza mas. En todo caso, esta es la parte del concierto donde el diálogo entre público y concertista se comprende más.

Se sabe si un concierto gustó o no, en la medida que se aplaude y pide más. Claro, existen límites. Cortázar nos lo demuestra en Las Ménades, un cuento que relata hasta dónde podría llegar la pasión del público dentro de un concierto. Esta semana, esa medida es dada por Patrick Rapold quien nos muestra las diferentes posibilidades de un encore. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: La Campanella. Fovourites Encores for Piano. Patrick Rapold. Spotify.
13 Octubre 2019 04:03:00
El Infierno de Dante
Lejos quedaron las melodías juguetonas y computarizadas de los videojuegos que solía jugar de niño. Hoy, con la tecnología avanzada que caracteriza a las consolas, la música devino importante a un nivel igual que los meticulosos gráficos. Amén de que ahora la música es totalmente real, ejecutada por orquestas de primerísimo nivel. Por eso, la música que acompaña a una historia es parte esencial de una narración.

No se puede vivir de la misma manera la emoción de una historia cualquiera, ya sea en cine o videojuegos, sin una música bien lograda que nos ayude a sumergirnos en el mundo que nos propone la fantasía.

Uno de las bandas sonoras mejor logradas en los videojuegos es la compuesta por Garry Schyman para el Infierno de Dante, título de 2010. Como es de imaginar, no se podría pensar en una música desabrida y gris para un título tan sugerente.

La composición pasa de guiños a la música medieval, la música de la primera mitad del siglo 20, de Prokofiev a Bartok, hasta la tensa atmósfera de un Ligeti, pasando por el actual trato orquestal que propone Joseph Bishara en filmes como Insidious o El Conjuro, así como los míticos desgarramientos vocales de Diamanda Galás.

Por lo mismo, puedo decir que la música compuesta para videojuegos o películas no es vanguardista en un nivel estricto, ya que basa todo su discurso musical en formas ya propuestas por compositores de la llamada música clásica.

Sin embargo, no deja de ser notable la manera en la que son usados todos estos elementos para ponernos los nervios a flor de piel.

La orquestación de Garry lleva la tensión hasta niveles límite, de tal manera que vivir el juego es terrorífico y emocionante en todos sus niveles. Claro, para aquellos que juegan. Para otros como yo, la música en sí es ya un logro de la composición y ejemplo de cómo las narrativas musicales siempre pueden disfrutarse en un plano meramente auditivo.

A cada compás no dejaremos de sorprendernos por las atmósferas de Garry Schyman. Estamos frente a un compositor que conoce y maneja a la perfección numerosas formas musicales. No en vano es aclamado por su trabajo.

Si hoy es un día de emociones, bien podemos agregarle un sabor intenso y oscuro con esta banda sonora que nos mantendrá al filo de nuestro lugar favorito durante toda su duración. Coros potentes, voces desgarradoras, orquestaciones metálicas, percutidas y obstinadas. Una oportunidad para recordar ese recorrido que Dante hace en compañía de Virgilio por los círculos del infierno. Que lo disfruten.

Album de la semana: Dante’s Inferno. Spotify.
29 Septiembre 2019 04:00:00
Un canto para sanar
Al los 19 años Gabriel Fauré habría de componer una de las obras más bellas que puedan existir y que le valdría el codiciado Premio de Roma, que se otorga desde 1663.

Gabriel Fauré nació al sur de Francia. Un niño tranquilo que aprovechaba la menor oportunidad para escaparse y tocar el armonio de una capilla de su pueblo. Ahí es donde descubre su vocación musical sin proponérselo. A los 9 años, luego de un año de espera y meditación, su padre decide llevarlo a París donde haría estudios con Niedermeyer, en una escuela clásica y religiosa: 11 años entre sabiduría musical y cultural, y una vida casi monástica, con uniformes extraños y comidas casi paupérrimas. Excelente pianista para esa época y compositor en desarrollo.

Durante la guerra franco-prusiana sirvió a su país para, después, radicar un tiempo en Suiza, país neutral que le permitió enseñar en la escuela de Niedermeyer, que se había desplazado a la ciudad de Rambouillet. En 1871 regresó a París como organista en la iglesia de Saint-Sulpice, situada en el sexto arrondisment, aunque no por mucho tiempo, ya que su lugar principal y definitivo sería, a partir de 1877, en la iglesia de Madeleine, a unas cuadras de la plaza de la Concorde, y donde fue maestro de capilla.

Fauré fue laureado en vida como pocos compositores: de una fama en la nación que fue casi un amor por su contribución musical. Su fama se conoce en Inglaterra, pero es sobre todo en su país donde se le venera. No transcurrió mucho tiempo para que el mundo conociera lo grandioso de su creación. Su Cantique de Jean Racine es, sin duda, un ejemplo que trasciende cualquier creencia. Ya que el recogimiento en el que reposamos mientras escuchamos la obra, nos alimenta a la vez que nos sana.

Hacia el final de su vida su obra tiene una madurez evidente, pero siempre fue el mismo compositor que jugaba inocentemente en un armonio viejo en Pamiers, su ciudad natal. Ahí donde está el amor, está la vocación. Que lo disfruten.
15 Septiembre 2019 03:50:00
Notas que purifican
Hildegard von Bingen (Alemania, 1098-1179) fue una mujer como pocas. Médico, naturalista, conocedora de ciencias, poeta, compositora, poseedora de un don místico que le permitía tener visiones desde la infancia, mismas que ocultó durante años hasta que se decidió escribirlas y compartirlas con el mundo. Una mujer que supo relacionarse y hacerse respetar por los reyes de la época.

Admirada por Leonor de Aquitania, aquella otra mujer pilar de la historia. Una mujer que luchó por lo que creía y amaba, y que no se dejaba vencer hasta conquistar aquello que se proponía. Actualmente, doctora de la iglesia, es por su música por la que yo me siento fascinado. Su obra es de los catálogos más extensos de la música medieval. La calidad de sus composiciones sobrepasa las de la época en la que las melodías eran menos elaboradas. La suya es de una riqueza extraordinaria. Movimientos melódicos más amplios en el que los cantantes deben tener un gran dominio de la voz. El uso de una nota pedal (una nota musical que se mantiene constante durante largo tiempo) que reviste a su canto y nos llena de una plenitud casi mística.

La música de Hildegard nos arrebata para llevarnos a las esferas más recónditas del universo musical. La música de Hildegard es monódica, es decir que está hecha por una sola melodía, como el canto gregoriano, el bizantino, el mozárabe, por citar algunos otros ejemplos. El coro canta al unísono mientras un instrumento, o en otras ocasiones una sección del coro, guarda aquella nota pedal de la que hablaba hace un momento.

Los textos religiosos, si bien podríamos no comprenderlos, no nos impiden disfrutar de su obra. Tampoco que se sea creyente o no de las doctrinas que la compositora profesaba.

Hildegard es una muestra de que la música no solamente sobrepasa los tiempos, sino también los credos.

Canticles of Ecstasy es un álbum realizado por Sequentia, una de las agrupaciones más afamadas y especializadas en repertorio medieval. La delicadeza de las voces son como incienso que se eleva en ofrenda.

La música de Hildegard es luz, es un éxtasis que nos arrebata para regresarnos renovados, purificados. Con Hildegard estamos frente a la Belleza y sin duda será una experiencia que deberíamos todos experimentar.

Que lo disfruten.Álbum de la semana: Hildegard von Bingen. Canticles Of Ecstasy. Spotify.
08 Septiembre 2019 04:00:00
Unión de música y danza
La danza clásica es una de mis pasiones, una de las expresiones artísticas que más disfruto. Parte del trabajo que he realizado en mi vida como músico es el acompañamiento de clases de ballet clásico y no dudaría en afirmar que es de las actividades que más me llena, si no es la que más.

Sentarse al piano e improvisar temas que se adecuen a los ejercicios que el maestro de técnica pide a los alumnos y buscar una intimidad con los cuerpos, el movimiento, el sonido y la música es una experiencia que vivo con mucho placer.

Siempre he considerado que la danza contemporánea, esa que comenzó con Duncan o Graham y ha explorado cada vez más la abstracción de los cuerpos se asemeja en mucho a la música. Tanto danza como música son una manifestación artística en la que no necesitamos saber de elementos técnicos para poder disfrutarla. Al menos de primera impresión.

Son artes que llegan directo a nuestros sentidos, la vista o el oído, y que basta con tenerlos atentos para dejarnos invadir por la experiencia. No así la literatura, por ejemplo, que requiere de la capacidad de leer el idioma en que está escrito un libro.

Ya en el siglo 20, muchas artes buscaron explorar dentro de la abstracción y poder ampliar sus posibilidades creativas.

La pintura, por ejemplo, con Kandisnki, tomaba elementos de la música para titular sus obras. En fin, que la danza contemporánea con exponentes como Sasha Waltz, Pina Bausch, Jirí Kylián o Maurice Béart, por citar algunos, busca esta expresión abstracta de los cuerpos.

Un acercamiento a lo que la música ha hecho desde siempre y de manera natural. Claro, existe la música de programa o el impresionismo que busca retratar un momento o historia. Sin embargo la música nunca podrá decirnos algo en concreto, siempre serán posibilidades, provocaciones e interpretaciones. De ahí su riqueza.

La música de esta semana esta basada en obras de Tchaikovsky y sus grandes ballets. Creada por Gavin Bryars y David Lang e interpretada por el pianista Njo Kong Kie y un ensamble de dos violas y chelo. Esta música fue creada para coreografías de Édouard Lock, el coreógrafo creador de la afamada compañía de danza La La La Human Steps.

