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Marcelo Torres Cofiño
Marcelo Torres Cofiño
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Marcelo Torres Cofiño es miembro del Partido Acción Nacional desde 2006, fue Diputado Federal del Estado de Coahuila en la LXII Legislatura. Fue Presidente del Partido Acción Nacional y actualmente es Diputado Local, coordinador del grupo parlamentario del PAN y Presidente de la Junta de Gobierno en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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01 Septiembre 2019 03:04:00
Los dos caminos
La economía mexicana necesita crecer y hacerlo a un ritmo sensiblemente más acelerado que el sostenido en la actualidad. Sin crecimiento no hay empleos suficientes ni se generan las condiciones de prosperidad que demanda el país. En esto parece que tenemos un consenso amplio. Para que haya posibilidad de distribuir mejor la riqueza es necesario tener dinero para repartir. Sin crecimiento, todo lo demás se vuelve cuesta arriba.

En el contexto de la discusión política hay en la actualidad por lo menos dos caminos claramente distinguibles entre sí: uno que busca fortalecer el estado de derecho y el orden institucional para crear un clima de mayor confianza entre quienes realizan inversiones productivas, esas que sí generan empleos; y otro, el que se está aplicando, consistente en fortalecer la imagen del Presidente bajo el supuesto de que su simple figura redentora y salvadora transformará la nación.

De acuerdo con los que defienden ese segundo camino, la imagen pulcra y el historial impoluto del Mandatario es un ejemplo tan poderoso que, aunque de manera lenta -cada vez, supongo, caen en cuenta de que es más y más lenta-, eliminará todos los obstáculos que han impedido que México despliegue su potencial. Entiendo, por supuesto, que no es solo el ejemplo: están también todas las medidas de eso que llaman “austeridad” y todas esas trivialidades, como la del avión presidencial, que buscan revestir al Mandatario de santidad, haciéndolo susceptible al culto de su pueblo amado y necesariamente bueno.

El otro camino, y esto debe quedar bien claro, también parte de una crítica dura hacia el pasado, porque se toleraron excesos y latrocinios que debieron ser frenados y castigados. Sin embargo, dicha crítica conduce a una dirección diferente: sin importar la imagen de quienes ocupen los cargos públicos, las instituciones necesitan recuperar su credibilidad y su capacidad para resolver los problemas de la gente, por una sola razón: un individuo jamás será suficiente, incluso si es un hombre santo y beato, al que hay que elevar a los altares de la historia. 

Hay evidencias totalmente claras de que el camino del presidencialismo impoluto no es posible. Un ejemplo. La investigación hecha por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad sobre el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que es bandera del actual Gobierno, demuestra que únicamente 7.6% de los centros laborales que están registrados en el padrón y reciben becarios son reales. En otras palabras, 92% de las empresas o personas físicas con actividad empresarial que supuestamente tienen a aprendices, no existen, son fantasmas, tanto como la honestidad del Presidente. 

Se trata de solo una muestra de que el poderosísimo ejemplo del Presidente impoluto, santo y puro no sirve y no existe. Porque se están robando la mayor parte de los 100 mil millones de pesos que se están destinando para ese programa insigne, que además dicen genera empleos y mejora la economía, vaya, hasta han hecho berrinche porque el IMSS no contabiliza a los becarios como empleados.

Demos entonces la oportunidad al otro camino. Trabajemos en fortalecer las instituciones independientemente del individuo que las ocupe.
22 Noviembre 2020 04:00:00
100 mil muertos y contando
Por donde se le vea, la gestión de la pandemia de coronavirus por parte del Gobierno federal ha sido desastrosa. Al momento de redactar esta columna (jueves 19 de noviembre cerca de la medianoche), México ocupaba el primer lugar en el mundo de nuevos casos, con 4 mil 472. Pero, lo más preocupante es que ocupamos el sitio 157 del mundo en pruebas por cada millón de habitantes, lo que permite suponer que el número de contagios es mucho mayor del que reconocen las autoridades de salud.

Si revisamos el número de fallecidos pasa lo mismo; las 576 personas registradas ese día nos ubicaron en el primer lugar del mundo con nuevos decesos, lo que nos consolidó como el cuarto país con más muertes en lo que va de la pandemia. ¿Grave? Por supuesto. México tiene el 1.6% de la población en el mundo, pero ha acumulado alrededor del 7% de las muertes por Covid-19. Y no estamos contando aquí las más de 193 mil muertes adicionales que ha habido en el país en este fatídico 2020, algunas de las cuales, por necesidad, deben haber ocurrido por la pandemia. Pero el par de López-Gatell y Obrador, siguen intentando ocultar la realidad.

Hemos excedido en casi 70% la cantidad de muertes que el propio subsecretario calificó de catastrófica (60 mil víctimas); y no hay nada que parezca evitar que la dupliquemos o hasta la tripliquemos. Pero siguen mintiendo con absoluta desfachatez, a tal grado que, ahora, hasta se atreven a culpar a los medios por la difusión de las “malas noticias” en lugar de promover el uso de cubrebocas. Así de descarados están.

Lo cierto es que, en este punto, su pésimo desempeño nos ha metido en una encrucijada de la que es muy difícil salir bien librados. Me explico. Si se hubieran implementado las acciones adecuadas, intensificado el número de pruebas y las medidas de distanciamiento social, el paro que tuvieron las actividades económicas entre marzo y junio, habría servido para, de verdad, aplanar la curva de contagios como sucedió con la gran mayoría de los países del hemisferio oriente.

Pero, lo que pasó, es que se decidió navegar a ciegas, sin el número de pruebas suficientes como para actuar de manera oportuna en el aislamiento de quienes estuvieran contagiados, lo que derivó en la propagación masiva que ahora estamos viviendo, justo cuando ya no hay margen para volver a detener las actividades productivas, porque la economía está también en terapia intensiva. En otras palabras, las decisiones del Gobierno federal llevaron a millones a la pobreza y están condenando a mucha gente a morir.

No desconozco que buena parte de la población, con su manera imprudente de conducirse, ha contribuido a incrementar el número de contagios. Sin embargo, la decisión de no aplicar las pruebas suficientes porque es “costoso” y estamos en tiempos de “austeridad” es, sin duda alguna, la principal causa de la tragedia que vive el país. Y algo más: la falta de apoyo al personal médico y de enfermería es, también, la principal razón por la que México ocupa el primer lugar de muertes de esos profesionales.

Ahorrar sin ton ni son, de manera absurda y sin sentido, es lo que nos tiene como estamos, con más de 100 mil muertos y contando… Mientras, AMLO se retrata con un pitcher porque “primero los pobres ¿no?”.
15 Noviembre 2020 04:00:00
Una Comarca Lagunera más competitiva
Hay que tener cuidado al revisar los resultados del Índice de Competitividad Urbana 2020 del IMCO, porque no permiten un ejercicio comparativo tan directo entre las distintas ciudades; por eso, los autores tienen la precaución de separarlas por tamaños, aunque el primer grupo, el de las urbes con más de un millón de habitantes es demasiado disperso, si se considera que en él caben megápolis como la Ciudad de México y su zona conurbada; Monterrey o Guadalajara, que tienen muchas veces más población y recursos que la Comarca Lagunera, que no supera por mucho el millón de habitantes.

Colocada así, en ese grupo, es prácticamente imposible que se sitúe en el primer lugar de competitividad, como sí le pasa a Saltillo o a Piedras Negras, que son las más competitivas dentro de sus grupos: el de ciudades con menos de un millón y más de 500 mil habitantes en el caso de la capital coahuilense y; el de ciudades con menos de 250 mil en el caso de Piedras.

Sin embargo, eso no quiere decir que los laguneros nos debemos resignar a ocupar el lugar 13 (en un grupo que está conformado por las 15 más grandes urbes del país); sino que debemos atender aquellos rubros que nos permitan incrementar la competitividad de nuestra región.

Como hemos vuelto a constatar en fechas recientes, el primer gran reto que debemos enfrentar en La Laguna es la coordinación entre autoridades de dos estados y, por lo menos, cuatro municipios: Torreón y Matamoros de lado de Coahuila; Gómez Palacio y Lerdo por la parte duranguense. Enfrentamos realidades demasiado próximas como para querer resolver cada desafío de manera aislada, sin la colaboración de todos. Por eso, hay que trabajar bajo la idea de que siempre habrá algo más que hacer para lograr, cada vez, una mayor integración de la Zona Metropolitana.

Debemos recordar que para 2021, a pesar de los tiempos de gran crisis que estamos viviendo, le otorgan más del doble del presupuesto de este año a las obras faraónicas del Presidente, mientras recortan 8% de los recursos que llegan a nuestra entidad, incluida la

desaparición de los Fondos Metropolitanos, que permitían la realización de obras destinadas, precisamente, a mejorar la competitividad de nuestra región. No podremos contar entonces con esos tan importantes recursos.

Y, sin embargo, nuestra convicción debe ser seguirle apostando a mejorar como metrópoli. ¿Qué áreas son susceptibles de mejoría? De acuerdo con el Índice, debemos atender, y con urgencia, dos rubros: Aprovechamiento de las relaciones internacionales, en donde ocupamos el lugar 15 del grupo de ciudades con más de un millón de habitantes, con una nota “baja”; y el de Innovación y sofisticación de los sectores económicos, en donde también estamos en el sitio 15, pero con una nota “media baja”.

La buena noticia es que ya existe un plan estratégico, elaborado por el despacho Mackenzie, gracias al impulso del empresariado lagunero, que precisamente tiene como propósito atender el tema de la competitividad de la Comarca y justo en los rubros señalados.

Los laguneros necesitamos, ahora, poner dicho plan en acción y no hay tiempo para perder. No tengo duda de que juntos, con nuestro trabajo y nuestro corazón puestos en el desarrollo sustentable de nuestra región, lograremos una Comarca Lagunera más competitiva.
08 Noviembre 2020 04:00:00
A confirmar nuestra grandeza
Los contagios y defunciones ocasionados por el Covid-19 continúan aumentando de manera acelerada en Coahuila y en el resto del país. Hoy, prácticamente no hay nadie que no conozca a algún familiar o conocido que enfermó o, incluso, falleció debido a la pandemia.

Por otro lado, tenemos el problema económico. No podemos darnos el lujo de seguir viendo cómo cierran negocios y más personas se quedan sin empleo. La recuperación comenzó. Va, gracias al compromiso del empresariado mexicano, ligeramente más rápido de lo esperado; lo que no significa que se podría sostener en caso de requerir cierres similares a los que se presentaron en marzo o abril.

Por eso, para estar ante la posibilidad de ver crecer nuestra economía en Coahuila, a pesar de la pandemia y a pesar, también, del trato injusto e inequitativo que nos da el Gobierno federal, necesitamos comprometernos todos a cuidarnos sin dejar de lado nuestros quehaceres cotidianos. Necesitamos, sí, hacer sacrificios importantes. Pero, sabedores de que son por nuestro propio bien.

Las actividades destinadas a sostener la economía de nuestros hogares deben continuar en el entendido de que hay que cumplir con los protocolos de sana distancia de manera rigurosa, sin concesiones. Todo mundo en las empresas y los negocios debe permanecer con el cubrebocas debidamente colocado, lavándose bien las manos en repetidas ocasiones durante la jornada laboral y aplicándose gel antibacterial.

Aquellas actividades que pueden realizarse desde el hogar deben ser trasladadas por las empresas a las casas de quienes las realizan. Como se ha podido comprobar, la productividad de quienes están haciendo su trabajo desde sus equipos de computación en casa no ha disminuido, todo lo contrario, en muchos casos ha aumentado; además, significando ahorros en los costos para ambas partes (el trabajador y la empresa).

Más allá de lo laboral, en lo que refiere al esparcimiento y la vida social, es en donde más se necesitan respetar las medidas de distanciamiento social. Está comprobado que el mayor número de contagios ocurre en reuniones en las que se relajan los cuidados y el contacto físico se da con mayor intensidad. Se entiende que la gente que se estima se aproxime entre sí como muestra de confianza y afecto. Pero así se está propagando la enfermedad.

Por eso, para aquellos que no pueden estar sin tener vida social –que, además, es necesaria para la salud mental– lo recomendable es que reduzcan el tamaño de los grupos que se reúnen; que lo hagan en espacios abiertos y conservando las distancias, así como el uso del cubrebocas. Y de preferencia, que procuren ser siempre los mismos, para que puedan ayudar a controlarse entre todos.

Las crisis son siempre una gran oportunidad para crecer y desplegar nuestro potencial. En Coahuila somos gente de empuje y esfuerzo. No hemos logrado nuestro desarrollo de la nada. Surgió como producto de nuestra dedicación y compromiso.

Enfrentemos así, unidos, lo que queda de la pandemia de Covid-19 y sus múltiples consecuencias. Va para largo. Pero los problemas son siempre del tamaño de nuestra incompetencia. Estoy convencido de que, con el paso del tiempo quedará confirmada, una vez más, nuestra grandeza.
01 Noviembre 2020 04:00:00
Sí es posible
Difícilmente nos podríamos imaginar un panorama más complicado para México que el que estamos viviendo. Enfrentamos circunstancias mundiales complicadísimas, en medio de una pandemia que ya le quitó la vida a cerca de un millón 200 mil personas alrededor del mundo; una guerra por la hegemonía mundial en la que, para colmo, participa directamente nuestro principal socio comercial y una catástrofe ambiental en proceso, cuyos efectos todavía incipientes, ya no lograremos impedir, tan solo ralentizar.

A ese panorama mundial hay que agregar lo que ocurre en nuestra nación en donde, al contrario de lo que se prometía, la inseguridad y la violencia siguen fuera de control; la economía está claramente manejada de forma equivocada –y no es que “me parezca así”, sino lo que los resultados oficiales demuestran, como también lo hacen con respecto a la pandemia– y se intenta, a costa de cualquier cosa, mantener una visión optimista sobre un proceso de transformación que nació muerto.

Para las y los coahuilenses la complicación es, todavía, mayor, por la megadeuda de los Moreira y sus cómplices –que incluye a la diputada de Morena que, en la actual Legislatura, no dejó de votar sistemáticamente para proteger a los anteriores gobiernos– y por la venganza que el presidente López Obrador ha decidido emprender, usando como arma los recortes presupuestales que tienen en terapia intensiva a las finanzas de nuestro estado.

Y, a pesar de todo, tenemos prohibido tirar la toalla. Independientemente de nuestras filiaciones partidistas, quienes vivimos en Coahuila necesitamos seguir esforzándonos por crear las mejores condiciones posibles para el crecimiento económico y el desarrollo sustentable y sostenido de nuestra entidad. Es de gente bien nacida no escatimar esfuerzos en este momento tan delicado para todos. Para lograrlo, resulta urgente que los tres pilares que sostienen el delicado equilibrio en el que se encuentra nuestra entidad se fortalezcan.

Por un lado, es fundamental que cada uno de los individuos que realizan una función gubernamental o están en el servicio público, tanto a nivel estatal como el municipal, entienda que debe anteponer el bien común a sus intereses particulares. Hoy más que nunca Coahuila necesita de funcionarios y servidores honrados que se entregan con un gran compromiso y responsabilidad hacia su labor.

Nuestra entidad también está urgida de empresarios que busquen la excelencia y la calidad de sus productos; que abran y sostengan, en la medida de sus posibilidades, fuentes de trabajo bien remuneradas, en las que las y los coahuilenses puedan desarrollar todo su potencial humano, contribuyendo así con la riqueza que se genera en nuestro estado.

Por último, pero no menos importante, se necesita una ciudadanía que, en lugar de tratar de burlar a las autoridades, apega su actuar a lo que dictan las leyes y los reglamentos. Pero que también se organiza y se prepara para acompañar con sus ideas y su vigilancia a la labor gubernamental. Necesitamos ciudadanos propositivos, que contribuyan con su esfuerzo a la construcción de una mejor democracia.

Juntos, cerrando filas por Coahuila, demostremos que sí es posible.
25 Octubre 2020 04:00:00
Sin rumbo
¿Qué habría hecho un Gobierno medianamente sensato luego de ligar dos años consecutivos con un crecimiento negativo del PIB incluyendo la peor caída de la historia? Cualquiera supondría que buscaría aprovechar su mayoría en el Congreso de la Unión para aprobar un paquete económico agresivo que buscara detonar un rápido crecimiento acompañado, ¿por qué no?, por una mejor distribución de los recursos. Pero no.

Resulta que a este Gobierno actual se le ocurre hacer todo lo contrario y, por lo pronto, lanza una Ley de Ingresos para 2021 creada para ahuyentar la inversión, el ahorro y la generación de empleos.

No solo es el permiso para que Hacienda realice actividades de terrorismo fiscal, exprimiendo, como ha sido un hábito en todos los gobiernos, a los contribuyentes cautivos y en particular a los que tienen pequeñas o medianas empresas; se trata de la concepción integral misma de la Ley de Ingresos, diseñada para buscar recursos hasta por debajo de las piedras en lugar de proponer estímulos creativos y eficaces que sean atractivos para quienes buscan generar riqueza. Se trata, también, de castigar el consumo, justo en el momento en que nos urge fortalecer el mercado interno.

Recordemos –por si acaso se nos ha olvidado– que el consumo en México sufrió su peor contracción anual de la historia. Medido de mayo de 2019 a mayo de 2020, cayó 23.5% y a duras penas ha logrado alguna ligera mejoría en estos últimos meses. La razón es muy simple: se perdieron, por lo menos, un millón 100 mil empleos formales y un número mucho mayor de plazas informales. ¿No era esa razón suficiente como para aprobar algunos estímulos al consumo, incluyendo la propuesta para una Menstruación Digna, que de paso permitía cerrar un poco la brecha de desigualdad de género?

Nuestro país iniciará 2021 con unas 320 mil unidades de negocio menos de las que había a principios de este año. Incluso si nos olvidáramos de los resultados entregados en 2019 y aceptáramos que todo se debe a la pandemia ¿no era este el momento ideal para demostrar que les preocupa la situación económica del país y que están dispuestos a tomar las decisiones correctas en la búsqueda de detonar el crecimiento a través del fomento a la inversión productiva?

Es evidente que, desde la visión del Gobierno federal, la entrega directa de recursos a través de los programas sociales se presenta como el mecanismo que motoriza el consumo interno y promueve, como consecuencia, la creación de más empleos. La realidad demuestra que eso no es lo que ha ocurrido. Y, nuevamente, la razón es sencilla. Una persona que recibe un sueldo producto de su trabajo contribuyó a generar riqueza. De acuerdo con la OCDE, por cada hora un trabajador en México genera 21.6 dólares. El que solo recibe un apoyo, en cambio, no aporta en ninguna medida a que haya más riqueza.

Como he dicho en reiteradas ocasiones, no estoy en contra de que la gente que en verdad lo necesita reciba una ayuda, todo lo contrario. Sin embargo, ese no es un mecanismo para terminar con la pobreza porque no atiende el problema de fondo. Necesitamos más y mejores empleos. Insisto, porque además eso impulsa anímicamente a la población. El Gobierno federal ni lo entiende y ni lo quiere entender. Prefiere seguir así, como hasta ahora, sin rumbo.
18 Octubre 2020 04:00:00
Mejorar nuestras competencias
En el mejor de los casos, cuando son manejados con total honestidad y absoluta trasparencia, los programas asistenciales solo consiguen mantener a flote a la población más pobre.

Décadas de utilización de ese tipo de apoyos demuestra que realmente no ayudan a combatir de manera efectiva las desigualdades ni la pobreza.

Claro que se puede culpar de su fracaso a la corrupción, pero esa no es la única razón. Se trata de la intención misma que está detrás del diseño de esos programas, que no tienen metas que vayan más allá de asegurar la subsistencia.

México no solo necesita menos pobres, sino lograr que un grueso de la población pertenezca a una clase media consolidada.

Por eso mi insistencia en que apoyemos a las PYMES y a los emprendedores, porque si logramos fortalecer a ese sector de la economía, estaremos abonando a solucionar de fondo, y no con simples paliativos, los problemas de la desigualdad y la pobreza.

¿Qué podemos hacer?

Una tarea que lleva décadas pendiente y que es necesario atender con urgencia tiene que ver con la educación, y en particular, con aquella destinada a hacernos más competentes en aquellas habilidades que permiten manejar mejor los negocios; pero, también, la economía familiar.

Las finanzas de los mexicanos en su mayoría son muy frágiles no solo por la precariedad de sus ingresos, sino también porque se tienden a tomar malas decisiones con esos pocos recursos.

De acuerdo con el Índice Global de Habilidades 2019 de la plataforma Coursera, que valora las competencias y el rendimiento de la población de 60 países, México ocupa el lugar 39 en aptitudes de negocios; el 43 en tecnología y el 40 en ciencia de datos.


Lugares muy poco alentadores si consideramos que somos, todavía, la economía número 13 del mundo (de acuerdo con el PIB nominal).

Urge, pues, una política educativa intensa destinada a fortalecer esas competencias, destinada también a las personas que ya no acuden a las escuelas. Y es que podemos permitirnos esperar hasta que las nuevas generaciones tomen el control.
Es indispensable que, quienes ahora dirigen una PYME, desarrollen las habilidades necesarias para que sus negocios tengan futuro.


Pero también hace falta que esas competencias se generalicen entre todos los habitantes de nuestra nación, no solo por lo útiles que son para la vida en general, sino por la posibilidad de que las circunstancias actuales obliguen a muchos
al autoempleo.

La mayoría de las micro y pequeñas empresas así comienzan su vida, con un despido.


La gente al perder sus fuentes de trabajo y no encontrar otras opciones, deciden emprender sin muchos conocimientos ni experiencias para hacerlo de manera exitosa.

De ahí que sea necesario, aprovechando el acceso a las tecnologías que cada vez es mayor, que se capacite al mayor número posible de personas, para que tengan realmente con qué enfrentar las circunstancias tan adversas que atraviesa México y que podamos salir fortalecidos para impulsar el crecimiento.

Dejemos ya de apostarle a solo sobrevivir. Aprovechemos la crisis para cambiar nuestros malos hábitos y desechar todo lo que no nos ha dado resultados. Construyamos juntos ese México que sí queremos.
11 Octubre 2020 04:00:00
Alta traición al empresariado lagunero 
En junio de 2019, connotados representantes del empresariado lagunero se reunieron durante dos horas con el Presidente en Palacio Nacional para instalar el Consejo de Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico de La Laguna (Cofinence). Se dijo, en aquel momento, que sería uno de los 33 Consejos que se instalarían en el país con el propósito de facilitar el logro de la varias veces prometida meta de crecer a un ritmo de 4% anual.  

Quienes acudieron a la cita se comprometieron con el Gobierno federal a elaborar un proyecto que identificaría inversiones estratégicas para impulsar el desarrollo en la comarca. Acostumbrados, como están los empresarios laguneros, a la excelencia, contrataron al muy prestigioso despacho Mackenzie, que es reconocido como uno de los mejores en el mundo.  Desconozco el monto que pagó el Cofinence, pero no debe haber sido nada barato.   

Fue así como en febrero de este año, el Consejo presentó el proyecto Rutas para el Impulso a la Inversión, Crecimiento y Empleo en La Laguna. Un plan que traza con gran precisión el camino que debe seguir La Laguna para generar prosperidad sostenida y sustentable. Y que establece como meta primordial elevar el PIB per cápita de la comarca, para que abandone el sitio 17 que actualmente ocupa a nivel nacional, y se ubique en el lugar número 9.  

Sin embargo, de poco sirvió tan importante esfuerzo de los empresarios de La Laguna. El Gobierno federal decidió ignorar a la iniciativa privada lagunera, no solo dejándola por fuera del plan de inversión anunciado hace unos días (que, no voy a negar que, de concretarse, será una buena noticia para las regiones beneficiadas), sino también ordenando cancelar fideicomisos, como el Fondo Metropolitano, que servían para llevar algunos recursos frescos a la región.  

Así, el empresariado lagunero, como el del resto de Coahuila y Durango, ha sido traicionado una vez más por un Gobierno federal que solo tiene ojos para las entidades que mayoritariamente votan por Morena. Y por supuesto, para satisfacer los caprichos presidenciales, como la refinería de Dos Bocas, que bajo las circunstancias actuales no debería estar siendo construida, porque no va a ser rentable en el corto plazo.  

Pero, por supuesto, aquí la gran pregunta es qué vamos a hacer los coahuilenses en general, y los laguneros en particular, para crecer a pesar de la alta traición presidencial. Porque los empleos y el bienestar proyectados en el proyecto impulsado por el Cofinence son totalmente necesarios. La gran noticia es que ya existe un plan con el que están comprometidos los más importantes empresarios de la comarca y que ofrece las mejores perspectivas para el desarrollo de esa región, en beneficio, también, de nuestras entidades federativas.  

Desde el Congreso de Coahuila, no me cabe la menor duda, estamos totalmente dispuestos a apoyar a la iniciativa privada para que nuestro estado sea más competitivo a pesar del desprecio presidencial. Me encanta conversar con las y los ciudadanos y sé, por voz de ellos, que siempre preferirán tener un trabajo digno y bien remunerado, a recibir las dádivas del Gobierno. Pongamos, pues, manos a la obra.
04 Octubre 2020 04:03:00
Crecer a pesar de la 4T
El manejo de la economía por parte del Gobierno federal ha sido simplemente desastroso. Cierto que hay algunos datos que asoman alguna mejoría. Sin embargo, la mayoría obedece, por un lado, al buen trabajo del Banco de México, el cual conserva su autonomía (uno de los muchos logros no reconocidos del pasado), y a otros factores del exterior sobre los que nuestra nación no tiene ningún control.

El error más grave en la conducción de la economía mexicana, por parte de la 4T, ha sido suponer que un ridículo préstamo de 25 mil pesos servía para salvar a las micro, pequeñas y medianas empresas de los efectos de la pandemia. Hoy México cuenta con 10 mil Pymes menos. Allí la principal razón de la caída del PIB que sin duda será la peor de la historia.

En este punto, además, hay algo de lo que podemos estar seguros: el Gobierno federal no va a deponer su postura y seguirá, a pesar de todos los pesares, destinando los recursos del erario a las obras faraónicas del Presidente. Pero sabemos también que, si la economía del país va a recuperarse, tendrá que ser de la mano de la Iniciativa Privada. De manera primordial, de las Pymes.

Para quienes tenemos la oportunidad de apoyar desde otras instancias del Estado mexicano –y en mi caso particular desde el Congreso de Coahuila– el esfuerzo debe ser orientado a facilitar que las empresas micro, pequeñas y medianas que han logrado sobrevivir a la crisis incrementen su capacidad para generar riqueza. Diversos estudios demuestran que eso puede ser posible si se trabaja en tres temas puntuales.

El primero consiste en elevar de manera significativa las capacidades técnicas e intelectuales de las personas que laboran en las empresas, incluyendo, por supuesto, a quienes las dirigen. En este punto de la historia ya no debería haber duda alguna en torno al valor agregado que tienen el potencial de generar las personas bien entrenadas. Hoy los negocios productivos se destacan por la elevada proporción de personal altamente capacitado que es bien remunerado y no por la cantidad de personas que se contratan.

Muy relacionado con ese primer factor está el empleo de tecnologías de punta, sobre todo, cuando estas no solo se aplican con la finalidad de incrementar la producción, sino, sobre todo, cuando son utilizadas en la innovación y el desarrollo de procesos y productos. Si algo debe ser acelerado en nuestro país son todas aquellas actividades que conducen a la creación y registro de propiedad intelectual y patentes.

Pero, además, se debe procurar el desarrollo de la infraestructura necesaria para la producción de bienes y servicios basada en una alta tecnificación; así como aquella que garantiza que el tránsito de las mercancías ocurra de manera expedita y segura.

Ante las limitaciones presupuestales se deben conseguir mecanismos de financiamiento creativos que permitan a los gobiernos estatales realizar inversiones conjuntas con el sector privado, sin que se vean impactados los niveles de endeudamiento de las entidades federativas. En las circunstancias actuales esa es la única posibilidad realmente viable para crecer, a pesar de la 4T.
27 Septiembre 2020 04:00:00
Sustentabilidad y sostenibilidad futuras
Las últimas semanas hemos estado conversando sobre la necesidad de un proyecto de nación incluyente que trascienda las voluntades individuales y nos permita construir juntos el México que sí queremos. Dicho proyecto, lanzado de cara al 2050, debe ser capaz de generar condiciones de prosperidad para todos al ser conducido por cuatro grandes ejes rectores en los que, independientemente de nuestras convicciones, podamos coincidir y que son: 1) reducción de las desigualdades; 2) desconcentración del poder; 3) educación para la democracia y; 4) sustentabilidad y sostenibilidad futuras.

