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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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10 Abril 2020 04:05:00
Las otras pestes
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Nuestro país también está infestado de mala política, es decir, de politiquería cuyas armas son la intriga, la bajeza y la traición. En medio de la polarización causada por la tercera alternancia y la socarronería del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la pandemia del Covid-19 y los barruntos de tormenta financiera y económica, surgen voces que llaman a un alto el fuego político y mediático mientras pasa la emergencia sanitaria por la cual el país se encuentra en vilo.

«En estos tiempos aciagos, el realismo es un imperativo. Y quienes tienen el valor de desplegarlo saben que hoy Andrés Manuel López Obrador es un peligro para la salud pública. (…) Cuando miremos hacia atrás, nos acordaremos de las oportunidades perdidas, las mezquindades, la falta de planeación y de preparación. AMLO, ante la enormidad de la crisis que se avecina, demuestra la pequeñez de su Presidencia», advierte la politóloga Denise Dresser en su columna «La tregua» (Noroeste, 23.03.20).

La autora de Gritos y Susurros: Experiencias Intempestivas de 38 Mujeres (Grijalbo-Raya en el agua, México, 2004) no se rinde, pero guarda su rabia. «Llegó la hora de la tregua entre nosotros, porque importa más ganar la guerra contra la catástrofe que ganar la batalla política del día. Nos toca elegir entre la desunión o la solidaridad. Yo, al menos, opto por el optimismo de la voluntad en vez del fatalismo paralizante o la fe ciega. Y ojalá que quienes me siguen empuñen las armas oxidadas de la esperanza para colaborar, contribuir, cuidarse a sí mismos y a los demás».

Ese mismo día, en Reforma, Roberto Zamarripa, en su columna Tolvanera («Sana distancia»), reflexiona sobre cómo la sociedad se ha encerrado sin abandonar el celular: «al contrario, es el arma fundamental de nuestro refugio, de nuestra ansiedad y del miedo. La herramienta de comunicación privilegiada e inmediata se convierte en el cacharro de distancia y de encono. Desde ahí se confunde o se dispara; se engaña o se escandaliza. Somos virtuales porque no queremos ser reales. Lo real es una pandemia que vemos cómo se acerca a nuestras casas y nuestros cuerpos y tenemos la sensación de que nadie hace nada para detenerla. Porque nosotros sí: ya nos encerramos».

Zamarripa propone otro tipo de distancias sanas: «del dogma que confunde preocupación con descalificación», «de la polarización y del encono», «de la mentira. De la fabricación de mensajes y esparcimiento de engaños», «de la desconfianza. Colocados en el púlpito del móvil, listos para disparar fotografías de aglomeraciones de otros momentos, o videos editados, o supuración de denigraciones», «del egoísmo». Frente al Covid-19, apunta, «se impone la colaboración antes que la competencia de qué gobernador aplica las medidas más severas. Quién encierra primero a sus ciudadanos».

Asimismo, recomienda tomar distancia «del desentendimiento. Es la hora del personal de emergencia y de la lucidez de sus superiores. De una estrategia de protección hospitalaria y médica, de un acompañamiento en su labor y un respeto pleno a sus decisiones. El personal médico debe tener todas las formas de apoyo. Por lo pronto aquellas que tienen que ver con dotarle de insumos básicos y de condiciones laborales adecuadas. Es hora de los expertos y la solidaridad».

Por increíble que parezca, un virus coronado le ha impuesto al mundo una nueva agenda y conciencia más a la población que los gobiernos y todos los partidos juntos… si aún existen.
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