Sin importar si vemos o no las coreografías, que sugiero ampliamente buscar en internet, la música nos invita a la danza, a dejarnos llevar por el movimiento. La combinación de dos artes, la música y la danza, esta semana es la sugerencia que estoy seguro no los defraudará. Que le disfruten.

Álbum de la semana: Amjad. Njo Kong Kie. Spotify.
01 Septiembre 2019 03:51:00
Max Richter, la profundidad sonora
Hace unos días me hicieron un regalo: la obra para piano de Max Richter. Él es uno de los compositores vivos que más me conmueven. Si la música es un instrumento de viaje, de desapego de la realidad, Max Richter es uno de mis guías predilectos. Toda su música es capaz de arrancarme del mundo y ponerme en lugares donde el tiempo se detiene, donde el silencio es total y la contemplación de nada cobra sentido.

Nunca regreso igual de cada pieza que toco al piano o escucho de este compositor. Max Richter estudió con grandes como Luciano Berio. Ha estado al lado de figuras como Philip Glass o Arvo Pärt. Su obra es grabada por la Deutsche Grammophon, una de las casas discográficas de música clásica con más renombre.

Los paradigmas se rompen al situarse en una constante cuerda que fluctúa entre lo clásico formal y lo electrónico o música ambiental. Sin embargo sus composiciones van más allá de lo que la música new age hace. Ya que Richter es capaz de profundizar en la mente de quien escucha y trastocar su realidad.

Las obras que están incluidas en este álbum son un ejemplo sintetizado de su música, pero podríamos escuchar su recomposición de las cuatro estaciones de Vivaldi y confirmar su genio.

La simplicidad en la música no es sinónimo de falta de ingenio o de belleza. Podemos encontrar en la historia musical ejemplos claros de obras muy complejas técnicamente, pero que no resultan bellas y en cambio afrontar obras con recursos tan sencillos -que no simplones-, que nos arrancan de nuestro letargo.

¿Dónde radica entonces lo bello en el arte? Lo bello es difícil de definir. El genio, por otro lado, puede demostrar su gran potencial cuando usa los mínimos recursos y con ello logra un objeto artístico que nos toca. Como toda obra minimalista, Richter debe escucharse de principio a fin para poder experimentarse a profundidad.

El silencio que venga después, al final de nuestra experiencia, cobrará un sentido tan distinto, tan pleno, que es probable que no queramos ensuciarlo con nada el resto del día, especialmente en este mundo que nos distrae cada segundo con notificaciones. Que lo disfruten.

Album de la semana: The Blue Notebooks. Max Richter. Spotify.
25 Agosto 2019 03:55:00
Un seminario sobre el siglo 20
Como saben muy bien aquellos que me conocen y leen, desde hace tiempo tengo la oportunidad de impartir diplomados y seminarios en la Universidad Autónoma de Coahuila. Durante cinco años he recorrido, más de una vez, desde los inicios de la música hasta la actualidad. El viaje ha sido fructífero, placentero y no pocas veces arduo.

Caminar desde tiempos antes de Jesucristo, muy lejos de nosotros, pasando por música en epitafios hasta compositores que, hoy en día, no cumplen ni siquiera la mayoría de edad, ha representado una oportunidad de crecimiento que no podría despreciar y que, no me cabe duda, los asistentes han podido disfrutar y aprender de ella, cada día más. Este año, al terminar el primer semestre y a punto de finalizar el diplomado en curso, me propuse una tarea para los próximos seis meses: abordar la música del siglo 20 sin tanta prisa.

El tiempo nunca es suficiente para abordar cualquier periodo musical y numerosos compositores. Podríamos llevarnos una vida entera para estudiar a Bach o Mahler, por ejemplo. Pero sujetos al implacable tiempo, es menester buscar caminos y andar por ellos para conocer cada día más. De tal manera que en un futuro me encantaría poder abordar con más tiempo otros periodos musicales o compositores en específico, pero este semestre toca al siglo 20.

Decidido a conocer más profundamente este siglo tan excepcional y único, he dividido en dos semestres el largo y fascinante viaje a través de las manifestaciones artísticas, musicales y filosóficas (estas últimas de manera epidérmica, pero necesarias).

Desde el postromanticismo, tan fundamental para comprender los albores de estos tiempos, hasta el Impresionismo de Claude Debussy. También abordaremos a Erik Satie y sus aportes místicos, así como a Maurice Ravel. Iniciaremos un viaje emocionante desde la crisis de la tonalidad como fundamento de la estética musical, y visitaremos a la segunda escuela de Viena y a su mentor Arnold Schönberg, quien estableció nuevas reglas para la composición, que muchos otros siguieron sin dejar de buscar otras fórmulas y reglas en la creación musical.

Las reglas cambian, los conceptos también, porque como dice el sabio de Coyoacán, don Ernesto de la Peña: a diferencia de las ciencias, el arte no evoluciona, sólo se transforma. Y es este siglo 20, un tiempo colmado de transformaciones no sólo a nivel social y político (dos grandes y desastrosas guerras lo comprueban, tecnológico e industrial, sino también artístico.

Es aquí, en el mundo del arte, donde podemos encontrar un reflejo de lo acaecido durante estas décadas, porque mirando hacia atrás siempre podemos ver con mayor claridad las relaciones.

Sin embargo, el tiempo no será suficiente para abarcar 10 décadas, sino solamente la mitad y un poco más. Pero el tiempo lo tenemos y la oportunidad para profundizar, también.

El primitivismo de Stravinsky, el microtonalismo de Ives y Scelsi, el grupo de los Seis y la música concreta, todos son compositores y manifestaciones artísticas que abordaremos con la intención de comprender, cada día más, el fenómeno musical.

Así que si lees esto y deseas saber más, te invito a que te inscribas al seminario que comienza el martes 27 de agosto en la Infoteca Central en Camporredondo.

No tengo duda de que podrás disfrutarlo, no solamente por su contenido, sino por el grupo tan ameno y diverso que conforman desde hace tiempo estos diplomados y seminarios y que aumentan cada vez más.
18 Agosto 2019 03:48:00
A Horas Truncas
De pronto cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar como suelen hacerlo en los campos. Es cálida. Los colores verdes del valle y de los bosques comienzan a fundirse lentamente con el azul del cielo, que se vuelve cada vez más oscuro.

La noche se acerca y en el horizonte la luna sonríe como el gato de Cheshire. El aroma rural se percibe y se mezcla con el balar de las ovejas que a lo lejos comienzan su diálogo nocturno. Loustique, el león del campo, anda con parsimonia al lado de nosotros, callado como un hombre sabio.

La mesa que habíamos dispuesto para charlar parece una pintura impresionista en la tela de la noche. Es blanca y forjada, una mesa de jardín común y corriente. Sentarnos a conversar en ella es un pequeño ritual, un ponernos al día como lo hacen dos amigos que hace tiempo no se ven, pero que no dejan de sentir la confianza de estar ahí, bebiendo un digestivo mientras las reflexiones sobre la vida y lo que nos ha acaecido van surgiendo poco a poco. Pocas palabras. Las necesarias.

La música y los libros no faltan en esta sobremesa al filo de la medianoche. Miro mi reloj mientras Louis busca la música que su esposa ejecuta en un cuarteto de tangos contemporáneos. De pronto, mientras veo unas nubes dibujarse al horizonte, el sonido de un bandoneón emerge lentamente, acompañado de un cello lánguido, doloroso y dulce a la vez.

Es el Cuarteto Lunares que me presenta mi amigo con una admiración plena por la música que hace su mujer. La pasión desborda en cada compás, una pasión incontenible que el cuarteto logra transmitir y hacer sentir. Como todo tango contemporáneo desde Piazzolla, los ritmos percutidos son casi una obsesión, pero las disonancias que estos compositores desconocidos ejecutan, provocan sensaciones diferentes, más intensas y profundas.

No hay una concesión a la sensiblería musical. El insomnio es el equilibrista que busca no caer del lado de la cordura, pero tampoco de la desolación. Se balancea, de un lado a otro mientras el cuarteto se pierde entre cuerdas que juegan, pero que pueden llegar a ser agresivas, peligrosas.

No hay un momento en el álbum que escuchamos en el que se menosprecie algo. Y es ahí, en esa noche, que descubro una música nueva, entre charlas y noches de desvelos. Pero el tiempo se acerca a horas truncas, como el álbum que escucho de nuevo en Spotify, sentado frente a la computadora, y agradezco el placer de encontrar amigos en lugares lejanos, pero que permanecen cerca gracias a la música.

11 Agosto 2019 04:00:00
El cosmos Mahleriano
Entre los años 1888 y 1910, Gustav Mahler compuso sus sinfonías. La décima la dejó inconclusa, pues solamente llegó a finalizar el primer movimiento y dejó algunos esbozos y estructuras para movimientos posteriores. Sin embargo, ya desde la primera sinfonía nos ha dejado claro –al menos para nosotros que vivimos muchos años después–, que todas ellas son un ejemplo de la grandeza del género sinfónico y que con él alcanza, quizás, sus más altas cimas.

De naturaleza compleja y de formas densas que ejercen la atención no solamente por parte del ejecutante sino también del espectador, escuchar a Mahler es dejarse elevar a esferas cósmicas, pues sus sinfonías no son terrenales. Todas ellas requieren de una masa sonora que exige, sin concesiones, a un gran número de músicos, lo que dificulta su ejecución en vivo –al menos para gran parte de las orquestas–, pues de desear interpretarlas, una orquesta común requeriría de la contratación de muchos músicos extras y esto conlleva no solo un gasto mayor, sino una logística detallada para lograr un buen resultado, pero no temamos, ya que vivimos en la época de lo virtual en la que podemos acceder a maravillosas interpretaciones de sus obras, como las que pude enfrentar y disfrutar estas semanas.