Toca, en esta última entrega dedicada a ese proyecto, abordar el último eje, el cual, en principio, indica la necesidad de que, cuales sean nuestras mejores decisiones, las podamos sostener en el largo plazo, para aspirar a que los resultados sean generalizados y duraderos. Para lograrlo necesitamos comenzar por cuidar lo más básico: el medio ambiente.

No podemos prosperar de manera constante y permanente si no es cuidando al planeta. Son múltiples los ejemplos que la historia nos ha dado, de civilizaciones completas que florecieron; pero, por su pobre conciencia ecológica, terminaron por destruir a su medio acabando consigo mismas. No podemos permitir que algo así nos suceda. Necesitamos garantizar la viabilidad futura de nuestra nación y ésta inicia con los dones que la naturaleza nos ha obsequiado.

Sin embargo, no basta con simplemente conservar lo que nos queda. Es fundamental impulsar un esfuerzo extraordinario por recuperar lo perdido, aunque sea de manera parcial. Esas miles de hectáreas de bosques que ya no están; esos ríos y lagos que han sido dañados, necesitan recibir una atención especial que incluya recursos de todo tipo; pero que, además, sean reflejo del amor que estamos dispuestos a darle a nuestra tierra.

Está más que probado que la devastación ecológica trae también pobreza, injusticias y desigualdades. Recuperar lo perdido para darle sostenibilidad a nuestro proyecto es también una vía para incluir a aquellos que no han sido considerados bajo los modelos de desarrollo vigentes. Algo similar ocurre con aquellas actividades que deberán ser sustituidas por el daño que evidentemente ocasionan a la naturaleza, como sucede con el carbón en el caso de Coahuila.

Nuestro proyecto aspira a que en tres décadas esas actividades hayan desaparecido por completo, pero no como un perjuicio a quienes actualmente basan su economía en ellas, sino todo lo contrario. Su situación de prosperidad debe estar estrechamente vinculada al surgimiento y consolidación de nuevas actividades, más amigables con el medio y mucho más rentables. La ganancia no sólo debe ser la monetaria, sino también aquella que se recibe porque las capacidades humanas son puestas en juego de manera más decidida y retadora.

El eje de nuestro proyecto debe ser precisamente ese. Si basamos el futuro en los programas asistenciales, millones de mexicanos perderán la oportunidad de desplegar su potencial. México necesita con urgencia, no de un mesías que crea que puede purificarlo todo; sino de que cada individuo pueda poner su energía creadora y productiva al servicio del país. ¿Se suman? Entonces, ¡que nuestro diálogo no se detenga!
20 Septiembre 2020 03:05:00
Educación para la democracia
Los mexicanos necesitamos tener una mayor certidumbre sobre el rumbo que tomará nuestro país, al menos, durante las siguientes tres décadas. Por eso es urgente plantear un proyecto de largo plazo, al que todos podamos sumarnos por igual, independientemente de nuestras convicciones partidistas. Es claro que el modelo que actualmente se intenta imponer no tiene viabilidad, precisamente porque parte de incluir solamente a algunos en tanto que a los demás se les mira y se les trata con desprecio. Pero lo que México necesita es unidad, hoy más que nunca.

Para que esa unión sea posible, el proyecto necesita definir una ruta básica orientada, como he propuesto en las últimas semanas, por lo menos por cuatro grandes ejes fundamentales en los que todos podamos estar de acuerdo: 1) reducción de las desigualdades; 2) desconcentración del poder; 3) educación para la democracia y 4) sustentabilidad y sostenibilidad futuras. Hoy toca tratar el tercero.

Hay que comenzar reconociendo que, si en un rubro el Estado mexicano está en deuda con la ciudadanía, ese es la educación. Históricamente nos conformamos con atender la cobertura sin preocuparnos por que hubiera calidad y sin que se garantizara que la educación recibida tuviera un impacto positivo real en la vida democrática del país.

La democracia exige que las personas tomen decisiones y que estas se basen en la búsqueda del beneficio social más que en el individual. La ciudadanía debería poder contar con elementos que le permitan decidir, por ejemplo, cuál de las propuestas que le presentan los candidatos a un puesto de elección popular ofrece el mayor beneficio para su comunidad. Sin embargo, la educación actual realmente no atiende esos asuntos, como tampoco otros que se vinculan directamente con el ejercicio de una democracia sana.

Uno muy importante tiene que ver con el diálogo con aquellos que no comparten nuestros puntos de vista. Es desastroso para la vida democrática de México que desde el poder se violente, incluso verbalmente, a quienes expresan una opinión contraria a la del Mandatario. Por eso necesitamos una educación que nos enseñe a escuchar y a aprender del otro, para fortalecer nuestras propias posturas o, en su caso, cuando así lo amerite, para cambiarlas.

Vivir en democracia también significa tener la capacidad para trabajar codo con codo con el que piensa distinto, para juntos construir algo que tenga un beneficio común. La capacidad para laborar de forma colaborativa independientemente de lo que cada uno piense en términos ideológicos es fundamental si se desean crear las condiciones de prosperidad generalizada.

Con esas herramientas como base, podemos empezar a definir criterios sobre los contenidos temáticos y las formas pedagógicas más pertinentes, creando un sistema educativo que realmente otorgue un valor agregado de alta relevancia a quienes estudian. Necesitamos que cada nivel sea socialmente reconocido por su relevancia, de tal manera que, por ejemplo, se comprenda la necesidad de formar técnicos altamente especializados en lugar de tantos profesionistas universitarios.

Agradezco en verdad a quienes han aceptado entablar este diálogo pensado en la construcción de un mejor futuro para México. Sigo atento a sus opiniones.
13 Septiembre 2020 04:01:00
Desconcentrar el poder
México necesita un proyecto de largo plazo que trascienda las voluntades individuales y que esté destinado a crear y sostener las condiciones necesarias para la prosperidad de todos. Como he venido exponiendo, dicho proyecto podría ser conducido por cuatro grandes ejes: 1) Reducción de las desigualdades; 2) Desconcentración del poder; 3) Educación para la vida democrática; y 4) Sustentabilidad y sostenibilidad futuras.

Las dos semanas pasadas ofrecí algunas ideas sobre cómo reducir las desigualdades. En esta entrega expondré qué entiendo por desconcentrar el poder y la razón por la que considero es tan necesario ese eje en nuestro país.

Una democracia auténtica debería ser la antítesis de los modelos monárquicos, autoritarios o dictatoriales. La concentración de poder en un sólo individuo, incluso cuando este haya sido electo a través del voto ciudadano, encaja mucho más en un esquema totalitario que en uno que procure la democracia. Allí tenemos el caso de Venezuela, en donde, a pesar de haber tenido múltiples procesos electorales, claramente, lo que hay es una dictadura.

Ahora bien, la mayoría de los problemas que enfrenta nuestra nación en la actualidad tienen su origen en el presidencialismo que dominó prácticamente todo el siglo pasado. Fueron los tiempos del priismo totalitario que llevó al poder a hombres como Luis Echeverría, López Portillo o Salinas de Gortari. Y aunque hoy existe la intención de restituir ese régimen y volver a convertir a México en el país de un solo hombre, estoy convencido de que los mexicanos pronto lograremos recuperar la profunda vocación democrática que ha forjado nuestra historia.

Desconcentrar el poder significa construir un auténtico sistema de pesos y contrapesos que impida que los destinos del país queden atados a los caprichos veleidosos de uno, o unos pocos individuos, independientemente del partido al que pertenezcan. El destino del país es algo de máxima relevancia y no puede ni debe ser dejado en unas pocas manos.

Hemos avanzado, sin duda, en términos de la división auténtica de Poderes. Sin embargo, tenemos todavía mucho trecho por recorrer, para que Ejecutivo, Legislativo y Judicial puedan actuar con la autonomía suficiente, de forma madura y comprometida con la nación. Además, es urgente la consolidación de los diversos organismos constitucionales autónomos que deben poder actuar como otros poderes para que, mediante la aplicación de sus facultades, garanticen los equilibrios que requiere el ejercicio del poder.

Pero la desconcentración del poder debe ir también y sobre todo hacia la ciudadanía. Necesitamos que las organizaciones de la sociedad civil, los grupos gremiales y los organismos empresariales, así como los científicos y miembros de la academia, tengan un peso específico importante en la definición de las políticas públicas. No más ocurrencias en el poder, porque causan un enorme daño.

He insistido en la necesidad de activar múltiples liderazgos, de todos los ámbitos de la vida pública en el país. Institucionalizar su participación es parte de ese camino que debemos seguir para que su acción sea efectiva.

Agradezco mucho las ideas y señalamientos que me han estado haciendo llegar en estas semanas. Seguimos conversando.
06 Septiembre 2020 04:02:00
Reducir la desigualdad
El momento más crítico de la historia posrevolucionaria de nuestro país debería ser abordado con la mayor seriedad posible, no como “anillo al dedo” para usar como pretexto ante los malos resultados, sino como oportunidad para realmente establecer un proyecto sustentable de nación que no dependa de los caprichos de un individuo.

Como he venido exponiendo, ese proyecto debería ser conducido por cuatro grandes ejes y concretado por múltiples liderazgos en todas las esferas de la vida pública, bajo la convicción de que el nuestro no debe ser más el país de un solo hombre.

La semana pasada exponía algunas ideas sobre las condiciones individuales necesarias para reducir la desigualdad de manera efectiva, rompiendo con la tradición paternalista del Estado y dotando a cada ciudadano de las herramientas necesarias para prosperar. Hablemos ahora de aquellas condiciones que son ajenas a los individuos.

La primera y fundamental es el respeto al estado de derecho. Las leyes deben de dejar de aplicarse a voluntad de quienes gobiernan. Cada ciudadano debe tener garantizado su acceso a la justicia. Por supuesto que esto es algo que no se consigue de la noche a la mañana, sino que se debe construir utilizando mecanismos creativos que reduzcan los espacios para la arbitrariedad.

Esto no es posible si seguimos idealizando la figura del mesías que un día llegará y salvará a la nación. La historia ya nos ha dado bastantes muestras de que, entre más mesiánico sea el personaje, peores resultados entrega.

Precisamente, su megalomanía los lleva a hacer de la ley lo que se les ocurre cada día, bajo el supuesto de que todos los demás la deben seguir, menos ellos que son libres de pasar por encima gracias a su condición impoluta e incorruptible.

Garantizado el estado de derecho es fundamental reducir las brechas de acceso, y en estos tiempos, sobre todo, a las tecnologías. Pero no se trata solamente de poder comprarlas o de que haya señal en todas las casas.

Eso es importante, sin duda, sin embargo, todavía lo es más la capacidad para utilizarlas, sacarles el mayor de los provechos y, mejor inclusive, desarrollar nuevas soluciones tecnológicas.

Necesitamos también desarrollar infraestructura y esto en tres sentidos. Por un lado, aquella necesaria para que las micro, pequeñas y medianas puedan consolidarse y crecer. Además, la que se requiere para que las personas y las mercancías puedan trasladarse de la forma más eficiente posible. Y, por supuesto, aquella destinada a brindar servicios públicos en cantidad y calidad, en tiempos en que las ciudades se expanden y se dificulta la atención equitativa a todos los sectores de la población.

Dado lo limitado de los recursos públicos, debemos pensar seriamente en esquemas mixtos de inversión, que representen oportunidades para inversionistas con un elevado sentido social.

Finalmente, pero no menos importante, necesitamos establecer mecanismos de contraloría social y defensa de derechos efectivos y eficientes, destinados no solo a la protección de los grupos más vulnerables, sino también a su formación cívica, que los conduzca a responsabilizarse por sus obligaciones ciudadanas, porque también en eso nos urge igualdad.

¿Qué piensas sobre todo esto? ¿Qué más nos hace falta? Sigo escuchándolos con gran atención.
30 Agosto 2020 04:03:00
Reducir la desigualdad (primera parte)
Los mexicanos estamos ante la necesidad urgente de convertir la crisis actual en una oportunidad para realmente resolver los problemas de fondo que venimos arrastrando históricamente.

Para que eso sea posible es indispensable que aceptemos que se trata de una tarea sumamente difícil que de ninguna manera puede resolver un solo individuo, incluso si estuviera dotado de una inteligencia superior y de capacidades excepcionales.

Necesitamos el concurso de múltiples liderazgos que compartan la convicción de que, la nuestra, está llamada a ser una gran nación, en la que todos tengan la posibilidad de prosperar. He propuesto cuatro grandes ejes para un gran proyecto de nación de cara al 2050:

Reducción de las desigualdades; Desconcentración del poder; Educación para la vida democrática y Sustentabilidad y sostenibilidad futuras.

Dedico este espacio para comenzar a tratar el primero de los ejes. Comenzaré con las condiciones que deben estar incorporadas a los individuos.

La siguiente semana, hablaré de las condiciones externas a estos. Luego, abordaré los otros tres ejes.

¿Por qué la entrega de dádivas no termina con la desigualdad, todo lo contrario, la perpetúa? La respuesta es simple: porque genera una nociva relación de dependencia de los grupos vulnerables hacia quienes ostentan el poder. Eso no significa que, no deba haber apoyos. Ahora mismo, sostengo que el Ingreso Básico Universal es una medida totalmente necesaria. Pero, eso no quita su carácter provisional.

México es la prueba que demuestra que las medidas asistenciales no reducen la pobreza ni la desigualdad. La historia también nos muestra que aquellos cuya prosperidad viene de lado de la preparación y el trabajo, difícilmente vuelven a su condición inicial.

Por eso, la tarea debe ser la de crear las condiciones necesarias para que cada habitante de este país pueda desplegar su potencial humano y prosperar.

Ya dedicaremos tiempo a hablar de la educación, como una de esas condiciones esenciales para la prosperidad; abordemos ahora las otras condiciones.

Sin salud no hay nada. Eso lo sabemos todos. Por eso, los mexicanos debemos apostar a desarrollar uno de los mejores sistemas de salud del mundo.

No debemos equivocarnos, el eje central de ese sistema no pueden ser las clínicas y hospitales. Por supuesto que son necesarias y que debemos, y podemos, tener los mejores. Pero, el camino de la prevención es la única ruta certera.

Necesitamos procurar hábitos saludables: alimentación, ejercicio e higiene. Estos no se enseñan con la inclusión de materias en las escuelas. La única forma de adquirir buenos hábitos es con la práctica diaria.

Los buenos hábitos de salud deben acompañarse, también, de disciplina de trabajo y de estudio desplegada para la superación personal.

Necesitamos que el logro de la autonomía –y no de la dependencia– se vuelva una aspiración de cada mexicano. Y generar, también, una elevada sensación de responsabilidad individual, que mueva a cada uno a hacerse cargo de lo que le corresponde.

¿Están dispuestos a trabajar en ustedes mismos y en quienes les rodean estos hábitos para la prosperidad? ¿Cuáles otros son necesarios?

Los escucho.

23 Agosto 2020 04:05:00
El país que tanto anhelamos
En este punto ya debería haber quedado claro que Lozoya no fue traído desde España para decir la verdad sino para mentir a conveniencia de López Obrador. Que los privilegios de los que está siendo objeto el exdirector de Pemex no son gratuitos y que el proceso judicial está siendo utilizado de la manera más sucia posible, para golpear a los adversarios.

Así, el que presumía de honestidad resultó ser el más tramposo de los presidentes que ha tenido el país. Y encima está Pío, quien una vez más aparece como uno de los brazos operadores de las corruptelas de Andrés Manuel. Recordemos que no es la primera vez que Pío López Obrador es señalado por actuar por fuera de la ley. Hace unos meses, en octubre de 2019, se supo que anduvo ofreciendo beneficios ilegales a alcaldes de Chiapas que aceptaran renunciar a sus partidos para afiliarse a las filas de Morena. Y, por supuesto, su hermano lo defendió.

Pero el punto aquí es preguntar qué va a pasar con nuestro país. Estoy consciente de los muchos que han decidido entregar su confianza en López Obrador y que están dispuestos a perdonarle todo, cualquier cosa. Sin embargo, insisto, lo único que debería de verdad importarnos es el futuro del país, porque un incremento en la popularidad de Andrés Manuel no revive, ni a los casi 60 mil muertos por el Covid-19 ni a las 60 mil víctimas de homicidio doloso que se han acumulado durante su mandato. Las encuestas que le son favorables tampoco evitan la histórica caída de la economía mexicana ni recuperan los cientos de miles empleos perdidos durante la pandemia.

¿Qué debemos hacer para construir un México con una mejor perspectiva de futuro a pesar de López Obrador? El principal error que ha cometido el Presidente es haber supuesto que él solo podía con la más imponente de las crisis que ha vivido el país. Lo acabamos de ver en la reunión de la Conago.

Por eso, la receta a aplicar debe ir en sentido contrario. Necesitamos aglutinar el mayor número posible de liderazgos que, de manera independiente de sus afinidades partidistas, estén dispuestos a trabajar para concretar un gran proyecto de nación de cara al 2050. A mi juicio, ese gran plan estratégico debe ser conducido por cuatro ejes fundamentales:

Reducción de las desigualdades, pero no por decreto, sino por la creación sostenida de condiciones que posibiliten la prosperidad generalizada.

Desconcentración del poder, una vez más, estamos viendo en el país las consecuencias terribles de atarse a los caprichos de una sola persona. La democracia que construyamos debe tener pesos y contrapesos, todos los que sean necesarios.

Educación para la vida democrática. Ningún otro asunto debe ser más relevante en la enseñanza, en todos los niveles. Incluye, de manera primordial, la integridad ética.

Sustentabilidad y sostenibilidad. Necesitamos asegurarnos que entregaremos un México viable, en el que se respeta el medio ambiente y el cuidado por la vida.

Estoy, como siempre, abierto a escuchar ideas, pero, sobre todo, a reconocer y a apoyar cada esfuerzo que contribuya a que México sea el país que tanto anhelamos.
16 Agosto 2020 04:08:00
Que las empresas ganen lo razonable
Allí la nueva ocurrencia de López Obrador. La pregunta se vuelve inevitable: ¿qué es lo razonable? ¿lo que al Presidente se le antoje? El dato sería interesante para conocer desde qué óptica percibe la realidad el Presidente que tiene el récord de la peor caída trimestral del PIB (y allí sí que tuvo razón: ya hizo historia).

Suponemos que las más de 65 mil adjudicaciones directas que ha realizado su Gobierno han sido concedidas a empresas que ganan “lo razonable”. Un ejemplo son los cubrebocas KN95 que costaron hasta 14 veces más que el precio al que los vende la empresa que los fabrica. ¿Eso es lo razonable?

Hemos de imaginar que la decisión de otorgar 561 contratos a empresas de reciente creación, mismos que alcanzan un monto de 366 millones de pesos, se debió a que se trata de negocios con “ganancias razonables”. Por ejemplo, la empresa del sector de limpieza que a los 11 días de ser creada recibió de parte de la Secretaría del Trabajo dos contratos por 85 mil pesos. Seguramente se optó por sus servicios porque sus propietarias no iban a “ganar más de la cuenta” o ¿alguien lo duda?

La fábrica de cerveza y de chocolates que permiten los lujos que los hijos del Presidente ventilan sin mucho pudor en las redes sociales es, con absoluta certeza, una empresa en la que la ganancia es completamente razonable. ¿Son ellos el ejemplo que deben seguir el resto de los empresarios en México? ¿O tal vez el ejemplo lo ofrezca Alfonso Romo quien, oculto tras las sombras de Palacio Nacional, hace y deshace a su conveniencia y la de sus negocios? ¿O serán Riobóo o Salinas Pliego los que, a juicio del Presidente, ganan de manera razonable?

El problema de fondo es la gran hipocresía y la enorme deshonestidad del Presidente. Por un lado, lanza su discurso izquierdoso para justificar la falta de apoyo a las empresas mexicanas, cuyos problemas económicos motivados por la pandemia ya costaron un millón 100 mil empleos formales; pero, por el otro, sigue otorgándole contratos a sus cuates y lo hace cada vez con mayor descaro.

Lo que ha frenado el crecimiento de México no ha sido, como tanto ha pregonado López Obrador, el modelo económico, sino el establecimiento de un capitalismo de cuates. De ese no habla el Presidente porque con él no solo continúa sino que se profundiza. Como sus antecesores, AMLO tiene sus favoritas; solo que los anteriores procuraron mecanismos para emparejar un poco el suelo. Por eso, aunque pobre, hubo crecimiento.

López Obrador nada más cuida de sus consentidas. Eso marca una enorme diferencia que se ve reflejado en el desempeño de la economía. Es totalmente cierto, la pandemia ha golpeado a todo el mundo, pero en México hay claros factores internos que complican todavía más la situación.

Se la voy a voltear al Presidente, a ver si así entiende: lo razonable es que las empresas ganen. Pero no solo por sus propietarios, también por sus trabajadores y por el bienestar del país en general. Deje de favorecer a sus cuates y ponga condiciones para que la competencia sea realmente libre. El resultado lo va a sorprender.





09 Agosto 2020 04:00:00
El llamado de Coparmex
El llamado de Coparmex para construir un Acuerdo Nacional para la Recuperación Económica debe ser atendido. A México le urge retomar el camino del crecimiento luego de la estrepitosa caída que rompió todos los récords desde que se tienen registros.

Por supuesto que la pandemia es un ingrediente central en el desastre; pero, lastimosamente son las malas decisiones del Gobierno federal las que arrastraron a la producción nacional a un abismo, cosa que, no se debe olvidar, ya venía ocurriendo previo a la pandemia.

Indudablemente debe haber mejores condiciones para la igualdad y el combate a la pobreza. México requiere cerrar sus brechas en todos los órdenes, para que haya más y mejores oportunidades para todos sus ciudadanos. Es lo justo y es la mayor asignatura pendiente de todos los mexicanos. Pero esa es una tarea que necesita de la participación decidida del sector empresarial, porque sin este la generación de riqueza se hace imposible (salvo que se busque “igualdad en la pobreza”).

Una y otra vez hay que repetirlo: son una minoría los patrones que viven en condiciones de abundancia. La inmensa mayoría de quienes son propietarios de un negocio necesitan trabajar para subsistir. En México no hay una gran diferencia entre quienes tienen una micro, pequeña o mediana empresa y aquellos que laboran en ellas.

Incluso, en más de una ocasión son los dueños los que se quedan sin ingresos con tal de cubrir la nómina de sus empleados. El que niegue esa realidad no conoce verdaderamente a nuestro país ni sabe nada de economía.

Por eso el llamado de Coparmex tiene pleno sentido. Los patrones no están buscando salvar su pellejo, le siguen apostando a México y a su gente. Con hechos están demostrando que el futuro del país les importa. Se niegan, como lo hacemos la mayoría, a ver naufragar a nuestra nación. Y les duele en el alma tener que estar despidiendo empleados y cerrando sus propias fuentes de ingresos ante la imposibilidad de mantenerlos funcionando.

Confío en que el Gobierno federal presentará atención al llamado de los empresarios. Es urgente que el Presidente se sacuda sus tontos prejuicios que tienen sumido al país en su peor crisis de la historia. Ojalá y comprenda lo grave de la situación y las terribles consecuencias que vamos a pagar todos de no actuar ya. Sin embargo, incluso si el Mandatario se niega a participar del rescate de la economía mexicana, los gobiernos estatales deben hacer su parte.

Desde el Congreso de Coahuila encararemos la tarea de impulsar la recuperación de las fuentes de empleo en la entidad. Es tiempo de actuar con gran responsabilidad y compromiso. No debe haber pretextos partidistas que impidan impulsar las modificaciones a las leyes que faciliten las inversiones y la contratación de personal. Las puertas están abiertas para cualquiera que tenga ideas que ayuden a recuperar los 43 mil empleos que se han perdido en la entidad.

Aquí no importa quién se cuelgue la medalla. No buscamos que nuestro nombre quede grabado con letras de oro en los muros de ningún lugar. Lo importante es Coahuila. Por eso debemos decir sí al llamado de Coparmex.









02 Agosto 2020 03:03:00
Menos 18.9%!
La histórica caída del PIB en el segundo trimestre de 2020, de -18.9%, muestra con una contundencia absoluta el pésimo manejo de la economía mexicana de parte de López Obrador y su equipo de Gobierno. Es el doble de lo que se perderá en el mundo a consecuencia de la pandemia. Confirma que las crisis son peores cuando se manejan desde la ineptitud y la soberbia.

Ese -18.9% significa que más de 10 millones de mexicanos se sumarán a las filas de la pobreza, que miles de negocios micro, pequeños y medianos habrán cerrado sus puertas; que se deteriorarán todavía más el poder adquisitivo y la calidad de vida, sobre todo, de los que más necesidades tienen. Y todavía habrá personas, incluido el Presidente, que seguirán defendiendo la idea absurda de que no hace falta ser un experto para manejar la economía y que basta con la “honestidad” para sacar adelante al país.

Menos 18.9% ¿Hay acaso algo más deshonesto que ocupar un cargo para el que no se está preparado? No se trata, además, de cualquier puesto, sino de la mayor responsabilidad a la que alguien puede aspirar.

Por 12 años lo escuchamos mentir abiertamente sobre su capacidad para manejar al país. Una y otra vez cuestionó el bajo crecimiento y prometió tasas del 6% anual. Todavía el año pasado, a estas alturas, aseguraba que por lo menos habría un 4% de crecimiento del PIB. Y mintió como lo ha hecho sobre todos los asuntos importantes para nuestra nación.

¡Menos 18.9%! La caída del PIB es más profunda en México que en la mayoría de los países del mundo por las acciones y decisiones que ha tomado el Gobierno federal. Por ejemplo, con la insistencia en confundir “austeridad” con ausencia de gasto.

El recorte del 75% del gasto público no solo ocasiona una mayor ineficiencia gubernamental, sino que, además, impide que la economía se mueva con recursos frescos. Por supuesto que no debería haber derroches, pero eso no implica que el dinero se pudra en las arcas. Se trata de ejercer los presupuestos con responsabilidad y de cara a la ciudadanía.

¡El PIB cayó -18.9%! Bajo el pretexto de un mentido combate a la corrupción se cancelaron programas como el de las estancias infantiles que no solo ofrecían un servicio de calidad a las miles de madres trabajadoras en México, sino que significaban fuentes de empleo bien remuneradas para profesionistas. Por supuesto que se necesitaba una depuración de los padrones. Claro que era necesario castigar abusos. Pero hay que recordar que solo presentó irregularidades 1.8% de los recursos destinados a ese programa auditados por la ASE.

Es un ejemplo muy concreto de las acciones destructoras que han sido tomadas desde la profunda ignorancia gubernamental de la 4T y que hoy tienen en la lona a la economía mexicana

26 Julio 2020 04:00:00
Escalar los negocios y la prosperidad
Los datos arrojados por los Censos Económicos 2019, presentados por el Inegi de manera reciente, confirman que la mayoría de las unidades económicas en nuestro país son micro, pequeñas o medianas empresas.

Únicamente 0.2% de los negocios en México son grandes (tienen más de 250 empleados) 4.9% son Pymes, mientras que 94.9% son microempresas; estas últimas emplean a cuatro de cada 10 trabajadores en el país.

El problema empieza cuando observamos el valor agregado que generan los negocios según su tamaño; pues mientras 54.7% es aportado por las grandes empresas, la contribución de las micro se reduce a solo 14.6% de ese valor. Las Pymes agregan 30.7 puntos porcentuales. En otras palabras: la generación de riqueza ocurre con mayor intensidad en las grandes empresas, aunque estas sean una muy pequeña minoría.

La frialdad de los números nos muestra tres asuntos importantes. El primero es que, como he venido defendiendo, la imagen del empresario mexicano como un magnate cuya riqueza incalculable ha conseguido a costa de explotar a sus trabajadores es totalmente falsa. Se trata de una caricatura que ni siquiera puede aplicar a la totalidad del 0.2% propietario de las grandes empresas, pues la mayoría de ellos poseen negocios que, si bien ocupan a más de 250, tampoco son unos corporativos inmensos.

Una imagen más realista del empresariado mexicano, insisto, debe ser la de aquel que genera su propio empleo y arriesga su bienestar y el de su familia haciendo posible que otros tengan una fuente de ingresos segura.

Hoy, con la crisis económica que se profundizó con la pandemia, quienes han estado en mayor riesgo de perderlo todo son esos micro y pequeños empresarios. Por eso, nuestro programa destinado a salvar changarros.

El segundo asunto relevante, vinculado con el anterior, es la evidente necesidad que tiene nuestro país de generar una gran estrategia nacional para escalar los negocios. Urge que más negocios crezcan; tanto en tamaño como en la generación de valor. Se necesita crear los mecanismos para que, sobre todo las micro y pequeñas empresas, puedan concentrar sus energías en desarrollarse, de tal modo que sus propietarios dejen de vivir al día.

El diseño y aplicación de esa estrategia nacional para escalar los negocios depende irremediablemente de borrar la caricatura del magnate explotador del imaginario colectivo. Pero, también, de quitar de la mente de muchos gobernantes la idea de que solo hay que apoyar a las grandes empresas bajo la justificación de la creación de empleos, porque es claro que no es esa su vocación. Como los datos lo muestran (y aquí el tercer asunto) las grandes empresas lo que persiguen es la generación de riqueza, no de fuentes laborales.

Reconocer que es ese el paradigma ayuda también a fortalecer el diseño de la estrategia propuesta, porque coloca como eje a la educación financiera, no solo de los propietarios actuales y futuros, sino de la población en su conjunto.

Nuestras micro y pequeñas empresas no crecen y no incrementan de manera sustancial su aporte a la economía, porque su salud financiera está irremediablemente atada a la de sus propietarios. Allí, el principal obstáculo para escalar los negocios y propiciar mayor prosperidad en México.


19 Julio 2020 04:02:00
Solo no puede, señor Presidente
Cada mañana, el Presidente está ante la oportunidad de reconocer que su gestión está arrojando los peores resultados de toda la historia; pero prefiere guardar silencio. Al hacerlo, pierde también la ocasión para invitarnos a ser partícipes de la solución de los problemas. Por supuesto, las dificultades que estamos enfrentando tienen raíces profundamente históricas. Pero su terca aspiración a aparecer en los libros de historia como el único y verdadero salvador de la patria, nos está arrastrando hacia el abismo.

En seguridad, por ejemplo, los primeros 18 meses de 4T significaron 53 mil 628 personas asesinadas; más o menos el doble de las que hubo en el primer año y medio de la gestión de Calderón y 55% por encima de las que hubo con Peña. La pandemia contribuyó un poco a frenar el crecimiento de los homicidios dolosos, pero una de las pocas cosas que se sostienen con la “nueva normalidad” es la violencia. ¿No era momento de convocar a todas las fuerzas políticas del país para atender ese gravísimo problema? ¿Quién se negaría a colaborar ante un llamado de esa naturaleza? 

Preocupa muchísimo el tema de la violencia contra las mujeres. Más de 5 mil 800 feminicidios, así como el incremento de las llamadas de auxilio por los ataques que sufren en sus hogares, deberían ser motivo suficiente para invitar a los distintos liderazgos del país, en particular de las organizaciones de mujeres, a llevar al cabo una gran cruzada nacional. Pero, a pesar del evidente apoyo de muchos de esos grupos hacia el Presidente, este no solo no las convoca, sino que sistemáticamente niega el problema y mira con desdén sus demandas y exigencias. 

En economía, la cada vez más pronunciada caída del PIB, que será con toda seguridad una de las peores de la historia, y la pérdida de, ya, más de un millón 100 mil plazas laborales y el cierre de miles de micro y pequeñas empresas ¿no tendrían que ser motivo suficiente para reunir a todos los liderazgos empresariales, sindicales y académicos del país para generar una gran alianza en pro de la recuperación y el empleo? ¿No sería esa la postura más sensata y la más propia de un auténtico estadista?

¡Qué bueno que ya tenemos tratado con nuestros socios comerciales del norte de América! Pero ¿qué no es tiempo de buscar acrecentar la confianza de los inversionistas? ¿No deberían mandarse las señales adecuadas? Entonces, ¿por qué se tumban de manera indiscriminada oportunidades para la atracción de capitales frescos al país? ¿Qué visión domina en el ánimo del Presidente que lo lleva a destruir posibilidades de inversión en el momento más difícil de la historia del país y, tal vez, del mundo en general?

¿Y qué decir de los problemas con el sistema de salud pública que se han agravado a la “n” potencia por la pandemia? ¿No merecíamos los mexicanos un gran pacto nacional por la salud? ¿Por qué el Presidente prefiere que se sostenga un engaño antes de reconocer que la pandemia nos está ganando al arrebatar la vida de ya casi 40 mil compatriotas?

Solo no puede, señor Presidente. ¿Cuántos muertos más necesita para darse cuenta? ¿Qué le debe pasar a la economía? ¿Cuántos más deben caer en la pobreza? ¿Cuántos más se necesitan contagiar?

12 Julio 2020 04:02:00
Abatir la pobreza
Mienten quienes afirman que no queremos acabar con la pobreza y lo hacen con total descaro. La diferencia es, en todo caso, el camino que buscamos seguir para su combate. No creemos en los mecanismos que generan una dependencia eterna hacia el Gobierno. En cambio, apostamos por estrategias que persigan la autonomía de las personas. En el estado ideal de las cosas, nadie debería necesitar de dádivas.

El asunto es peor cuando, además, los mecanismos que se utilizan para supuestamente ayudar a las personas en situación de pobreza presentan fallas de diseño y operación como sucede actualmente con los programas del Gobierno federal que, de acuerdo con el Coneval, conservan muchos de los vicios de antaño y presentan nuevas formas problemáticas. Nuestro punto es claro: no se puede estar a favor de mecanismos que sistemáticamente han mostrado su falta de efectividad, y menos, todavía, cuando están viciados de origen.

Nuestra apuesta es, entonces, por la construcción de condiciones que posibiliten la prosperidad generalizada. No creemos, como ha llegado a suceder, que apoyando exclusivamente a los grandes negocios para que estos hagan inversiones que generen fuentes de empleo se vaya a terminar la marginación. Una y otra vez hemos insistido, en la palabra y en los hechos, en apostar a las micro, pequeñas y medianas empresas que son las que verdaderamente sostienen la economía de México y de nuestra entidad.

Aquí un grave error de concepción de parte del Presidente: la gran mayoría de quienes tienen una empresa en México están lejísimos de ser magnates. Todo lo contrario, son personas que viven al día, que no son sino un empleado más de sus negocios que en más de una ocasión son el que más trabaja y el que menos gana. AMLO presumía de ser un gran conocedor del país, pero viendo sus grandes prejuicios no tiene uno otra opción que dudar de tal conocimiento. Porque los que verdaderamente nos acercamos a la gente, sabemos que sobre todo el micro y pequeño empresario no tiene otra cosa que un autoempleo.

Pero impulsar y consolidar a las Pymes no es la única tarea. Necesitamos, en verdad y de manera muy seria, una educación que se pare de cara al futuro. Quienes hoy están comenzando su formación escolar enfrentarán un mundo muy distinto al nuestro. En un par de décadas, todo girará en torno a la inteligencia artificial, las tecnologías de la comunicación y la información, el internet de las cosas y el cómputo cuántico.

Es momento serio para preguntarnos si queremos seguir siendo dependientes tecnológicos toda la historia o si vamos a dar el salto, aprovechando nuestras capacidades, para desarrollar la tecnología del futuro. Si queremos lo segundo, necesitamos cambiar drásticamente nuestra educación.

Ese cambio supone también darle la vuelta a la narrativa. Debemos dejar de ser las víctimas y comenzar a pensarnos como forjadores de nuestro propio destino. Allí también se equivoca el Presidente, porque en lugar de aprovechar su liderazgo para impulsar a México hacia el futuro, tiene a la mitad del país quejándose por el pasado y a la otra protestando por el presente. De verdad: así no se puede abatir la pobreza.
05 Julio 2020 04:05:00
El orgullo de Coahuila
Se equivocan quienes suponen que en México se está erigiendo un régimen presidencialista. Lo que están construyendo cada vez con mayor descaro, es un sistema personalista en el que lo único que importa es tener feliz al Presidente. Por eso los resultados son catastróficos.

Es claro que, bajo las reglas de juego vigentes, el desastre de gestión federal nos arrastra a todos al abismo. Un gran estadista, en estos momentos difíciles, hubiera sumado a la causa nacional, en torno suyo si se quiere, a todos los liderazgos formales en el país, incluyendo gobernadores, alcaldes, presidentes de los congresos, coordinadores de bancadas, líderes empresariales y de la sociedad civil organizada. Pero AMLO y su soberbia desbordante prefiere quedarse solo.

Como resultado, hoy el país naufraga sin rumbo. No se sabe cuándo se llegará al pico de la pandemia –cada semana nos dan nuevas fechas– y tampoco se conoce el momento en que la crisis económica tocará fondo. Pero comenzamos a ver las consecuencias. Además de las afectaciones en materia de salud pública, que por supuesto son las más preocupantes, está el impacto en la pérdida de miles de empleos y el recorte presupuestal que en Coahuila puede llegar a los 3 mil millones de pesos.

¿El golpe podría ser menor? Por supuesto. Pero aquí los caprichos del Presidente importan más. Las absurdas obras faraónicas podrían haberse detenido, para atender las múltiples y crecientes necesidades de la ciudadanía. Sin embargo, se impuso el enorme ego presidencial, ese que le hace sentirse un prócer de la patria.

Hoy a algunos les gusta fantasear con un México que solo existe en el discurso. Nadie desde la Presidencia nos había mentido tanto y con tal descaro. Pero hay quienes insisten en una honestidad completamente inexistente..

En Coahuila debemos luchar para que, con todo y las circunstancias actuales y las heredadas, nos siga yendo lo mejor posible. Desde el Congreso de la entidad hemos buscado construir en equipo, pensando en que las cosas buenas se concreten, sin importar quién las logre hacer realidad. No tenemos una situación perfecta, por supuesto, pero sí la mejor que está en nuestras manos construir.

Hoy son múltiples las inquietudes ciudadanas que han sido debidamente atendidas en el Congreso. Hemos buscado sumar en todos los asuntos posibles. Es claro que todavía no nos ponemos de acuerdo con el tema de la megadeuda que tanto nos indigna, pero eso no nos detiene para trabajar en aquello que es de claro beneficio para la entidad.

Hemos concretado leyes y puntos de acuerdo que han sido impulsados por grupos sociales que defienden ideologías distintas a la nuestra; porque hemos sabido anteponer el bienestar de Coahuila. Y ahora deberemos redoblar los esfuerzos porque la única manera de impedir que el Gobierno federal nos arrastre al despeñadero es a través de la construcción de acuerdos amplios que nos mantengan unidos a pesar de nuestras diferencias.

Porque a diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, Coahuila no es más el estado de un solo individuo, como en tiempos de los Moreira. Nuestro estado comienza a ser de todos. El orgullo de Coahuila somos todas las y los coahuilenses.

28 Junio 2020 04:01:00
Coahuila competitiva
En días recientes, el Instituto Mexicano para la Competitividad, (IMCO), presentó la actualización a su Índice de Competitividad Estatal 2020 con la novedad ahora de que, en lugar de hacer un simple ranking, otorgó medallas simbólicas de oro, plata y bronce, a las tres entidades del país con mejores resultados en cada uno de los 10 renglones evaluados.

Bajo esa lógica, Coahuila logró dos medallas únicamente: una de plata en “aprovechamiento de las relaciones internacionales” y una de bronce en “sistema de Derecho confiable y objetivo”. Así, nuestra entidad quedó en el décimo lugar del medallero que se ordenó como se hace en los Juegos Olímpicos, colocando primero a los estados que obtuvieron medallas de oro.

Más allá de nuestra opinión sobre esta nueva forma de calificar la competitividad de los estados aplicada por el IMCO, que nos lleva del quinto lugar en el ranking obtenido en 2018, al décimo en el medallero, lo verdaderamente importante radica en las acciones y decisiones de carácter estratégico que se deben tomar para ser más competitivos. Esto es así, sobre todo, en el contexto de la apabullante crisis que se viene como consecuencia de vivir el peor momento en las peores manos posibles en el país.

Para mejorar es obligatoria la pregunta por el objetivo: ¿qué es más relevante? ¿mejorar en los distintos rubros o ganar posiciones en el medallero? ¿Qué debemos hacer como entidad toda vez que nuestros recursos son limitados y que no podemos atenderlo todo a la vez? ¿Nos concentramos acaso en aquellos indicadores en los que estamos cerca de conseguir una medalla o atendemos los que nos dan los peores resultados? ¿A qué le debemos dar prioridad?

Lo voy a poner en estos términos: si cualquiera de nuestras dos medallas hubiera sido de oro, entonces, en lugar de ocupar el décimo sitio estaríamos en la tercera posición de la tabla, por encima de Chihuahua, Colima y Yucatán, que lograron una sola medalla, pero de oro. Vuelvo a preguntar: ¿debemos concentrarnos en convertir nuestras actuales preseas de plata y de bronce en medallas doradas o, lo que deberíamos hacer como entidad es atender los rubros en los que nos fue peor?

No descarto la necesidad de mejorar en cada rubro. Pero, creo que una lección que nos debe quedar clara ahora con respecto a gobernar es que la realidad no se transforma a punta de palabrería y decretos. La realidad es mucho peor que hace año y medio, pero todos los días escuchamos maravillas. Lo que antes pasaba solo una vez al año, durante los Informes de Gobierno, ahora lo tenemos casi diario. Así de demencial.

Para no cometer los mismos errores debemos establecer prioridades. Propongo lo siguiente: Sin descuidar ni un poco lo que ya logramos, repartir los esfuerzos en fortalecer los dos rubros que ya están en el medallero, buscando el oro; aplicarnos en “innovación y sofisticación en los sectores económicos” que ahora se ubica en cuarto lugar nacional para subir al pódium, y; hacer lo posible en “sociedad incluyente, preparada y sana” que es donde estamos peor, hasta el lugar 23.

¿Y ustedes, qué piensan que debemos tener como prioridad para que Coahuila sea una entidad más competitiva? Como siempre, me encantará conocer su opinión.

21 Junio 2020 04:02:00
De vista cortita
Gobernar exige tener una visión lo más panorámica posible, que permita alcanzar a ver la aparición de los problemas, sus causas y consecuencias de forma oportuna. Es claro que nadie por sí mismo puede observarlo todo y que, por ese motivo, habrá situaciones que se escaparán del campo visual de quien dirige. Además, como sabemos por experiencia propia, es posible que a la distancia las cosas parezcan ser de una manera distinta a como en realidad son a la hora de aproximarse a ellas. Por eso, es indispensable, también, la compañía de un equipo confiable que “sume ojos” e ideas que el gobernante debe saber escuchar.

Los retos y desafíos que se presentan a un gobernante durante su mandato pueden ser enormes y tener una elevada dosis de impredecibilidad. Un claro ejemplo lo estamos viviendo este 2020 en el que la pandemia de Covid-19 trastocó todos los planes y no solo los gubernamentales. Sin embargo, algunas semanas antes de que se presentara el primer caso en México, ya se sabía que venía una crisis sanitaria y económica de dimensiones extraordinarias.

Quiero pensar que el Gobierno federal, aunque nunca lo expresó de manera abierta, intentó guardar un equilibrio entre la misión aparentemente irrenunciable a velar por la salud pública (y digo aparente, porque como ya sabemos, el Presidente ya se lavó las manos y dejó esa responsabilidad a cada ciudadano) y procurar el mejor desempeño posible de la economía nacional, sobre todo, porque en 2019 las cosas no habían resultado como tanto nos había prometido.

Digámoslo de otra manera: una gran gestión de esta crisis habría traído un número reducido de contagios y fallecimientos; acompañado de buenos resultados económicos o incluso de una ligera caída. Sin embargo, hoy nos enfrentamos ante una realidad muy cruda para nuestro país. El número de muertes por Covid-19 es uno de los más elevados del mundo (y estamos lejos de que la situación esté controlada) y tenemos, también, uno de los peores desempeños económicos.

¿Qué es lo que ha estado fallando? Sin duda, la gestión del Gobierno federal. Pero su error no es coyuntural sino estructural y tiene que ver con la visión del Presidente y de su equipo de trabajo. Por alguna razón, la mayor parte de quienes hoy integran el Gobierno federal suponen que basta con decretar las cosas para que estas se conviertan en realidad. Y aunque ciertamente hay asuntos que se resuelven por esa vía, la mayor parte de los asuntos necesitan mucho trabajo para poderse cristalizar.

Les pongo un ejemplo: hace algunas semanas, cuando iniciaba la contingencia, el Presidente aseguró que este año se crearían 2 millones de empleos. Incluso en condiciones normales, con una tendencia en el crecimiento de la economía claramente al alza, crear esa cantidad de fuentes laborales en México es poco probable. Pero AMLO parece creer que basta su voz. El resultado, lamentablemente, todos lo sabemos: si muy bien nos va, se habrán perdido un millón 500 mil empleos formales en 2020, más otros 2 millones y medio de informales.

La del Presidente y sus colaboradores es una vista cortita. Se quedaron enceguecidos por el número de votos que consiguieron. Llegaron a suponer que el apoyo a su Gobierno era incondicional y eterno. Ahora, a un año de distancia y con tantos errores, fracasos y un índice de corrupción más elevado respecto del Gobierno de Peña Nieto, no logran ver lo que se les viene: una contundente derrota electoral. Al tiempo.
14 Junio 2020 04:05:00
La destrucción del Estado mexicano
La desastrosa gestión del sistema de salud pública, evidenciado con las cifras lamentables que arroja la pandemia de Covid-19; el estruendoso fracaso económico y el ridículo de la estrategia de seguridad, conducen al Presidente a descarar su intención de destruir el Estado mexicano y sus instituciones, para convertirse a sí mismo en el poder absoluto y hegemónico en el país. No es una especulación. Los hechos así lo demuestran.

Nada más esta semana el Presidente y sus súbditos emitieron una serie de propuestas y declaraciones que con toda claridad demuestran que la transformación que se busca para el país es la sustitución de un sistema democrático por un régimen personalista y totalitario.

Independientemente de su postura política, para cualquiera que sienta verdadero amor por México y que conozca su historia, la intención presidencial le debe resultar preocupante.

Tal vez la declaración que con más descaro anuncia la pretensión de instaurar un régimen absolutista sea la versión lopezobradorista del consabido “o están conmigo o contra mí” que caracteriza a todos los dictadores.

Tanto es así, que alcanza incluso para colocar del lado opositor a Cuauhtémoc Cárdenas por el simple hecho de atreverse a expresar sus desacuerdos con el proceder del Presidente. Y si así trata a uno de sus impulsores políticos ¿qué podemos esperar aquellos que abiertamente rechazamos su forma de gobernar?

La intención dictatorial no para en palabras; se traduce en hechos. La propuesta de convertir a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en una “procuraduría de los pobres”, colocando en la indefensión a todo aquel que no cumpla con esa condición, no es simplemente una ocurrencia de quien ilegalmente preside ese organismo autónomo, sino la confirmación de que fue colocada allí por AMLO para dinamitarlo desde adentro.

Cómo no iba a hacerlo si su aspiración dictatorial le exige eliminar todo contrapeso real ¿o acaso alguien se extraña de la inacción de facto de Rosario Piedra ante la militarización decretada por quien abiertamente es su jefe?

Y qué decir de la iniciativa presentada en el Senado por Ricardo Monreal con el aval del Presidente, por supuesto, de fusionar el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia Económica y la Comisión Reguladora de Energía en un único organismo, sin importarle el elevado carácter técnico que para desempeñar bien su papel requieren sus consejeros.

Ya todos sabemos del cochinero que hicieron en la designación del titular de la CRE. También, el desastre que este ha hecho a su vez, bajo las órdenes del aspirante a dictador. Pues ahora pretenden también someter a los otros dos organismos, para que nada escape de su control autoritario.

Como ya lo dejó ver, sigue el Sistema Nacional Anticorrupción, que se ha convertido en una molesta piedra en su zapato, porque está dirigido por ciudadanos que han cometido el “error” de no postrarse ante su trono para rendirle pleitesía.

Urge pues que, sin importar preferencias partidistas, hagamos lo necesario para salvar de la destrucción al Estado mexicano y sus instituciones, así como para preservar la democracia, las libertades individuales y los derechos humanos.


07 Junio 2020 04:00:00
El problema de la violencia
La severa crisis económica que estamos enfrentando, en combinación con la contingencia sanitaria motivo de la pandemia de Covid-19, hacen que se nos olvide que hay otros muchos problemas que aquejan al país. Uno muy grave es la inseguridad y la violencia.

Como todos sabemos, 2019 fue el año con el mayor número de homicidios dolosos en la historia reciente de México. Lastimosamente 2020 no pinta muy diferente. De hecho, entre enero y abril hubo peores cifras que durante el mismo periodo del año pasado, 356 asesinatos más, para ser exactos.

Es previsible que gracias a la cuarentena el segundo tercio de 2020 arroje mejores resultados. Eso no significaría que el problema está resuelto. No podemos fomentar el encierro de una parte de la ciudadanía como mecanismo para reducir los homicidios. Necesitamos soluciones de fondo, que se sostengan en el largo plazo.

Queda claro que lo hecho los gobiernos anteriores no funcionó. Y que lo realizado hasta ahora por las autoridades actuales ha resultado peor todavía. Por tanto, dar con la estrategia adecuada es primordial. Y si de algo tenemos que estar seguros es de que se necesita de la participación de muchos liderazgos, que actúen en diferentes ámbitos de la vida social. El problema de la inseguridad y la violencia no es un asunto meramente policial o jurídico.

La captura de capos y su posterior extradición o encarcelamiento en territorio nacional no ha logrado sino multiplicar los grupos delictivos en el país y tornarlos más agresivos. Un estudio del International Crisis Group asegura que en 2010 había 98 células criminales en México. Y que en 2019 ya eran 100 más. Pero eso no es todo, sino que, además, los grupos actuales han diversificado sus actividades, incorporando incluso negocios legales.

Además, es necesario reconocer que en muchos rincones del país el crimen organizado se convirtió en una especie de “Estado paralelo” que atendió y resolvió problemáticas próximas a personas que por mucho tiempo fueron ignoradas por las autoridades de los tres niveles.

Eso les permitió construir una red de protección, basada en la lealtad y la gratitud, pero también en el temor, que no es fácil deshacer. Hay que destacar, de manera adicional, el gran poderío económico y bélico que poseen esos grupos, lo que les ha permitido corromper a muchas personas que laboran en instituciones públicas y empresas privadas.

Dado tal panorama es completamente incomprensible el simplismo con el que se ha hablado y actuado en relación con la delincuencia en el actual sexenio. Los resultados son, por eso, los que están a la vista de todos. Si se revisa el Semáforo Delictivo, que se alimenta con los datos oficiales, vemos que el año pasado ninguno de los 11 delitos a los que se les da seguimiento terminó en verde. De hecho, ocho de ellos registraron un color rojo, lo que significa que se presentaron cifras por encima de la media histórica.

Por eso, insisto, se necesita convocar a un gran acuerdo nacional, serio y no simulado, destinado a encontrar una salida al problema de la inseguridad y la violencia. La complejidad del problema llama a buscar soluciones integrales, innovadoras y, sobre todo, efectivas. En unión lo lograremos. Somos más grandes que nuestros problemas.
31 Mayo 2020 04:00:00
Las evidencias del fracaso
Atender la situación actual del país equivale a la tarea de desactivar una poderosa bomba de tiempo en el minuto final programado y sin que estalle en las manos. Se necesita una enorme destreza política y una gran concentración en el asunto que impida que se olvide que lo importante es el bienestar general y no salvar el propio pellejo.

Una persona con un mínimo de sensatez se hubiera dado cuenta, casi de inmediato, que necesitaba de diversos aliados para atender la que sin dudas es la situación más difícil que ha enfrentado un Gobierno en México desde la Revolución. Y es que, al problema de salud que ya de por sí es muy grave, hay que agregar otra larga lista de ingredientes que ponen aún más cuesta arriba la situación para nuestro país y que incluyen el deterioro institucional, la caída de la economía, la pérdida masiva de empleos, el incremento de la violencia, etcétera.

Pero, el Presidente prefirió atender a sus bases electorales y pelearse con todos los grupos que habrían podido ayudar a aminorar los efectos de la crisis. Uno a uno, fue confrontándose con empresarios, científicos y profesionistas, medios de comunicación, organizaciones ciudadanas, defensores de derechos, artistas y promotores culturales, alejando toda posibilidad de atender la emergencia de manera colectiva. El resultado está siendo brutal.

En materia de salud, primero se dedicó a minimizar la pandemia y a contravenir todas las indicaciones de los expertos. La OMS desde el 30 de enero declaró la emergencia sanitaria, pero el Presidente seguía con sus giras y concentraciones masivas, invitando a la gente a salir y abrazarse hasta bien entrado marzo. El coronavirus es ya la principal causa de muerte en el mundo y nuestro país se ubica entre los 10 con mayor índice de mortandad –a pesar de los otros datos y de las poquísimas pruebas que se hacen–.

Ni hay que olvidar que el sistema de salud pasaba ya por un mal momento que, lejos de haber sido subsanado, sigue en franco deterioro. En esos días, padres de menores con cáncer que siguen sin recibir sus tratamientos iniciaron en la Ciudad de México una huelga de hambre, medida sin duda desesperada que todos deberíamos apoyar. Se estima que unos 20 mil pacientes infantiles de oncología en el país está en esa situación sobre la cual el Gobierno federal insiste en guardar silencio, en lugar de remediar.

Y claro que son responsables. De acuerdo con un estudio realizado por México Evalúa, de los casi 18 mil millones de pesos que el Congreso de la Unión había destinado en el Presupuesto de 2019 al desarrollo de infraestructura y equipamiento para los servicios públicos de salud dejó de gastar 65%, es decir, no ejerció 11 mil 510 millones de pesos. Así es que no es que la mala suerte los persiga. Simplemente no saben gobernar y punto.

Por eso, a los pésimos resultados que están presentando en materia de salud, hay que sumar la previsible caída del PIB que será la mayor desde 1932; el millón 300 mil empleos que se perderán durante el año; las decenas de empresas que tendrán que cerrar para siempre sus puertas; los 50 mil homicidios y contando que van durante la gestión de quien prometió “traer la paz”; las miles de víctimas de violencia doméstica; por mostrar algunas de las evidencias del fracaso.
24 Mayo 2020 04:00:00
Hablar con la verdad
Nos dijeron que el pico de la pandemia se daría entre los días 8 y 12 de mayo; que la curva de contagios había sido “aplanada”; que México era un ejemplo para el mundo por su manejo de la contingencia y muchas otras mentiras más. Nos mintieron… otra vez. Pero, cuando un medio se atrevió a enlistar cronológicamente las mentiras en torno a la pandemia, lo que sucedió fue que desde la Presidencia se desató una campaña feroz para desprestigiar al diario y a quienes allí trabajan.

Y mientras se gastan sus energías en castigar la verdad, la pandemia sigue cobrando vidas. Incluso con el reducido número de pruebas que se aplican en nuestro país, es evidente que apenas nos estamos adentrando en la fase más crítica de la pandemia y que, de continuar la tendencia, seremos uno de los cinco países con mayor número de muertes en el mundo por coronavirus. ¡Ya estamos entre los 10 primeros!

Estamos en manos de un mitómano. Como lo ha demostrado verificado.mx más de la mitad de las afirmaciones del Presidente son falsas. López Obrador está habituado a mentir y es evidente que no va a cambiar su costumbre, menos, cuando todavía hay millones de mexicanos que le creen. Pero la fe y la confianza no son eternas.

La crisis que estamos viviendo no tarda en comenzar a pasarle factura. El Mandatario está confiado en exceso porque, hasta ahora, la mayor parte de sus falsedades son sobre cuestiones que no pueden ser experimentadas de manera directa por la gran mayoría de los ciudadanos. Por ejemplo, son muy pocos los que pueden constatar que, efectivamente, no se ha logrado gran cosa en el combate contra el huachicol. Pero, están por suceder cosas que sí que impactarán –por desgracia– a cientos de miles de mexicanos.

AMLO dijo que, a pesar de la pandemia, se crearían 2 millones de empleos. Sin embargo, lo que ocurrirá según los pronósticos más conservadores es que se perderá alrededor de un millón de fuentes de empleo. Esos nuevos desempleados y sus familias, junto con los que ya estaban en esa situación, previo a la contingencia sanitaria, podrán constatar por ellos mismos las mentiras del Presidente.

Algo similar está ocurriendo con el creciente número de víctimas de la violencia y no me refiero solo a los homicidios sino, también, a la que ocurre en los hogares, pero que para el Presidente no existe. Detrás de cada una de las 3 mil 729 llamadas diarias que en promedio se reciben en los teléfonos de emergencia del país con motivo de violencia intrafamiliar, hay una o más personas constatando que López Obrador miente.