De Leonard Bernstein nos quedan grabaciones de las sinfonías de Mahler, y fue esta integral la que aprecié durante mi estancia en Europa. Entre calles y caminatas sin rumbo llevaba, de tanto en tanto, una sinfonía escuchada por movimientos, con calma y con repetición. Debo confesar que considero a las sinfonías de Mahler como un reto para alguien que busca en la música algo más allá de la sensiblería y la emoción fácil.

El mismo Hans von Bülow se tapó un día los oídos al escuchar la Segunda Sinfonía, diciendo casi neurótico: “Si esto es música, entonces yo ya no sé qué es música”. Si uno de los mayores personajes de la música del postromanticismo (quien descubrió a Strauss y dirigió a Wagner), dijo eso alguna vez, ¿qué podríamos esperar de oídos terrenales como los nuestros? Pero que esto no nos amedrente ni nos detenga. Acceder a las más altas cumbres de la belleza artística siempre ha requerido un esfuerzo porque, en muchas ocasiones, lo bello no es fácil.

Dentro de todas estas casi advertencias, quisiera puntualizar que mi objetivo es justamente lo contrario: que nazca el interés por su parte, de adentrarse en un cosmos musical donde las transfiguraciones son constantes, donde experimentamos un arrebato de emociones y de sublimaciones que pocas veces tienen igual.

Quien sabe, quizás al finalizar la Octava Sinfonía, llamada De los Mil, entonemos junto con el Chorus Mysticus, la cita al Fausto de Goethe: Alles Vergängliche Ist nur ein Gleichnis (Todas las cosas transitorias son solo parábolas); aquí la carencia se tornará en derroche; aquí lo indescriptible se verá realizado.
28 Julio 2019 04:00:00
Caminar en Lyon
Estoy en Lyon, en el Vieux Lyon. La parte más antigua de la cuidad. Una de las ciudades medievales mejor conservadas en la actualidad. Caminar por sus calles es ya un placer para los sentidos. Sus calles angostas, sus edificios altos que parecen juntarse en lo alto; los cafés y bares típicos, con sus mesas sobre la banqueta que invitan a sentarse a seguir admirando la belleza desde una taza de café; los museos que hay en esta zona que no debo dejar pasar.

Más allá de esta zona, la actividad se vuelve más cotidiana y comienzo a ver personas que durante el fin de semana salen a correr por la ribera del Ródano que atraviesa la ciudad junto con el Saona, hasta llegar al Parc de la Tête d’Or, donde se congregan familias para pasar un sábado soleado. Entre las calles de ese Lyon más cotidiano, hoy visito los mercados locales que se ponen en algunos parques. Embutidos, tan famosos en este lugar, quesos como para quedarse a degustar el tiempo que hiciera falta y frutas y legumbres que los agricultores y granjeros producen, se venden frescos, a más no poder.

La explosión de colores saltaba a la vista y puedo sentir el sabor de todo lo que miro. Mientras mis pies siguen deambulando sin rumbo, a la espera de encontrar sorpresas, paso por el auditorio de la Orquesta de Lyon, un animal de concreto, enorme, monolítico, que espera la temporada tras el verano.

Aquí, como en todo Europa, las actividades musicales y de arte en general, se detienen para dar lugar al descanso. Por lo que no es posible asistir a algún concierto, salvo algunas excepciones quizás. Pero esto no importa porque caminar por las calles de Lyon es suficiente ya.

De tanto en tanto, me detengo en alguna iglesia para admirarla, en algún jardín o plaza con sus fuentes donde las personas se refrescan con los pies metidos dentro de su agua cristalina. Y ahí, en momentos, me sumerjo en la música. Me pongo los audífonos y comienzo a escuchar, esta vez, un álbum de Natalie Dessay, quien naciera en esta ciudad en el año de 1965 y quien actualmente se dedica principalmente a la música de recital.

El álbum Entre elle et lui, junto al compositor y pianista galardonado Michel Legrand, me inunda con su música suave y seductora. La voz aterciopelada de Natalie transforma el entorno, lo envuelve como una lluvia suave que lo cubre todo, mientras la música de jazz del conjunto de Legrand me anima a seguir caminando entre las calles de una ciudad que esconde algún bello secreto detrás de una esquina.

Álbum de la semana: Entre Elle et Lui. Spotify.
21 Julio 2019 03:50:00
Nadia Boulanger
Daniel Baremboim, Aaron Copland, Philip Glass, John Eliot Gardiner, Georgr Gershwin, José Rolón y Astor Piazzolla tienen en común a una mujer que fue un pilar para la música en el siglo 20: Nadia Boulanger, la mujer más influyente en el mundo musical del siglo precedente. dueña De una mente prodigiosa, a la edad de 12 años tocaba de memoria todo el Clave Bien Temperado, y 48 preludios y fugas de Johann Sebastian Bach. Nadia fue alumna del amigo de la familia Gabriel Fauré y más tarde, con apenas 13 años, se convirtió en la organista suplente del compositor en la iglesia de la Madeleine.

Con apenas 16 años ganó el Gran Premio de Roma de Composición, el cual también ganó su hermana Lili Boulanger, siendo esta la primera mujer en ganar tan perseguido premio.

Nadia Boulanger, a pesar de sus capacidades para la composición, luego de la muerte de su amada hermana, decidió dejar la creación musical y enfocarse en la dirección orquestal, la interpretación musical y la pedagogía.

En este último aspecto de su quehacer artístico es donde dejó su más profunda huella. Por su casa, que cada miércoles se llenaba de alumnos e intelectuales, pasaron también cientos de alumnos a lo largo de su intensa vida de enseñanza. Más de mil 200 estudiantes fueron instruidos de manera enorme por la madre musical del siglo 20. Una soltera a quien siempre llamaron “mademoiselle”, y quien fue una fervorosa creyente católica que enseñó hasta el último momento de su vida a sus 92 años.

Todos los músicos que han recibido su instrucción le agradecen su capacidad de guiarlos por el camino que cada quien deseaba seguir. Quizás mademoiselle Boulanger conocía aquel pasaje bíblico que dice: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Y eso hizo que respetara la búsqueda de cada discípulo que tuvo y también guiarlo de manera completa para que lograran su propio deseo.

Así, Mademoiselle fue maestra de figuras tan diferentes como Elliott Carter, Gershwin, Piazzolla o Philip Glass. Una figura que siempre será recordada por no influir de manera categórica en quienes la buscaban para nutrirse de su conocimiento, y por permitir que este siglo tan convulsionado en tantas ocasiones, pudiera tener voces tan amplias en el mundo de la música.

Un domingo como hoy es buen momento para recordar a esta mujer que fue no simplemente un pilar, sino la madre musical del siglo 20. Y es que hay personas que dejan una descendencia inmensa sin haber procreado un hijo.
14 Julio 2019 03:00:00
Dream. John Cage.
Los pájaros se despiden del día, ocultos entre los árboles. La luz de la tarde se puede tocar con los dedos, siento su roce por mi piel mientras se abren paso por entre los árboles del bosque hasta tocar el suelo con su resplandor. El silencio es casi total. Camino por entre la vereda cubierta de hojas de otoño. Los colores ocre en distintas tonalidades le dan al paisaje un aura especial. Miro mis pies avanzar por entre la senda que asciende la breve colina.

El frío me reconforta y me hace sentir despierto, me refresca el rostro mientras balanceo las manos durante el ascenso. No hay nada más que un bosque otoñal que está a punto de dormir un largo invierno, hojas apiladas en pequeños grupos formados al azar y una alfombra húmeda de hojas de otoño. Sin embargo hay algo que no encaja con la realidad, pienso.

De pronto me doy cuenta de la razón por la que tengo esta sensación. Es un sueño. Entonces levanto la mirada y miro al sol de la tarde despidiéndose entre las ramas de los árboles y lo siento real, pero mi cuerpo casi incorpóreo siente su cálida caricia. Al mirar hacia lo alto de la colina veo, del lado derecho, una cabaña de concreto. Más que una cabaña es una casa en mitad del bosque. Me recuerda a esas casas de los años 70 construidas entre calles empinadas, pero aquí está sola en medio de este lugar. Un coche antiguo de dos plazas aparcado en la cochera principal duerme como un animal amaestrado. Como una esfinge. Me acerco a la casa y llamo a la puerta, pero no hay nadie y esta cede sin la mayor resistencia. Sin temor, que quizás debería sentirlo, entro en la casa.

Curiosamente me siento tranquilo, con ese estado que los griegos llamaban ataraxia. Serenidad. La casa está vacía y tanto el piso de madera como las cortinas que danzan con el viento delante de las ventanas abiertas me revelan que no ha sido habitada en mucho tiempo. Mis pasos resuenan en el eco de esta soledad y mi corazón casi reverbera entre las paredes, sereno. Sin pensarlo me dirijo a la cocina, que encuentro vacía también salvo un detalle que pronto salta a mi mirada. En lugar de una isla común y corriente se encuentra un piano de cola cubierto de un polvo fino. Escucho el silencio y me acerco al piano con su tapa abierta.

Veo el bosque tras las ventanas de la barra de la cocina. Miro alrededor hasta detenerme en el teclado del piano que me resulta extraño. Sus teclas viejas están hechas de marfil y piedras preciosas, pero de una manera delicada, nada ostentosa, como si esperaran una música especial. No las toco, y me alejo como quien sale de un santuario. Un sueño, me repito, mientras me desvanezco lentamente.
30 Junio 2019 03:00:00
Cuadros de una exposición
En 1874 nace uno de los pilares de la música del siglo 20, Arnold Scönberg, cuya obra cambiaría radicalmente la teoría musical y, aunque aún hoy tenemos su sistema dodecafónico, cabe destacar que siguen conviviendo múltiples sistemas de composición y reglas teóricas, los que da lugar a una riqueza de elementos para la composición sin igual.