Por eso, lo más importante, será pensar qué sigue para México una vez que el Presidente se haya ido. Porque dejará un país en la ruina económica, con instituciones destruidas casi por completo; pero, sobre todo, con millones de personas desilusionadas y moralmente afectadas.

Las tres cuartas partes que quedan del mandato de AMLO deben servir para preparar una verdadera alternativa de cambio que sea incluyente para todos. México necesitará, sí, de un gran estadista. Pero, sobre todo, de múltiples liderazgos que se articulen en torno a un solo propósito: generar condiciones de prosperidad para todos. ¡Por supuesto que es posible! Pero, para lograrlo, el requisito inicial y más importante es hablar con la verdad.
17 Mayo 2020 04:02:00
El valor de la industria de la construcción
Basta solo un poco de sentido común para reconocer el papel central que juega el sector de la construcción en la economía de un país. Y no solo aquel dedicado al desarrollo de las grandes obras de infraestructura, sino en general cualquiera de los distintos ramos de esa industria. Por eso no son gratuitas las críticas que recibió el Gobierno federal al no haber incluido desde un principio a esa actividad en la lista de giros esenciales en el escenario de la pandemia de Covid-19.

Pero ¿qué se puede esperar de alguien que toma medidas basadas en la ignorancia, el odio y el resentimiento? Y es que, con toda claridad, esos son los motores de la acción gubernamental que caracterizan a la 4T. Y por desgracia para México, son todavía muchos los que creen que el mal provocado por ese revanchismo infantil le ocasionará un beneficio al país.

Son muchísimos los trabajadores que en lugar de ver mejorada su calidad de vida, están seriamente ante el peligro de perder lo poco que tienen. Por ejemplo, con la necedad de que el Infonavit les otorgue directamente un crédito para que ellos mismos construyan sus viviendas. Como decía la semana pasada, es un mito sin ningún sustento que las empresas dedicadas a la construcción de casas habitación ganen el doble de lo que invierten. Menos todavía, porque levantar una vivienda no solo implica la colocación de ladrillos, como aparentemente lo cree el Presidente.

Parte importante del proceso de desarrollar vivienda se la llevan los múltiples trámites que es necesario realizar por ley para poder erigir una construcción. Dejar a un ciudadano que no conoce de esos asuntos, porque no es algo que se realice en la cotidianidad, es arrojarlo a la boca del lobo; o, mejor dicho, de los coyotes, los cuales van a hacer su agosto gracias al desconocimiento de quienes intenten construir su propia casa.

Pero, hay todavía un riesgo mayor. Y es que, movidos algunos por su falta de pericia y otros más por su propensión a violar las leyes, construirán sus viviendas de manera irregular lo que significa que nadie supervisará la calidad ni la seguridad que está implícita. Y el Infonavit, que ya de por sí se encuentra en una condición delicada por la corrupción de décadas, no tendrá la garantía hipotecaria real por el monto del crédito otorgado.

Hay que recordar aquí que el Instituto maneja los recursos que provienen del ahorro de los trabajadores y las aportaciones de los patrones. En la actualidad hay aproximadamente 300 mil millones de pesos que se pueden perder si no hay modo de recuperar los créditos. Pero nada de esto es considerado por el Presidente que solo tiene ante sus ojos su odio contra los empresarios.

La entrega sin sentido de créditos para la propia construcción solo generará mayor descomposición social, crecimiento urbano desordenado, desempleo y mucha inseguridad para quienes habiten esas viviendas. Además, está el peligro de que se acrecenté la corrupción en el Infonavit, cuya colocación de créditos para el desarrollo de nuevas viviendas ha caído a niveles de 2006.

El Presidente dice que no se necesita ser economista para entender de economía. Tiene razón. La gran pregunta aquí es ¿qué lo incapacita a él, para entenderla siquiera un poco? Por ejemplo, ¿qué le impide comprender el valor de la industria de la construcción?
10 Mayo 2020 04:02:00
Infonavit y las ocurrencias de un irresponsable
El arte de gobernar exige mucho más que lanzar ocurrencias al aire buscando favorecer la propia popularidad. La responsabilidad de dirigir los destinos de una nación como México es mayúscula. Cada mala decisión impacta de manera negativa en el bienestar presente y futuro de los ciudadanos. Y de eso López Obrador parece no darse cuenta. Aquí un ejemplo.

Hace unas semanas el Presidente anunció que el Infonavit iba a otorgar créditos por medio millón de pesos a los trabajadores afiliados que así lo solicitaran, para que ellos mismos construyeran sus casas, sin la intermediación de un especialista (arquitecto o ingeniero civil) o una empresa desarrolladora de vivienda.

La ocurrencia, que busca activar un mecanismo que existía solo en el papel por su inoperancia, fue justificada con una de sus acostumbradas mentiras que solo reflejan el odio que el Presidente siente hacia el sector empresarial. Según el Mandatario, los constructores tienen una ganancia de la mitad del valor de la vivienda, de tal forma que, con un crédito de 500 mil pesos, los trabajadores solo compran una propiedad de 250 mil pesos; en cambio, asegura, entregando directamente a los afiliados el dinero, la casa valdrá realmente el medio millón de pesos otorgado.

Al Presidente, como está más que comprobado, no le gusta saber la verdad. De lo contrario, habría solicitado algunos datos que seguramente están en posesión del propio Gobierno federal y se habría dado cuenta, entre otras cosas, de que el margen de utilidad del sector de la vivienda apenas ronda el 10% antes de impuestos (en una empresa debidamente administrada) y que los volúmenes de compra que hacen esos negocios les permiten generar ahorros. Además, hubiera descubierto que es el propio Infonavit, con sus prácticas equiparables a la usura, el que encarece realmente las viviendas.

Fiel a su costumbre, el Mandatario prefiere quedarse con su calenturienta imaginación y poner en riesgo, por un lado, a la industria desarrolladora de vivienda y a quienes dependen de ella. Según datos del Inegi la construcción sostiene 5.7% de los empleos formales en México, alrededor de 2 millones y medio plazas que incluye a profesionistas cada vez más especializados y preocupados en el desarrollo armónico y sustentable de los espacios urbanos.

Esa actividad, además, significa 6% del PIB. Ya sabemos que López Obrador, desde que no pudo cumplir con su promesa de crecer 4% (y solo desde entonces), dice que el Producto Interno no es relevante. Pero, para quienes vivimos de trabajar y quienes arriesga su capital, sí que importa. Además, se pone en peligro a toda la economía pues la industria de la construcción es un motor que dinamiza 37 ramas, destacando el cemento, el acero, el vidrio y el aluminio, entre otras.

Pero la irresponsabilidad presidencial significa también un golpe para los trabajadores. Recibir créditos directos significará tener que hacerse responsables de la compleja realización de trámites, del delicado manejo de personal y de la correcta aplicación de recursos. Además, con el enorme riesgo de fracasar en la edificación de sus viviendas, creando sitios vulnerables en los que sus vidas y las de sus familias corran peligro.

De este tamaño son las ocurrencias de un irresponsable.


03 Mayo 2020 04:02:00
En el peor momento y en las peores manos
La crisis económica producto de la pandemia de Covid-19 era inevitable. Como casi todo el mundo, México estaba destinado a sufrirla y a resentir sus impactos. Sin embargo, con una conducción del país medianamente decente el golpe habría sido menor; en cambio, será mucho peor que para la mayoría de las naciones en el mundo y nadie puede alegrarse de que eso vaya a ocurrir de esa manera. Aquí, no hay ningún “anillo” para el dedo de nadie.

En este momento, la duda ya no es si la economía mexicana se contraerá, sino qué tanto lo hará. No se sabe, además, cuándo podrá comenzar la recuperación que, de todas maneras, será sumamente tortuosa; porque, además, ocasionará un mayor deterioro en el tejido social. No es solo la economía del país la que se está desquebrajando, sino que todos los ámbitos de la vida en México se verán afectados.

Que ya hemos vivido crisis en el pasado y que de una u otra manera nos hemos logrado recuperar, es algo que es relativamente cierto. Como suele ocurrir, detrás de una caída del PIB viene un “efecto rebote” que, si bien no significa la recuperación total, sirve para salir de la urgencia. Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre lo vivido, por ejemplo, en 2009 con la crisis financiera global y lo que experimentaremos ahora: la confianza en el Gobierno.

No es un asunto de apreciación personal. Basta con observar que el Gobierno mexicano está teniendo que colocar sus bonos de deuda comprometiéndose a pagar hasta el doble de intereses que lo que pagan países como Brasil, Chile, Colombia o Perú. Y ya ni hablar de la opinión de las notas que le colocan a México o a Pemex las calificadoras, ni de la fuga de capitales extranjeros. Todas ellas son pésimas señales por más que quieran disfrazar la realidad con sus “otros datos”.

La caída del empleo es también brutal. Todo apunta a que la crisis costará, cuando menos, unos 900 mil puestos formales. Y no habrá manera de que se recuperen el año que viene. Es grave, además, que algunos de los empleos que se perderán son plazas dentro del mismo Gobierno federal, que nada más el año pasado dejó sin empleo a unas 150 mil personas. Y no, es falso que todas fueran “aviadores”, como también lo es suponer que su despido no ha impactado de manera negativa el desempeño gubernamental.

Alegarán, por supuesto, que se debió a la política de austeridad. Sin embargo, una revisión a la cuenta pública de 2019 demuestra que lo ahorrado en el rubro de gastos administrativos que incluye el pago de sueldos y salarios es apenas el 2% de lo aprobado por el Congreso en la Ley del Presupuesto.

Más grave todavía, el Poder Ejecutivo federal tenía asignado un presupuesto de 4.36 billones de pesos, pero terminó gastando 4.44 billones. Y no se sorprendan, no fue en inversión pública, pues para ese rubro el Gobierno federal destinó 6.4% menos de lo aprobado y 19% menos con respecto a 2018 en términos reales.

Con semejantes cifras resulta más que clara la razón por la que el año pasado no hubo crecimiento del PIB. Pero, también, porqué la economía mexicana se precipitará más allá del 3% del promedio global. Estamos lamentablemente en el peor momento y en las peores manos.



26 Abril 2020 03:40:00
Ideas para atender la crisis de salud
Nuestro país atraviesa múltiples crisis: la sanitaria, la económica, la de seguridad, la energética, la educativa y la política. Cada una es grave y requiere atención puntual. No nos es útil –en este momento– conocer cómo se originaron los problemas. Partamos simplemente de la aceptación de que surgieron en el pasado y que recrudecieron aquí y ahora. ¿Qué se debe hacer?

Comencemos por la crisis de salud, que es la más urgente. Dado que no es posible multiplicar de la noche a la mañana la capacidad hospitalaria, debemos reducir la presión que se ejerce sobre ese sistema, misma que ocurre en la medida en que acuden a clínicas y hospitales más personas de las estrictamente necesarias. Reconozcámoslo: nuestro sistema educativo no ha sido capaz de enseñarnos a reconocer qué síntomas ameritan una revisión médica y cuáles no.

Las clínicas y hospitales se saturan de personas que podrían haber mejorado tan solo permaneciendo unos pocos días en reposo. Entiendo que muchos acuden en la búsqueda de conseguir una incapacidad para justificar su ausencia en sus trabajos o escuelas. Pues bien, es tiempo de legislar para disminuir el uso de discapacidades cuando se trate de enfermedades simples, como los resfriados comunes. Entre tanto, las empresas pueden ayudar siendo más flexibles en esos casos. De todas formas, a ellas les conviene que alguien se quede un par de días en su casa, en vez de que acuda y contagie a sus compañeros.

Los hospitales no solo se saturan de enfermos cuyo padecimiento no exige una atención profesional, sino que también se llenan de personas que ni siquiera están enfermas. Salvo casos en los que los pacientes necesitan inevitablemente una compañía, debería impedirse la entrada a quienes no estén enfermos, incluso, para prevenir que contraigan un padecimiento. Como ha mostrado la pandemia del coronavirus, los centros de salud son grandes focos de infección.

Otros caminos para reducir la presión al sistema hospitalario lo ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación. La posibilidad de ser consultados o de recibir consejos médicos desde casa no requiere de grandes inversiones y ayuda a atender a los sectores de la población que tienen acceso a internet.

Por otra parte, se debe lanzar una campaña intensiva de medios para socializar conocimientos básicos sobre el funcionamiento del cuerpo humano, los padecimientos más comunes y menos peligrosos y, la manera de prevenirlos o, llegado el caso, de atenderlos en el hogar. También, se debe enseñar en qué casos es necesario acudir a un médico.

Durante la coyuntura de la pandemia es necesario que los gobiernos promuevan el involucramiento del sector privado en la solución de la crisis. El intercambio de estímulos fiscales por infraestructura hospitalaria, material médico o fármacos que permitan la atención de la pandemia, es una opción que debe ser evaluada. E insisto, el Gobierno debe pagar al doble a los profesionales de la salud.

Nos podemos quedar como otros, culpando al pasado. ¿Pero, qué tal si mejor nos ponemos a buscar la solución para nuestros problemas?

19 Abril 2020 03:40:00
El yerbero y su limpia
Se sabe, gracias al trabajo incansable de médicos y científicos, que un 5% de quienes contraen el Covid-19 enferma de gravedad. De ellos, prácticamente la mitad pierde la vida. Sin embargo, la probabilidad de morir es mayor para quienes, desarrollando ese nivel de gravedad, tienen padecimientos cardiovasculares previos; la diabetes o la hipertensión arterial también ponen a los pacientes ante ese peligro.

Los científicos también calculan que, en los próximos años, más de 90% de la población mundial se habrá contagiado de Covid-19 lo que significa que cerca de 2% de la población habrá muerto por esa causa.

La elaboración de una vacuna efectiva es la única posibilidad que tiene la humanidad para evitar que así ocurra. El distanciamiento social solo sirve para ralentizar el contagio; en el mejor de los casos, ayuda a aplanar la curva, lo que le quita presión a la capacidad de atención de urgencias y de terapia intensiva de los centros hospitalarios.

Ese comportamiento de la pandemia es muy similar al que veremos en la economía mundial. Casi todos los países se van a contagiar, pero, no todos sufrirán los estragos con la misma intensidad. Aquellas naciones que llegaron a la crisis con padecimientos previos van a ser los más golpeados. México, de manera muy lamentable, está entre los países que más van a sufrir.

Tras décadas de enormes sacrificios, la economía mexicana había logrado una estabilidad sólida que le iba a permitir, muy lentamente, ir construyendo mejores condiciones de vida para su población en general. Pero el paciente se desesperó, dejó de atender las indicaciones médicas y se fue con el yerbero, ese que tenía 18 años prometiéndole una cura mágica e instantánea para todos sus males.

El resultado es que, en vez de recuperarse de manera inmediata y milagrosa, como juraba el yerbero que iba a ocurrir, el paciente perdió las pocas mejoras que con tanto esfuerzo había conseguido. El pasado 2019 no solo fue un año con nulo crecimiento económico; fue también el de la destrucción casi total de los ingredientes básicos que son necesarios para que haya salud económica.

Las acciones del charlatán terminaron con la confianza, la certidumbre y el entusiasmo que son necesarios para dinamizar la economía en cualquier país. La primera, la confianza, permite a inversionistas y consumidores aceptar los riesgos inherentes a toda apuesta de capital. La certidumbre permite evaluar el tamaño de ese riesgo; en tanto que el entusiasmo hace posible que se encare esa apuesta con optimismo, en la esperanza de que los resultados obtenidos con la inversión o la compra de bienes duraderos, resulte favorable.

Si bien los gobiernos no tienen el papel central de invertir –aunque ciertamente lo hacen a través del desarrollo de obras– su principal papel es incrementar la confianza, la certidumbre y el entusiasmo. Pero en México iniciamos el 2020 con casi nada de esos ingredientes. Por eso seremos la economía más golpeada por la pandemia en todo el continente. Nosotros mismos, por nuestras decisiones, nos pusimos en esa situación.

La severa caída que sufrirá nuestra economía no ocurre luego de un año de crecimiento, aunque fuera mediocre. Nos llega tras un 2019 de destrucción de las bases que nos habían dado estabilidad. Y a pesar del daño causado, el yerbero insiste en querer curarnos con una limpia.




12 Abril 2020 04:02:00
Lo cierto y lo falso
Es cierto: hay que acabar con la pobreza en el país. La mayoría de los mexicanos sufre algún tipo de carencia, lo que se convierte en un obstáculo para el correcto desarrollo de su potencial humano. Sin duda, la sociedad en su conjunto se beneficia con cada ciudadano que mejora su calidad de vida.

Es falso: que el propósito de terminar con la pobreza pueda lograrse prescindiendo del aparato productivo del país y muy en especial, de las micro, pequeñas y medianas empresas. Sin los empleos que estas generan, siete de cada diez, la economía mexicana simplemente sucumbe. Por ello, las Pymes deberían ser el núcleo principal de la reactivación económica de México, impulsada desde el Gobierno federal en épocas de crisis como la que estamos viviendo.

Es cierto: los despidos son indeseables. Nuestra meta debe ser, sin duda, la preservación de todos y cada uno de los empleos en el país. Nadie debería quedarse sin la posibilidad de llevar el sustento a sus hogares, menos, en estos tiempos de pandemia.

Sin embargo, las primeras semanas de la contingencia ya le costaron a México 346 mil plazas laborales, reconocido oficialmente, y todo indica que serán muchas más.

Es falso: que los despidos sean por gusto. Se trata de una medida extrema a la que las empresas han debido acudir ante la posibilidad real de desaparecer producto de la crisis.

Lo hacen porque, sin la capacidad de generar ingresos debido a la contingencia sanitaria, fueron orilladas a elegir entre pagar la nómina o sus impuestos y cuotas del IMSS.

Las pérdidas en ventas ya ascienden a 2 mil millones de pesos y los expertos vaticinan que alcanzarán la espeluznante cifra de 250 mil millones de pesos. ¿Cómo sostener su planta laboral así, si no se reciben apoyos que incluyan el diferimiento del pago de obligaciones fiscales?

Es cierto: aprobar la suspensión de pagos de impuestos y de las cuotas obrero-patronales es un sacrificio para el Gobierno. Se requieren recursos extraordinarios para poder afrontar la pandemia con éxito y en especial en el sector salud. Sin duda, vale oro cada peso que se destine a reducir los contagios y a mejorar la atención en clínicas y hospitales de quienes enfermen por el coronavirus.

Es falso: que el Gobierno federal no cuente con esos recursos. Le bastaría con suspender la aplicación adicional de 65 mil millones de pesos para el funcionamiento de Pemex, a sabiendas de que son insuficientes para sacar del hoyo a la paraestatal, para aplicar esos mismos recursos en un programa serio de protección al empleo. Pero, también puede echar mano del dinero destinado a Dos Bocas, el Tren Maya o el Aeropuerto de Santa Lucía. Obras que de por sí no eran prioritarias pero que, bajo las circunstancias actuales, simplemente son un derroche.

Es cierto: México necesita de la unidad de todos para salir airosos de la crisis más grande en los últimos 100 años; una que, si bien inicia con la salud, se está trasladando rápidamente a la economía y golpeará con fuerza lo social.








05 Abril 2020 04:01:00
¡Salvemos changarros!
En política no hay vacíos, todos los espacios se llenan. Así ha ocurrido a lo largo de la historia y de esa manera está sucediendo ahora mismo en nuestro país. La obstinación y el desinterés por todo aquello que no sea su propia persona de quienes gobiernan el país, ha ocasionado el surgimiento de iniciativas ciudadanas que buscan resolver las crisis sanitaria y económica que enfrentamos, motivadas por la pandemia del Covid-19.

El impacto negativo que ya comienzan a sufrir muchos de los hogares mexicanos, cuyos miembros se están quedando sin empleo o sin clientes para sus productos, motiva el surgimiento de iniciativas, algunas de ellas muy creativas, para confrontar con éxito la situación, bajo la certeza de que el Gobierno federal no hará nada y que, por lo tanto, a la ciudadanía no le queda más que arreglárselas por sí misma... No me cabe la menor duda que cada intento será exitoso. ¡Tenemos con qué!

Lo deseable era, por supuesto, que aquellos que ocupan las más elevadas responsabilidades en la nación, dejarán de contemplarse en el espejo de la vanidad, endiosados consigo mismos, para tratar, al menos un poquito, de entender la dramática realidad que están viviendo los ciudadanos. Pero, en lugar de eso, cada día muestran más cómo fueron cegados por la ambición, el poder y la soberbia.

No hay ni el más mínimo esfuerzo para comprender, por ejemplo, la tragedia que viven los propietarios de changarros que están al borde de la quiebra por el desplome de sus ventas. Solo así se explica que crean que un préstamo de 25 mil pesos, al que supuestamente van a poder acceder algunos de ellos, va a impedir que cierren. Saben que se viene lo más duro de la pandemia, porque así ha sucedido a nivel mundial, pero prefieren ignorar lo que pasa y mentirle a la ciudadanía. Su comportamiento es casi criminal.

Con cierta frecuencia nos presumen imágenes y videos en los que aparecen fingiendo ser clientes de los changarros. Hoy con su absoluto desdén nos muestran que de nada sirven esas vistas a esos pequeños negocios, porque no están interesados en comprender las necesidades ni los problemas de sus propietarios ni de aquellos que allí laboran. A quienes mal gobiernan México lo único que les importa es su propio bienestar. Por eso, mandan a sus huestes a atacar rabiosamente en las redes sociales a quienes se atreven a hablar con la verdad.

Pero, los mexicanos estamos despertando. Su ausencia ante la crisis y la desfachatez con la que nos mienten en la cara ha ocasionado que comencemos a encontrar la salida por nosotros mismos. No nos hacen falta. Ojalá, cambiaran y se sumaran a los que estamos de verdad tratando de mejorar a México, pero, si todo lo que van a hacer es estorbar, mejor que se queden allá en donde no puedan hacer más daño.

Nosotros unidos vamos ayudando a quienes generan la riqueza de este país: a los micro, pequeños y medianos empresarios, y a todos sus empleados. Que no se pierda ni una plaza laboral. Esa debe ser nuestra meta. Demostremos nuestro amor por México. Apoyemos a los que más lo necesitan en esta enorme crisis que tenemos encima. ¡Salvemos changarros!

29 Marzo 2020 04:05:00
Contagiémonos
De acuerdo con la calificadora crediticia J. P. Morgan la economía mexicana se contraerá 7% este año. Su pronóstico no parece exagerado, si consideramos el fuerte impacto que tendrá la pandemia del coronavirus en el poder adquisitivo de la población, la caída enorme de los ingresos petroleros, la disminución sensible de las remesas que envían los paisanos en el extranjero a sus familias y, el desplome de la actividad turística.

Una caída en el PIB de ese tamaño, superior incluso al 6.5% enfrentado en 1995 tras el llamado “error de diciembre”, podría venir aparejado de un fuerte incremento en los índices de inseguridad y de violencia, justo como sucedió en esa ocasión.

Y la razón es relativamente simple: la pérdida de empleos que significa cada punto porcentual que la economía retrocede, que ocasiona que muchos ciudadanos entren en desesperación y se animen a cometer actos que, en condiciones de normalidad, jamás realizarían.

Aquí y ahora, además, tenemos el agravante psicológico del encierro: no sabemos cómo se verán afectados nuestro estado anímico ni nuestra salud mental, pero podemos estar seguros de que no volveremos a valorar la vida de la misma manera en que lo veníamos haciendo antes de la contingencia sanitaria. Y eso incluye también a quienes, por su situación laboral, no pueden permanecer en sus casas, porque, como se han manifestado en las redes sociales algunos de ellos, miran su necesidad de salir a las calles con un claro malestar.

Por eso, ante un panorama tan oscuro, lo que nos queda es intentar evitar que los pronósticos más negativos se conviertan en realidad. Para tener éxito en esa difícil tarea, necesitamos darnos cuenta, pronto, que básicamente estamos solos en esto, porque, al menos hasta ahora, no hay ni una mínima señal que indique que a nivel federal se están dando cuenta de la gravedad de la situación.

Por tanto, debemos buscar soluciones de carácter más local, que fomenten la cooperación entre vecinos y habitantes de una misma zona, identificando y apoyando a los comercios pequeños, cuyos propietarios viven y gastan sus utilidades allí mismo, para que no quiebren.

Los micro, pequeños y medianos empresarios deben hacer un esfuerzo supremo para mantener al personal que ocupan. Se vale, por supuesto, que renegocien su situación contractual, siempre en estricto apego a derecho, para aminorar en la medida de lo posible la carga.

En el comienzo de la crisis, en el que nos encontramos ahora mismo, el poder adquisitivo sigue más o menos intacto. Debemos aprovechar esa breve ventana para eliminar los gastos superfluos, sosteniendo hábitos de consumo más inteligentes. Y, debemos canalizar lo mucho o poco que nos sobre, para aliviar en algo la situación de los grupos más vulnerables. Es tiempo de ser sensibles y solidarios.

Ojalá la crisis no resulte tan grave como se pronostica. Como sociedad, estamos en la posibilidad de actuar para aminorar los daños, no solo los económicos, sino también los que afectan nuestro estado anímico.

Por eso, comportémonos a la altura de lo que las circunstancias nos exigen. Cuidémonos los unos a los otros, de todas las formas que nos sea posible. Contagiémonos, pero las ganas de vivir y de sacar a México adelante.
22 Marzo 2020 04:05:00
Actuar a tiempo
Es tiempo de actuar con la mayor responsabilidad y profesionalismo posibles. La crisis sanitaria y económica que estamos comenzando a enfrentar son de pronóstico reservado. El impacto que ocasionen depende directamente de qué tan rápido implementemos las medidas que sean necesarias. Entre más demoremos, peor será el daño. Aquí y ahora, el espacio para las frivolidades y las payasadas se agotó. Es tiempo de liderazgos verdaderos.

Por supuesto, la prioridad en este momento es la salud de todos. Sin embargo, debemos centrar nuestra atención en los grupos más vulnerables, entendiendo que la capacidad hospitalaria en el país es limitada y que no podremos cambiar esa realidad en el corto plazo. Convocar a que la ciudadanía permanezca en sus casas, extreme sus prácticas de aseo personal y se aísle en caso de presentar síntomas no es de alarmistas sino de quienes entienden su responsabilidad histórica ante la crisis. Quienes nos dedicamos de manera profesional a la política debemos poner el ejemplo cancelando todo acto que eleve la posibilidad de contagio. No hacerlo es criminal.
Parte de las medidas que deberían ser tomadas es la reorientación del Plan Nacional de Infraestructura y el Acuerdo Nacional de Inversión, suspendiendo aquellas obras de bajo impacto social y sustituyéndolas, entre otras, por clínicas y hospitales. Ya sabíamos que el sistema de salud estaba mal. Ahora no hay pretexto alguno para no ponerle la mayor atención posible. Se debe diseñar un proyecto de corto, mediano y largo plazo para robustecer la capacidad de atención hospitalaria del país, sobre todo, en las áreas de urgencia.

Ahora bien, resulta de la mayor importancia entender que el problema económico que se avecina tendrá efectos negativos que se prolongarán en el tiempo. Quienes recibirán el mayor impacto serán las familias de las clases media y baja, por la pérdida de empleos y la baja inversión, tanto pública como privada. De ahí la necesidad de implementar medidas emergentes que protejan a las pequeñas y medianas empresas y a sus trabajadores. En verdad urgen estímulos fiscales que incluyan prórrogas para la presentación de las declaraciones anuales, tanto para las personas morales como para las físicas que tengan actividad empresarial.

Vivimos en un mundo en el que muchas tareas pueden realizarse desde los hogares. Sin embargo, no todas las empresas tienen la capacidad humana o tecnológica para concretar esa manera de operar. Es importante que el Estado implemente distintos mecanismos para apoyar la transición hacia el llamado home office, lo que bien diseñado y correctamente ejecutado, permite, no solo ayudar con la contingencia sanitaria sino, además, la generación de ahorros para el sector empresarial y para los trabajadores que puedan caer en este supuesto.
Sin embargo, es cierto que quienes más sufrirán el impacto negativo en su economía –y que pondrán en riesgo mayor su salud– son aquellas personas que viven al día. Quienes no tienen ahorros a los cuales apelar y que su labor cotidiana es su único sustento. Para ellos deberán crearse programas especiales de ayuda, que les permitan subsistir durante la contingencia. Todavía estamos a tiempo. ¿Asumirán su responsabilidad quienes están al frente del país y de las entidades federativas?


15 Marzo 2020 04:00:00
Pandemia
La situación económica del país pende de un hilo… uno muy delgado y debilitado. Que quede claro: no nos alegra el fracaso, incluso cuando era altamente previsible. Sin embargo, ningún mexicano debería sentirse feliz por lo que nos está sucediendo, todo lo contrario, tendría que experimentar una gran preocupación. Sobre todo, por lo que la pandemia del coronavirus ocasionará las próximas semanas en el mundo y que sacudirá todavía más a nuestros frágiles mercados.