Este año de 1874 nace Charles Ives, compositor estadounidense quien nos deja con preguntas sin responder, como su obra La pregunta sin respuesta, donde las cuerdas apoyan como un remanso las preguntas planteadas por una trompeta. En 1874 también nace otro pilar del mundo de las artes, en este caso la literatura: Gertrude Stein quien además de tener una aguda visión del mundo, fue una visionaria en el mundo del arte, gracias a lo cual Picasso, Cézanne, Matisse, Toulouse-Lautrec entre otros pudieron impulsar más aún sus carreras. Las primera exposición de los llamados Impresionistas también se da lugar en este año, un año en el que Bedrich Smetana comienza la composición de su obra más afamada: Má vlast. Pero lo que me trae a este año no es ninguna de estas consideraciones previas, si bien sirven de marco para resaltar la importancia de una de las obras para piano más emocionantes del repertorio musical que influirá en el futuro musical.

Me refiero a los Cuadros de una exposición, de Modest Músorgski compuesta en el año de 1874. Una obra de exigencia técnica notable y que entra dentro de la llamada música programática, es decir aquellas composiciones que tienen la intención de evocar una imagen específica. De ahí que la obra, compuesta de 10 piezas, evoquen cuadros del amigo del compositor e intercala una promenade cuya característica musical nos recuerda una marcha fúnebre, pero a la vez llena de majestuosidad. Victor Hartmann el pintor y amigo de Músorgski recién había fallecido por lo cual el compositor, a manera de homenaje compone esta magnífica obra. Por desgracia nos quedan pocos registros de los cuadros en los que se basa para crear esta obra musical, aunque podemos encontrar algunos. Sin embargo una cosa nos queda clara: la obra musical sobrepasa al tiempo de una manera superior a la pictórica.

Los Cuadros de una exposición son un ejemplo también de la filosofía musical del Grupo de los Cinco: Mili Balákirev, César Chi, Modest Músorgski, Nikolái Rimski-Kórsakov y Alexandr Borodín, quienes con sus aportes a la música y su adhesión al pensamiento nacionalista, heredaron al mundo obras magníficas, pero también una visión del arte musical que adoptarían otros países, entre ellos México. El potencial tímbrico de la obra no escapó a Maurice Ravel quien en 1922 orquesta maravillosamente la obra. Sin embargo las líneas se me terminan y es menester prestar oídos a esta obra tanto en su versión para piano como orquestal. Que la disfruten.
23 Junio 2019 03:00:00
Divagaciones sobre la Patética
Apenas me di cuenta cuándo dejé de estar en el lugar que me encontraba sentado. La interpretación de la Sonata No. 8 en Do Menor, Op. 13 de Ludwing van Beethoven de mi alumna no era particularmente evocadora. Más bien mecánica y desentendida. De esas ejecuciones por parte de personas con demasiado talento, poca emoción y aún menos intenciones de dejarse llevar por las tormentosas emociones de un compositor como Beethoven.

Pero en un momento dado, quizá debido al cansancio de un viernes por la tarde o la urgencia de sentirme arrastrado por la rabia del primer movimiento, dejé de escuchar. Dejé de estar donde me encontraba y me vi a mí mismo sentado en casa de mis padres, con la luz polvosa que entra por la puerta principal en las tardes de verano.

El equipo de audio Panasonic era de esos que podían leer cassettes y vinilos, pero no cds porque aún no eran comunes. Con una taza de café en la mano estaba dispuesto a escuchar no la Patética sino la Sonata Op. 27 No. 2 en Do Sostenido Menor Quasi una Fantasia, que desde siempre he llamado como todos Claro de Luna.

La interpretación de Emil Gilels me emocionaba mientras crepitaba el vinilo de La Música Más Bella del Mundo, famosa colección de música clásica del Reader’s Digest.

Eran los tiempos de buscar la música, de tener unos cuantos discos, todos ellos de mi madre, y escucharlos una y otra vez hasta que las notas se adherían a la memoria. Ya en ese entonces vivir en medio de la fantasía era una necesidad que buscaba a cada momento.

Por eso me enamoré de la música y decidí dedicarme a ella. Poner uno u otro de los vinilos de la colección era un placer que ya sentía nostálgico incluso en ese preciso momento.

El concierto No. 21 Kv. 467 para Piano y Orquesta de Mozart también vino a mi cabeza mientras mi alumna seguía sin interés alguno y con una lectura casi impecable las notas del segundo movimiento de la sonata.

El sonido del piano estaba ahí, vibrando entre las paredes del salón y un poco modificado por las aspas de un ventilador de techo que removía mis recuerdos. Miré mis manos que seguían las notas de esa tonalidad de la bemol tan apreciada por Beethoven y me di cuenta de que la emoción por la música sigue ahí, infatigable, inagotable, cada vez más grande entre los afanes de la vida diaria.

Por eso me fugué durante esa hora de clase, con la ayuda del sonido de un piano un tanto desafinado y la interpretación de mi alumna, aunque fuera un momento, un pequeño instante de infinito.
09 Junio 2019 03:54:00
La obra más lenta jamás creada
Nueva York, 1985. Está frente a la ventana. Mira la ciudad moverse a una velocidad estrepitosa. El ruido del mundo es como un mantra para él en ese momento. En medio del silencio, en su cabeza solamente hay un acorde que suena. Simple. La, do, fa sostenido. Sus dedos se mueven apenas repitiendo lo que su cabeza acaba de escuchar. La3, do4, fa#4, repiten sus labios sin pronunciar palabra.

Su mirada atraviesa el cristal de la ventana mientras sus labios, sus dedos y su mente permanecen en calma alimentados por las tres notas. De pronto, el rostro sereno de John Cage repite lentamente, como creando palabras nuevas, como un idioma traído de tiempos inmemoriales: As Slow As Possible y sus palabras apenas perceptibles reverberan en la habitación. As Slow As Possible, repite en un tono místico y sus ojos brillan delante de la epifanía.

Halberstadt, Alemania, 1361. La noche comenzaba a caer y Nicolaus Faber daba los últimos ajustes al órgano de la iglesia San Buchardi. Su creación estaba lista para honra y gloria del Eterno. Con reverencia, Nicolaus alzó los ojos al Cristo crucificado emulando a manera de gracia reverencial: consumatum Est, y posó la mirada en el órgano que acababa de construir.

La iglesia, construida el año 1050 era testigo de la invención del teclado de 12 notas y Nicolaus Faber reconocía con humildad que quizá sería ese un momento histórico. Por eso, en silencio y adoración, dirigió sus pasos a la puerta y salió reverente. Años más tarde, un músico de Halberstadt, el más prolífico de la historia, haría música en ese órgano.

1997. Un grupo de músicos y filósofos se preguntan sobre las implicaciones de la indicación de Cage. As Slow As Possible, repiten y se llenan de estupor. Tienen la revelación lo que deben hacer, 639 años después de la construcción del órgano de Faber, ya en el año 2000 comenzaría la interpretación más larga de la historia.

En el histórico lugar, Halberstadt, un órgano comenzaría con apenas seis tubos a interpretar la obra de manera automática. Los primeros silencios de la obra duraron 17 meses y de pronto, el 5 de febrero de 2003 un primer acorde: La3, do4, fa#4. La interpretación de la partitura seguirá hasta el año 2639. Años en que seremos polvo y el arte seguirá siendo eterno… siempre y cuando exista alguien para apreciarlo.

Álbum de la semana: ASLSP, John Cage. Spotify.
26 Mayo 2019 04:02:00
Amjad y la danza
La danza clásica es una de mis pasiones, una de las expresiones artísticas que más disfruto. Parte del trabajo que he realizado en mi vida como músico es el acompañamiento de clases de ballet clásico y no dudaría en afirmar que es de las actividades que más me llena, si no es la que más.

Sentarse al piano e improvisar temas que se adecuen a los ejercicios que el maestro de técnica pide a los alumnos y buscar una intimidad con los cuerpos, el movimiento, el sonido y la música es una experiencia que vivo con mucho placer.

Siempre he considerado que la danza contemporánea, esa que comenzó con Duncan o Graham y ha explorado cada vez más la abstracción de los cuerpos se asemeja en mucho a la música.

Tanto danza como música son una manifestación artística en la que no necesitamos saber de elementos técnicos para poder disfrutarla. Al menos de primera impresión. Son artes que llegan directo a nuestros sentidos, la vista o el oído, y que basta con tenerlos atentos para dejarnos invadir por la experiencia. No así la literatura, por ejemplo, que requiere de la capacidad de leer el idioma en que está escrito un libro.

Ya en el siglo 20, muchas de las artes buscaron explorar dentro de la abstracción para poder ampliar sus posibilidades creativas.

La pintura, por ejemplo, con Wassily Kandinsky, tomaba elementos de la música para titular sus obras. En fin, que la danza contemporánea con exponentes como Sasha Waltz, Pina Bausch, Jirí Kylián o Maurice Béart, por citar algunos estupendos intérpretes, busca esta expresión abstracta de los cuerpos. Un acercamiento a lo que la música ha hecho desde siempre y de manera natural.

Claro, existe la música de programa o el impresionismo que busca retratar un momento o historia. Sin embargo la música nunca podrá decirnos algo en concreto, siempre serán posibilidades, provocaciones e interpretaciones. De ahí su riqueza.

La música que recomiendo esta semana esta basada en obras de Piotr Ilich Tchaikovsky y sus grandes ballets. Creada por Gavin Bryars y David Lang e interpretada por el pianista Njo Kong Kie y un ensamble de dos violas y chelo.

Esta música fue creada para coreografías de Édouard Lock, el coreógrafo que dio forma en 1980 en Montreal, Canadá, a la afamada compañía de danza La La La Human Steps.

Sin importar si vemos o no las coreografías, que sugiero ampliamente buscar en internet, la música nos invita a la danza, a dejarnos llevar por el movimiento.

La combinación de dos artes, la música y la danza, esta semana es la sugerencia que estoy seguro no los defraudará. Que le disfruten.


Álbum de la semana: Amjad. Njo Kong Kie. En Spotify.
19 Mayo 2019 03:00:00
Wagner incommensurable
Pasos que se acercan cada vez más, pasos más ansias por estar sobre la alfombra roja de un lobby largamente esperado donde la música suena y se mete por todos los poros de la piel, de la mente, del intelecto, de la emoción. Pasos que cuento uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta olvidar y volver a comenzar y las calles se conviertan en movimientos que cuento con los dedos de la mano uno dos, tres, cuatro, cinco, una calle menos, un semáforo más.

La lluvia nos envuelve en un silencio expectante, esperamos, avanzamos boleto en mano hacia el teatro Metropolitan Opera House, donde la música transformadora de Wagner aguarda como un coloso dormido que a punto está de conquistarnos y arrebatarnos entre sus manos.

La primera de cuatro noches está por comenzar y vislumbramos apenas alzando la mirada los arcos del teatro mudos testigos de música inmortal. Gente caminando en trajes pulcros y zapatos llamativos, vestidos brillantes que portan las mujeres y hombres del lugar.

Un candelabro otras veces admirado desde la mujer desnuda y fría como el metal que nos espera desde el segundo piso muda, callada ,silenciosa, dejando que las estrellas que penden de la lámpara la bañen de luz.

Los minutos pasan y observo observamos, callado, callados, espero esperamos en silencio entre risas nerviosas porque lo largamente esperado comience a ser.

Sin notarlo apenas, los ojos se van acostumbrando a la penumbra que lentamente se posa sobre el auditorio rojo, dorado, pulcro, elegante y levanto la mirada para observar cómo los astros se alzan despacio para dejar lugar a la oscuridad.

Me siento en mi butaca y con el dedo índice pulso tres veces el botón rojo frente a mí hasta llegar a los subtítulos en español. Una lluvia de aplausos comienza desde una brisa imperceptible hasta llegar al estruendo de la tormenta.

Sabemos que vivimos un momento memorable inconmensurable mitológico ancestral arcano iniciático testigos del destino trágico de Wotan, Fricka, Freia, Loge, Erda, Alberich, Sigfrido, Fasolt, Fafner y de todo el panteón que compone El Anillo del Nibelungo. Veinticinco años le tomó a Richard Wagner terminar toda su visión, su drama musical, su Gesamtkunstwerk obra de arte total.

Poco más de 15 horas nos tomará a nosotros recibir la revelación, la iniciación a algo que por toda la vida voy a recordar. Entra Philippe Jordan y mis manos aplauden y dejan de aplaudir para sentir el terciopelo entre mis dedos casi trémulos, mientras las notas casi imperceptibles comienzan a sonar, a llenar, a cautivar.

Sin palabras sigo para describir lo que por una semana viví al escuchar a Wagner en el Metropolitan Opera House, en Nueva York. Me temo que el tiempo pasará y seguiré incapacitado para transcribir en palabras lo que esa experiencia significó para mí.
05 Mayo 2019 03:53:00
Tiffany Poon
Con ansias tomé mi lugar en el bello teatro Calderón de la ciudad de Zacatecas.

El color rojo aterciopelado de sus asientos me hipnotizaba y reconfortaba. La calidez del pequeño lugar me disponía para disfrutar de un programa intenso tanto para el auditorio como para la orquesta sinfónica de Zacatecas o cualquiera que se atreva a ejecutar la obertura de La Forza del Destino, el concierto No. 3 de Sergei Rachmaninov (1873-1943) y la sinfonía No. 1 de Johannes Brahms (1833-1897), que algunos, ya en años del compositor llamaban la décima sinfonía, por alusión a la clara influencia Beethoveniana sobre el compositor alemán. Todo este banquete en la misma noche, en el mismo lugar.

Pero lo que me tenía asido de mi asiento era  escuchar a una de las pianistas más puras que conozco actualmente. Me refiero precisamente a Tiffany Poon, quien desde hace algunos meses ha cautivado mi corazón en tanto a música para piano se refiere.

Tiffany (Hong Kong, 1997) ha sido becada por la Juilliard School a sus 8 años, para tiempo después obtener un grado de Artes y Filosofía por la universidad de Columbia. Luego de esto una maestría en la célebre universidad de Yale.

Merecedora a varios reconocimientos ha lo largo de su joven vida, podríamos pensar que tiene la vida resuelta porque es una virtuosa del piano. Pero la verdad es que, aunque sí es una virtuosa, ella nos hace entender el mundo de un músico con talento.

¿Cómo es esto? Pues bien, Tiffany Poon, como muchos millennials, tiene un canal de YouTube. Y aunque no se considera una youtuber, nos comparte su vida como estudiante constante y profesional del piano. A través de sus videos podemos darnos cuenta del tiempo que invierte en el estudio y que la vida del virtuoso no es como romantizamos muchas veces.

La dedicación diaria es un factor determinante para que coseche los logros que hoy en día tiene. Y es a ella a quien me dispuse  a escuchar esa noche. En un piano de sonido pequeño, pero aterciopelado, que pudimos constatar en el concierto perfectamente ejecutado.

La técnica depurada y la interpretación tan directa y cristalina no dejaba duda: estamos frente a una de las pianistas que harán historia.

Esa noche de domingo, en la ciudad mágica de Zacatecas, así fascinado y absorto. Los sonidos del piano y la entrega de la orquesta me habían cautivado el corazón. Ajeno a lo que pasaba a mi alrededor, caminé por las calles empredradas de la ciudad en medio de una algarabía de festival.

En la plaza junto a la catedral cantaba sonoramente el tenor Arturo Chacón (Ciudad Obregón, 1977) un repertorio de mariachi, que invitaba a regresar y disfrutar del momento que se me presentaba: escuchar el talento de dos personas jóvenes que han cosechado éxitos no sólo debido al talento evidente y la fortuna sino a su esfuerzo constante e infatigable.

La música de Tiffany Poon se encuentra en YouTube y Spotify.
28 Abril 2019 03:22:00
Escaparate Clásico
La música del siglo XX rompió de manera tajante con muchas herencias artísticas que el romanticismo musical llevaba consigo. Y no solamente la música negó el pasado, sino muchas otras corrientes artísticas: la pintura, en muchas corrientes, como ejemplo notable; a la poesía tenía un rato traspasando límites. La arquitectura y la Bauhaus, Le Corbusier después, propusieron formas de diseño totalmente fascinantes.

Sin embargo esta ruptura de las artes con respecto al pasado generó una orfandad de la que no muchas manifestaciones saldrían victoriosas en la realización del objeto artístico. Es discutible esta finalidad del arte en un objeto artístico, dado que la justificación filosófica de la obra muchas veces se antepone ante la obra misma. De esta manera el resultado material no importa tanto como su idea. Ahí tenemos el desarrollo de filosofías estéticas variadas y muy interesantes como el postmodernismo. ¿Pero qué hacer entonces con toda la evolución de las artes hasta antes de este siglo XX tan polifacético, ya no anarquista o democrático? Evidentemente la negación resulta casi imposible: El dadaísmo incluso en su rebeldía necesitaba de las obras de Da Vinci para ponerles bigotes.

En música las vanguardias se manifestaron en el dodecafonismo, el serialismo y la atonalidad, por citar tres ejemplos, todas estas desarrolladas en el siglo del que hablamos, aunque la atonalidad ya tenía su trayecto iniciado desde décadas atrás. Pues bien, en el siglo XX la música y sus compositores son tan variados que parece vertiginoso, y casi imposible observar una línea clara de evolución musical. Cada compositor y cada obra sus propias reglas, sus propios límites traspasados. Esto una y otra vez. ¿Dónde queda entonces un rasgo del pasado, del romanticismo ahora tan vituperado?

Existen algunos compositores que pudieron unir el siglo precedente con el XX. Uno de los más notables fue Einojuhani Rautavaara. Este compositor y su obra son un ejemplo de cómo las vanguardias más intrépidas pueden convivir con la herencia de los compositores del pasado y aún así ofrecer una música que sea capaz de disfrutar la mayoría de la gente. En Rautavaara podemos escuchar toda una síntesis y unión de multitud de formas con un resultado cautivante y de extremada belleza. Su Cantus Articus Op. 61 o su sinfonía número 7, Angel Of Light son de tal perfección y espiritualidad que son transformadoras.

La profundidad emocional que encontramos en su concierto para piano y orquesta no están en pugna con una elaborada concepción técnica ni con la complejidad que es evidente. Los clústers, es decir el conjunto de numerosas notas ejecutadas al mismo tiempo, lejos de escucharse cacofónicos nos transmiten una fuerza sonora pocas veces lograda en algunas obras de otros autores. Sin duda Einojuhani Rautavaara es uno de mis compositores predilectos. Que lo disfruten.

21 Abril 2019 03:03:00
El evangelio según la otra María
El oratorio es sin duda el género musical más importante cuando hablamos de música religiosa. Dadas sus características que integran solistas, coros, un narrador y por supuesto la orquesta, es fácil enterarnos de porqué es una excelente opción cuando a un compositor se le presenta la tarea de componer una obra basada en textos religiosos. Por supuesto que el oratorio no es solamente de temática religiosa sino también secular, es decir no religiosa. Y, a diferencia de la ópera, el oratorio se representa como concierto, no escépticamente.