Que el presidente Trump haya suspendido los vuelos hacia los Estados Unidos desde Europa, exceptuando Inglaterra, es una muestra de lo que va a suceder a nivel global con la industria del turismo. Las líneas aéreas, los hoteleros y restauranteros en el mundo, ya reportan miles de millones en pérdidas. Y todos sabemos lo que los turistas significan para nuestro país. Estamos hablando de 8.7% del PIB. ¿Cómo vamos a responder ante la crisis?

Por supuesto que una opción sería la de recibir nosotros los vuelos (solo algunos, porque, recordemos, no tenemos aeropuertos suficientes). Pero ¿en verdad estaríamos dispuestos a poner en riesgo a la población entera solo para ganar unas cuantas monedas más? ¿Hasta qué punto le conviene a México ignorar las advertencias de la OMS?

El problema de nuestra economía es que ya estaba mal antes de la pandemia.. Pero, esa es una cuestión (que no hay que olvidar, para que luego no se diga algo tipo: “de no haber sido por el coronavirus”) y otra muy distinta es no entender que de no implementar filtros para el ingreso a nuestro país, la enfermedad pondrá en cuarentena a una parte grande de la población que, como consecuencia, dejará de realizar sus labores productivas. ¿Si recuerdan que no crecimos y que este año el pronóstico es menor a 1 por ciento?

Pongámonos en estos términos: en este momento, resulta de máxima prioridad disminuir el ritmo del contagio. Pero, no solo hay que hacerlo por cuestiones de la economía nacional, sino también, por la delicada situación que ya de por sí atravesaba el sistema de salud en México y que no puede resolverse de la noche a la mañana.

¿Qué pasa si más del 15% de la población se contagia de manera simultánea en ese periodo que señalan los expertos del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la UNAM, entre el 20 y 30 de marzo? ¿Cómo los vamos a atender? ¿De qué forma se garantizará que podrán tener acceso a los medicamentos necesarios?

Me preocupa mucho observar que no se está abordando el problema con la debida seriedad. Me parece grave que se puedan anteponer intereses políticos a cuestiones tan básicas como la salud de la ciudadanía. En situaciones de normalidad la economía estaba mal y ahora, con la crisis mundial que se avecina hay muy poco espacio para el optimismo.

La pandemia, espero, contribuirá a que muchos cambien sus hábitos de salud. Ojalá y la gente se acostumbre a lavarse las manos, a cubrirse correctamente cuando tose o estornuda y a desinfectar correctamente las superficies de contacto frecuente como las perillas de las puertas. Pero ¿cambiarán sus hábitos quienes están tomando las decisiones más importantes para el país?
08 Marzo 2020 04:00:00
Las mujeres en su día
Es Día Internacional de la Mujer y nos corresponde reconocer que nuestra nación dista de ser el mejor lugar para que ellas se desarrollen a plenitud. De acuerdo con el ranking de Los Mejores Países para ser Mujer del US News & World Report de 2019, México ocupa el lugar 60 entre las 80 naciones que son evaluadas.

El ranking, valora aspectos como el respeto a los derechos humanos, la equidad de género, la seguridad, los ingresos económicos y la igualdad de oportunidades para progresar de las mujeres. La realidad reflejada en el estudio es totalmente indeseable para una sociedad que busca alcanzar mejores niveles de vida para sus habitantes.

El resultado no es producto de la acción de individuos particulares, sino de dinámicas culturales profundamente arraigadas que se alimentan de la creciente debilidad institucional y del estado de derecho. De acuerdo con una reciente encuesta publicada por el Inegi, casi una de cada tres mexicanas (27%) declaró haber sido víctima de acoso sexual en el segundo semestre de 2019. Además, se sabe por las estadísticas delictivas que una tercera parte de los homicidios contra las mujeres ocurre en su propio hogar. Estamos, pues, ante una realidad que sería irresponsable no reconocer.

En un clima de violencia y de elevada polarización como el que estamos viviendo, los grupos más vulnerables son los que más sufren. Se equivocan quienes piensan que el fomento al divisionismo traerá algo bueno para el país, todo lo contrario. Por eso, toda vez que han quedado claras cuáles son nuestras posturas, necesitamos poner nuestra atención en mejorar nuestro entorno, cada uno desde nuestro ámbito. Es necesario reducir los niveles de crispación social y esa es una tarea de todos en México.

Nuestras diferencias ideológicas no deben de convertirnos en enemigos. Más allá de nuestras convicciones debe estar el interés general. Necesitamos mejorar las condiciones de vida de todos en México. Pero, muy especialmente las de las mujeres, entendiendo y respaldando el rol que juegan, cada vez más preponderante. Y reconociendo que, hasta ahora, se desarrollan en condiciones que son poco favorables. Simplemente en cuestión de ingresos, las estadísticas dicen que para igualar el ingreso de sus compañeros, las mujeres trabajadoras deben laborar casi cinco días adicionales; eso, a pesar de que según el Foro Económico Mundial, nuestro país es el que mostró una mayor mejoría en el último año.

La desigualdad económica se transforma en violencia. Por eso, es urgente que sigamos trabajando para favorecer la equidad. Como todos, ellas necesitan vivir en paz. El Estado debe brindarles la seguridad a la que tienen derecho; las instituciones tienen que responder a sus demandas, en la manera más justa y equitativa posible. Nuestra sociedad estará mejor en la medida en que ellas alcancen condiciones más propicias, que les permitan elegir su vocación y su destino.

Ojalá y la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se dedicara a festejar y a agradecer su presencia y participación en la sociedad. Pero, para desgracia de todos, es todavía fecha que tienen que salir a pedir que no las abusen ni las maten. Escuchémoslas con toda atención.





01 Marzo 2020 04:05:00
Gerenciar el futuro
Peter Drucker, el gran ideólogo de la gerencia señala para esa función de las organizaciones, tres grandes responsabilidades estrechamente vinculadas entre sí: generar riqueza, incrementar la productividad del trabaj, y cumplir con la responsabilidad social. Los negocios se crean para tener utilidades económicas que eleven la capacidad de adquisitiva de sus dueños. Pero, ese dinero no surge de la nada, sino del trabajo que todos en las organizaciones hacen en la fabricación de bienes o la entrega de servicios que, al ser reconocido su valor por la sociedad, redunda en condiciones más prósperas para los trabajadores.

La responsabilidad social inicia con la capacidad de quienes dirigen las empresas, para generar, sostener e incrementar fuentes de empleo bien remuneradas, que sean origen de bienestar y satisfacción para quienes las ocupan.. Pero, no termina allí, sino que se extiende hacia su comunidad, en el afán auténtico por reducir los posibles impactos negativos que toda actividad humana puede ocasionar. También se trata de potenciar y compartir los beneficios con el vecindario para ganar prestigio y licencia social.

Para cumplir de manera exitosa con sus responsabilidades, quienes dirigen organizaciones humanas necesitan cultivar en sí grandes capacidades estratégicas, para visualizar las acciones de mayor impacto positivo que tengan el menor costo. Pero, también deben tener la capacidad para concretar su visión en acciones cotidianas efectivas, operadas por sus colaboradores, en el entendido que habrá tropiezos que no son más que un aliciente para cada día ser mejores como empresa.

La gestión pública no está demasiado alejada de esa realidad descrita para el sector privado. La diferencia más importante radica en que la utilidad que se persigue no debe ser económica sino de bienestar. Los recursos del erario no están allí para “ahorrarse”, sino para ser invertidos con inteligencia en acciones, obras y programas que generen el mayor de los beneficios a una comunidad, un estado o el país en su conjunto. El dinero público no está, tampoco, para procurar la mejor de las imágenes del funcionario en turno. La que debe lucir radiante con la Administración pública es la ciudad, el estado o la nación.

Pero salvada esa diferencia el resto de la actividad gubernamental coincide, en términos de responsabilidades, con lo planteado por Drucker para el caso de las empresas. Y es que el desafío de gobernar jamás podrá lograrse con éxito si se piensa como la tarea de un único individuo. Todo lo contrario, exige de la participación de muchos, comenzando por el equipo de servidores públicos de todos los niveles quienes deben ejecutar con precisión sus tareas para que el beneficio social que generan sea efectivo. Los empleados en oficinas y dependencias de gobiernos también deben ser productivos y, al serlo, deben encontrar los satisfactores y las recompensas que son necesarias para una vida próspera.

El cumplimiento de la responsabilidad social debe ser el eje central de la gestión pública, no solo en su actuar. Los gobiernos necesitan ser los principales promotores de que las empresas cumplan con esa tarea. Así, se gerencia un futuro próspero para todos.
23 Febrero 2020 04:03:00
La propuesta del IMEF
Es comprensible la existencia de voces que hoy justifican lo que antes criticaban. Se entiende que su decisión de salir a la defensa de un individuo los obliga a traicionarse a sí mismos. Pero, más allá de lo que públicamente argumenten, estoy convencido de que en su fuero interno siguen reconociendo lo indeseable como tal. Saben, por ejemplo, que sin crecimiento económico las acciones para combatir las desigualdades son insostenibles. Por eso, sin importar que de dientes para afuera aseguren que no hay nada de malo en un PIB que no crece, deben estar encendiendo veladoras para que ocurra el milagro.

Lo pongo así de sencillo: si se hubiera cumplido la promesa de crecer al 4%, no hubieran sacado a pasear sus “teorías excéntricas” para explicar que el incremento del PIB es innecesario. Todo lo contrario, nos estarían presumiendo el triunfo de su modelo. Se me ocurre incluso un reto, ahora que nuestras opiniones quedan registradas, ¿por qué no nos muestran esas líneas en las que, cuando se presentó la promesa de crecer a un ritmo que no hemos visto en décadas, salieron a decir que eso no era necesario, que crecer no era importante, que estaba bien si teníamos cero de incremento en el PIB? Estoy seguro de que, si se ponen a rascarle, más bien van a encontrar entre sus opiniones críticas al pobre desempeño económico de los sexenios pasados.

Pero, mi interés no es exhibirlos sino invitarlos a que reconozcan, aunque no sea de manera pública, que México necesita crecer. Y sí, por supuesto, sin ninguna duda, requiere de un auténtico combate a la pobreza y de la disminución sensible de las desigualdades. Y es que, si somos capaces de reconocer que allí está nuestro desafío, entonces, tenemos la posibilidad de buscar soluciones.

En ese sentido, la propuesta del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, IMEF, es digna de ser tomada en cuenta, pues parte de un diagnóstico realista de la situación económica y social que atraviesa el país, en el escenario de un mundo globalizado, para determinar acciones concretas para impulsar la economía, crear más y mejores empleos, para, reducir la desigualdad.

El IMEF nos recuerda que tan cierto es que el modelo del libre mercado ha sido incapaz de reducir la pobreza, como que los países con gobiernos que se autodenominan de izquierda en América Latina, han terminado siendo un desastre. De ahí que llamen a un esquema en el que los capitales puedan invertir en condiciones de certidumbre, pero con políticas agresivas de responsabilidad social. En otras palabras, la respuesta a los problemas del país no está en un solo individuo iluminado sino en el quehacer de muchos ciudadanos, en este caso empresarios, comprometidos.

Claro que para que su acción rinda frutos todos debemos hacer lo nuestro desde la trinchera que nos toca, de ahí, por ejemplo, la relevancia de combatir la corrupción y la impunidad; de crear ese clima de mayor predictibilidad que requieren los inversionistas; de garantizar que la ejecución de las políticas públicas se realiza bajo criterios de efectividad y en absoluta trasparencia; con apego al estado de derecho y preservando la estabilidad macroeconómica. Ojalá y que, más allá de los colores que defiendan, sean capaces de reconocer que la solución está allí, en propuestas como la del IMEF.


16 Febrero 2020 04:05:00
Fortalecer el estado de derecho
El World Justice Project presentó su Índice de Estado de Derecho en México 2019-2020. Se trata de un riguroso estudio académico que evalúa ocho factores (límites al poder gubernamental, ausencia de corrupción, Gobierno abierto, derechos fundamentales, orden y seguridad, cumplimiento regulatorio, justicia civil y justicia penal) en las 32 entidades federativas del país, para diagnosticar los avances y retrocesos que tienen en la materia.

De acuerdo con el estudio, Coahuila se ubica en la sexta posición a nivel nacional, con una calificación de 0.43, apenas cuatro centésimas por encima de la media nacional y tres centésimas por debajo de Yucatán, entidad que se encuentra en la cima de la tabla.

Es fundamental entender que sin un estado de derecho sólido las posibilidades para el desarrollo se reducen. Pero también se ponen en riesgo la democracia y sus instituciones, sobre todo, por el desgaste que la falta de aplicación consistente y sistemática de las leyes ocasionan, en términos de la credibilidad. Reconozcámoslo: la ciudadanía desconfía de las instituciones públicas, lo que no trae realmente ningún beneficio para nadie.

En particular, debe pre-ocuparnos lo que la debilidad del estado de derecho le hace a la capacidad de atraer inversiones productivas. Resulta obvio que, ante el elevado riesgo que supone, los dueños de los capitales prefieran ir a otros lugares en donde sus propiedades y su propia integridad estén garantizadas. Hay que insistir en que la única vía real para generar riqueza y reducir las desigualdades es la creación de empleos en suficiencia y bien remunerados.

En el caso particular de Coahuila, es muy importante dar prioridad a aquellos factores que salieron con una evaluación menor. Se trata de Ausencia de corrupción (0.35); Justicia civil (0.37) y Cumplimiento regulatorio (0.38). No es, de ninguna manera extraño, que la peor calificación sea la relativa a la corrupción. La megadeuda y las empresas fantasma de los hermanos Moreira no solo destrozaron la sanidad financiera de la entidad, sino que, también, nos estigmatizaron. A nivel nacional e internacional nuestro estado es reconocido por sus escándalos, pero más aún, por la impunidad de la que siguen gozando.

Con respecto a la Justicia civil, en muy importante que jueces y magistrados se esfuercen en hacer más accesibles y expeditas sus actuaciones en la materia. Ayudaría mucho a incrementar su credibilidad la decisión de transparentar sus sentencias. Finalmente, los legisladores debemos redoblar nuestra labor para que las regulaciones sean fáciles de entender y de cumplir. En Coahuila, ya hemos estado trabajando en ese sentido de la mano de los grupos empresariales de la Región Sureste. Pero, no debemos aflojar el paso.

Una mayor fortaleza en el estado de derecho contribuirá, sin duda, a mejorar la competitividad de nuestra entidad y beneficiando a todas sus regiones.. Sé que no son los tiempos más propicios para el país, pero, como he venido insistiendo, en Coahuila tenemos con qué. Frenemos la corrupción, perfeccionemos nuestro sistema judicial y cumplamos con las regulaciones. Está en nuestras manos.




09 Febrero 2020 04:05:00
El problema no existe, aunque exista
Ocultar la verdad es propio de los malos gobiernos. En México, desde todos los partidos han surgido mandatarios poco propensos a informar con claridad a la ciudadanía, sobre todo, cuando hay malas nuevas surgidas por decisiones equivocadas. Es triste que se piense que hay que cuidar la imagen propia en vez de aceptar los errores para corregirlos. Hay de casos a casos, por supuesto. Pero, los peores son aquellos en los que, lo que se intenta tapar es una perversidad.

En Coahuila, tenemos un ejemplo por demás lamentable que nos ha marcado por el elevadísimo costo que representa. Se trata, todos lo sabemos, de la megadeuda. Desde que se comenzó a contratar, Humberto Moreira y sus secuaces hicieron hasta lo imposible para ocultar los pasivos y las condiciones en que estaban siendo adquiridos. La opacidad fue peor, todavía, cuando además tuvieron el atrevimiento de emplear documentos apócrifos para endeudar aún más a la entidad.

Es fecha que los ciudadanos de Coahuila estamos esperando a que se aclare con toda precisión el destino de cada peso que fue contratado. Sabemos que el Gobierno de Rubén Moreira no hizo nada más que seguir ocultando la información para proteger a su hermano y ambos todavía tienen las manos metidas en las instituciones que deberían, por ley, investigar a quienes saquearon la entidad. Sin embargo, la realidad no puede ocultarse por siempre y tarde o temprano conoceremos el paradero de los miles de millones que debemos varias generaciones de coahuilenses.

El actual Gobierno federal tiene, también, la propensión a ocultar la realidad cuando esta no le resulta conveniente. Hace un año, aproximadamente, éramos testigos de la escasez de combustibles en distintos estados de la República como consecuencia de la fallida estrategia contra el “huachicoleo”. Por semanas, sin embargo, se negó que la situación fuera delicada hasta que ya no pudieron seguir con sus mentiras y tuvieron que reconocer que, efectivamente, estaban escasas las gasolinas.

Algo similar está sucediendo actualmente con las medicinas. A pesar de la evidente falta de fármacos en el sector público de Salud, que incluso ya está suscitando amparos promovidos por ciudadanos afectados, el Gobierno federal sigue ocultando el problema y tratando de minimizar sus consecuencias. Estamos hablando de vidas humanas puestas en riesgo por decisiones erradas de quienes dirigen los destinos de la nación. Pero, callan y pretenden no ver el problema.

La realidad es que hay pacientes de enfermedades graves que están muriendo en el país por la falta de medicinas. La realidad es que el cambio del modelo de adquisiciones a un sistema de compras consolidadas está ocasionando que falten los fármacos, porque las autoridades no previeron que las maneras de operar de la industria farmacéutica no encajaban en ese sistema, por sus capacidades de producción y la caducidad de los medicamentos.

Pero, el problema es que no se pueden buscar soluciones a problemas que no se reconocen. Ojalá y que todos estuviéramos abocados en hallar la manera de atender la coyuntura actual, pero no podemos, porque resulta que ellos tienen otros datos y que el problema, simplemente, no existe, aunque exista.
02 Febrero 2020 04:00:00
Cuestión de crecimiento
Los programas asistenciales no sacan a la gente de la pobreza. La historia así lo ha demostrado. En el mejor de los casos los apoyos permiten que las personas con carencias subsistan. Pero mantenerse a flote no es lo mismo que prosperar. Para mejorar las condiciones de vida de manera sostenible hacen falta empleos, muchos empleos. 

El asunto es el efecto multiplicador. Los programas asistenciales no generan riqueza, sino que reparten la ya existente. Si se hace con pulcritud y transparencia, los recursos destinados llegan efectivamente a manos de los más necesitados. Pero si interviene la corrupción, entonces se pierde en fines menos nobles como el acarreo de beneficiarios a los actos de los políticos, como sucedió hace unos días en nuestro estado y como ha ocurrido demasiadas veces en el pasado en México y en otras partes de mundo.

La corrupción tiene niveles, por supuesto, por eso de vez en vez aparecen casos como la Estafa Maestra que nos recuerdan hasta dónde puede llegar la perversión de quienes han decidido hacer un mal uso de los programas asistenciales. Algunos de los responsables de “distribuir el bienestar” han entendido de manera muy clara eso de que el que reparte se queda con la mejor parte: los únicos ganadores de su gestión han sido ellos.

Insisto que, incluso cuando los programas sociales son ejecutados a la perfección, no generan riqueza. Pero cuando hablamos de crear fuentes de empleo la cuestión es muy distinta. El dinero que reciben como sueldo los trabajadores es una parte de la utilidad generada por la actividad productiva que realiza. Entre más personas en una sociedad generan bienes y servicios, mayor es la riqueza existente, lo que mejora las posibilidades para una vida más próspera para todos.

Entiendo muy bien a quienes señalan la inconveniencia de que la riqueza se concentre en unas pocas manos. Lo que no comparto es la idea de que nadie gane más, para que los más ricos no sigan incrementando sus fortunas. Lo que nos debe molestar no es la riqueza de los demás, sino la pobreza de las mayorías. El problema no son los que tienen sino los que no. Por eso hay que darles herramientas para ser cada vez más productivos y abrir las oportunidades para que demuestren sus capacidades y desplieguen todo su potencial.

No se trata solo de reciclar el cuento aquel de “enseñar a pescar”. En este punto de nuestra historia ya deberíamos saber que crear una dependencia hacia el Estado es incumplir con la razón fundamental de su existencia. Las instituciones deben servir a los seres humanos, pero no es limitando su desarrollo que eso se logra. Todo lo contrario, entre mayor autonomía logren los miembros de una sociedad mejor habrán cumplido con su papel las organizaciones públicas.

Por eso vuelvo a pedir que abandonemos el aparente atajo en el que nos hemos extraviado y que nos vayamos por la única ruta segura: la creación de empleos. Todo el entramado institucional debe estar dispuesto para ese fin.. Necesitamos que cada mexicano se ocupe y produzca. Urge, además, que lo haga dentro de la economía formal. Es cuestión de crecimiento; que, por cierto, sí es importante.


26 Enero 2020 04:00:00
El camino seguro del empleo
La política debe servir de instrumento que propicie la prosperidad de todos. Se entiende que, habiendo recursos limitados, las acciones deben tener un elevado contenido estratégico, favoreciendo aquellas medidas que logren el mayor impacto. Pero, hay que tener cuidado para que ese efecto que se desea lograr no esté pensado en términos “electoreros” o del culto a la persona, sino en función de su efecto multiplicador, traducido en mejores condiciones de vida para los miembros de la sociedad.

Por esa razón la apuesta, deben ser las Pequeñas y Medianas Empresas, pues, como es sabido, estas concentran el mayor número de empleados formales y generan la mayor cantidad de riqueza, no solo en nuestra entidad, sino en todo el país. Hoy, sobre todo, ante el incierto panorama económico que vive México, en el que habrá cierta estabilidad, pero nulo crecimiento, necesitamos fortalecer a las Pymes.

Hace unos días, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo presentó un estudio que pronostica un incremento del desempleo en México. Según ese organismo, se pasó de 1.8 millones de desempleados en 2018, a 2 millones el año que acaba de concluir. Pero el próximo la desocupación alcanzará los 2.1 millones y hasta los 2.4 millones en 2021. Esa situación representa una tragedia.

Entiendo que los gobiernos no son los responsables directos de la creación de empleos, pero sí están obligados a generar las condiciones que faciliten las inversiones productivas. También en las entidades federativas hay tareas que se deben realizar y que hoy son más importantes que nunca ante la falta de una política nacional congruente a la realidad del país. Peor aún, ante una imagen que se empieza a generalizar en el mundo con respecto a lo riesgoso que es invertir en México.

Como también supimos esta semana, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo presentó su lista de las naciones más atractivas para la inversión de capitales extranjeros, con la novedad de que nuestro país ya no está más en el top 10 de ese ranking. Y aunque con la firma del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá se mejorarán las perspectivas, el pronóstico es que, bajo la incertidumbre actual que generan las acciones y decisiones del Gobierno federal, difícilmente se podrán captar mayores inversiones.

Se tiene que decir, también que, a nivel estatal, sigue siendo urgente un de-sempeño más trasparente y ordenado en el manejo de las finanzas públicas. Sí, como sucedió de manera reciente, se contratan créditos a corto plazo, nada pierde la Secretaría de Finanzas de Coahuila al informar al Congreso como es su deber. El viejo adagio de no hacer cosas buenas que parezcan malas sigue funcionando, sobre todo, de cara a generar certidumbre que permita elevar la competitividad de nuestro estado.

Como puede apreciarse son muchas las tareas pendientes que todos debemos cumplir para fortalecer nuestra economía. Los tiempos y las circunstancias nos obligan a esmerarnos más. Ojalá y que se entienda que la política bien aplicada es un ingrediente esencial para reactivar el país y sacar de la pobreza a millones de mexicanos, por el único camino seguro: el empleo.


19 Enero 2020 04:05:00
Nosotros, sí, crecer
Para pensar en la economía de Coahuila debemos iniciar por aceptar, no sin desagrado, que México no va a crecer y que los empleos se van a crear a cuenta gotas. Pese a eso, nuestra entidad necesita seguir prosperando, incluso, con el tema de la megadeuda a cuestas.

Sabemos que, precisamente por los compromisos contraídos con los acreedores, la posibilidad de invertir en infraestructura como sería deseable está limitada. Por eso, las decisiones que se tomen en ese rubro durante el 2020 deberán tener un carácter muy estratégico, reconociendo que no estamos para desperdiciar ni un peso. Nunca sobra decir, además, que la honradez en el manejo del erario es condición fundamental para que los recursos rindan al máximo.

A ese propósito de eliminar la corrupción también deben unirse los empresarios. Resulta fundamental que ninguno se preste a ofrecer sobornos para recibir tratos preferenciales. La competencia debe ser cada vez más limpia. Que ganen los proyectos quienes hagan la mejor oferta y no los que tengan las mejores relaciones o los que “se hayan mochado con más”. Todos debemos cumplir la ley.

Es importante recordar que, como legisladores, nosotros hemos estado haciendo nuestra labor al aprobar modificaciones que facilitan los trámites y reducen sus costos. Recordemos que, en más de una ocasión, la solicitud indebida de “propinas” sucede cuando el proceso es caro y complicado. Simplificar y agilizar los trámites reduce el riesgo de corrupción; pero, además, incentiva la inversión. Esperamos que las nuevas reglas ayuden a la creación de empresas en la entidad y que estas, a su vez, generen los trabajos que necesitamos en Coahuila.

Pero, no hemos terminado todavía. Seguiremos buscando, en conjunto con el sector empresarial de la entidad, los mecanismos legales que les ayuden a fortalecer sus negocios. Si a ellos les va bien, a todo Coahuila le irá mejor. En ese sentido, la apuesta sigue siendo, sobre todo, la de robustecer a las pequeñas y medianas empresas de la entidad. Allí está el principal punto de apalancamiento para dinamizar a la economía de nuestro Estado.

Debemos, por supuesto, seguir impulsando la gran fortaleza que, para Coahuila, es la educación. Es fundamental que las universidades y los tecnológicos trabajen de manera seria y comprometida en la formación de mujeres y hombres competentes, que no sólo sean excelentes profesionistas, sino, también, ciudadanos ejemplares. Ojalá, además, muchos de ellos estén entusiasmados con la idea de crear sus propias empresas y que cuenten con las herramientas necesarias para hacerlo de manera exitosa.

Tenemos que insistir, también, en impulsar la ciencia y el desarrollo tecnológico. Este es otro rubro en el que no solo el Gobierno debe participar. Las empresas necesitan apostarle cada vez con mayor convicción a ese camino, el cual requiere que también las instituciones de educación superior se involucren con mayor decisión en la búsqueda de soluciones para los problemas empresariales.

Si concentramos nuestros esfuerzos y somos estratégicos en la aplicación de los recursos, podremos superar las adversidades que plantea el escenario nacional. Y nosotros, sí, crecer.
12 Enero 2020 04:08:00
Para que haya medicinas
¿Qué podemos hacer para solucionar el grave problema de desabasto de medicamentos en los hospitales públicos? Culpar a los gobiernos anteriores no resuelve nada. Decretar que la salud será universal y gratuita para todos por igual, no llena los estantes de las farmacias de las clínicas de las medicinas necesarias para atender a los pacientes. Urgen soluciones reales antes de que sigan muriendo más enfermos por la falta de fármacos.

La ocurrencia de que sea el personal médico y de enfermería el que cubra con su sueldo los medicamentos es, además de insuficiente, injusta e insultante. Supondría la exigencia de un sacrificio que difícilmente se pueden permitir los trabajadores de la salud, cuyos sueldos, en la mayor parte de los casos, apenas alcanzan para cubrir sus propias necesidades.
Por eso debemos exigir que se termine con las mentiras en torno al desabasto, vengan de donde vengan, y que se asuma con la debida seriedad el problema. Desde la década pasada quedó claro que se requería una política nacional que impulsara la fabricación, distribución y prescripción racional de medicamentos en México.

Entonces se hicieron diversos trabajos de investigación que demostraron que el desabasto –que en ese entonces no era tan grave como lo está siendo en el presente– tenía diversos orígenes que iniciaban incluso en muchos hogares, donde se acostumbra un uso indiscriminado de fármacos.
Pero también las malas prácticas provienen de los profesionales de la salud. Es necesario reconocer que en nuestro país los médicos no siempre recetan lo adecuado, a veces por la mala formación, pero otras por razones menos nobles.