Ya desde el año 1600 tenemos registros de oratorios notables. Baste citar algunos cuantos como La Historia de la Resurrección de Jesús, de Heinrich Schütz, quien la compusiera hacia el año 1623. Tommaso Albinoni, aquel compositor del famoso Adagio, también tiene un oratorio llamado Maria Annunziata. Y por supuesto el Mesías, de Haendel y la Pasión, de Barthold Heinrich Brockes. Inspiradas en la narración poética de la pasión de Cristo –escrita por el mismo Brockes y que otros compositores también tomarían en cuenta posteriormente–. Y cómo dejar de lado Las Tres Pasiones de Johann Sebastian Bach. Mención a parte merece Jan Dismas Zelenka, quien cada año consolida su fama y se descubre más de él.

Los oratorios no sólo retratan la pasión de Cristo o su nacimiento, por supuesto, pero dadas las fechas es bueno recordarlos. Pero aunque podemos seguir mencionando una gran cantidad de oratorios con esta temática, el día de hoy quisiera hablar sobre uno que me llamó la atención hace algunos meses mientras buscaba en la infinita música en internet. Me refiero al Evangelio Según la Otra María, del compositor contemporáneo John Adams.

El libreto pertenece al controversial Peter Sellars, quien se basó en diferentes textos que van desde el evangelio apócrifo de María Magdalena, los canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento, pero también de escritores tan variados como Rosario Castellanos, Rubén Darío o Hildegard von Bingen.

El lenguaje musical es totalmente contemporáneo, y aunque podemos catalogar a John Adams en algunas obras como minimalista, su oratorio no lo es en lo absoluto. Las disonancias y tensiones armónicas se suceden con frecuencia, pero también los pasajes de lirismo lleno de belleza y fuerza interpretativa.

La obra fue compuesta en 2013 y podemos escuchar dos versiones en Spotify. Una a cargo de la Filarmónica de los Ángeles bajo la batuta de Gustavo Dudamel y la otra con la Filarmónica de Berlín bajo la dirección de sir Simon Rattle. Personalmente prefiero la segunda, ya que el tratamiento musical realizado por Rattle y ejecutado por la histórica orquesta es sin duda más refinado y sofisticado.

Algunos meses antes del estreno de este oratorio en 2013, el compositor Mark Adamo estrenó en la ópera de San Francisco El Evangelio de María Magdalena, una ópera de gran fuerza emotiva. Cabe mencionar que a esta ópera no es posible escucharla aún en las plataformas musicales, pero sin duda con la obra de John Adams bastará para pasar este domingo, o acaso una semana entera.

Así que sin más, dejo de escribir para que la música comience a escucharse en mi sala. Que la disfruten.
14 Abril 2019 03:10:00
Stabat Mater
Podemos verla al pie de la cruz, llorando desconsolada, afligida por ver a su hijo pender de esa cruz. La podemos ver en los antiguos códices de Aureus de Lorsch del siglo 11; podemos verla triste, con el rostro surcado por las lágrimas y las manos entrelazadas en un gesto entre la impotencia y el dolor en el retablo de Mathias Grünewald.

El dolor y el poder del relato bíblico no escapó tampoco a la paleta de colores de Tiziano cuando en 1558 pinta la la madre de Jesús casi desvanecida al pie de la cruz, mientras Santo Domingo se abraza con fe a la cruz del Mesías; y tampoco escapó a El Greco, quien, en 1590, pinta igualmente dolorosa a la enigmática María Magdalena junto a la madre. Y aunque vemos el relato en los evangelios, no es sino hasta el siglo 13 que el papa Inocencio III, junto a algún franciscano, crea la famosa secuencia que sigue vigente entre los compositores que buscan crear música basada en ese pasaje bíblico.

Enumerar aquí a todos los músicos que han realizado una obra sobre el Stabat Mater es una tarea inmensa. Sobre todo porque son más de 200, pero más que eso, porque he de confesar que no los conozco todos. Una tarea que merece la pena ser emprendida, dejemos constancia. Entre los más memorables está el de Giovanni Battista Pergolesi, quien dos semanas antes de su muerte, en 1736 a los escasos 26, legó al mundo una de las obras religiosas más conmovedoras de la historia. Pero también podemos recordar el de Josquin Desprez o el intrincado, pero majestuoso y místico, Stabat de Palestrina. Más que estos dos últimos, uno que me conmueve enormemente es el de Antonio Vivaldi.

En esta obra, el compositor italiano deja de lado el virtuosismo de incontables notas, para impregnarnos de una música dolorosa como el texto mismo. Pasajes llenos de dulzura por fuertes tensiones musicales que nos hacen sufrir junto a la madre al pie de la cruz. Y aunque los ejemplos que cito son de siglos pasados, también podemos constatar la perenne influencia de la secuencia en compositores posteriores: Schubert, o el mismo Dvorak. Pero no es sino hasta Francis Poulenc que podemos apreciar un abordaje del texto que nos puede llegar a erizar la piel a la vez que poner de rodillas. Arvo Pärt y Karl Jenkins merecen consideraciones aparte por estar vivos.

Todos los Stabat Mater que he escuchado puedo asegurarles que, sea cual fuere su postura frente a la fe o el tema de María Madre, pueden revelarnos un mundo musical que explora lo místico y que nos acerca a lo espiritual.

Podríamos parafrasear a Ciorán diciendo que cada vez que escuchamos un Stabat Mater todo nuestro escepticismo se tambalea. ¿Qué hombre no lloraría si a la madre de Cristo viera al tanto del suplicio? ¿Quién no se entristecería con la madre contemplando a su hijo doliente? ¿Quién no se conmovería al escuchar el dolor de la madre convertido en música tan maravillosa como éstas que aquí comentamos?

Sólo resta agregar, y más que todo desear, que espero fervientemente que el tiempo nos sea propicio y podamos escuchar en paz y recogimiento algunas de las sugerencias de esta semana. Que al escuchar esta música seamos arrebatados por un instante al Paraíso, que sin duda debe estar colmado de música semejante.
07 Abril 2019 03:05:00
Un mundo de referencias
En un mundo donde pareciera que ya todo se ha dicho, de pronto nos preguntamos si es posible decir algo nuevo, pero esta idea no es nueva. Umberto Eco lo escribe en las Dos Hipótesis Sobre la Muerte del Arte en su libro La Definición del Arte.

Ya aquí, entre sus páginas, nos presenta la idea de los enamorados que lo saben todo y no les queda otro camino que las referencias. Sin embargo, esto lejos de ser un obstáculo para mostrar sus emociones y sentimientos, los dota de nuevas herramientas en el que la referencia es importante y dota de más significado lo dicho.

En la nueva puesta en escena de Carmen en la Royal Opera House, Barrie Kosky comete la osadía de presentarnos a una mujer vestida de gorila mientras canta La Habanera. Por supuesto que no es lo que nos esperamos en una mujer seductora, sin embargo estamos ante una referencia poderosa que se remonta a 1932, La Venus rubia, en el que Marlene Dietrich canta en una escena disfrazada de gorila.

Como sabemos, Dietrich es considerada un mito dentro del séptimo arte, pero ya en su vida era vista por muchos como una Femme Fatale.

De ahí que la referencia de Kosky en su puesta en escena sea poderosa, sugerente y trágica a la vez. ¿Es poderosa la referencia en sí misma si no conocemos en qué se basa? Es difícil la respuesta y merece reflexiones a parte.

En Ensayo sobre el Teatro de 1908, Thomas Mann menciona el interés de Wagner por la sugerencia y termina diciendo que en la nueva escena del teatro imperará el símbolo, la sugerencia artística de tal modo que puedan ser representadas las cosas sin siquiera tenerlas concretamente en escenario.

Vaya que Mann vislumbraba el futuro del teatro. Podemos afirmar que una referencia bien situada no es sinónimo de falta de creatividad sino todo lo contrario.

En esta semana pudimos ver una referencia más en al tráiler de Joke, la esperada película protagonizada por Joaquin Phoenix y dirigida por Todd Phillips. Un despliegue poderoso y altamente artístico en su cinematografía junto a una actuación dolorosamente impecable de Phoenix. ¿La referencia? La canción Smile, de Charlie Chaplin (y otros letristas y compositores) usada en su película Tiempos Modernos.

Una película que nos presenta la opresión y sufrimiento de una nación en plena Gran Depresión, la misma situación que vive Gotham. La interpretación por Jimmy Durante en el trailer nos atrapa. Además de que las referencias visuales de la película de Chaplin son evidentes. La música no podría ser más intensa y bien usada hasta que la escuchamos intervenida por el talento de Hildur Gudnadóttir, cellista y compositora islandesa.

Pero el espacio se me acaba y me quedan más cosas en mente que desearía compartirles, así que creo que escuchar esa versión de Smile o la de Nat King Kole de 1954, será más que suficiente para disfrutar de este día.
31 Marzo 2019 03:36:00
De estrenos mundiales y otras cuestiones
Comencemos estas líneas aceptando que un concierto como acto social es obligatoriamente público. Y digo esto porque el martes pasado asistí al estreno mundial de un concierto para piano pletórico de momentos bellos. Sin duda. Así que antes de regresar al primer punto, permítanme comentar el concierto del compositor Alberto Askenazi y Luis O’Cádiz.

Un concierto compuesto en un estilo marcadamente post romántico en el que el diálogo del piano, lleno de acordes que nos recuerdan a Rachmaninov, se entremezcla con una orquesta efusiva, llena de colores que nos recuerda a mundos antiguos. La interpretación de los tres movimientos que conforman el concierto fue pulcra, detallada y meticulosamente elaborada por parte del director Natanael Espinoza y el talento arrebatador de Alejandro Vela, pianista de Coahuila que con sus interpretaciones se ha ganado a gran parte del mundo entero.

Al final del tercer movimiento la vertiginosa interpretación de los músicos se llenaba de pasión y un desenfreno siempre bien controlado. A todo esto debemos agregar la emoción y honor de contar con los compositores del concierto durante el evento. Era pues, dentro del marco de los festejos del 40 aniversario del Teatro de la Ciudad Fernando Soler, un evento de primer nivel: Un estreno mundial, ejecutado por una orquesta cada vez más consolidada y un pianista de primer nivel.

Sin embargo, y para mi desgracia, hubo eventos, no propios de la música sino del evento social en sí, que no me permitieron disfrutar del todo el concierto. Luego de casi una década de eventos orquestales, de un auge en la vida cultural de Saltillo, me pregunto: ¿cómo es posible que el público siga sin aprender a comportarse en un evento como este? Quisiera decir que exagero, pero escuchaba al lado mío a una pareja comer cacahuates durante el concierto, sin preocuparse por el ruido del celofán. Y más allá, otra pareja comiendo una sonora bolsa de Doritos.

Una orquesta merece respeto y más siendo un evento de tanto honor como lo es un estreno a nivel mundial. Además de esto, aceptemos que para todo hay momentos y un concierto no es para ir a comer. Finalmente, y ya para terminar, quisiera agregar y pedirles encarecidamente que no aplaudan cuando venga en gana. En un concierto, en tanto género musical, como una sinfonía o toda obra musical que sea compuesta por varias partes, se debe aplaudir hasta el final. Y esto no es por aspiraciones snobs, sino simplemente por respeto al intérprete y a su profunda concentración. Simple, si ven que los músicos no atienden a los aplausos, es clara señal de que estamos haciéndolo en un momento inadecuado.

Aprendamos pues a aplaudir en los momentos oportunos. Claro, esto también debiera decirse antes del evento y ser los organizadores los primeros en cultivar a su público. Así se evitarían sorpresas como estas y como el ruido de los celulares que en dos ocasiones sonaron durante el concierto. Ojalá seamos ese público cultural que muchos dicen que somos y aprendamos a disfrutar debidamente un evento como lo es un concierto de orquesta, un recital.

Feliz domingo.
24 Marzo 2019 03:51:00
Rhapsody in Blue
Nueva York, 14 de noviembre de 1943, un joven conductor de 25 años estaba a punto de hacer historia. Bruno Walter, el mítico conductor cayó enfermo y nadie en la ciudad se atrevía a sustituirlo. Quizás se podría haber cancelado, pero en aquella época los conciertos eran transmitidos en directo por la radio a todos los Estados Unidos. Imposible no seguir la agenda. Leonard Bernstein, recién nombrado asistente del director de la orquesta Artur Rodzinski, fue llamado a sustituir al maestro alemán.

Para todos, quizás para el mismo Bernstein fue una sorpresa y una oportunidad que no debía dejar pasar. Las oportunidades llegan para quien está bien preparado y Leonard lo estaba. Dijo sí al reto, pidió las partituras y contactó al maestro Bruno Walter, quien le guió en la compresión de la partitura, entre otras cosas el Don Quixote de Strauss para chelo y orquesta.

Apenas horas antes del concierto, apenas con el tiempo de ver lo que se iba a interpretar, apenas con el tiempo de plantarse con firmeza frente a los más de 60 músicos que seguramente lo miraban con recelo y hasta burla. ¿Un muchacho de 25 años dirigiendo esta gran orquesta?

El concierto fue un éxito en la sala esa noche. El público vio dirigir por primera vez, con entrega y precisión, a uno de los grandes directores de nuestro tiempo.

Al día siguiente el New York Times se deshizo en alabanzas y reconocimientos por Leonard Bernstein, quien a partir de ese momento se convertiría en leyenda. Pianista, director y compositor prolífico, Leonard es el ejemplo del sonido americano de una orquesta.

Sus obras, West Side Story, por ejemplo, son ejemplo de la cultura americana, de la diversidad de géneros y del jazz como recurrente. En el álbum de esta semana lo escuchamos dirigir obra de Georges Gershwin, uno de los representantes de Estados Unidos de la música orquestal más influyentes de nuestros tiempos. La manera de dirigir de Bernstein, siempre controversial, es espléndida, clara, enérgica, vertiginosa. Podemos sentir la emoción con la que el director se entrega.

Este álbum reúne a dos genios de Estados Unidos interpretados por la maravillosa Orquesta Sinfónica de Chicago, así como la Filarmónica de Los Ángeles. Busquemos nuestro lugar favorito de la sala y disfrutemos de este viaje.

Álbum de la semana: Gershwin: Rhapsody in Blue. Leonard Bernstein. Spotify.
17 Marzo 2019 03:44:00
Herbert von Karajan
¿Cuál es la función del director frente a la orquesta? ¿Es realmente necesario un director? Estas preguntas no se han hecho pocas veces a lo largo de la historia. Incluso Federico Fellini aborda de manera magistral el tema en su película Ensayo de Orquesta, en la que los músicos se sublevan frente al director e imponen como rey al metrónomo.

Sin embargo al final de cuentas, en el filme de Fellini o en la vida real, la figura del director es fundamental por muchas razones. ¿Quién si no, va a guiar a más de 50 personas por la misma senda interpretativa? Sí, claro, la partitura y un conocimiento sobre el estilo musical nos ayuda a saber por qué rumbo irá cierta obra, sin embargo el director es el que unifica todos esos mundos que son cada uno de los músicos de una orquesta.

El director es el que va a amalgamar esas mentes artísticas para que la obra se escuche concisa. También cada director dará ese sello personal que lo distingue de otros directores y que a hasta a una orquesta misma la define. Muchas razones existen para valorar el trabajo de un director. Incluso muchas veces van más allá de los estilístico.

Herbert von Karajan (1908-1989) sería quizá la figura epítome de lo que un director es en su totalidad. Vilipendiado por muchos, amado por otros en igual número, Karajan es el director del siglo 20. Por supuesto que existen muchos otros y algunos que todavía siguen vivos. Pero Karajan fue un maestro en la batuta y en las relaciones políticas y comerciales. Gracias a él, dicen los mitos que no son ciertos, pero ya nos muestran cierta verdad oculta, el formato CD tuvo la capacidad que tiene para grabar.

Fue capaz de dirigir obras de compositores alemanes y franceses en el mismo programa, aún cuando estos países estaban, en ciertas décadas, en evidente desacuerdo político. No le importaba más que la música. Claro y los medios. “¿Podemos repetir la última parte,?”, le preguntó alguna vez un músico solista, y el maestro le contestó: “Imposible, no hay tiempo, todavía faltan las fotografías”.

No es esta frase la que define la totalidad del genio austriaco, evidentemente. Karajan grabó cientos de obras y fue un hábil empresario para las reediciones de estas obras en formatos de todo tipo. Director vitalicio de la Filarmónica de Berlín, Karajan es un director de una perfección maravillosa. Su perfeccionismo le valió el éxito que tuvo no sólo él, sino la orquesta que dirigía.

Nos faltan páginas y tiempo para conocer de manera profunda a este director. Aún así, tenemos sus grabaciones que evidencian la calidad de su dirección, de su visión. Un director crea, propone una interpretación nueva, un camino diferente con paisajes diferentes para disfrutar de una misma obra.

Lo mejor de él es el repertorio del periodo romántico. Con el número de músicos que tiene la Berliner, escuchar sus interpretaciones de Bach, por ejemplo, es casi monstruoso. Y con el periodo clásico pasa lo mismo, aunque de menor medida. Claro, eran otros tiempos. Ahora las versiones historicistas nos han cautivado.

Pero no por esto podemos dejar de disfrutar al genio inmenso que fue Karajan. En este álbum hacemos un recorrido por muchos de los estilos y autores que dirigió. Desde lo barroco hasta las primeras obras del siglo 20. Es un álbum vertiginoso, emocionante, lleno de fuerza, que sin duda nos pondrá al borde de nuestro asiento.

Álbum de la semana: Karajan. Gold. Spotify.
10 Marzo 2019 03:14:00
Ordo Virtutum
Es de mañana y, luego de poner algo de orden en casa y comenzar algunas labores naturales de un fin de semana, me dispongo a desayunar. Ya mi cuerpo está en calor debido a la bebida cítrica y caliente que bebo. Es entonces que recuerdo las palabras de Santa Hildegard von Bingen sobre le desayuno: “Coma primero comida caliente para calentar el estómago…” de su libro Causae et Curae.

Con Santa Hildegarda también podemos coincidir como ella hizo con el padre de la medicina, Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Y aunque no viene al caso, consideremos a Galeno, quien muchos siglos después, entre los años 129 y 201, realizó notables avances en el mundo de la medicina y la cirugía, a tal grado que durante la Edad Media sus escritos fueron imprescindibles para la comprensión del cuerpo humano y sus enfermedades. Pero regresando a Hildegarda, me dispongo a desayunar algo de cereales como ella lo sugiere, no sin dejar que su música se despliegue como incienso por toda mi casa.

von Bingen nace en el año 1098, una época convulsa a nivel político y social, recordemos que las cruzadas, esas guerras sanguinarias que durarían cerca de dos siglos, apenas tienen dos años de haber comenzado. Hildegard nace el 16 de septiembre de 1098 y es hacia finales de ese año que se da lugar la Matanza de Maarat, en Maarat an-Numan, Siria, en donde el horror, la realidad y la fantasía se mezclan durante una de las más sangrientas opresiones dadas por la Primera Cruzada.