Como lo ha denunciado la Organización Mundial de la Salud, muchos de los antibióticos que se prescriben no deberían haberse aplicado, simplemente, porque no eran necesarios. Lo más grave, estamos creando resistencia de los agentes patógenos, lo que para colmo, encarece los tratamientos.
Por eso es urgente que se propicie un replanteamiento profundo de la manera en que se asume la práctica del cuidado de la salud de los mexicanos. Como lo indican las cifras, no somos precisamente los que mejores hábitos tenemos en el mundo.

Allí reside una asignatura pendiente de las autoridades educativas que deben incluir dentro de los saberes básicos una sólida formación sobre la salud personal y de la familia. Disminuir el consumo innecesario de fármacos no resuelve el problema, pero reduce las presiones al sistema de salud. Además, se trata de un esfuerzo que, en el mejor de los casos, ofrece resultados en el mediano plazo. Por tanto, se deben implementar medidas emergentes para garantizar el abasto de medicamentos, sobre todo, de aquellos que atienden las enfermedades más graves. Y de manera muy especial, las que atacan a los menores de edad.

Sé que en esto no van a estar de acuerdo, pero es necesario decirlo: aquí la “austeridad” no tiene lugar. No podemos “ahorrar” a costa de la vida y la salud, menos de los niños. Cada peso que se deja de ejercer porque no se quiere “comprar caro”, o no se desea “beneficiar a la industria farmacéutica” cuesta vidas. Si el cambio prometido es para la gente, entonces, que se comience garantizando verdaderamente su salud. Que se haga lo posible, para que haya medicinas.


05 Enero 2020 04:00:00
Construyamos un mejor Coahuila
La ciudad norteamericana de Nueva York es un buen ejemplo de cómo los problemas pueden convertirse en oportunidades para el desarrollo tecnológico y económico. Pasó de ser a principios del siglo pasado un lugar lúgubre y sucio, con una de las más altas tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas en el continente, a convertirse en la urbe más importante de los Estados Unidos y una de las más famosas en el mundo.

Algunos de los sistemas de manejo de los desechos sólidos más eficientes que conocemos, fueron inicialmente concebidos e implementados en Nueva York que se desbordaba de suciedad hasta hace 100 años.

Allí, además, se desarrollaron o perfeccionaron muchos de los servicios públicos que hoy se consideran indispensables para la existencia citadina.

Y a pesar de su crecimiento exponencial que la llevó a ser la metrópoli más poblada de la vecina nación, la calidad de vida de sus habitantes tiende a ser cada vez mejor.

Se trata, pues, de un modelo en el que los coahuilenses nos podemos inspirar, no para transformar nuestras ciudades en grandes urbes cosmopolitas, sino para hacer de los problemas que nos aquejan, sobre todo los económicos y los ambientales, una oportunidad para prosperar gracias al potencial creativo y emprendedor que caracteriza a quienes habitamos estas tierras.

Sabemos que, por ejemplo, en la Región Carbonífera, por más esfuerzos que se hagan, los días de vida de su principal vocación económica están contados.

Allí hay una gran oportunidad para buscar nuevas y mejores formas de vida, que traigan riqueza a las familias sin impactar de manera negativa el medio ambiente. Y, en lo que eso ocurre, de encontrar soluciones viables para que la extracción, distribución y consumo del carbón sea menos contaminante.

Otro caso es el de La Laguna, en donde es necesario preservar y fortalecer los mantos acuíferos sin lesionar la capacidad productiva de la región.

Ese tipo de problemas son los que abren ocasión para pensar en nuevas formas de hacer negocio y mejorar la economía.

Insisto, que así sucedió en Nueva York en donde, muchas cosas que hoy nos resultan tan cotidianas, antes eran pensadas como imposibles de realizar.

Para hacer un futuro posible para nuestro estado es necesario, sin embargo, que haya una política consensuada entre los distintos sectores de la sociedad. Gobierno, empresarios, ambientalistas, académicos y científicos necesitan sentarse en la mesa para diseñar un gran proyecto de desarrollo sostenible por región y las medidas que es necesario impulsar para que se concrete.

Por su naturaleza, además, debe tratarse de planes transexenales que no estén supeditados a los tiempos políticos ni a los caprichos de nadie.

Se trata, pues, de prepararnos para el inicio de una nueva década que será definitoria para el futuro de nuestra entidad.

Se trata, también, de tener una visión sobre nuestra realidad y sobre nosotros mismos, bajo la convicción de que Coahuila tiene con qué: con que salir adelante; con que progresar; y con que ofrecer las mejores condiciones de vida para todos sus habitantes.

Talento hay, y mucho. Construyamos juntos un mejor Coahuila.
29 Diciembre 2019 04:05:00
Un próspero 2020
2019 fue un año muy complicado para México. Al tiempo que recrudeció la violencia, la economía se estancó arrastrando los niveles de creación de empleos a niveles que no veíamos desde la crisis global de finales de la década pasada. Lejos de fortalecerse, la vida institucional sufrió un debilitamiento orquestado por el partido en el poder que busca restaurar el viejo modelo presidencialista en nuestro país, olvidando por completo que ese régimen es la semilla germinal de nuestros problemas actuales.

Así, pasamos de una nación que crecía poco más de 2% anual en su Producto Interno Bruto, a uno con un crecimiento nulo. Somos ahora un país en el que al año se crea menos de la tercera parte de los empleos formales que se venían generando durante la última década. Ahora, el índice Global de la Actividad Económica en México decrece 0.7%, confirmando que estábamos mejor cuando nos encontrábamos peor.

En materia de seguridad, los 33 mil 743 homicidios dolosos de 2018 serán superados una vez que se den a conocer las cifras oficiales, estableciendo así un récord del horror. Entre enero y noviembre de este año el secuestro se incrementó en 33% con respecto a 2018. Y en general la totalidad de los delitos de alto impacto habrán cerrado al alza como muestra clara del rotundo fracaso de la estrategia que se está implementando, bajo la que, como fuimos todos testigos, se decidió liberar a un criminal que había sido detenido.

Y mientras eso sucede, una muy mal entendida política de “austeridad” se está aplicando, no en la búsqueda de hacer un uso más eficiente de los recursos públicos, sino como un mecanismo de control político. Sin mediar ningún criterio razonable y objetivo, se han realizado recortes presupuestales que llevan a la ciudadanía a pagar de manera directa las consecuencias negativas de minar la salud institucional, que ya de por sí era endeble.

Ese escenario tan turbulento será el punto de partida de un 2020 que nos desafia a continuar con nuestro esfuerzo para salir adelante. Sería todo más fácil si la terquedad de quienes hoy dirigen los destinos de la nación fuera un poco menor. Pero dado que no hay esperanza de una rectificación, entonces, lo que procede es que nos con centremos en nuestro trabajo, por lo menos, para blindar un poco a Coahuila de las graves pifias nacionales.

Durante 2020 debemos seguir fortaleciendo las capacidades de nuestro Estado justo en los rubros en los que más se debilita México, lo que significa ir a contracorriente. La tarea deberá ser la de redoblar los esfuerzos para que haya mejores condiciones para quienes desean invertir y crear empleos en nuestra entidad. En seguridad, debemos vigilar que las corporaciones policiales del Estado y de los municipios, trabajando bajo la coordinación de las Fuerzas Federales desplegadas en Coahuila, se mantengan actuando con firmeza y en estricto apego a la ley para enfrentar a quienes intenten alterar el orden.

Debemos avanzar, también, en fortalecer las instituciones coahuilenses para que nunca más haya alguien que desfalque sus arcas o abuse del poder. Trabajando junto tendremos un próspero 2020. ¡Feliz año nuevo!
22 Diciembre 2019 04:04:00
¡Tenemos con qué!
Durante mucho tiempo he insistido en que son los hechos y no las palabras las que transforman la realidad. Así hemos actuado desde el Congreso de Coahuila, bajo la convicción de que no son las divisiones y los enconos, sino el trabajo en equipo lo que permite entregar a la ciudadanía los resultados que necesita; para que a su vez pueda luchar por conseguir mejores condiciones de vida, al encontrar oportunidades de negocios y laborales que les permitan desplegar al máximo sus capacidades productivas y humanas.

Un ejemplo lo dimos en días pasados, cuando aprobamos un conjunto de reformas a diversas disposiciones legales que motivaban la pérdida de tiempo, dinero y esfuerzos en la realización de ciertos trámites. Como todos sabemos, el problema es que el exceso de formalismos le resta competitividad a un Estado. Sobre todo cuando los trámites implican una dificultad, o como en este caso, incluso, la contratación de terceros para realizar estudios de impacto urbano o ambiental.

Las reformas que fueron aprobadas en el Congreso local parten de un Convenio que firmó el Congreso de Coahuila a principios de julio de este 2019, con la Unión de Organismos Empresariales de la Región Sureste y con el Poder Judicial.

Además contamos con el apoyo del Ejecutivo del Estado. Y contrario a lo que suele suceder con ese tipo de documentos, que nada más se firman para salir en la foto, este sirvió para construir acuerdos que condujeron a una iniciativa que, al haber sido aprobada, sin duda traerá como resultado un mayor número de inversiones en las cinco regiones de la entidad.

Es importante aclarar que la desregulación que permite agilizar trámites y abaratar sus costos, lejos de implicar debilitamiento institucional y la pérdida de rigor en la aplicación de las normas, permite una mayor claridad en términos de cómo deben intervenir las autoridades de los municipios y del Estado para asegurar que la ley sea respetada.

Así, por ejemplo, los planes de desarrollo urbano de los municipios de nuestra entidad no se verán afectados por la desregulación, como tampoco lo hará el cuidado y la protección del medio ambiente, que es tema prioritario no solo para los coahuilenses, sino para todos los habitantes del planeta.

Lo que se logra es que el camino para el cumplimiento de la ley sea más sencillo y por tanto menos oneroso. Eso eleva la competitividad de Coahuila que podrá, como ya lo dije, atraer más y mejores inversiones y con eso crear nuevas fuentes de empleo mejor retribuidas. Demostramos así que todos ganamos cuando trabajamos en equipo; cuando en lugar de estar tras los culpables del pasado asumimos la responsabilidad del futuro de nuestra entidad.

Con lo que estamos logrando mandamos la señal de que en Coahuila queremos generar un cambio en la forma de hacer política, uniendo esfuerzos en lugar de provocar la división. Aquí no hay “fifís” ni “no-fifís”, sino muchos coahuilenses que amamos nuestra tierra y que queremos verla próspera y equitativa, para todos por igual. ¡Claro que se puede trabajar en unión y Coahuila… tiene con qué!
15 Diciembre 2019 04:05:00
Mezquindad y desamor por México
México vivió el peor noviembre desde 2008 en lo que refiere a la creación de empleos. En aquel entonces, el mundo entero atravesaba una crisis. Ahora, pese a que las condiciones externas son más favorables solo fueron creados 76 mil 228 nuevos puestos laborales; esto de acuerdo con las cifras oficiales que proporciona el Instituto Mexicano del Seguro Social.

A nadie le debe dar gusto que esa esté siendo la rea-lidad económica de nuestro país. La escasa creación de plazas de trabajo, 25% por debajo de lo que se generó en noviembre de 2018, significa casi por necesidad una mayor precarización de los salarios, lo que impacta de manera directa en los bolsillos de las familias mexicanas y en su capacidad adquisitiva.

Las causas para que la creación de fuentes de empleo esté siendo tan escasa todos la sabemos, aunque haya quién se niegue a aceptarlas, simplemente por no dar su brazo a torcer. Sin embargo, estoy seguro de que pese a lo que públicamente reconozcan, saben bien que México no puede salir adelante si se sigue creando desde el Gobierno federal un clima de elevada confrontación e incertidumbre, pensando en cuánto les conviene la separación entre “pueblo” y “fifís” en términos electorales.

Algo similar pasa con el tema del ejercicio presupuestal. No es una virtud que se estén dejando de ejer-cer los recursos que fueron aprobados por el Congreso de la Unión bajo el pretexto de una falsa austeridad, que lo único que persigue es que haya más para repartir en programa de compra fáctica del voto. Es criminal que se esté reteniendo el gasto de manera artificial para presentarlo como un ahorro. Por supuesto que el ejercicio del erario debe hacerse de manera responsable y austera; eso nadie lo niega. Pero, que una familia al final del mes haya dejado de pagar sus recibos de servicios públicos y luego suponga que ese dinero que no ejerció fue un ahorro es un autoengaño sumamente peligroso. Y eso es lo que el Gobierno está haciendo con el agravante de que luego pretende utilizar esos recursos no ejercidos en programas electoreros.

Sin embargo, la mayor a-fectación que está teniendo el subejercicio generalizado del presupuesto es precisamente en la falta de crecimiento económico y en el consecuente estancamiento en la generación de empleos. Si el Gobierno deja de consumir los bienes y servicios a los que había sido autorizado por el Legislativo, entonces, las empresas que proveen esos insumos verán impactada de manera negativa sus posibilidades de crecer, de ahí que reduzcan la contratación de personal.

Por eso, independientemente de las filias o las fobias partidistas debe ser una exigencia ciudadana hacia el Gobierno, la de que ejerza el recurso que le fue autorizado. No gastarlo es tan irresponsable como des-pilfarrarlo. Peor cuando, como consecuencia de esos ahorros mal entendidos, se dejan de adquirir, por ejemplo, los medicamentos que hacen falta para atender a enfermos crónicos.

Y por supuesto, mientras no haya seguridad pública y las cosas en la materia estén totalmente fuera de control no habrá posibilidad para que la economía florezca y se generan los empleos que el país requiere. Hay mucho por hacer y, en verdad, ojalá y no termine imponiéndose la mezquindad y el desamor por México.

08 Diciembre 2019 04:06:00
¿Aceptamos el reto?
Con un aporte al PIB superior al 50% y una generación de empleo superior al 70% las micro, pequeñas y medianas empresas son mucho más que un asunto meramente económico en nuestro país. Comprender lo que sucede con las Pymes implica entender qué pasa en carreteras tan importantes como educación, salud, seguridad y entrega de servicios públicos. Por eso, debería ser un eje central en todo plan de desarrollo de los gobiernos.

A nivel nacional, por ejemplo, 66 de cada 100 micro, pequeñas y medianas empresas están dedicadas al comercio, mientras que 26 se dedican a prestar servicios y solo 7 pertenecen al sector industrial. Un buen estadista, tendría que estar tomando decisiones que condujeran a cambiar esa proporción: necesitamos que haya más Pymes que produzcan bienes y servicios y menos dedicadas al comercio.

La razón es muy sencilla y está relacionada con la generación de riqueza. Si queremos un mayor crecimiento, entonces, necesitamos más empresas productivas que agreguen valor a las mercancías y no solo que las distribuyan.

Pero, la realidad actual de nuestra educación nos conduce hacia el rumbo opuesto. Con el nivel de conocimientos que tenemos los mexicanos de acuerdo con los resultados de la prueba PISA que aplica la OCDE y que recientemente volvimos a conocer con tristeza y preocupación, no podemos sino aspirar a que la mayoría de quienes emprenden lo hagan estableciendo un microcomercio que exige pocas competencias para poder subsistir.

El dato es abrumador: de las casi 712 mil empresas que había en México en 2016, 664 mil eran micro (un 93.2%) y de esas, 457 mil (68%) se dedicaba al comercio. En otras palabras, lo que abunda en nuestro país son los “changarros” comerciales.

No es que sea malo que las personas intentan sobrevivir colocando una pequeña tienda de abarrotes en un local hechizo de su casa. Sin embargo, hay que reconocer que ese tipo de negocios tiene un aporte prácticamente nulo a la economía del país.

No ocurre así con las empresas que producen algo, sobre todo, aquellas que están en el sector industrial. No obstante, poner una fábrica, aunque sea muy pequeña exige un nivel de preparación y de conocimientos que claramente no está proporcionando el sistema educativo mexicano. Por eso, insisto, entender la situación de las Pymes trasciende lo que tiene que ver con la economía.

Hoy México carece claramente de una política pública destinada a la reestructuración de los sectores productivos más amplios. En el mejor de los casos nos dedicamos a fomentar la llegada de capitales extranjeros.

También, promovemos el emprendedurismo y el autoempleo como manera de combatir la desocupación, pero prácticamente no hacemos nada para tener más empresarios en la industria. Porque eso, insisto, requiere de una auténtica reforma educativa que esté pensando en dotar de las competencias que se requieren para producir.

Si queremos crecer a tasas mayores a las que hemos experimentado en las últimas décadas (cuando crecíamos, porque ahora ni eso) entonces necesitamos no solo formar emprendedores sino hacerlo en sectores clave de la industria y los servicios. ¿Aceptamos el reto?
01 Diciembre 2019 04:06:00
Primero los pobres, porque de ellos viven
El informe del Imco sobre Competitividad Internacional 2019, titulado México: Sueños Sin Oportunidad dibuja un panorama desolador para la gran mayoría de los habitantes de nuestro país, que sin importar el esfuerzo que realicen tendrán pocas oportunidades para abandonar su condición de pobreza y marginación.

Hay que entender, sin embargo, que la desigualdad desde la que les toca enfrentar la vida a quienes tienen carencias de origen, va más allá de lo económico y que es precisamente por eso que no bastan las dádivas ni las ayudas asistenciales para revertir su condición.

En realidad, como muestra el diagnóstico del Imco, pesan más en la falta de movilidad social y en la carencia de oportunidades, la debilidad de las instituciones y la ausencia de un verdadero Estado de derecho que les garantice el acceso a servicios que cubren sus necesidades más elementales. Son la atención deficiente de salud y la baja calidad educativa en las etapas tempranas de la vida, las que terminan condenado a la miseria a millones de mexicanos y no la falta de dinero en sí.

En otras palabras, alguien sano y debidamente educado, tendrá mayores posibilidades de abandonar la pobreza que alguien que solo recibe ayudas gubernamentales. Por supuesto, en el país hay distintas realidades.

En las zonas más pobres, al sur de México, solo 2 de cada 10 habitantes tienen acceso a servicios de salud. En el norte, en cambio, son 5 de cada 10. Pero eso, insisto, no es producto de la falta de dinero, sino de cuestiones más estructurales que incluyen un marco institucional débil, incapaz de ofrecer a la ciudadanía las respuestas que necesitan en materia de su salud. Algo muy similar sucede con la educación que deberían recibir y que el Estado mexicano ha sido incapaz de ofrecerles.

Sin esas necesidades básicas cubiertas resulta más difícil que puedan acceder, por ejemplo, esquemas de impartición de justicia de mayor calidad. Sus limitaciones en términos de su capacidad para comprender su situación legal y jurídica ante hechos tan cotidianos como el pago de un impuesto, o la recepción de un servicio público, los pone en una condición de elevada vulnerabilidad, que no puede subsanar un país con instituciones débiles en el que las leyes no son respetadas o se aplican de manera discrecional.

Por eso, sí como nación realmente estamos interesados terminar con la desigualdad, lo primero que debemos hacer es dar fortaleza a nuestras instituciones; además, hay que apostarle al estado de derecho, porque su construcción y diseño nos han costado mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Pero, además, porque así es como queda establecido en la Carta Magna, documento al que juran respetar y defender quienes asumen un cargo público.

Debilitar, por la ruta que sea, al estado de derecho y a las instituciones mexicanas significa profundizar las causas que tienen sumidos a millones de mexicanos en la pobreza. Castigar presupuestalmente a las entidades públicas del país para reorientar los flujos y conducirlos directamente a la ciudadanía en forma de dádivas es apostarle a perpetuar las carencias de quienes menos tienen. Hay quienes dicen: “primero los pobres” porque de ellos viven.
24 Noviembre 2019 04:05:00
Dispongámonos a crecer
Si más de la mitad del Producto Interno Bruto en nuestro país es aportado por las micro, pequeñas y medianas empresas, entonces, es indispensable potenciar su desarrollo para alcanzar las tazas de crecimiento que requiere la economía mexicana. No obstante, para cumplir con esa meta es necesario superar una serie de desafíos inherentes a la gestión de esos negocios, así como a sus capacidades y limitaciones.

Un rasgo muy notable de las Pymes es su poca escalabilidad. Buena parte de las empresas pequeñas y medianas no tienen mecanismos que les permitan incrementar sus niveles de producción y venta de manera sustancial.

Sus procesos de producción y tecnologías limitan su capacidad de generar riqueza. Se encuentran en etapas muy tempranas de industrialización, con modelos de gestión más parecidos a los de un taller artesanal que a los de una empresa moderna. Por eso no logran crecer y su lucha se concentra en la subsistencia.

Tal condición no solo se debe a la falta de preparación técnica de sus propietarios en materia de negocios. Su escasa capacidad para generar flujos excedentes que puedan invertir en desarrollo y perfeccionamiento de procesos de generación de valor y en la incorporación de tecnologías ocasiona también su pobre crecimiento.

Y no hay en México una política exitosa de fomento al desarrollo tecnológico que vincule de manera sistemática a los científicos y a las instituciones educativas con las necesidades reales de ese sector empresarial. Tampoco aquellas Pymes que están en el área de servicios logran sistematizar y estandarizar con éxito sus procesos y su cartera de servicios como para hacer que sus modelos de negocio sean franquicias que multipliquen
sus ganancias.

La política de ciencia y tecnología también debería de propiciar que esos procesos se dieran de una manera factible y exitosa para los pequeños y medianos empresarios.

Es claro que no todas las Pymes nacieron para ser escalables y convertirse grandes empresas, sin embargo, para apuntalar el crecimiento del país al menos un porcentaje esos negocios debería poder aprovechar su potencial para desarrollarse. Por eso, es urgente que establezcamos políticas encaminadas a facilitar que cada vez haya más empresas que robustecen sus capacidades para generar riqueza.

Es bueno, por supuesto, que en nuestro país la Inversión Extranjera Directa se siga incrementando. Sin embargo, esta es insuficiente si no se activan mecanismos reales para apoyar a quienes aportan el mayor número de empleos formales en México. La tarea de un gobierno no es producir; pero sí crear las condiciones para que quienes tienen la capacidad de emprender lo hagan con el mayor éxito posible.

Se equivocan quienes piensan que el triunfo de un empresario es sólo de él.

Cada pequeño negocio que se convierte en mediano o en grande es una buena noticia para todos los que se benefician de su quehacer.

La prosperidad de una nación está directamente vinculada al éxito comercial y financiero de sus empresas. La pobreza no se combate con dádivas, sino con oportunidades para todos. Apostemos a las Pymes y dispongámonos a crecer.
17 Noviembre 2019 04:05:00
Un México como el del siglo pasado
A los mexicanos nos ha costado mucho trabajo la construcción de un entramado institucional sólido. Ha sido un camino de avances y retrocesos que, a pesar de los pesares, alcanzó para garantizar que las transiciones políticas de las últimas tres décadas, a nivel municipal, estatal y federal, se llevaran en un ambiente de tranquilidad. La creciente violencia que vive México tiene un origen distinto al tema electoral, lo que no sucede en otros países de nuestra región.

Casi todo el siglo pasado México vivió una realidad diferente. El PRI era el partido hegemónico cuyo dominio permitía que la voluntad del Presidente en turno se hiciera sentir en cada rincón del territorio nacional. Era, como fue descrita en su momento, una “dictadura perfecta” que no necesitaba de contrapesos porque había sido creada para el ejercicio autoritario del poder.

Por supuesto que la injusticia prevalecía para las grandes mayorías que, sin embargo, apoyaban masivamente al Gobierno porque este, al mismo tiempo que creaba las condiciones que los mantenían sumidos en la pobreza, se presentaba ante ellos como su salvador otorgándoles dádivas y promesas como recompensa a su apoyo electoral. Algunas de las redes clientelares que se crearon el siglo pasado, todavía operan a favor del PRI, otras, se mudaron a su nuevo “salvador”.

La lucha por romper con la hegemonía y el autoritarismo del PRI pasó por la creación y/o fortalecimiento de ciertas instituciones que, aunque con sus defectos que como todo lo humano tienen, se convirtieron en un contrapeso real a la voluntad presidencial. El Banco de México es un gran ejemplo. La política monetaria del país dejó de depender de la voluntad del Gobierno en turno y es gracias a ello que la economía mexicana ha logrado resistir a las grabes turbulencias internacionales y a los enormes yerros de los últimos presidentes.

Sé que la autonomía del INE ha sido muy cuestionada, pero bajo el régimen de hegemonía priista jamás se habría reconocido un triunfo en las urnas de un partido de oposición. De manera similar, otras instituciones que han logrado consolidar su autonomía a pesar de las múltiples presiones a que han sido sometidas, han puesto su granito de arena en la conformación de un México más democrático y justo. Por supuesto, las desigualdades continúan y hay enormes problemas, como la inseguridad y la violencia, por ser resueltos. Pero negar los avances es, por lo menos, necio.

Hoy estamos siendo testigos de la colonización de las instituciones autónomas en la búsqueda de reinstalar un régimen hegemónico y autoritario como los del pasado. Y más que defender a los políticos en turno, deberíamos salir a la defensa de nuestra democracia. Ellos, los que ahora tienen el poder se van a ir; de una u otra forma su tiempo se va a acabar. Pero el país se queda y no podemos permitir que las nuevas generaciones encuentren un escenario similar al que encontramos nosotros. No existen las mejores dictaduras. Ya debimos aprender la lección de que el poder corrompe y el absoluto más. Amar a México es defender su vida institucional. Dejemos un mejor país y no uno igual al que hubo durante el siglo pasado.
10 Noviembre 2019 04:05:00
Reducir la desigualdad, de verdad
No lo podemos negar: en México las desigualdades se profundizaron creciendo a niveles inconvenientes para la nación. Son diversos los motivos que nos han llevado a esa situación, pero las raíces históricas de mayor impacto las encontramos en la década de 1940 cuando se tomaron decisiones muy equivocadas con respecto al desarrollo del país y aunque ha habido momentos en que parece que logramos reducir las desigualdades, estas han terminado por ampliarse.

Por tanto, es necesaria una política de Estado destinada a reducir las brechas entre los que más tienen y aquellos, la mayoría, que han sido menos favorecidos. Hay dos principales caminos para lograrlo.

Uno primero, el del aparente atajo, consiste en incrementar la capacidad de consumo de la población en condiciones de pobreza a través del otorgamiento de apoyos, ya sea en dinero o en especie. En teoría, que la gente tenga más recursos para comprar les permite satisfacer más fácil sus necesidades básicas para poder así atender otras de orden superior.

Si se les otorga una despensa –dice el librito– entonces el dinero que iban a destinar a ese fin lo utilizarán para pagar estudios, mejorar sus viviendas o para ahorrar.

Décadas de experiencia nos dicen que eso no es lo que pasa. La mayoría de los beneficiarios de los llamados programas asistenciales destina los recursos excedentes que recibe a la realización de gastos superfluos que no les significan una mejoría en su calidad de vida.

A veces incluso pasa todo lo contrario, les agrava su situación porque contraen deudas suponiendo que lograrán cubrirlas. No es una consecuencia que no sea previsible. Si no han podido tener acceso a una educación financiera básica ¿con qué herramientas van a poder planificar bien su gasto?

Existe otro camino que es el de incrementar las capacidades productivas de los sectores más vulnerables de la población. Se trata de una ruta más larga, pero que la historia ha demostrado es la más segura. Coincide con el viejo proverbio de enseñar a pescar en lugar de otorgar el pescado. Exige, por supuesto, un gran esfuerzo focalizado de educación y acompañamiento capaz de dotar a los individuos y sus comunidades de recursos intelectuales que les permitan alcanzar la autonomía necesaria para, en el mediano plazo, salvarse a sí mismos.

No se trata de un camino que es de peleado con el primero; es decir, que acompañando aquellas ayudas que posibilitan la subsistencia, llegan aquellas acciones destinadas a verdaderamente empoderar a la población, de tal forma que, luego de un tiempo razonable, dejen de ser necesarios los apoyos asistenciales. Eso es lo que no se ha hecho por la intención claramente electorera de los programas sociales.

Cuando hablamos de fomentar e impulsar a las micro, pequeñas y medianas empresas, nos referimos también a detonar ese mecanismo que posibilite el fortalecimiento de las capacidades productivas de los mexicanos. Se trata también de romper con el vicio añejo de hacer de las ayudas un instrumento para la creación de redes clientelares útiles en tiempos de elección.
03 Noviembre 2019 04:06:00
¿Qué vamos a hacer?
No se puede tener una auténtica política de Estado si no hay una visión estratégica y sistémica de lo que ocurre en una nación y en cada una de sus regiones. En política la forma es fondo y viceversa, por eso, una declaración desafortunada en un tema aparentemente irrelevante puede dar al traste con lo que se construye en carteras importantes como la economía.

Por ejemplo, dejar entrever el espíritu totalitario en lo que se dice, no es una buena receta si lo que se busca es construir un clima de confianza que sea atractivo para los inversionistas.

Se gobierna para todos por igual, pero es necesario reconocer que algunos actores juegan roles más importantes en términos del devenir de nuestro país. No se discute la igualdad en la dignidad de las personas, pero sí se afirma –porque la evidencia así lo demuestra– que algunas acciones tienen un mayor impacto en términos, por ejemplo, de la generación de riqueza y su posterior distribución.

La preocupación por el clima de confianza no se reduce, entonces, simplemente a tener contento a un grupo en particular. En el caso de quienes invierten en el sector productivo, el afán por brindarles confianza viene de su capacidad para generar empleos bien remunerados que benefician a la totalidad de la población. No se trata de privilegiarlos, sí, de no despreciarlos.

Estamos en un punto de la historia en que ninguna nación puede prescindir de su iniciativa privada, todo lo contrario, existe una gran necesidad de que a los sectores productivos les vaya bien como casi la única fuente que tiene un país para construir condiciones de bienestar.

Por eso las políticas en general deben considerar la manera en que los inversionistas interpretarán las acciones de Gobierno, porque si por descuidos se crea un clima de nerviosismo, entonces, se ahuyentan a los capitales y todos y cada uno de los habitantes deberán pagar las consecuencias negativas de la falta de inversión y de crecimiento económico.

Observar con desdén o peor aún con desprecio a quienes a través de sus inversiones productivas generan riqueza y empleos es muestra de una profunda irresponsabilidad, como también lo es la no consideración de los sectores productivos en el diseño y ejecución de las acciones de Gobierno.

Es cierto que no se puede gobernar de espalda a la inversión, pero los empresarios y muy particularmente los pequeños y medianos, son parte de ese ente al que se deben destinar las acciones y decisiones de quienes gobiernan.

Es claro que las autoridades no están para cumplir los caprichos de determinado sector, sin embargo, tampoco deberían estar para cumplir los propios antojos, porque el poder debe ser utilizado para servir y no para aprovecharse de él. Las palabras pueden ser muy bonitas y convencer incluso por largo tiempo a muchos. Sin embargo, más tarde que temprano van a ser las acciones las que realmente construyan la imagen de un Gobierno.

Hoy estamos comenzando a pagar el precio de no tener en cuenta a los grupos empresariales a la hora de decidir. Los múltiples descuidos en lo que se declara y en las acciones que se toman han creado un clima que se experimenta como adverso para la llegada de capitales productivos. La economía ya está oficialmente en recesión. Y la pregunta obligada es ¿qué vamos a hacer?
27 Octubre 2019 04:04:00
Coahuila tiene con qué y son sus jóvenes emprendedores
Lo que hemos logrado construir los coahuilenses no es poca cosa. Venimos de tiempos muy complicados, no solo por la inseguridad y la violencia que imperó hace unos años, sino, también, por los escándalos de corrupción que tanto nos agraviaron y que lastimaron nuestra confianza en las instituciones.

Todos conocemos a alguien que fue víctima directa de la delincuencia, si no es que nosotros mismos lo fuimos. No ha pasado ni una década de aquellos tiempos cuando nuestra entidad era reconocida a nivel mundial por sus niveles de violencia. Pero también fuimos tristemente famosos por los escándalos de corrupción como la megadeuda y las empresas fantasma. Me queda claro cuánto nos ha costado sobreponernos de esos agravios que pusieron a las finanzas estatales en jaque.

Estamos lejos del ideal, pero es claro que hemos avanzado. Hoy los ciudadanos circulan con mayor seguridad por el estado y sus municipios, fluyen las inversiones y se recuperan paulatinamente los espacios de los que se apoderó el crimen organizado.

No hemos logrado el propósito de entregar a la justicia a quienes hundieron económicamente a la entidad, pero no quitamos el dedo del renglón y hacemos lo que está en nuestras manos para impedir que nos vuelva a pasar.

No hay, por eso, que echar las campanas al vuelo, pero necesitamos reconocer aquello que se ha hecho bien, para facilitar la identificación de lo que falta por resolverse. Todo, con el único propósito de generar mejores condiciones para el florecimiento y consolidación de las micro, pequeñas y medianas empresas.

Me alegra mucho cada vez que se anuncia la llegada de nuevas inversiones al estado de capitales extranjeros. Pero mi entusiasmo es mayor cuando conozco sobre emprendimientos de coahuilenses en la entidad que se fortalecen y triunfan aquí, en México y más allá de las fronteras.

En las últimas semanas he podido ser testigo directo del espíritu emprendedor de los jóvenes coahuilenses que desde sus universidades plantean proyectos viables, bien desarrollados que demuestran el enorme talento de quienes aquí se forman. Me queda muy claro que ese es el camino que es necesario seguir para incrementar la prosperidad en el estado y no el de fomentar la pereza y la desidia a través de dádivas que solo persiguen su control electoral.

Los jóvenes coahuilenses me han hecho saber que lo que más necesitan es la credibilidad y la confianza de quienes pueden impulsar sus ideas de negocios para hacerlas realidad. Ellos, ya dieron vuelta a la página y están bastante más ocupados en resolver su futuro que en curar las heridas del pasado. Justo así se prospera.

Por eso, estoy lleno de optimismo, porque a pesar de todo lo que nos rodea, en Coahuila tenemos con qué salir adelante, gracias a los muchos jóvenes emprendedores que con su visión fresca y renovada de la realidad, estoy seguro, lograrán transformar para bien nuestro estado, haciéndolo cada vez más próspero y socialmente responsable.
20 Octubre 2019 04:03:00
Así, es muy difícil que las Pymes florezcan
La seguridad que requieren las micro, pequeñas y medianas empresas para crecer y consolidarse no solo se refiere a aquella que brindan las corporaciones policiales y las Fuerzas Armadas. Es cierto que en donde florece la delincuencia difícilmente los negocios pueden funcionar. ¿Cómo garantizar la solidez financiera de una empresa si tienen, por ejemplo, que pagar derecho de piso a los grupos delincuenciales para poder operar con relativa calma?

Cuántos negocios no tuvieron que cerrar en los años más violentos en nuestra entidad porque los dueños vivían amenazados y cuántos casos no supimos de empresarios que, en su intento por evitar ser extorsionados, terminaron secuestrados, lastimados o muertos, porque las fuerzas de seguridad fueron incapaces de brindarles la debida protección.

Cuántas veces los trabajadores mismos que se dirigían a sus lugares laborales o que iban de regreso a sus casas ya no llegaron porque fueron víctimas de la delincuencia, incluso por balas perdidas porque se encontraron en medio de esa tragedia que trae consigo el estar en el momento y el lugar equivocado.

Pero insisto, no solo ese tipo de seguridad es la que debe garantizar un gobierno para permitir que las Pymes pueden escalar, llegar a nuevos mercados y convertirse en empresas prósperas. También se requiere seguridad jurídica. Pero, de manera paradójica, el Gobierno federal parece afanado en enviar señales que lo único que hacen es incrementar el
nerviosismo entre quienes buscan invertir y generar nuevas fuentes de empleo.

No voy a negar que es necesario combatir las malas prácticas y que de ninguna manera se debe tolerar el uso de facturas falsas con el propósito de evadir impuestos. Sin embargo, ese propósito no debería de estar peleado con fomentar la inversión y procurar que las pequeñas y medianas empresas se desarrollen, porque como lo he dicho en muchas ocasiones, son ellas la base y el auténtico motor de la economía mexicana.

Para ponerlo en pocas palabras: el problema actual es que en los hechos el Gobierno luce más severo con los empresarios que con los delincuentes. A unos se les amenaza de manera constante, mientras a otros se les deja en libertad, argumentando falsos beneficios para el pueblo de México. Tendría que ocurrir exactamente lo contrario, la gente que delinque debería pensárselo dos veces antes de cometer sus fechorías, pero los empresarios deberían de sentir la suficiente seguridad como para sostener sus empresas y crear más fuentes de empleo y mayor prosperidad.

No estoy pidiendo, me parece, nada fuera del sentido común. Pero la gente de la 4T y sus seguidores tienden a exagerar lo que se dice y a esquivar las razones que no les convienen. Por eso el país cada vez está peor, con una economía estancada y una delincuencia organizada que es capaz de confrontar de manera abierta las fuerzas de seguridad. Todo ello, bajo la responsabilidad de un Presidente que abiertamente viola la Constitución sobre la que juramentó su cargo.

Así es muy difícil que las Pymes florezcan.
13 Octubre 2019 04:04:00
Educación para las Pymes
¿Qué tipo de apoyos requieren las Pymes mexicanas para consolidarse y prosperar? Aunque las circunstancias varían para cada negocio, hay ciertas realidades compartidas que permiten trazar algunas medidas de aplicación general en la búsqueda de fortalecer a las pequeñas y medianas empresas.

Veamos las educativas.
Un primer reto es convertir a todos y cada uno de los pequeños y medianos empresarios en unos expertos en finanzas. No es un secreto que la mayoría de las Pymes que fracasa lo hace porque su economía es endeble y mal manejada. Motivada a veces por la urgencia, la gente abre negocios sin saber nada del mundo de las finanzas. Administra sus empresas con los mismos vicios que tienen en el manejo de su economía familiar. Por eso quiebran. Y dado que sus propietarios viven del producto de esas empresas, se les viene, además, un problema incluso de simple supervivencia.

La educación está hecha un desastre y con el retroceso de la contrarreforma educativa no tiene para cuando componerse. Pero si a este o los anteriores gobiernos les hubiera interesado de verdad el bienestar y la prosperidad de la ciudadanía basada en una sólida formación escolar, habrían colocado en el centro las competencias financieras que todo individuo necesita en un mundo tan competitivo, y al mismo tiempo volátil como el que
vivimos actualmente.

Está, muy de cerca con ese tema, el conocimiento y manejo de las leyes, sobre todo aquellas que impactan de manera directa en las actividades empresariales. No son pocos los negocios que cierran porque se vieron envueltos en problemas legales, la mayoría de las veces por simple desconocimiento. Necesitamos entonces trabajar a nivel formativo, también, en esa materia, tanto como debe ser prioritario el conocimiento profundo de la tecnología, que nos enseñe no solo a ser usuarios sino a comprender su funcionamiento y los caminos para su desarrollo.

Reconozcamos que tenemos una gran dependencia tecnológica que encarece el uso de soluciones y dispositivos, los cuales, para colmo, no necesariamente satisfacen las necesidades productivas de nuestros negocios debido a que fueron concebidas en contextos ajenos a nuestra realidad. El mayor problema es que convertimos el uso aparatos en una agotadora y desventajosa carretera por mantenernos actualizados que sale carísima, lo que significa un golpe más a las finanzas de las Pymes.

Se puede ver, entonces, la relevancia y urgencia de una verdadera revolución en materia educativa, que se centre en dotar a la ciudadanía de las capacidades que requieren las Pymes mexicanas.

Pero ¿qué se hace por mientras, en tanto no tenemos a esa población muy competente en finanzas, leyes y tecnología? Propongo una campaña intensiva e integral para que expertos en esos y otros temas centrales para la gestión de empresas diagnostiquen y acompañen a sus propietarios en la tarea de fortalecer a las Pymes.

La labor es cada vez más urgente toda vez que se avecinan tiempos difíciles para la economía mexicana por las razones que ya todos conocemos. De ahí el llamado a que nos tomemos en serio el reto educativo de impulsar a las pequeñas y medianas empresas.
06 Octubre 2019 04:00:00
Un mejor ambiente competitivo para las Pymes
Debemos terminar con el capitalismo de cuates; el de todos y no solamente el de unos colores en específico. El que no entiende eso miente con respecto a su preocupación por las micro, pequeñas y medianas empresas y su elevada tasa de mortandad. La razón es simple: no se puede competir en donde no hay competencia. Cuando todo está pactado para que sean los “amigos” los que ganen, nada queda por hacer.

Las Pymes necesitan un ambiente competitivo propicio y tenemos que reconocer que el actual es de suma complicación. La mayor parte de esos negocios se desarrollan en circunstancias en las que el único diferenciador que logran concretar es el precio, reduciendo sus márgenes de utilidad y obligando a sus líderes a ocuparse de las labores operativas, dejando casi de lado las tareas de carácter estratégico.

Pesa, por supuesto, la pobre cultura financiera que tienen muchos de nuestros empresarios y que les impide fortalecer económicamente sus negocios. La mayoría vive básicamente de lo que ingresan sus empresas.

Esa realidad evita que tengan perspectivas reales de crecimiento, basadas en su propio dinamismo. Pero, también las saca de la posibilidad de conseguir créditos baratos que les permita apalancarse con solvencia. En tales condiciones no es de extrañar que la mayoría cierre antes de cumplir cinco años de existencia.

Sin una situación financiera sólida, muy rápidamente caen en condiciones de obsolescencia tecnológica. Es muy común, cada vez que visito a las Pymes, toparme con situaciones en las que se trabaja con maquinaria o dispositivos que dan problemas, retrasando la producción o la atención de los clientes e impactando en la calidad de los bienes o servicios que se ofrecen.

Pronto, la poca utilidad comienza a ser devorada por las reparaciones y el mantenimiento correctivo, sacando de la competencia a quienes tienen menor capacidad para renovarse. Además, saltan nuevos competidores que llegan al mercado con tecnología de punta, que les ayuda para desbancar a los negocios existentes en ese momento, pero que, a la vuelta de la esquina, se convierten en los anulados cuando su ventaja se reduzca porque fueron incapaces de mantenerse actualizados, por el enorme costo que eso representa.

Están, también, por supuesto, las dificultades que tienen para sumar talento humano de elevadas capacidades. Simplemente no pueden cubrir los elevados sueldos que cobran los especialistas que necesitan para dar fortaleza a sus empresas. La mayor parte de los profesionales altamente capacitados termina trabajando en la función pública o en las grandes empresas. Y no hay mecanismos en México, reales, que permitan vincular a esos especialistas de élite con las Pymes, para que al menos las acompañen como asesores.

En contraste, abundan los charlatanes que, lejos de ayudar a resolver los problemas de los negocios, los profundizan, al desangrar su economía, ofreciendo recetas mágicas (y no, no estoy hablando del presidente López Obrador, aunque la descripción encaje a la perfección).

Así las cosas, si verdaderamente queremos apuntalar la economía de Coahuila y la de México, necesitamos crear un mejor ambiente competitivo para las Pymes. ¡Ya vamos tarde!


29 Septiembre 2019 04:05:00
Un modelo económico favorable para las Pymes
Dejémonos de medias tintas y llamemos a las cosas por su verdadero nombre. Lo que vivimos en México los últimos sexenios, pero muy en especial en el de Peña Nieto fue, como concuerda la mayoría de los especialistas, un capitalismo de cuates.

El escándalo de la Casa Blanca es el botón de muestra más contundente. Pero, está lejos de ser el único y el de mayor gravedad. Todos sabemos de esos “amigos” que se vieron favorecidos con contratos multimillonarios y tratos especiales de toda índole.

Por desgracia para el país la 4T no ha significado un abandono de ese modelo que solo favorece a los predilectos. Todo lo contrario, el incremento en las adjudicaciones directas sin licitación alguna como método para comprar es un ejemplo de que son los allegados y no las mejores ofertas quienes se están beneficiando de las obras y programas del Gobierno federal, lo que no es de extrañar dado el origen priista de muchos de los que hoy se presentan con los colores de Morena, empezando por el que “se le cansó el ganso”.

En un entorno en el que no hay una verdadera libertad para competir, sino que se beneficia a los poderosos es muy difícil que las Pymes prosperen. Como he venido insistiendo en las últimas semanas, las micro, pequeñas y medianas empresas son el verdadero motor de la economía mexicana; de tal manera que cada decisión que las saca de la posibilidad de competir para otorgar un contrato a “un cuate” es un atentado en contra del sector que más riqueza genera en este país.

Pero las Pymes no sólo están enfrentando una profundización del capitalismo de amigos con la 4T, sino que ahora comienzan a padecer los efectos de la centralización, que hace más lentos los trámites y determina medidas fuera del contexto real de quienes arriesgan su patrimonio para emprender.

El Gobierno federal está dando un vuelco al pasado impidiendo que las instituciones se modernicen y puedan apoyar con mayor eficacia el trabajo de la planta productiva del país.

No es extraño que el PIB esté teniendo un crecimiento nulo y que estemos enfrentando la peor contracción de la economía mexicana en una década, cuando se están minando algunos de los factores que requieren las Pymes para florecer; con el resurgimiento de fórmulas rentistas y corporativistas que permiten que ciertos grupos impongan sus intereses particulares, a cambio de fortalecer la figura presidencial y prolongar la estancia en el poder de Morena.

No es un secreto. Todos somos testigos de quiénes son los que están cerca del poder y quiénes se despachan con la cuchara grande, al tiempo que se desfavorece el trabajo de los pequeños y medianos empresarios, a los que mentirosamente se les dice que no se les aumentarán los impuestos, cuando por distintas vías se les castiga, por ejemplo, con el pago de tasas más elevadas en el caso de sus ahorros.

En verdad, alguien tiene que hacerle ver al Presidente que está caminando por una ruta que conduce al fracaso, porque afecta a quienes más empleos generan en el país. Es por demás importante que López Obrador reconozca que el problema de México no es el modelo neoliberal, sino el capitalismo “de cuates”; y que, en consecuencia, deje de favorecer a sus amigos para comenzar a poner un piso parejo, en el que puedan florecer y fortalecerse las Pymes.
22 Septiembre 2019 04:04:00
Las Pymes y la salud pública
Las Pymes son el verdadero motor de México. Con su aporte de 56% del PIB y 72% de los empleos formales, no hay nada de lo que dependa más el presente y el futuro del país. Por eso preocupa tanto su vulnerabilidad. Si queremos tasas de crecimiento como las que alegremente y sin fundamento alguno ofrece el Presidente, necesitamos fortalecer a las micro, pequeñas y medianas empresas, lo que exige una política pública integral que atienda todos los aspectos que afectan la vida y el desempeño de esas unidades económicas.

Un ejemplo son los servicios de salud. Nadie niega que los gobiernos anteriores descuidaron los servicios clínicos y hospitalarios del sector público dejándolos en un importante estado de deterioro. Pero lo que está pasando en la actualidad es de escándalo mayúsculo, porque por caprichos del Mandatario se está poniendo en peligro la vida de muchos pacientes. La escasez de medicamentos contra enfermedades como el cáncer, solo por “ahorrar”, no tiene nombre. Recuperar el sistema de salud pública es urgente por las implicaciones humanas, pero también por las económicas que tiene. 

A diferencia de los grandes consorcios empresariales que pueden pagar seguros de gastos médicos mayores para sus empleados, las Pymes, incluyendo a sus propietarios, atienden sus necesidades de salud en el IMSS. Los datos son contundentes: sólo 5% de las Pymes tiene contratado algún tipo de seguro, la mayoría de ese porcentaje lo compra para cubrir riesgos en sus locales o flotillas automotrices, y muy rara vez protegen a su personal.

Sólo 17% de los empleados de una empresa pequeña o mediana tiene cubiertos por la vía de una aseguradora sus gastos médicos en caso de una enfermedad grave.

Tenemos que entender, además, que no es una cuestión de desidia, signo de falta de capacidad económica ante el apremio financiero en el que suelen vivir las Pymes, por eso quedan imposibilitadas de acceder a ese tipo de seguros incluso cuando se trata de proteger lo más valioso de toda empresa, que es su capital humano. El Estado, que cobra las aportaciones que patrones y trabajadores realizan al IMSS, debería garantizar un servicio de calidad para sus afiliados, pero al no hacerlo entonces tendría que propiciar mejores condiciones para que las Pymes pudieran contratar seguros de gastos médicos para su personal.

Es importante comprender que las enfermedades o los accidentes que incapacitan de manera parcial o permanente a las personas en las empresas tienen repercusiones de distinta índole, algunas de las cuales ponen en verdadero riesgo la subsistencia del negocio. Las Pymes, debido a su nivel de desarrollo, casi nunca pueden reemplazar con éxito a ciertas personas clave, incluidos sus propietarios, sobre las que pesa la operación central. Una enfermedad grave o un accidente dejan desprovista a la empresa del conocimiento y las destrezas que le son esenciales para su buen funcionamiento, a punto tal que muchas se ven orilladas a cerrar. Si estamos realmente preocupados por fortalecer a las Pymes no tenemos más opción que buscar alternativas para garantizar que sus empleados y propietarios recibirán una atención adecuada a sus potenciales problemas de salud. Es por el bien de todos.
15 Septiembre 2019 04:04:00
Aliémonos con las Pymes
Sólo 11 de cada 100 empresas micro, medianas o pequeñas en México resisten lo suficiente como para que su propiedad y control pasen a una segunda generación. Se trata de una situación lamentable dada la enorme contribución que las Pymes hacen a la economía nacional. De hecho, hay motivos suficientes como para sospechar que la insuficiencia del crecimiento del PIB se debe, al menos en parte, a la incapacidad de las Pymes para consolidarse y escalar en los mercados nacionales e internacionales.


Muchas empresas en México nacen por la necesidad que tienen sus propietarios de ocuparse toda vez que han perdido el empleo y no están en la posibilidad real de conseguir una nueva fuente laboral. Muchos inician negocios que desconocen, sin experiencia en el manejo de empresas y sin la preparación que se necesita para tener mejores posibilidades de éxito. Eso sí, con todo el entusiasmo y toda la energía para tratar de salir adelante.

Los dueños de las Pymes suelen sumergirse en la operación de sus negocios y con frecuencia pierden la perspectiva de lo que sucede más allá y que los debería llevar a tomar decisiones de carácter estratégico. Las circunstancias bajo las que emprendieron cambian y pronto se encuentran atrapados en una dinámica que no eligieron y que no comprenden, y sin las herramientas conceptuales y técnicas necesarias para subsistir. Peor aún, sin la posibilidad de conseguir apoyos que les permitan salir del atolladero. Muy pronto se ven obligados a cerrar.

Por eso, resulta vital que los gobernantes dejen de ver en las Pymes al contribuyente cautivo y dócil y las comiencen a observar como un gran aliado del éxito de su gestión. Con frecuencia escuchamos a los titulares del poder Ejecutivo en las entidades y la Federación hablar de los empleos creados; muy rara vez nos dicen cuántos se perdieron. Y si la vida de las mayores empleadoras del país, las Pymes, no alcanza ni 5 años, es altamente probable que en ese sector sea en donde más fuentes laborales se cierran cada año. Por eso, debemos cambiar la política de apoyar sólo a los grandes corporativos para convertirnos en los principales interesados en que las Pymes crezcan y desarrollen todo su potencial.

La receta que se aplique debe pasar por la educación técnica de los dueños de los negocios en temas como finanzas, modelos de negocio y dirección estratégica, que son esenciales para el buen manejo de sus Pymes. Allí, los gobiernos no deberían escatimar esfuerzos en buscar los mejores exponentes, con el mayor conocimiento sobre esas materias y con una gran capacidad para enseñarlos. Pero también deben cubrirse sus honorarios para asesorar y acompañar de cerca a los empresarios, buscando desarrollar en ellos, a través de su mentoría, esas habilidades gerenciales que muy probablemente no tienen dado su origen y formación.

Estoy convencido de que cada peso que se destinara a ese fin sería de un beneficio enorme para el país en general y por supuesto, para Coahuila, que tienen en sus cinco regiones a empresarios que se aplicarían en su preparación con tal de ver florecer sus negocios y generar condiciones de prosperidad para sus empleados y su terruño. Aliémonos con las Pymes.
08 Septiembre 2019 04:04:00
Apostar por las Pymes
El 98% de las empresas en México es micro, pequeña o mediana. En su conjunto aportan 56% del PIB. Siete de cada 10 mexicanos con un empleo formal labora para una Pymes. Y pese a su enorme importancia lo común es que se les ofrezcan pocos apoyos. Además, se dictan algunas políticas públicas que comprometen su existencia.

Los gobiernos suelen enfocarse en la atracción de los grandes inversionistas a los que ofrecen todo tipo de incentivos. No es que esa decisión esté equivocada. La llegada de grandes capitales suele beneficiar a las Pymes, sobre todo cuando se desarrollan redes de proveeduría local.

No obstante, ese beneficio indirecto no es suficiente ante la carga fiscal a la que son sometidas. Se trata de contribuyentes cautivos a los que las autoridades mantienen muy vigilados y que, para colmo, suelen ser también víctimas de la burocracia y en muchas ocasiones de la corrupción de funcionarios de los tres niveles de Gobierno.

No es de extrañar que la tasa de subsistencia de las Pymes en México sea inferior a los 5 años. La poca capacidad que tiene este tipo de empresas para afrontar ciertas exigencias de carácter legal las pone bajo riesgo permanente. No es extraño, por ejemplo, que por falta de un permiso o de un trámite que desconocían o no supieron cómo concretar, reciban importantes multas que no pueden ser solventadas. Así, se las orilla a cerrar con la consecuente pérdida de empleo formal. Hay que reconocer que el Estado mexicano a veces es más benigno con el que de plano está por fuera de la ley, en la informalidad.

Esa condición de vulnerabilidad, que se refuerza con otros factores de la vida interna de las Pymes, las hace también ser poco susceptibles de acceder a los créditos que necesitan para fortalecer sus finanzas y sus capacidades productivas. Y en raras ocasiones escuchamos que los gobiernos destinen recursos para los negocios que ya se encuentran funcionando y luchando por subsistir.

Es bueno, sin lugar a duda, que se fomente el emprendedurismo entre los mexicanos; pero muchos de los programas diseñados para tal fin, por su mal diseño de operación, terminan destinando recursos que se pierden, porque los proyectos que se apoyan son débiles y el acompañamiento que se ofrece no resulta eficaz para incubar las inversiones y hacerlas producir. Alguna parte de esos recursos debería ir a parar, tal vez, a empresas que ya han demostrado su viabilidad, para fortalecerlas y asegurar los empleos que ya han sido capaces de crear. Pero, para las Pymes lo que comúnmente hay son más impuestos y exigencias legales; casi nada más aparte de eso.

En el PAN estamos proponiendo que para impulsar el crecimiento económico de México el actual Gobierno federal debe reducir las tasas del ISR y del IVA; ampliar su capacidad para recaudar impuestos, e incrementar la base de contribuyentes. Que haya más ingresos fiscales porque se producen y comercializan más bienes y servicios en el país.

México necesita crecer y son las Pymes las que pueden lograr que se cristalice el anhelo de alcanzar tasas de crecimiento superiores al 4 por ciento. Pero el Gobierno tiene que hacer su parte, de lo contrario, seguiremos viendo los paupérrimos resultados hasta ahora entregados.
25 Agosto 2019 03:57:00
Por si no lo recuerda, señor Presidente
La situación de violencia en México está cada día peor. En el mismo periodo de diciembre a julio, al inicio del Gobierno de Calderón, hubo 7 mil 61 homicidios dolosos; con Peña Nieto fueron 12 mil 528 muertos y ahora con López Obrador casi el doble, 23 mil 27. El país se está desangrando y es evidente que el Gobierno federal no está siendo capaz de contener la masacre.

Por supuesto que podemos culpar al pasado, porque las condiciones que gestaron el clima violento del presente son históricas. Pero se espera que un Gobierno que tanto habló muestre con hechos su capacidad para resolver los problemas.

Sin embargo, lo más grave no es que estén siendo rebasados por la violencia, sino el reconocimiento de que desde la Secretaría de Gobernación se sostienen conversaciones con grupos delictivos. Y cuidado que no estoy en contra de hacer política y privilegiar el diálogo sobre cualquier forma de violencia. Pero lo que está ocurriendo en México vulnera el estado de derecho y la vida institucional.

Voy a poner un ejemplo: los diálogos entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC se dieron de manera abierta, con transmisiones en directo. Cuba y Noruega participaron como países mediadores, en tanto que Venezuela y Chile fungieron como observadores del proceso.

El resultado de las conversaciones fue sometido a plebiscito, siendo rechazado por la mayoría de los ciudadanos, lo que obligó al Gobierno colombiano y a la guerrilla a reparar el documento para ser finalmente ratificado por el Senado y la Cámara de Representantes hacia finales de noviembre de 2016.

Lo que intento ilustrar es que no debe haber negociación alguna entre el Estado y un grupo irregular, las autodefensas incluidas, si no se hace de cara a la nación y si no se garantizan ciertas condiciones que impidan un arreglo que viole lo establecido en la Constitución y en las leyes que de esta emanan.

Imaginemos que las conversaciones que sostiene la Secretaría de Gobernación implican, como algunos han sugerido, que se les deje operar tranquilos a los cárteles de la droga a cambio de que se terminen las ejecuciones. Tal vez como solución resultaría atractiva, pero a todas luces ilegal y, además, pasajera, porque no se estaría resolviendo el problema de fondo.