Alberto de Aquisgrán denunciaría años después actos atroces entre los que figuran el canibalismo. Pero el tiempo en aquellos siglos transcurre diferente y las noticias también. Hildegard viviría ejerciendo su vocación durante muchos años. Su enciclopedismo y capacidades intelectuales le permitirán ahondar en temas tan diversos como la medicina, la astronomía, la herbolaria, la teología y por supuesto, la música. Es la autora más antigua de quien tenemos noticias claras, y música que sabemos fue compuesta por ella.

Su Ordo Virtutum es una prueba de ello. Compuesta en el año 1151, el Ordo Virtutum es un drama litúrgico, que como podemos prever, está lleno de alegorías. Mucho tiempo después, durante el Siglo de Oro español, el Auto Sacramental será una forma literaria, poética y religiosa muy valorada, recordemos al Narciso de otra gran mujer, Sor Juana Inés de la Cruz, en el que el Padre observa al Hijo. El Ordo Virtutum, por otro lado, es una alegoría sobre la purificación del alma humana mientras luchan las Virtudes y el diablo, quien está despojado de la música, tan importante reflejo de la pureza. Pero el espacio se termina y no nos da tiempo de seguir divagando. Así que no me resta más que invitarlos a que escuchen a Hildegarda y dejen que transforme su día. Que la disfruten.
03 Marzo 2019 04:00:00
Fredrik Ullén
Comienzo a escuchar la música de un compositor americano del siglo 20 llamado George Flynn. Ya saben, una música cuya estructura escapa a nuestro entendimiento y que quizá fluctúe entre obra y obra. Las sonoridades son ásperas por momentos, de pronto las melodías asoman tímidas, pero claras entre una y otra capa de sonido.

Es entonces cuando me pregunto quién podría estar interpretando esta serie de obras tan complejas de escuchar y sin duda más complejas de ejecutar. Busco el nombre del pianista y me doy cuenta de algo que no me asombró: el pianista es el sueco Fredrik Ullén.

Cuando comenzaba a escuchar los estudios trascendentales de Kaikhosru Shapurji Sorabji fue precisamente Ullén quien los interpretaba y hasta el momento sigue grabando y completando todos los estudios que son 100. Una obra titánica no apta incluso para virtuosos, sino para súper virtuosos, para talentos que sobrepasan nuestro entendimiento, Marc-André Hamelin y el legendario John Ogdon son otros pianistas cuyo virtuosismo está más allá de lo que entendemos por virtuoso del piano.

Fredrik Ullén además de grabar la obra completa de Sorabji y de no pocas obras de George Flynn, también ha grabado la integral de György Ligeti, compositor de gran complejidad musical. Messiaen es otro compositor que no ha escapado a la mente y manos de Ullén.

Pero no todo es siglo 20 para el pianista sueco, también ha grabado obra de Franz Liszt, cuyo virtuosismo pianístico es mítico. Así que podemos notar la predilección de Ullén por el repertorio altamente demandante y de complejidades musicales y técnicas extremas.

La fascinación por esta música lo ha llevado no solamente a ejecutarla sino a investigar sobre las implicaciones de la música en el cerebro desde un aspecto estrictamente científico, ya que Fredrik, además de poseer un talento sobrenatural para el piano también es neurocirujano e investigador del conocimiento humano. Así que la explosión de mi cerebro al escuchar a un pianista de tan enormes capacidades debe ser comprensible también para ustedes.

Pero no solamente es un talento cerebral y mecánico el del Fredrik Ullén. Escuchando sus interpretaciones podemos darnos cuenta de la musicalidad que imprime a una música que no pocas veces nos presenta dificultades para apreciar.






24 Febrero 2019 03:37:00
Reflexiones de fin de semana
Esta semana surgió en mí una pregunta: ¿En verdad están agotadas las historias en el cine, que a poco más de un siglo ya tenemos que ver remakes de películas como Mary Poppins o La Boda de mi Mejor Amigo?

Por supuesto, esta pregunta me hizo recordar otras cosas en cuanto al ámbito musical. Reflexioné sobre los libretos de las óperas a lo largo de la historia y recuerdo que tampoco ha sido tan diferente en otras épocas.

La mitología está presente en gran cantidad de argumentos operísticos. Por supuesto que esto atendía a necesidades diferentes y también a momentos diferentes. ¿O no?

La gente del siglo 18 no deseaba ver una ópera con argumentos que no conocieran. Vaya, que los músicos y empresarios obtenían un mejor resultado si presentaban sobre el escenario una historia que el público pudiera reconocer fácilmente.

De esta manera todos ganaban: empresarios, músicos y el público, que por aquella época usaba el teatro como una pasarela, un escaparate para mostrarse a la sociedad en todo el esplendor posible.

Hoy acaso las motivaciones económicas sean las mismas. Pero ni antes ni hoy todo es monocromático. La exploración de diferentes historias y narrativas, entiéndase esto como las diferentes herramientas para contar alguna historia, siempre ha existido.

De ahí que el arte esté en constante transformación, que no es lo mismo que evolución, porque el arte, a diferencia de las ciencias, dice Ernesto de la Peña, no evoluciona, simplemente cambia.

Aunque esta búsqueda al final dé como resultado más historias, más recursos poéticos, no siempre es bienvenida.

Ya recordamos el problema entre los románticos en el siglo 19 y luego el de los vanguardistas en el siglo 20. El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932 - Milán, 2016) lo plasma en 1963 con sus dos hipótesis sobre la muerte del arte.

Pero respiremos tranquilos, que el arte sigue dando sorpresas. Simplemente tenemos que dejar de mirar por la misma ventana y atrevernos a explorar otros panoramas distintos.

En el cine esto representa un problema hoy en día con las opciones que nos presenta Netlix o plataformas similares, pero el que busca encuentra.

Sin embargo, es necesario señalar que las plataformas musicales están menos acotadas.

Por esta razón es que podemos acceder a música portentosa como la de Kaija Saariaho (Helsinki, 18 de octubre de 1952), compositora finlandesa de nuestros días, y su ópera en cinco actos L’Amour de Loin (El Amor de Lejos), de quien hablaremos en otra oportunidad, pero que sugiero ampliamente escuchar.


Álbum de la semana. L’Amour de Loin, Kaija Saariaho. Spotify.
17 Febrero 2019 04:00:00
Los preludios de Chopin
La brevedad que es completa en sí misma. La brevedad que es más un destilado emocional que una emoción trunca. Silogismos sonoros en donde todo está dicho y nada sobra ni nada falta. Esos son los preludios de Chopin. Apenas en 12 compases es capaz de provocarnos las más profundas emociones.

Son la serie de 24 preludios Op. 28. Compuestos cada uno en un tonalidad diferente, como lo hiciera Johann Sebastian Bach tiempo atrás, son una magnífica prueba que lo breve no es sinónimo de escasa imaginación. Aunque en su tiempo causaron cierta turbación por esta misma razón, la verdad es que los preludios de Chopin han pasado a la posteridad como una muestra del genio del compositor y de la capacidad de síntesis en una época en la que el espectáculo y los conciertos de larga duración eran la constante.

Schumann, quien después defendiera al compositor en no pocas ocasiones frente a la crítica, definía estos preludios como apenas unos esbozos, comienzos, casi ruinas de una obra. Pero estos preludios no serían derrotados por el tiempo. Hoy en día son apreciados por los grandes intérpretes quienes abordan este opus de manera magistral.

El hecho de que sean cortos no los hace de fácil ejecución, hay que aclararlo. Los hay muy complejos como el número 3 o el número 19. Pero todos ellos con la característica musical de Chopin: por más complejos o demandantes a nivel técnico, la melodía y el gusto musical siempre está presente. Incluso melodías sencillas y aparentemente poco logradas las escuchamos completas, poderosas, apasionadas, en el conjunto de la armonía que las sustenta.

Chopin es difícil de situar en esta época del siglo 19 pues la vida cultural-musical se divide en dos partes: por un lado están los que defienden la innovación en la música y la búsqueda de nuevos horizontes, como Liszt o Wagner y Berlioz; y por otro el de los conservadores que desean que las estructuras y formas se respeten, como es el caso de Brahms, Clara y toda la escuela de Leipzig.

Pero Chopin nos aparece en esta batalla de románticos como alguien indefinido. Sus posturas estéticas no están bien aclaradas por el compositor polaco, reacio a expresarse demasiado sobre cuestiones literarias o musicales.

La música que componía atendía a demandas y funciones sociales. Era efectista y lograba su objetivo al encantar a los alumnos de Chopin y los salones de la aristocracia. La similitud de este entorno social es muy parecido al de un siglo antes durante la llamada música galante. Esto no es del agrado de los románticos que buscan descubrir lo que hay de más profundo en el ser humano.

Sin embargo, la obra de Fryderyk Chopin nos cautiva y arrebata como ninguna otra. No se parece a nadie más que a él mismo y esta es una gran cualidad en toda su obra.

Y para prueba el Op. 28 que fueron compuestos entre 1835 y 1839 durante parte de los años que duró su relación con la mítica escritora George Sand.

Algunos de estos años pasados en Mallorca, el compositor crea estos preludios en un piano de la localidad y luego en su tan esperado piano Pleyel que le fuera regalado por el mismo fabricante de pianos.

Podemos ver las posibilidades técnicas y mecánicas de lo que era capaz el instrumento en esta serie de preludios que se escuchan pronto, pero permanecen en nuestro interior mucho más tiempo.

Que lo disfruten.


Los preludios de Chopin. Por Alexandre Tharaud.

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