Sé que la tentación es grande, sobre todo, cuando es tan evidente el fracaso y cuando por tanto tiempo se trivializó el problema y se utilizó para el golpeteo político. Pero ni López Obrador ni nadie tiene el derecho de jugar con el destino del país de esa manera.

Si la apuesta va a ser por el diálogo, primero se tienen que establecer reglas claras que impidan que ocurran pactos siniestros entre el Gobierno y los criminales; lo que, además de todo, sería una ofensa muy dura contra las víctimas de la violencia y sus familias que ya en su momento dijeron “no” ante la posible amnistía.

Sería por demás grave una rendición de facto ante los grupos delictivos; porque entonces ya nada impediría que manden en el país o, por lo menos, en grandes zonas del territorio nacional. De verdad, Presidente, así no. Usted juró defender la Constitución, por si no lo recuerda.
18 Agosto 2019 04:07:00
El mesías y la impunidad
De acuerdo con el Índice Global De Impunidad en México 99.3% de los delitos quedan sin castigo. Según los autores del Índice la principal razón es la falta de jueces y policías. Pero para el caso de los grandes corruptos tendríamos que incluir como causa los pactos de impunidad como el que obviamente sellaron Peña Nieto y López Obrador que, además, se experimenta a sí mismo como ejecutando una labor mesiánica, lo que también contribuirá a mantener elevadísimo ese indicador.

Esta semana, cuando le preguntaron al Presidente sobre el caso de las empresas fantasma de Rubén Moreira, lo que hizo fue darle vuelta al asunto con una de sus típicas respuestas en las que habla mucho y no dice nada. Pudo ahorrarse su discurso si hubiera reconocido que el exgobernador de Coahuila está incluido en lo que negoció con Peña Nieto.

En su “rollo mareador” afirmó que la Fiscalía General de la República era un poder autónomo al mismo nivel que el Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial, mintiendo porque los órganos constitucionales autónomos no son un poder; si lo fueran se habrían podido defender del Presidente y sus ataques constantes a la autonomía de esos órganos.

Además, hay que recordar que uno de sus principales enfrentamientos con las organizaciones de la sociedad civil (OSC) fue motivado por su negativa a cambiar el mecanismo de elección del actual fiscal, al que impuso gracias a la mayoría que maneja en el Congreso.

Lo sabe, por supuesto, pero miente para no hablar de las verdaderas razones que tienen a los Moreira y a otros delincuentes gozando de total impunidad. Que en estos momentos Rosario Robles se encuentre bajo prisión preventiva no contradice la protección que reciben los priistas que fueron cobijados bajo el pacto del PRIMOR. La exsecretaria de Desarrollo Social es el chivo expiatorio perfecto porque además le ofrece a Andrés Manuel la venganza que tanto
tiempo ha esperado.

Y mientras se monta un espectáculo alrededor de Rosario Robles el coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, anuncia que el próximo 1 de septiembre AMLO enviará una iniciativa solicitando la amnistía de 3 mil reclusos, mujeres en su mayoría, que purgan condenas por delitos contra la salud. Pocos recuerdan ya que los foros para la paz que organizó siendo presidente electo Andrés Manuel, fracasaron por el
intento de imponer el perdón.

Pese a que los familiares de las miles de víctimas lo rechazaron, el Presidente, al puro estilo del “me canso ganso”, sacará a la calle a muchos inculpados. Es cierto que en las cárceles ni están todos los que son ni son todos los que están. Pero, aplicar la amnistía sin una revisión detallada de cada caso es un abuso y un atropello contra quienes han padecido el embate de la delincuencia.

Sin embargo, desde la visión distorsionada que Andrés Manuel tiene, se observa a sí mismo como aquel que perdona las faltas de los demás. Por eso, lejos de disminuir la impunidad seguirá creciendo en México y se deberá al pacto de impunidad del PRIMOR y a los ensayos que el Presidente hace de su “poder salvador” y su “capacidad” para purificar, santificar
y moralizar a México.
11 Agosto 2019 04:00:00
El pacto del Primor en Coahuila y la impunidad de los Moreira
No es posible desfalcar con total impunidad miles de millones de pesos de las arcas de una entidad de la manera en que lo hicieron los Moreira, sin la participación de toda una red de cómplices y encubridores como los legisladores que legalizaron la deuda que había sido contratada con documentos apócrifos, para poner un ejemplo concreto.

Sabemos de sobra que la complicidad no ha sido gratuita. Quienes desde los tres poderes estatales favorecieron la impunidad han recibido su premio. Por supuesto que entre más grande fue su contribución mayor la ganancia. Ahí tenemos al auditor superior, que fue eternizado en su cargo por su capacidad para simular acciones que nunca conducen a ningún resultado.

Pero la complicidad continuará en tanto los delitos que presumiblemente cometieron los hermanos Moreira y sus cómplices no prescriban. Tanto aquellos relacionados con la megadeuda como las compras a empresas fantasma, todos los involucrados están protegidos por el brazo de la impunidad que, en el último par de años, ha tenido como parte activa a Morena a través de su diputada local. Dicho sea de paso, impunidad que a manera de promesa de campaña ofreció AMLO, y de lo escasamente cumplido de entre todas sus promesas. 

Se sabe ampliamente que la legisladora de Morena ha votado sistemáticamente para favorecer al PRI y a los Moreira garantizando su impunidad. Pero hay que ser ingenuo para suponer que lo hace de espaldas a su partido; todo lo contrario, ella opera el pacto de impunidad del Primor diseñado para proteger a Humberto, Rubén y el resto de sus cómplices. La prueba más contundente de que eso es así es que su partido lleva más de un año prometiendo que actuarán en contra de la legisladora sin que pase nada. De hecho, lo único que les falta es aplaudirle.

La dirigencia estatal de Morena ha llegado incluso al descaro de reconocer que su diputada actúa para favorecer al PRI, como lo afirman en una misiva que recibí de su parte esta semana. Pero de tomar seriamente acciones en su contra, nada. Incluso, algunos miembros de Morena han salido abiertamente a la defensa de la legisladora, porque saben que ella solo es el brazo ejecutor del pacto del Primor coahuilense.

Si no existiera tal pacto, si además hubiera honradez y honestidad en Morena, ya habrían procedido contra la legisladora como hizo mi partido con el caso Baja California, en donde se promovió de inmediato la expulsión de los legisladores que traicionaron a México y a la democracia votando a favor de la extensión del periodo de gobierno de Bonilla. Que en el PAN se hayan tomado las acciones pertinentes llevó a los traidores a renunciar al partido, lo que agilizó todavía más el proceso de deshacerse de esos malos integrantes. 

Pero aquí en Coahuila, cada vez que su diputada vuelve a votar para favorecer la impunidad de los corruptos, lo único que pasa es que llegan nuevas promesas de que se le investigará, solo para terminar protegiéndola; así como ella cuida y defiende a los Moreira.

Por eso Humberto y Rubén se siguen burlando de los coahuilenses, porque saben que su libertad está garantizada en la medida en que se siga sosteniendo fuerte el pacto del Primor.  Así pues, si a alguien se le quiere agradecer que los Moreira y cómplices sigan intocables, es precisamente a Morena; complicidad y probanza plenamente acreditada.
04 Agosto 2019 04:00:00
El dolor de la verdad
Cómo les está costando trabajo a los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, sobre todo aquellos que procuran mantenerse informados, el encontronazo con la realidad. Ya no saben ni qué decir. Se les agotaron los argumentos y ahora sólo repiten las mismas frases una y otra vez en la búsqueda forzada e infructuosa de desmentir la realidad.

Esta semana no fue solamente el anuncio de que México había crecido durante el segundo trimestre de este 2019 un decepcionante 0.1%, lo que alimentó su frustración. Fue la manera en que el Presidente festejó como si se tratara de un logro. Pero, tal vez lo que más lastima a esos seguidores ilustrados de la 4T es la insistencia presidencial de afirmar que la meta sigue siendo 2% de crecimiento este año, porque cualquiera con un poco de sentido común sabe que tal cifra es imposible de alcanzar.

El Presidente ya no parece simplemente alguien carente de conocimientos básicos de la economía, ahora luce como alguien que se burla de quienes le tienen esperanza, porque saben que está faltando a la verdad; que les miente y lo hace con toda intención. Sus seguidores pensantes se dan cuenta, aunque se lo callen. Descalifican a los demás solo como mecanismo de defensa, sin darse cuenta de que nuestra intención jamás será la de burlarnos de su decepción ni de sus decisiones del pasado. Tenían una ilusión y nadie los puede juzgar por anhelar un México mejor.

Lo más triste de todo es que mientras a ellos les está doliendo la realidad a su líder parece no importarle. Incluso cuando desde la Secretaría de Hacienda se lanza un plan de rescate, el Presidente sigue actuando como si nada malo estuviera ocurriéndole al país. Su incapacidad para abandonar el ánimo de campaña política y ponerse a gobernar es evidente. El colmo es que se sigue quejando por el supuesto fraude de 2006 cuando toda su energía debería estar puesta en el mandato que mayoritariamente le otorgó el electorado mexicano. Si es alguien incapaz de superar el pasado, jamás podrá ser el líder que nos conduzca hacia un mejor futuro.

Pero, Andrés Manuel ya no sabe a qué echarle la culpa de su propia incompetencia. Cada vez se le ve más perdido, más alejado de la realidad. Como si el único que creyera en los otros datos fuera él; como si en ese mundo alterno que solamente él conoce sus decisiones estuvieron funcionando.

En la medida en que va avanzando el tiempo, sus excusas y pretextos comienzan a desgastarse. La tarea le está quedando demasiado grande y sus seguidores que tienen mayores nociones del funcionamiento de la economía se dan cuenta de la incapacidad y toman cualquier dato, hasta de cosas sucedidas en otros países, para mantener viva la llamita de la esperanza.

Nos acusan de ser agoreros del desastre y de alegrarnos del fracaso que AMLO está teniendo en su gestión. No se dan cuenta de que, precisamente porque nos importaba tanto nuestro país es que nos oponíamos a la llegada de López Obrador. Ahora ya está y demostrando su verdad a los que no la querían ver. Siento que les esté doliendo, casi tanto, como a nosotros nos duele México.
28 Julio 2019 04:00:00
Salvar a Coahuila del desastre que se viene
Sin importar sus “otros datos” que no son sino la viva expresión de su terca deshonestidad, lo cierto es que al finalizar 2019 Andrés Manuel López Obrador nos habrá entregado el peor desempeño de la economía en una década, desde la caída del PIB como consecuencia de la crisis global, y muy probablemente el año más violento desde que se lleva el registro de homicidios dolosos en México. Nada parecido al país de las maravillas que ofreció durante su campaña.

Sin embargo, por ahora, lo que nos queda es ver de qué manera blindamos a nuestro estado para que el desastre que se le vendrá al país por la pésima manera de gobernar del Presidente impacte lo menos posible a los coahuilenses. No podemos permitir que, con sus delirios de grandeza y su visión anclada en el pasado, AMLO nos arrastre al abismo. Tenemos que mantenernos como un estado productivo y competitivo.

Mucho nos ha costado avanzar a pesar de la megadeuda de Humberto Moreira y del daño causado al erario por la contratación que su hermano Rubén hizo de empresas fantasma. Por eso no debemos tolerar que el ídolo de barro con sus decisiones sin fundamento nos lleve hacia una nueva crisis. Necesitamos mantenernos unidos y trabajando con seriedad, pensando en el beneficio de Coahuila más allá de nuestras diferencias políticas.

Desde el Congreso del Estado hemos garantizado que los inversionistas encuentren la certeza legal que requieren sus capitales. No se trata, como algunos interpretan de manera equivocada, de privilegiada a unos cuantos, sino que incluso aquellos que apuestan para abrir micros y pequeñas empresas, que además son la mayoría de los inversionistas, sepan que existe un estado de derecho que los respalda, para que puedan competir en condiciones equitativas.

Pero también nos hemos mantenido en una actitud proactiva convocando a los otros poderes en la entidad y a la ciudadanía organizada para que hagamos juntos, todos, un esfuerzo adicional dadas las circunstancias. Tenemos un punto en común: ninguno estamos dispuestos a aceptar que se destruya lo que tanto trabajo ha costado construir; más aún, queremos vivir mejor.

Por supuesto, no todo es como debiera ser. Lamentablemente sigue habiendo resquicios para la corrupción y la ineficiencia, no sólo de parte de las entidades públicas sino también, hay que decirlo, de algunos individuos y sus organizaciones empresariales. No obstante, cada vez son los menos, porque todos los días se suman coahuilenses que entienden el daño que ha ocasionado a nuestro estado la corrupción y los malos manejos.

En Coahuila hemos aprendido de lecciones muy duras que jamás queremos repetir. Si somos capaces de superar nuestras propias limitaciones, lograremos que el daño que causa López Obrador a México nos salpique lo menos posible. Tenemos que confiar los unos en los otros, trabajar hombro con hombro sin descanso, aplicando nuestras energías y la gran creatividad que nos caracteriza a los hombres y las mujeres de estas tierras, para seguir construyendo esas condiciones de prosperidad que tanto anhelamos.

Coahuila tiene con qué y la hora de demostrarlo ha llegado. Salvemos juntos a nuestro estado del desastre que se viene para el país.
21 Julio 2019 04:00:00
Los pobres y los miserables
Los defensores del actual régimen suelen justificar las medidas irracionales implementadas por AMLO alegando que en los sexenios anteriores se fracasó en el combate a la pobreza y que los programas sociales de los gobiernos de Fox, Calderón y Peña, en términos generales, resultaron un fiasco: tienen toda la razón. Pero ¿cómo sabemos que están en lo cierto?

Probablemente el órgano constitucional autónomo más exitoso y menos cuestionado desde su creación en 2005, sea el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el famoso Coneval. Su trabajo, riguroso por demás, ha hecho posible que se sostenga una mirada crítica al desempeño de las políticas públicas en materia de combate a la pobreza y a la desigualdad en nuestro país. El propio Andrés Manuel, una y otra vez a lo largo de los 14 años de existencia de esa entidad, ha utilizado los resultados del trabajo del Consejo para fustigar a los gobiernos y reclamar la falta de resultados; insisto, con toda razón.

Sin embargo, ya siendo Presidente y bajo el pretexto de su mentida austeridad, el Coneval, cuya creación fue apoyada por todos los partidos políticos, está siendo silenciosamente desmantelado a punta de recortes presupuestales y decisiones que vulneran su autonomía constitucional y afectan de manera directa su funcionamiento.

Desde las secretarías de Hacienda y la de Bienestar, AMLO lanza torpedos directos contra ese barco con toda la intención de hundirlo, dejando así a los ciudadanos y al propio Gobierno sin la posibilidad de conocer y valorar cuál está siendo el avance (si lo hay) de los programas de desarrollo social que está implementando la petulantemente autoproclamada “cuarta transformación”.

Entre otras medidas absurdas y desproporcionadas se han reducido los salarios de quienes menos ganan en el Consejo. Estamos hablando de las plazas de Enlace, cuyos ingresos mensuales apenas alcanzaban a finales del sexenio pasado los 14 mil pesos mensuales. Hoy esos servidores públicos perciben nominalmente 8% menos; al que se debe aplicar, además, el efecto que sobre su poder adquisitivo tendrá la inflación. Allí tan solo un ejemplo de las barbaridades que se están ejerciendo en contra del Coneval.

Pero ese ejemplo también ilustra el nivel de absoluta perversión del actual Gobierno. El desmantelamiento del Coneval no tiene otro propósito que ocultar la realidad acerca del desempeño de las políticas públicas destinadas a acabar con la pobreza de López Obrador. Es para que sus “otros datos” no puedan ser cuestionados. Se trata de destruir al único órgano que lo puede desmentir cuando salga a decir que cada vez “hay menos pobres” desde que asumió el poder y que sus programas de bienestar son “todo un éxito”.

Ningún otro órgano constitucional autónomo ha sido, a lo largo de su historia, tan austero como el Coneval. Ninguno ha sido tan riguroso y efectivo en la entrega de sus resultados. Hoy como ya no le conviene a AMLO tener a ese riguroso juez, lo manda matar. Y el coro de aduladores observa en silenciosa complicidad ese atentado contra el marco institucional y el estado de derecho.

Allí una diferencia entre los pobres y los miserables.
14 Julio 2019 04:00:00
Unidos y actuando
Si el Gobierno federal insiste en conducirnos por el rumbo actual, ese que Urzúa llama de “políticas públicas sin el suficiente sustento” corremos el muy elevado riesgo de enfrentar una importante crisis económica, política y social. Por eso, es nuestro deber estar preparados para tal eventualidad.

Por fortuna los coahuilenses, debido a las características de nuestra entidad, estamos acostumbrados enfrentar de manera exitosa las adversidades.

Hemos hecho florecer tierras agrestes y hemos convertido a nuestra entidad en una de las más productivas del país y, hoy en día, la más atractiva para la llegada de inversiones
extranjeras.

No podemos, sin embargo, dormirnos en nuestros laureles. Hay mucho por hacer para crear las condiciones más prósperas en las que las familias coahuilenses puedan vivir con dignidad y alcanzar sus metas, con buenas fuentes laborales que sean bien retribuidas y que permitan el desarrollo máximo de su potencial profesional y humano.

El convenio que firmamos los diputados locales esta semana con organizaciones empresariales del sureste de nuestra entidad y con el Tribunal Superior de Justicia en el estado es un ejemplo de que no nos estamos quedando con los brazos cruzados ni nos sentimos conformes con el éxito hasta ahora obtenido.

Todo lo contrario, vamos por más empleos que se traduzcan en mayor bienestar y en condiciones de vida mejores para quienes habitan en nuestra entidad.

No creemos en el camino de las dádivas ni de la creación de redes clientelares que no terminan con la pobreza y solamente la utilizan para beneficio de unos cuantos. Queremos que los coahuilenses que hoy viven en condiciones de pobreza salgan de su condición y lo hagan por el único camino seguro y sostenible en el largo plazo: el del trabajo honrado, productivo y bien retribuido.

Pero, para que existan esos muchos empleos bien pagados que tanto deseamos, necesitamos forzosamente fortalecer a las instituciones y el estado de derecho.

Por eso, nos estamos comprometiendo de cara al sector empresarial y de la sociedad en su conjunto para garantizar, no solo que las leyes sean las mejores para la entidad y sus industrias, sino que también se van a aplicar.

Así se cierra la pinza que garantiza la seguridad jurídica que, con toda razón del mundo, exigen quienes arriesgan sus capitales para ponerlos a producir.

Es verdad que México y Coahuila necesitan cambiar; pero deben de hacerlo con una visión de futuro, viendo hacia el porvenir y no al pasado como algunos en el Gobierno Federal pretenden. ¡Coahuila tiene con qué! Lo estamos demostrando cada día con el esfuerzo conjunto de todos por igual.

No solamente criticamos y alzamos la voz en contra de las barbaridades que se deciden desde la Presidencia de la República. Actuamos y lo hacemos en consecuencia por el bien de nuestro estado y de su gente.

Queremos ser ejemplo de reclamo que se acompaña de hechos proactivos. No vamos a dejar de señalar lo que está mal, como tampoco vamos a renunciar a nuestra intención de servir a un Coahuila más próspero y productivo. Seguimos unidos y actuando para lograrlo.
30 Junio 2019 04:00:00
Perpetuar la corrupción
Esta semana se presentó el Índice de Capacidad de Combate a la Corrupción elaborado por Americas Society/Council of the America’s. No es una sorpresa que salimos reprobados. Obtuvimos una calificación de 4.65 sobre 10. En otras palabras, estamos lejos de contar con un entramado institucional sólido que nos permita acabar con los corruptos. 

No lograremos reducir la brecha si se sostiene el pacto de impunidad que, a todas luces, acordaron López Obrador y Peña Nieto. Peor todavía, si se continúa atentando contra la vida institucional en lugar de fortalecerla. Si se continúa por ese rumbo, difícilmente avanzaremos en la dirección correcta y seguiremos siendo vistos en el mundo como una nación tramposa, en donde el irrespeto a la ley es la norma.

En especial para los coahuilenses es frustrante lo que sucede con las instituciones. El caso de la megadeuda es un gran ejemplo para demostrar cómo el estado de derecho fue terriblemente violentado sin que las instituciones hicieran algo para impedirlo o, después, para sancionarlo. Es increíble que el Congreso, en su momento, legalizara los contratos realizados con documentos apócrifos. Pero también lo es que, en la actualidad, la Auditoría Superior del Estado siga haciendo un circo, presentando amparos contra la inacción de la ahora Fiscalía, cuando esta lleva años sin hacer nada. 

Pero es absurdo suponer que la mejor manera de arreglar la debilidad de las instituciones, es desapareciéndolas. Solo la locura de una mente delirante como la de Andrés Manuel López Obrador puede llegar a una conclusión así de simplista y fuera de toda lógica racional. Es hasta cómico que hace unos días el Presidente alegara que para gobernar solo hacía falta sentido común, ya que si algo ha demostrado en los meses que lleva en la Presidencia, es que carece de todo sentido común. ¿A quién más se le puede ocurrir que la mejor manera de combatir la corrupción es destruyendo las instituciones? 

Por increíble que parezca, esa está siendo su forma de proceder. Al hacerlo, está destruyendo incluso lo poco que funcionaba bien en el país. Claro, el Presidente pone de pretexto siempre la corrupción, pero es incapaz de darse cuenta de que si debilita todavía más la vida institucional de México entonces este país será todavía más corrupto. Y claro que se puede.

Tal vez el ejemplo que le mueve sea el de Venezuela. ¿A alguien le extraña que en ese mismo Índice de Capacidad de Combate a la Corrupción la nación sudamericana de Chávez y Maduro haya quedado en último lugar con una calificación de 1.71? Por supuesto que a nadie. Todos sabemos que no hay país en nuestro continente que tenga el entramado institucional y el estado de derecho más destruido que Venezuela y está claro que al Presidente y a muchos de sus seguidores les encanta cómo viven allá.

También Chávez hablaba de acabar con la corrupción, también le echaba la culpa al neoliberalismo de los corruptos y véanlos ahora. Por eso es nuestra obligación decirle al Mandatario que se equivoca de manera rotunda; que debilitar o, peor, desaparecer a las instituciones para que él pueda gobernarlo todo es la peor idea que le puede ocurrir y el camino más seguro para perpetuar la corrupción.
23 Junio 2019 04:10:00
Comprar la dignidad
Austero es quien cubre sus necesidades sin caer en excesos. Miserable el que, aun teniendo los recursos, prefiere pasar penurias. México exige austeridad con toda la razón del mundo, en cambio, está recibiendo miseria.

Todo aquel que se atreve a alzar la voz para pedir congruencia al titular del Ejecutivo federal es acusado de ser un enemigo de la nación. Las pruebas y las evidencias de que es el Presidente el que está incumpliendo con su mandato son ignoradas. AMLO tiene siempre otros datos que son aceptados ciegamente por sus defensores.

Si decide cerrar las Unidades Médicas Urbanas del país –al menos nueve en Coahuila– tiene razón, aunque se dificulte el acceso al servicio de salud de los grupos más vulnerables. Si deja sin efecto la construcción de una obra de infraestructura destinada a la movilidad de la clase trabajadora, qué importa. Sólo él es justo y sabio.

Es preocupante que un pueblo dé tratamiento de semidiós a sus autoridades. Pero, lo es más cuando su principal exigencia, la austeridad, no se está realmente cumpliendo. Porque al mismo tiempo que se cierran estancias infantiles, clínicas públicas, comedores, etc, se derrochan los recursos en acciones que no tendrán ningún efecto positivo para la población.

Unos ejemplos: 100 mil millones de pesos por cancelación del NAICM (Meade calcula que son 45 mil millones adicionales); 72 mil millones por Santa Lucía que, está más que probado, no será suficiente y sólo generará nuevos problemas y 419 millones de pesos por tener el avión presidencial arrumbado en los Estados Unidos. ¿No debería de estar siendo usado todo ese dinero para garantizar a los ciudadanos servicios básicos y de calidad?

Sí, ya sé: ¡la corrupción! ¡Claro! Pero ¿no se suponía que con su ejemplo nadie más nunca iba a tomar un peso del erario? ¡Está bien! Acepto que fue una exageración suya al calor de las campañas. Se sobrevendió y ofreció cosas imposibles. Sin embargo ¿no era mejor atajar la corrupción en lugar de cancelar obras y programas solo porque no le
gustan o convienen?

Asegura el Presidente que la población en condiciones vulnerables está recibiendo más apoyos económicos que nunca. Vamos a creerle: ¿Qué ganan esos ciudadanos si con ese dinero deben cubrir gastos médicos, guarderías y otros rubros que antes recibían sin costo? ¡Ah! ¡eran de malos e inhumanos! Pues entonces corríjalos, no los elimine. Porque con el dinero que están recibiendo actualmente los ciudadanos vulnerables no alcanza sino para cubrir servicios
de dudosa calidad.

No hay que ser un genio para entender que, detrás de la mentida austeridad lo que hay es un proyecto electorero. A Morena no le importan los pobres sino su voto. Por eso prefieren crear en ellos una dependencia hacia ese partido político, que dotarlos de las herramientas que necesitan para abandonar su condición.

Cierto: los gobiernos anteriores fracasaron en combatir la pobreza. ¿Eso justifica que se les esté usando de carne de cañón? Yo creo que no. Llegó la hora de darles la dignidad que se merecen y ésta, perdóneme, pero no es un producto que se compre con un depósito bancario.
16 Junio 2019 04:02:00
AMLO y los empresarios laguneros
Esta semana un grupo de empresarios laguneros sostuvo una reunión con el presidente López Obrador para instalar el Consejo Regional para la Inversión; el primero de 33 que habrá en el país y el único que representa a una región en particular.

Se abordaron cuatro temas: bienestar económico, seguridad, agua y equidad social. Para cada uno, el Gobierno federal presentó algunas propuestas de trabajo que, hasta donde se sabe, deben ser enriquecidas con las aportaciones que haga el empresariado de La Laguna. El Consejo se enfocará en proyectos concretos que promuevan las inversiones encaminadas a fortalecer la vocación productiva de La Comarca.

Al respecto hay que decir que ojalá y se trate de una primera señal de sensatez presidencial. Espero que se siga de muchas otras que demuestren que finalmente se entendió la importancia que tiene la Iniciativa Privada para la economía de país. Es bueno escucharlo reconocer que, sin los empresarios, la meta del 4% anual del crecimiento del PIB es simplemente imposible.

Ahora bien: una golondrina no hace verano. No podemos echar las campanas al vuelo en tanto la nueva decisión presidencial no se haya convertido en algo sistemático que demuestre con contundencia que no se trata de una mera ocurrencia. Con López Obrador es mejor no entusiasmarse demasiado dada la proclividad de los representantes de la cuarta transformación para decir una cosa y actuar otra distinta.

Y antes de que se me vayan a dejar venir los “amlovers” con sus ataques fúricos les dejo un dato totalmente verificable: la nueva Ley de Austeridad propuesta por el Presidente dice que el 100% de las compras del Gobierno federal deben realizarse vía licitación. Pero, 77% de las compras hechas hasta ahora fueron por asignación directa. Es sólo un ejemplo de que los dichos no siempre están acompañados con hechos. Excusas, seguramente las tienen, pero el caso es que tenemos pruebas que impiden tener plena confianza.

Hay otro asunto más de fondo todavía. Sé lo mucho que les molestan las comparaciones, pero en ocasiones son necesarias. El sexenio pasado, como está comprobado de múltiples maneras, el principal obstáculo para el crecimiento del país fue la reforma hacendaria que iba en total contrasentido del resto de las políticas gubernamentales. Así lo denuncié en su momento y así lo sigo sosteniendo con las pruebas en la mano.

Ahora no tenemos todavía una reforma hacendaria como tal, pero sí una cantidad importante de acciones que atentan contra la confianza de los inversionistas y de los consumidores. Imagínense nada más qué significa que el pasado mayo las ventas de automóviles nuevos se hayan desplomado 11 por ciento. No es una casualidad. Se trata del temor y el nerviosismo provocado por unas decisiones presidenciales que ahuyentan los capitales y deprimen el consumo. La ciudadanía no quiere endeudarse en un escenario en el que es muy probable que se disparen las tasas de intereses.

De muy poco servirían los acuerdos con los empresarios, incluso si son exitosos y talentosos como los laguneros, si la política económica toda no se alinea con la intención de crecer a 4 por ciento. Realmente espero que así sea.

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